El currículum, en el ámbito educativo, puede ser abordado desde dos perspectivas fundamentales: como un producto o como una praxis. Esta dicotomía, explorada por autores como Grundy (1991), ofrece un marco para entender las diferentes concepciones y enfoques en la formación docente y el desarrollo curricular.

El Currículum como Producto

Cuando se concibe el currículum como un producto, se enfatiza la planificación, la estandarización y la medición de resultados. En este enfoque, el currículum se define como un conjunto de objetivos, contenidos y evaluaciones preestablecidos que deben ser implementados de manera uniforme.

Características del Currículum como Producto:

  • Énfasis en la transmisión de conocimientos.
  • Planificación detallada y estructurada.
  • Evaluación centrada en la medición de resultados.
  • Rol del docente como ejecutor del currículum.

El Currículum como Praxis

En contraste, el currículum como praxis se centra en la acción, la reflexión y la adaptación. Desde esta perspectiva, el currículum es un proceso dinámico y contextualizado que se construye a través de la interacción entre docentes, estudiantes y el entorno. El pensamiento reflexivo entre profesores es un elemento clave en este enfoque (Cornejo, 2003). Además, la práctica reflexiva es una perspectiva valiosa para la formación docente (Pérez, 2007), y se puede desarrollar en el oficio de enseñar (Perrenoud, 2011). La reflexión dialógica en la formación inicial del profesorado es crucial para construir un marco conceptual sólido (Canabal, García y Margalef, 2018).

Características del Currículum como Praxis:

  • Énfasis en la construcción de significados.
  • Flexibilidad y adaptación al contexto.
  • Evaluación formativa y reflexiva.
  • Rol del docente como mediador y facilitador.

La Importancia de la Reflexión en la Formación Docente

La reflexión es un componente esencial en la formación de docentes que adoptan el currículum como praxis. El profesional reflexivo, como lo describe Schön (1998), es aquel que analiza su propia práctica, identifica áreas de mejora y adapta sus estrategias pedagógicas en función de las necesidades de sus estudiantes. La autoevaluación y reflexión docente son cruciales para mejorar la competencia profesional del profesorado en la sociedad del conocimiento (Martínez-Izaguirre, de Eulate y Villardón-Gallego). La alternancia en la formación inicial docente se presenta como una vía de profesionalización (Correa, 2015). La escuela se concibe como un espacio para aprender a enseñar, según las visiones de los programas de formación de profesores de educación media (Contreras et al., 2010).

El Rol del Docente en la Construcción Curricular

El docente, en este contexto, no es simplemente un ejecutor de un currículum predefinido, sino un agente activo en su construcción. La formación inicial del profesorado de secundaria influye en su identidad profesional (Bolívar, 2007). Las comunidades de profesores pueden actuar como agentes legítimos en la construcción curricular para la formación inicial (Ferrada y Turra, 2012). El liderazgo pedagógico es fundamental para reestructurar las creencias docentes y mejorar las prácticas de aula (Hernández y Catrinao, 2016).

Tendencias Actuales en el Desarrollo Curricular

El curriculum es una forma de organizar un programa educacional, que puede ir desde un curso acotado hasta una carrera profesional completa. El desarrollo curricular sigue varios pasos para alcanzar el resultado deseable: un currículo ajustado al contexto educacional en el que está inserto, que logre el aprendizaje efectivo de los estudiantes a través de su participación activa, permitiendo la aplicación de las competencias adquiridas a problemas de la vida real (Genn, 2001; Grant, 2019; Prideaux, 2003). Para esto, en las últimas décadas han surgido múltiples tendencias que buscan fortalecer el currículo, ofreciendo herramientas a los estudiantes para que tomen un rol protagónico en su propio desarrollo profesional. Algunas de estas tendencias se han convertido en estándares esperados, como la educación basada en competencias, mientras que otras han sido incorporadas en mayor o menor grado según el contexto educacional.

Un modelo que resume esto es conocido como SPICES (R. Educación basada en competencias: más que una tendencia, hoy en día se considera un estándar. Lo que propone es la descripción de objetivos de aprendizaje como competencias observables y medibles, que requieren de la integración de conocimientos, habilidades y actitudes. Lo que se busca es poner el foco en el producto, más que en el proceso (Frank et al., 2010; Leung, 2002). Para esto, se han desarrollado múltiples marcos teóricos, como AGCME o CanMEDS que permiten guiar la implementación de este modelo que va más allá de la formulación de objetivos: busca un alineamiento en cómo éstos se enseñan y se evalúan, utilizando estrategias específicas para lograr el nivel esperado.

Individualización del aprendizaje: el modelo anterior, a su vez, permite identificar precozmente a quienes requieren mayor apoyo para alcanzar las metas o benchmarks que se proponen en el camino (Tekian, Hodges, Roberts, Schuwirth, & Norcini, 2015; Ten Cate et al., 2015). Así, es posible adecuar el apoyo docente a las necesidades del estudiante. La individualización del aprendizaje reconoce que todos aprendemos de forma diferente y a velocidades variables, lo que significa que una misma estrategia puede no ser suficiente para todos. Al tener claras las metas secuenciales y realizar una evaluación de éstas, es posible ofrecer mayor o menor apoyo (también descrito como andamiaje) a los estudiantes.

