Chile es el quinto país de la OCDE que más tiempo le dedica a la jornada laboral. Son, en promedio, 1987 horas al año las que un trabajador o trabajadora se la pasa cumpliendo labores.

Con esa información como base, la diputada Camila Vallejo encendió el debate redactando un proyecto de ley que aspira a rebajar la carga laboral de 45 a 40 horas semanales. “Las personas merecen gozar del fruto de su trabajo. Merecen estar con sus hijos, con sus amigos.

Como es sabido, la idea inquieta a más de alguno. Hay una correlación en los países de la OCDE que sugiere que los países que trabajan menos horas son más productivos. Holanda y Alemania encabezan el ranking de menos horas trabajadas.

Según el economista de Fundación Sol, Gonzalo Durán, la productividad y la disminución de las horas de trabajo han tenido una correlación que se expresa fielmente en el desempeño de economías de Europa central a las que Chile mira con admiración. No obstante, también cree que los avances deben venir por parte de sindicatos y negociaciones colectivas, y no sólo a través de proyectos de legislación: “Los principales países de la OCDE han aumentado su productividad de manera lineal y son países en los que la jornada de trabajo se redujo a 35 horas y eso tiene mucha relación con la manera en cómo se hacen estos pactos. Lo que nos dicen las lecciones es que el tema de la organización de los trabajadores en sindicato también ha sido algo realmente importante.

Uno de los que puso el grito en el cielo fue Mario Waissbluth, fundador de Educación 2020. En una publicación, el columnista aseveró que las consecuencias inmediatas de la política serían que las empresas tuviesen que contratar un 12,5% más para seguir produciendo lo mismo.

Carolina Grünwald, economista de Libertad y Desarrollo, señaló que cortar la jornada laboral no nos va a hacer un país más productivo. Para la economista no existe relación alguna entre que las extensas jornadas de trabajo y la baja productividad de los trabajadores chilenos y tampoco hay manera de evidenciarlo. Los países que trabajan menos horas y tienen más productividad no son un ejemplo de eso porque se rigen bajo patrones culturales distintos.

Asimismo, le parece complejo que sea el Estado quien rija los términos a los que llegan empleados y empleadores: “Primero hay que aumentar la productividad. Lo ideal sería no tener que legislarlo, lo ideal sería que el mercado laboral fuese tan flexible que cada uno pudiera acordar su propia jornada con su empleador. Eso sería lo óptimo, pero en un mercado flexible. Por ley limitar las horas de trabajo igual es complicado. ¿Qué pasa si quieres trabajar más y la ley no te lo permite?

Independiente de lo que se piense, Chile avanza hacia la disminución de la jornada laboral. Lento pero avanza. Al entregar el informe, Joseph Ramos, presidente de la CNP, fue optimista: “hoy en Chile se trabaja menos horas de lo que se trabajaba 30 años atrás, hoy día son 45 horas. Eso es 6% menos y es la tendencia que se va a dar.

La diputada Vallejo presentó el martes pasado el proyecto ante los ministros Nicolás Eyzaguirre y Mario Fernández como una prioridad legislativa.

Como empresario sabes que es importante saber de todo un poco, sobre todo en la rama en la que se desempeña tu empresa, debes conocer todos y cada uno de los detalles. A la gran mayoría de los dueños de empresas les cuesta mucho esto, aprender a delegar no es tan fácil, sobre todo cuando se quiere tener el control de todos los procesos. Por supuesto, es lógico que quieras saber cómo van las cosas en tu empresa, pero delegar no significa que te vas a desligar de tu emprendimiento.

Si deseas que tu empresa crezca y abrir otras sucursales, necesitas aprender a delegar. Otra razón importante tiene que ver con los beneficios financieros. Piensa en esto; si estás tan ocupado todos los días en tu empresa, ¿cuándo vas a disfrutar de los beneficios económicos que esta pueda reportar? Estudios confirman que las ganancias de los grandes empresarios se multiplican de manera importante gracias a la eficiencia de sus empleados.

