La totora, una planta acuática de la familia Typhaceae, ha sido de gran utilidad para las comunidades humanas desde tiempos prehispánicos. Ya en el 5.000 A.C., la cultura Chinchorro, en lo que hoy es la región de Arica y Parinacota, empleaba la totora para diversos usos tanto domésticos como rituales. La flexibilidad, resistencia y tamaño de la planta ha significado que su uso se haya mantenido en el tiempo y con muchos usos.

La Totora en la Artesanía Chilena

En Chile, el uso de la totora está arraigado en la tradición de la zona norte y centro del país, donde se confeccionan principalmente esteras en rollo para cierres o terrazas y canastos de diversos tamaños y formas.

El Proceso Artesanal

La primera etapa del trabajo artesanal en totora consiste en la recolección de la planta que crece de forma silvestre en humedales de zonas costeras del centro y norte del país. El material ya seco se junta en gavillas, la que se almacenan en bolsas para que no pierda demasiada humedad y conserve la ductilidad que permite realizar el trenzado y torcido. Existen diferentes grosores de cordón, dependiendo de la pieza que se quiera construir, y la resistencia que requiera tener.

Antiguamente la totora se utilizaba para crear piezas utilitarias de tamaño considerable, como aparejos de burro o canastos que servían para guardar en las casas todo tipo de cosas.

Artesanos Destacados y su Legado

Graciela Castillo: Un Legado Inolvidable

El pasado domingo 28 de febrero, a los 85 años falleció la mayor exponente de la artesanía en totora del país, Graciela Castillo. Como Consejo de la Cultura, quisimos ser parte de la conmemoración de este día, homenajeando el legado de Graciela Castillo, artesana que trabajó con nosotros en varios proyectos Fondart, en la Línea de Preservación del Patrimonio Cultural Inmaterial.

Para su hija, la artesana Marta Godoy, quien además fue su compañera de labores, señaló “la muerte de mi madre me deja la responsabilidad de seguir difundiendo el trabajo en totora a nuevos artesanos y no se pierda en el olvido.

Antonio Calfuñanco: Un Maestro de la Totora desde Arica a Coquimbo

Corría el año 1970 y con solo 19 años Antonio Calfuñanco se convertía en padre. Motivado por el nacimiento de su hijo llegó desde Arica, su tierra natal, a la Región de Coquimbo. “Yo venía a ver a mi esposa, que es de Coquimbo, y a mi hijo, pero me gustó este lugar, así que me quedé acá”, señala.

Los días pasaban y con un bebé las necesidades aumentaron, por lo que Calfuñanco necesitaba ingresos para mantener a los suyos. Proveniente de una familia numerosa, desde muy niño estuvo ligado a la confección de piezas en totora pues a través de éstas generaban el ingreso que les permitía subsistir. “Empecé a hacer estas cosas en totora porque tenía necesidades económicas. Primero hice diez y las vendí rápido porque esa artesanía no era conocida acá y yo tampoco tenía nociones de los precios, así que las vendí baratas”, cuenta.

Un día, mientras recorría las calles de la ciudad vendiendo sus artesanías, le hicieron una particular invitación. “Andaba en la calle y un señor me invitó a una feria en Ovalle. Yo pensé que me estaba molestando porque jamás había ido a ferias, pero fui y gané el primer premio, entonces me empecé a hacer conocido”, explica el artesano y esboza una sonrisa que deja entrever un dejo de orgullo y vergüenza.

Región de Totora

Según cuenta Antonio Calfuñanco, la Región de Coquimbo es uno de los lugares donde más abundan las plantaciones de totoras. Si bien su crecimiento está ligado al curso y a la cercanía del agua, la sequía aún no genera ningún estrago en ellas. “Habiendo agua, hay totora y aquí hay mucha, tendría que secarse todo para que desaparezca”, afirma el artesano.

Tras la artesanía que se comercializa, existe un trabajo arduo, no sólo de creación sino también de elección del material. “Yo saco en el sector de El Faro, aunque esta región es rica en el material. El único requisito para trabajar la totora es que la mata debe estar seca para poder cortarla”, explica.

Un trabajo que implica tiempo y dedicación y que con los años Calfuñanco domina a la perfección. Orgulloso de sí mismo, afirma que “en dos días corto una camionada, tengo práctica y energía”.

Cuenta que la técnica que utiliza para la confección de sus artesanías pertenece a la cultura chinchorro. Incluso en el museo San Miguel de Azapa, en Arica, hay una obra que realizó su abuela mientras que en el Museo Arqueológico de La Serena se exhibe una réplica de una estera de tiempos primitivos confeccionada por él.

Kallfu-Manke: Un Espacio para la Artesanía

Luego de estar 15 años viviendo por temporadas entre Chile y Argentina, en 1992, Antonio Calfuñanco propone al municipio de Coquimbo, encabezado por ese entonces por el exalcalde Pedro Velásquez, un proyecto que apuntaba a la instalación de un lugar donde los artesanos típicos pudiesen dar a conocer sus trabajos y comercializarlos. Así nace Kallfu-Manke, que en mapuche significa cóndor azul.

Ubicado entre la Ruta 5 y calle Regimiento Arica, en el sector de Peñuelas, en Coquimbo, el local posee un encanto que cautiva a todo el que lo visita, “la gente llega a este espacio y se contenta, sobre todo los niños porque nunca han visto artesanías, a los extranjeros les encanta”, aseveró Calfuñanco.