Aprendizaje autodirigido: en acuerdo con la andragogía, la educación para profesionales de la salud debe buscar el desarrollo de habilidades que permitan al estudiante convertirse en un aprendiz a lo largo de la vida. Para esto, el curriculum debe promover la identificación de necesidades por parte del estudiante, incentivando un rol activo del estudiante en su propia formación (Artino, Brydges, & Gruppen, 2015). Esta educación centrada en el estudiante pone a los futuros profesionales en el foco y al docente como un facilitador del aprendizaje. Para esto se pueden utilizar estrategias de enseñanza en pequeños grupos, como la educación basada en casos (CBL), en equipos (TBL) o en problemas (PBL).

Educación basada en problemas: esta tendencia ha sido ampliamente aplicada en la formación de profesionales de la salud, buscando estrategias de enseñanza y evaluación del aprendizaje basadas en problemas de la vida real (Davis & Harden, 1999; Spencer & Jordan, 1999). Para esto, el uso de viñetas de casos clínicos reales, resolución de problemas en grupo, docencia clínica junto a la cama del paciente, entre otras, buscan generar un aprendizaje más duradero que pueda ser aplicado a la práctica profesional posterior.

Integración: en línea con lo anterior, una tendencia que cada vez se usa más, en especial en el pregrado, es la integración. Lo que se busca es ofrecer un aprendizaje significativo al integrar diversas dimensiones de éste. La integración horizontal busca integrar diferentes disciplinas dentro de un mismo curso, por ejemplo, organizando el currículo en bloques por sistema (ej. Cardiovascular, respiratorio) en el cual se entrelazan la anatomía, fisiopatología, semiología, etc.. Esto permite hacer el nexo entre ciencias básicas y clínicas. La integración vertical busca mantener dominios a lo largo de la carrera, alrededor de los cuales se construye el aprendizaje. Por ejemplo, habilidades comunicacionales, ciencias básicas y clínicas, desarrollo profesional, etc. (Malik & Malik, 2011).

El modelo de curriculum en espiral, que busca complementar ambas formas de integración, fue descrito por Harden en la Universidad de Dundee (1999), en donde se van reforzando conceptos año a año, complejizando los conocimientos y disminuyendo el apoyo ofrecido al estudiante, logrando alcanzar altos niveles cognitivos y de autonomía previo al egreso de la carrera. Esto se puede lograr promoviendo la elaboración del conocimiento a través de su aplicación en diferentes circunstancias (ej. CBL); ofreciendo oportunidades de aprendizaje en contextos similares a los que se serán aplicados en la vida real (ej. PBL) y repitiendo la información en distintos contextos educativos (ej.

Educación interprofesional: esta tendencia busca el aprendizaje conjunto de diferentes disciplinas del área de la salud, pero más allá de que aprendan en el mismo lugar físico, lo que busca es que puedan aprender juntos, de y sobre el otro. El principal objetivo es mejorar la colaboración entre profesiones con el fin de mejorar la calidad de atención de los pacientes (Freeth, Savin-Baden, & Thistlethwaite, 2019; Hammick, Freeth, Koppel, Reeves, & Barr, 2007). Si bien es un desafío del punto de vista de coordinación y gestión educacional, lograr instancias que promuevan el aprendizaje interprofesional va en directa relación con la práctica profesional diaria, en donde colaboramos constantemente entre disciplinas por el bien del paciente. Para esto se deben identificar necesidades propias del contexto en el que trabajan los profesionales, identificar las competencias requeridas en común y enfocar las estrategias de enseñanza y evaluación del aprendizaje en la colaboración en torno a temas centrales como el trabajo en equipo, la comunicación, los roles y responsabilidades, el paciente y dilemas éticos. Estas son solo algunas de las tendencias que se pueden aplicar al desarrollo curricular de las profesiones de la salud.

Antes de intentar aplicarlas todas, debemos reconocer que cada una conlleva desafíos a la hora de implementarlas. Para decidir cuál y cómo se incorporarán en su programa, se debe primero entender el contexto y ambiente educacional, reconocer las necesidades de los estudiantes y las competencias de los docentes. Luego se debe definir, según el producto final que se busca formar, qué tendencia aportará más al desarrollo de los profesionales. El desarrollo curricular en 6 pasos, propuesto por Kern (Thomas, Kern, Hughes, & Chen, 2018) es una herramienta útil para enfrentar el desafío de desarrollar un nuevo programa. Para ir mejorando un curso en cada versión, es necesaria la evaluación de los programas (paso 6), renovando distintos aspectos con el fin de optimizar la forma en que enseñamos.

Tabla Comparativa: Currículum como Producto vs. Praxis

Característica Currículum como Producto Currículum como Praxis
Énfasis Transmisión de conocimientos Construcción de significados
Planificación Detallada y estructurada Flexible y adaptable
Evaluación Medición de resultados Formativa y reflexiva
Rol del docente Ejecutor Mediador y facilitador

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