Se discute sobre salario mínimo, salario justo, salario ético. Preocupa a algunos, tal vez a muchos, que la remuneración por una jornada de más de 40 horas de trabajo a la semana no permita satisfacer necesidades básicas de un grupo familiar promedio de cuatro personas.

En Chile es persistente la sensación de que estamos siempre en una suerte de punto óptimo en lo que se refiere a salarios. A quien hace la pregunta incómoda de si esto es realmente así, se le responde: “Dudarlo es no entender cómo funciona la economía”. La misma respuesta recibe quien se pregunta por qué cabe juzgar como salario justo el salario ubicado en su punto de equilibrio.

Quienes rebaten el planteamiento favorable a elevar el salario mínimo legal hasta un nivel que permita solventar necesidades básicas, tal como lo ha planteado monseñor Alejandro Goic días atrás y desde hace ya varios años, sostienen que dicha petición ignora las realidades propias de los fenómenos económicos. Goic ha sido acusado de “buenismo”, incluso de incurrir en demagogia y populismo. Sin duda estas razones técnicas piden ser tomadas con toda la seriedad que la gravedad del asunto implica. Lo que llama la atención es que estas mismas aprensiones que se refieren a los salarios más bajos están curiosamente ausentes cuando se trata de justificar la pertinencia de las remuneraciones más elevadas.

Ya que la cuestión parece ser técnica, permítasenos proponer alguna pregunta igualmente técnica. Las respuestas racionales a las preguntas técnicas caen en el campo de lo que Kant llamaba los imperativos hipotéticos de la habilidad, esto es, la identificación de los medios racionalmente más idóneos para alcanzar ciertos fines preestablecidos.

Así, pues, se nos ocurre la siguiente pregunta técnica: ¿cómo consigue vivir dignamente un grupo de cuatro personas con un ingreso bruto de aproximadamente 10 UF mensuales, que luego de los descuentos por concepto de seguridad social se convierten en un ingreso líquido de 8 UF? No se nos negará que se trata de una pregunta técnica; pedimos, pues, una respuesta a la altura de la pregunta.

Podríamos agregar otras preguntas. ¿Cómo es que en los países OCDE que tenían un PIB per cápita equivalente al que actualmente tiene Chile se podían pagar salarios mínimos más altos que el nuestro? Israel pagaba el año 2004 1,8 veces el salario mínimo que se paga hoy en Chile, lo mismo que Eslovenia; Nueva Zelandia en 1988 pagaba el doble; Canadá en 1978 y Francia en 1987 pagaban 2,7 veces; Australia en 1986 y EE.UU. en 1972, 3,1 veces; Holanda en 1987 y Bélgica en 1988, 3,3 veces.

Quizás el problema radica en otra parte. Al describir lo que llama el imaginario moral moderno, Charles Taylor identifica tres grandes columnas: una esfera económica objetivada, una opinión pública deliberante y un régimen político que descansa en alguna forma de soberanía popular. Pero en esa tríada se incuba una seria contradicción.

La economía como realidad objetivada pretende mantenerse al margen de toda teleología, y se percibe a sí misma como una estructura en que la coincidencia no buscada entre el interés privado y el bien común se produce por el natural decurso de una causalidad eficiente que ordena los fenómenos del comercio al margen de cualquier agencia colectiva -como la que caracterizaría, por ejemplo, a la soberanía popular alimentada en el debate libre de la opinión pública-.

Mirando retrospectivamente este ideal y cómo han ocurrido las cosas, parece que los “buenistas” se ubican en otro lado del espectro. Prosigue Taylor señalando que un orden regido por una “mano invisible” es la negación de cualquier acción colectiva, y deja sin resolver cómo es que un orden espontáneo puede producir resultados virtuosos apelando a lo que surge de la interacción entre actores corruptos puramente egoístas -cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, después de todos los escándalos destapados en los dos últimos años-.

Monseñor Goic se ha referido a la codicia, ese deseo vehemente de poseer más allá de lo necesario, lo que tarde o temprano se extiende a la posesión de lo que otros necesitan. Algunos la han defendido como virtud. Pero en tal caso, si se trata de situarla en el terreno moral, preguntémonos si podemos desear su universalización.

Una sociedad muy desigual alienta el surgimiento de lo que Rawls estimaba una envidia excusable, la que era socialmente corrosiva y se explicaba tanto en la desigualdad exagerada como en la renuencia de los que tienen más, su deseo de mantenerse favorablemente en ese escenario de desigualdad que lesiona la igual ciudadanía democrática.

Cuando al cabo de casi treinta años de fuerte crecimiento económico aún hay voces que rezan, como el salmista, que “para distribuir primero hay que crecer”, y se constata que eso se decía cuando nuestra economía tenía un PIB per cápita inferior a los US$ 5 mil, y se dice hoy cuando supera los US$ 20 mil, les preguntamos a los técnicos: ¿cuándo será la hora de la distribución?

Humildemente les pedimos considerar que el tiempo juega en contra de su respuesta, cuando la insuficiencia de los ingresos de muchos que cumplen con trabajar legalmente, y la universalización de la codicia defendida por otros que hablan en nombre de la racionalidad de su comportamiento económico, se combinan en una “tormenta perfecta” si de cohesión y estabilidad social se trata.