Otro beneficio de delegar es que te ganarás la confianza de tus empleados. Al delegar en ellos tareas importantes demuestras que confías en sus habilidades y la autoestima de ellos aumenta constantemente. El más grande beneficio es la salud. Para nadie es un secreto que el estrés que produce largas y continuas jornadas de trabajo afecta de diversas maneras el organismo. produciendo enfermedades, incluso mortales. Un buen equipo de trabajo que conozca cómo desempeñar sus labores y responsabilidades generará en ti un estado de calma, por eso aprende a delegar de forma inteligente.

Capacita al personal, explota el talento individual. El beneficio no solo será para ti, sino también para tus empleados.

En lo personal, creo que es fruto de mi compromiso con el equipo de trabajo buscar cumplir con las obligaciones laborales más allá de lo que exige la ley.

El medio británico The Guardian analizó esta semana la idea del “vorfreude”, un concepto alemán que podría traducirse como “alegría anticipada”. Aquella emoción, entusiasmo y placer por lo que está por venir, que antecede eventos y momentos -tan cotidianos como importantes- como un viaje, una cita o una reunión con tus seres queridos. De todas formas, comenta la asesora de salud Karen Neil, no se trata de vivir esperando el futuro, sino de encontrar satisfacción en el presente.

Una noción que se sustenta en investigaciones, como las de Willem Kuyken de la Universidad de Oxford, que demuestran cómo una anticipación consciente puede transformar lo cotidiano en extraordinario. “Solo se necesita un pequeño paso fuera del hábito y hacia la conciencia para disfrutar de las personas que amamos a nuestro alrededor, saborear la comida o bailar con música en nuestra cocina mientras cocinamos. Estos momentos están disponibles para nosotros todo el tiempo”, explica Kuyken a The Guardian.

Con ayuda de estos psicólogos, expertos en mindfulness y académicos, The Guardian enlistó 30 formas prácticas para cultivar esta alegría anticipada. Y es que, en la práctica, el concepto vorfreude emerge como un recordatorio de que la alegría, a menudo, reside en la espera.