Y es que basta estar un par de minutos en el lugar para vivir en carne propia esa experiencia. La música, los trabajos, los muebles, todo cuanto hay en el lugar, mágicamente transporta a otro mundo y logra generar una conexión con nuestras raíces. “Todo esto era tierra, era un basural. Cuando llegué a Chile pedí permiso para instalarme. Mi señora, Elena Caimanque, ganó un proyecto FOSIS de 400 mil pesos y con eso empezamos a construir despacito. El 2003 ganó un proyecto de la CONADI y hace poco uno de SERCOTEC”, relata el maestro artesano. “Este lugar tiene muy poca publicidad porque nosotros vamos tranquilitos, tú sabes que quien apurado vive, apurado muere, si uno crece mucho y rápido, el porrazo es más grande”, confiesa.

Momento de Creación

En 1985, Antonio Calfuñanco comenzó a experimentar en la creación de personajes típicos de la tradición chilena. Chinchineros, vendedores, huasos y aguateros son parte de la colección de piezas que ha desarrollado el artista. “El primer personaje que hice fue el pescador, mi vida ha estado ligada al mar aunque me gusta mucho lo que es tradicional, lo nuestro”.

Es enfático en afirmar que no siempre se siente la inspiración para crear pues “hay que tener un cuarto de hora”. Y no todos son capaces de lograrlo aunque se esfuercen para ello. “A veces llega, pero se termina, entonces hay que esperar a que vuelva la inspiración porque es imposible crear a la fuerza”, explica el entendido.

Al ser consultado por la facilidad que tiene para crear piezas artísticas, con humildad responde que él pone las manos y Dios hace el resto, “ellas sólo dan la forma. Muchas veces cuando estoy haciendo piezas nuevas me sorprendo de lo que creé, a veces pienso que no soy yo”.

Abrir Espacios

Con más de 30 años de trayectoria, Antonio Calfuñanco afirma que lentamente los verdaderos artesanos perdieron espacios en las ferias y sus puestos fueron reemplazados por productos que se pueden comercializar en cualquier lugar.

“El sentido de la feria artesanal se ha perdido en un cien por ciento. En el país deben ser cinco las que se dedican exclusivamente a las artesanías. Por ejemplo, vas a San Pedro de Atacama y te encuentras con que los locales venden cosas peruanas, ecuatorianas, pero todas hechas a máquina”. Apunta sus dardos al rol de las autoridades y su falta de apoyo a los pocos artesanos típicos que aún hay en el país y en la región. “Se están muriendo porque no tienen ningún tipo de apoyo. Ellos estarían encantados de que los invitaran a una feria, pero de verdaderos maestros de maestros, donde puedan exhibir sus creaciones, no a esas ferias de productos hechos a máquina”, sentenció.

El Futuro de la Tradición

“Va a seguir por muchos años más”, es su respuesta al ser consultado por el futuro de la tradición que su familia ha procurado continuar. Antonio tiene dos hijos, un nieto y un bisnieto y su orgullo más grande es que todos han aprendido el arte de la cestería en totora. Reconoce que esto es lo que ama, lo que más disfruta hacer e incluso afirma que “si a mí me sacan de aquí, me matan, esto es mi vida”.

Luz Cartes: La Reina de la Totora de O'Higgins

Luz Cartes es una diestra artesana de la Región de O´Higgins, conocida como la Reina de la Totora. Trabaja el junco que recolecta en ríos, humedales y esteros de San Vicente de Tagua Tagua. Luego da forma a diversos objetos, desde maceteros y cortinas hasta pisos y sillas de álamo. Su vínculo con esta fibra vegetal comenzó hace 9 años atrás, cuando un hermano decidió enseñarle el trabajo. Rápidamente demostró su habilidad en el oficio. Tan solo al año de haberse iniciado se independizó. La empresa que desarrolló la bautizó como El Gazú, en honor a su hijo que la ilumina y guía desde el cielo. Por eso lleva su marca con amor y orgullo. Siempre atenta, sonriente y con la palabra justa, Luz Cartes se ha convertido en una férrea embajadora del Patrimonio Cultural de su región, asumiendo un rol protagónico y promoviendo la labor campesina.

“Trabajé hasta convertirme en la reina de la totora. No sabía que acá en Tagua Tagua había totora, no sabía ni trabajar la fibra, pero ahora soy toda una artista. Poco a poco me fui abriendo paso por el masculino mundo del arte en totora, hasta ganarme mi lugar. Ahora me reconocen como la Reina de la Totora. Incluso, he recibido muchos premios y reconocimientos, como en Chimbarongo, por ejemplo, y hasta he salido en programas de TV. Pasé a ser un personaje típico de mi comuna, Los clientes me buscan por la calidad de mi trabajo. Hago fundas para maceteros, pantallas para techos, paraguas para paltos, cierres, biombos, cortinas, persianas, nidos para pájaros, quitasoles, colgantes, etc. En realidad, puedo hacer lo que el cliente me pida. También reparo sillas, pisos y sillones. La totora es un material versátil, así que no tengo problemas en modelar cualquier objeto. De igual forma he traspasado mi conocimiento, tanto a pascuenses como a salvadoreños. La totora es una planta hermafrodita, que crece en la orilla de los ríos, esteros y humedales. Hasta allí llego a buscarla para trabajar mi arte. Se trata de una materia prima utilizada por nuestros ancestros, los pueblos indígenas trabajaban mucho la totora. Es una fibra vegetal, 100% natural, térmica, da calor en el invierno y frío en el verano. Para mí significa mucho, es como una mujer bonita, dócil, alegre. Me ayudó a estudiar y a darle educación a mi hija.

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