El sistema salarial que hoy rige en Chile aún se basa en un concepto limitado: el salario mínimo. Este solo garantiza un umbral de subsistencia, sin asegurar una vida digna. En el mundo laboral, sabemos que el salario es el pilar fundamental que permite a los trabajadores y sus familias sostenerse en el día a día.

El salario vital no es solo un número, es la base de una vida digna. A diferencia del salario mínimo, que impone un límite inferior de pago, el salario vital se calcula considerando el costo real de vida, incluyendo alimentación, vivienda, salud, educación y otros gastos esenciales.

En Chile, el estudio de la Dirección del Trabajo, basado en la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) 2021-2022, demuestra que el salario mínimo actual está lejos de ser suficiente para cubrir las necesidades básicas de los trabajadores. De acuerdo con la metodología utilizada en el estudio, el salario vital en nuestro país debe ser calculado considerando el nivel de gasto de un hogar promedio en el segmento socioeconómico medio.

La realidad es clara: más del 60% de los trabajadores asalariados del sector privado en Chile gana menos de lo que se considera un salario vital. Esto significa que miles de familias deben recurrir a pluriempleo, endeudamiento o subsidios estatales para llegar a fin de mes. Además, la imposición de un salario mínimo por debajo de lo necesario frena el desarrollo social y económico.

Un trabajador mal remunerado no puede acceder a educación de calidad, servicios de salud adecuados ni puede aspirar a mejorar su calidad de vida. La dignidad no puede ser un lujo, debe ser un derecho.

En un contexto global marcado por desigualdades económicas y sociales, la búsqueda de un salario digno se ha convertido en una necesidad apremiante que resuena en todos los rincones del mundo. Por su parte, la dimensión de salario digno del programa Forward Faster de Pacto Global de las Naciones Unidas busca la erradicación de la pobreza laboral para la consecución de los ODS.

A partir de esos objetivos, Pacto Global Chile realizó el seminario informativo “Salario digno para los trabajadores de la empresa y la cadena de valor: planes y metas para avanzar hacia 2030”. En tanto, la presentación estuvo a cargo de Sonia Gontero, especialista en Salarios y Tiempo de Trabajo de la Oficina para el Cono Sur de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Santiago de Chile, quien realizó una presentación sobre las implicancias y oportunidades que existen para el mercado laboral a la hora de incorporar prácticas asociadas al salario digno.

Salario Vital vs. Salario Mínimo

Salario Vital: Es de carácter voluntario. Se considera como el nivel salarial necesario para permitir un nivel de vida digno a los trabajadores y sus familias.

Salario Mínimo: Está garantizado por Ley.

“Se han acordado algunos principios que hay que seguir para determinar los salarios vitales. En primer lugar, se deben hacer las estimaciones basadas en datos, tiene que haber transparencia en los datos y métodos utilizados. Se debe indicar si las estimaciones son brutas o netas y deben ser considerados, además, los ajustes periódicos en el cambio en el costo de vida.

Finalmente, Gontero recalcó el hecho de que “pagar un salario vital no puede ser una meta en sí misma. La meta es correcta si es que estamos muy lejos de aquello, pero si las condiciones económicas lo permiten, estaría mal solo pagar el salario vital. En este sentido, la estimación de un salario vital no hace que debamos eliminar otros mecanismos de negociación salarial.

Más allá del salario: El salario emocional

El dinero hoy no es lo único que las empresas pueden ofrecer a los colaboradores, claramente es una de las variables más importantes, pero no es el único factor que importa al decidir postular a un trabajo. Es conocido que un trabajador contento trabaja de forma más eficiente.

Los beneficios de ofrecer un salario emocional no afectan únicamente al trabajador, sino que varios estudios demuestran que un trabajador satisfecho, aumenta su productividad. Así también, un trabajador que está cómodo y feliz con su entorno laboral, demuestra más compromiso con su equipo de trabajo y su empresa.

Uno de los motivos para dejar un trabajo puede ser el estancamiento profesional. Establece con tus colaboradores un plan de desarrollo profesional que vaya de la mano con las necesidades de tu empresa y sus expectativas profesionales.

Procura identificar el esfuerzo extra en el trabajo y valorarlo, esto le da una sensación al trabajador que sus acciones están siendo reconocidas y que con valiosos dentro de la empresa.

Si tu organización tiene la posibilidad de crear un plan de ‘préstamos de estudios’, tus colaboradores estarán agradecidos.

Dale una mano a tus trabajadores a que tengan más tiempo, nadie quiere tener que decidir entre trabajar y pasar más tiempo con sus familias. Gran parte del éxito del teletrabajo o la modalidad híbrida fue la posibilidad de organizar mejor tu tiempo libre, ya que no existían los tiempos de traslado (que pueden llegar a ser varias horas a la semana).

Realizar actividades grupales para los cumpleaños o festejos varios, donde se incluya a todo el equipo, hará que este sea más cercano entre sí.

Una oficina o sala de trabajo con buena iluminación, espacio y bien equipada hace que el trabajo sea llevadero. Tener plantas o mobiliario de madera le darán un toque más ‘hogareño’ al lugar de trabajo.

“Nadie trabaja por amor al arte, es cierto, pero creo que somos parte de una generación que resguarda más su salud mental, su bienestar.

“Las personas están comprometidas a generar un resultado, un cambio y ojalá ese cambio vaya alineado con el propósito.

“Valoran cada vez más la calidad de vida, sus necesidades personales, y también el impacto positivo que puede generar con su trabajo a la sociedad”, dice la vocera.

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