30 Formas Prácticas para Cultivar la Alegría Anticipada

  1. Empieza por lo más sencillo: Cada día, fíjate en un detalle mínimo que te alegre, como el aroma de tu café o el sonido de la lluvia. Pequeñas observaciones pueden hacer grandes diferencias.
  2. Adopta afirmaciones positivas: Inicia tus mañanas con pensamientos alentadores. Puedes decirte: "Hoy encontraré algo maravilloso" o "Voy a superar los retos con una sonrisa".
  3. Transforma rutinas en rituales: Haz de tu primer café del día un momento de disfrute pleno, saboreando cada detalle, desde su aroma hasta el calor de la taza.
  4. Encuentra placer en lo cotidiano: Reflexiona sobre las pequeñas cosas que esperas del día siguiente, podría ser algo tan simple como el sabor de tu desayuno favorito o el capítulo de un libro.
  5. Desconecta del piloto automático: Dedica momentos conscientes a disfrutar de tus pasatiempos o a jugar con tu mascota. Estos instantes pueden ser fuentes de felicidad pura.
  6. Evita las trampas mentales negativas: Enfoca tus pensamientos hacia lo positivo. En vez de minimizar tus planes, piensa en cómo cada uno puede aportarte alegría.
  7. Siente la anticipación: Disfruta el momento previo a un evento feliz, como el instante antes de dar el primer bocado a un postre. Esta anticipación agrega sabor a la experiencia.
  8. Date permiso para pequeños regalitos: Planifica salidas al cine o visitas a galerías como recompensas personales. Estos momentos son esenciales para el bienestar
  9. Haz reales tus planes: Anota ese encuentro con un amigo y visualiza lo que hablarán. El acto de escribirlo aumenta la anticipación y la emoción.
  10. Mantén un diario de felicidad: Anota lo que te ha hecho feliz y reflexiona sobre cómo puedes incorporar más de esas experiencias en tu vida.
  11. Integra movimiento con alegría: Si el ejercicio tradicional no te atrae, encuentra placer en bailar en tu sala o realizar estiramientos suaves mientras escuchas música relajante.
  12. Anticipa las comidas:Imagina y planifica tus menús, disfrutando de la expectativa de saborear cada platillo.
  13. Conecta con amigos y familia: Más allá de los cumpleaños, organiza reuniones para disfrutar juntos de actividades como juegos de mesa o noches de películas.
  14. Sueña con vacaciones, incluso si son imaginarias: Permite que tu mente viaje a lugares soñados mientras escuchas música o lees sobre esos destinos. Este ejercicio de imaginación puede ser tan revitalizante como unas vacaciones reales.
  15. Planifica y disfruta anticipando tus próximas vacaciones: Investiga, organiza y sueña con los detalles de tus futuras escapadas. Esta anticipación puede ser tan satisfactoria como el viaje en sí, enriqueciendo la experiencia desde la fase de planificación.
  16. Explora la naturaleza cercana: No necesitas ir lejos para maravillarte con el mundo natural. Puede ser tan simple como observar las aves desde tu ventana o plantar una flor en tu balcón.
  17. Practica caminatas conscientes: Haz de tus paseos momentos de plena conciencia, notando cada sonido, color y textura. Es una oportunidad para reconectar con el entorno y contigo mismo.
  18. Descubre la alegría del geocaching: Los especialistas consultados por The Guardian sugieren este panorama de "búsqueda del tesoro moderno" que lleva a explorar las ciudades de forma nueva y emocionante. Sin embargo, este consejo se podría reemplazar por cualquier panorama, que amerite moverse, trasladarse por la urbe y llegar a un lugar para realizarlo.
  19. Dedica tiempo a la creatividad: Reserva momentos para expresarte artísticamente, sea pintando, escribiendo o incluso cocinando. La creatividad es una fuente infinita de satisfacción.
  20. Conecta con la música: Siéntate a escuchar tu álbum favorito de principio a fin, aprende a tocar un instrumento, únete a un coro o asiste a un concierto de tu orquesta local. La música tiene el poder de elevar el espíritu.
  21. Anímate a probar algo nuevo: Desde una clase de baile hasta un taller de manualidades, explorar nuevas habilidades puede abrirte puertas a mundos desconocidos de placer y satisfacción.
  22. Visita tu biblioteca local: Redescubre el placer de leer físicamente. Llevar un libro a casa puede ser tan emocionante como comenzar a leerlo.
  23. Lee un poema diario: Encuentra un poemario que te atraiga y dedica un momento cada día a leer una estrofa. Es una forma de encontrar belleza y reflexión en lo cotidiano.
  24. Planifica encuentros más allá de los cumpleaños: Organiza reuniones para celebrar cualquier ocasión, no solo las fechas especiales. Una tarde de risas con amigos puede ser un gran motivo de celebración.
  25. Celebra los cambios de estación: Marca en tu calendario los equinoccios y solsticios como momentos especiales para observar y disfrutar de los cambios en la naturaleza y en tu entorno.
  26. Realiza actos de bondad: Planear sorpresas para los demás no solo les alegrará el día, sino que también te llenará de anticipación y gozo al imaginar su reacción.
  27. Encuentra un talismán que te inspire alegría: Puede ser cualquier objeto que te recuerde momentos felices o metas futuras. Verlo regularmente puede ser un recordatorio para buscar la felicidad en lo cotidiano.
  28. Crea un ritual de bienvenida en casa: Ya sea una frase que repitas al entrar o una pequeña rutina que realices, encontrar gozo en el regreso al hogar puede transformar completamente tu espacio y tu estado de ánimo.
  29. Reserva momentos de silencio: La meditación o simplemente sentarte en quietud pueden ser prácticas poderosas para reconectar contigo mismo y anticipar la paz interior.
  30. Anticipa la hora de dormir: Haz del proceso de prepararte para la cama un ritual anticipado, disfrutando desde elegir pijamas hasta sumergirte bajo las sábanas. Esta rutina no solo mejora tu sueño, sino que también se convierte en un momento del día que esperas con ilusión.

Fuente: The Guardian | Adaptación y diseño: JM.

Las formas de integración, protección y bienestar construidas durante el siglo XX se verán radicalmente afectadas por el impacto de la tecnología en el campo laboral, en la medida en que miles de “brazos y mentes” sean reemplazados por robots. Todo indica que debiéramos prepararnos para vivir en una sociedad en que el trabajo signifique algo cualitativamente distinto a lo que concebimos hasta ahora.

En 1930, John Maynard Keynes visitó la Residencia de Estudiantes de Madrid para impartir una conferencia magistral en que se esperaban soluciones para salir de la peor crisis económica del siglo XX. Para sorpresa de los asistentes, Keynes anunció que en 100 años la economía dejaría de ser un problema, el mundo sería exorbitantemente rico y las tecnologías reducirían la jornada de trabajo al mínimo.

Ad portas de cumplirse una centuria de esa conferencia, sabemos que Keynes no se equivocó sobre el crecimiento económico y el papel de las tecnologías. Sin embargo, no parece que los nietos de quienes asistieron a la Residencia de Estudiantes estén disfrutando de la riqueza producida. Mientras las brechas entre países desarrollados y el resto del mundo se reducen, la desigualdad entre personas se eleva exponencialmente.

Como señaló Bauman en El mundo sin trabajo, asistimos a una profunda transformación de la relación entre el trabajo, las tecnologías y el rumbo que está tomando nuestra sociedad. Son cambios que aún no comprendemos del todo, pero que están afectando nuestra forma de vivir, al punto de socavar la institucionalidad política y las formas de integración, protección y bienestar construidas durante el siglo XX.

Una de las tendencias más perturbadoras del último tiempo es que, por primera vez en la historia del capitalismo occidental, la productividad se desancla del trabajo. En los últimos 15 años, una proporción creciente del valor de bienes y servicios no está siendo creado por los trabajadores.

La robotización y automatización de procesos productivos está reemplazando miles de “brazos” y “mentes”, a una velocidad mucho mayor a la de la oferta de nuevos puestos de trabajo. Por ejemplo, en la emblemática industria automotriz, cerca de la mitad de los empleados ya no trabajan con sus manos; en cambio, se encuentran supervisando máquinas, desarrollando software o atendiendo a clientes.

La robotización amenaza también a los trabajadores de traje y corbata. Contra las interpretaciones que vieron en la sociedad “posindustrial” el desarrollo de trabajadores calificados y autónomos con base en el conocimiento, ahora se observa la eliminación de ocupaciones completas o procesos de devaluación de trabajos que antes requerían de conocimiento especializado.

Un informe del Boston Consulting Group en 2015 pronostica que la inversión en robots industriales crecerá en un 10% anual en las principales naciones exportadoras; en tanto, el polémico estudio de Frey y Osborne sobre el futuro del empleo vaticina que profesiones como piloto comercial, redactor técnico, contador, vendedor minorista o telefónico desaparecerán en las próximas dos décadas.

Pese a que la reducción de puestos de trabajo avanza a pasos agigantados, principalmente en los países industrializados, en términos globales nunca en la historia humana había existido una proporción tan grande de trabajadores que dependieran de su salario para vivir. Esto, principalmente fruto de la modernización de las relaciones laborales en países como China, India o Brasil (léase, reducción del trabajo semiesclavo o trabajo infantil).

Al mismo tiempo, el encarecimiento de esa mano de obra ha significado “un retorno” de la industria a países como Estados Unidos, claro que sin que se recuperen las tasas de empleabilidad de los obreros calificados.

En el capitalismo actual, a partir de un uso concreto de las tecnologías, aumenta la flexibilidad y la fragmentación del trabajo hasta diluir los límites entre el tiempo de trabajo asalariado y el tiempo libre. La jornada deja de tener límites claros, al punto de que se puede trabajar en todo momento y lugar. Mediante teléfonos inteligentes, computadores y una conexión a internet, es posible realizar parte (o la totalidad) del trabajo desde el hogar, en un espacio de coworking o durante los tiempos de desplazamiento. Con ello, una premisa básica del capitalismo industrial (que el trabajador vende “voluntariamente” un tiempo de trabajo definido y que el capital proporciona un espacio y los medios de producción), pierde su sentido histórico.

En consecuencia, a diferencia de lo que Keynes pensaba, a saber, que la humanidad tendría que aprender a ocuparse en actividades no económicas, el tiempo y los lugares de trabajo socialmente disponibles para producir bienes y servicios aumentan, prácticamente de forma ilimitada.

Ahora bien, la robotización y la flexibilidad del trabajo no han sido los únicos medios a partir de los cuales se han elevado las tasas de ganancia. La nueva producción flexible y tercerizada se sostiene crecientemente en el trabajo de mujeres. Sin embargo, su asalarización no solo se produce en condiciones desiguales en relación con los hombres (peores contratos, salarios y oportunidades de desarrollo), sino que se emplean en trabajos que requieren de “habilidades femeninas”, como el cuidado, la empatía o la cosificación sexual del cuerpo. Además, las tareas reproductivas del hogar siguen recayendo mayoritariamente en mujeres, por lo general de forma no remunerada, lo que les dificulta poder disfrutar del poco tiempo libre que les deja su jornada laboral.

En definitiva, el capital aumenta la fuerza de trabajo disponible mediante un uso mucho más intensivo de la división sexual y, al mismo tiempo, asegura la reproducción de la fuerza de trabajo. Los conflictos armados han devastado regiones enteras en el mundo, acelerando nuevamente la movilidad internacional de los trabajadores.

En la mayoría de las situaciones, los inmigrantes se emplean en ramas que exigen menor calificación al tiempo que sus contratos son más flexibles, sus salarios más bajos y sus jornadas más extensas que las de los trabajadores nativos. Por lo general suelen realizar las tareas más pesadas o aquellas consideradas socialmente denigrantes, lo que de momento les evita a los empleadores invertir en procesos de automatización productiva.

La cancelación de derechos sociales avanza con la expansión de nuevos mercados de servicios para las distintas esferas de reproducción de la vida. Esta privatización de derechos fundamentales, antes bajo la tutela de instituciones democráticas, ha reforzado la necesidad de trabajar más y en peores condiciones. Cada vez resulta más común que una persona sea al mismo tiempo asalariado a tiempo parcial y emprendedor (por ejemplo, conduciendo un Uber o arrendando por Airbnb).

Sin embargo, en el capitalismo contemporáneo, el problema no se reduce a la pérdida de la seguridad social alcanzada durante el siglo XX. Cuestiones como el acceso y uso de la ciudad, la posibilidad de una vida saludable o el ejercicio de libertades individuales quedan condicionados a unos ingresos cada vez más insuficientes.

Sin duda, el capitalismo que vivimos hoy no es el mismo que vivió Keynes. La maduración que alcanza, su renovada y expansiva capacidad de encadenar relaciones sociales y de apropiarse de la cooperación humana requieren de un entendimiento mucho más profundo de lo que significa el trabajo en la actualidad. Además, las resistencias colectivas a estas transformaciones aparecen por fuera del ámbito de la producción. Al menos, por fuera de los estrechos marcos de la fábrica o de la oficina del siglo XX.

Lo anterior ha llevado a concluir a intelectuales como Habermas y Offe que el trabajo ha dejado de ser el espacio fundamental en que se constituyen las subjetividades. Pero que la realidad parezca una cosa, no significa que lo sea. Al menos eso pensaba Marx cuando elaboró su noción de fetichismo de la mercancía.

De todos modos, no hay punto de retorno al siglo XX. Posiblemente, ni sus instituciones políticas ni sus sistemas de seguridad social sobrevivirán la actual coyuntura, lo que no implica quedarse de brazos cruzados (aunque la robotización nos obligue un poco). Todo lo contrario, apremia que intelectuales, partidos y fuerzas sociales debatan seriamente sobre qué hacer con el actual modelo de desarrollo y las tesis del crecimiento sostenido.

Hemos llegado a un punto en que el capitalismo choca con una realidad que aún le cuesta asumir a sus defensores: la finitud de los recursos naturales y del propio planeta. Asimismo, urge proyectar formas concretas de garantizar el derecho a la existencia a esos miles de desempleados estructurales que la automatización está produciendo, así como a aquellos que fruto de la devaluación de sus trabajos no podrán vivir dignamente. También concebir modos de acabar con el trabajo no remunerado de las mujeres y con la sobreexplotación que sufren los trabajadores inmigrantes en todo el mundo.

Aunque no sabemos si seremos capaces de heredarles un mundo mejor a nuestros nietos, si realmente creemos que la tecnología y el desarrollo no caen del cielo, es nuestra responsabilidad producir un futuro alternativo al que nos legaron nuestros abuelos.

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