Hay un pensamiento que cruza la cabeza de muchos padres cuando un tropiezo de su hijo les arranca un suspiro: ya va a crecer. Y en ese momento, el trabajo estará hecho y el niño o la niña en cuestión tendrá que valerse por sí mismo.

Susan Engel, profesora titular de Psicología en el Williams College, relata cómo una serie de eventos desafortunados en la vida de su hijo Jake la golpearon incluso más que la lenta muerte de uno de sus mejores amigos a raíz de un cáncer o el suicidio de su propio hermano. "Todo eso fue leve comparado con la agonía de ver a mi fuerte y apuesto hijo pateado en el suelo", describió Engel.

Pero lo más duro de su relato es que no sabía cómo ayudarlo, porque las herramientas que utilizó en los anteriores 28 años de su hijo ahora estaban obsoletas. No sabía cómo ayudarlo. Tanto así, que en sus peores días de incertidumbre, pensó en matricularse en un grupo de apoyo y llegó a creer que no estaba hecha para ser madre de un hijo en edad adulta.

La Dificultad de Ser Padres de Hijos Adultos

Tal vez usted ha sentido lo mismo, pero no se ha detenido a preguntárselo: ¿Por qué es tan difícil ser padres de hijos adultos? ¿Por qué no nos damos cuenta de que las herramientas que usamos cuando ellos son chicos ya no nos sirven cuando crecen? Porque los padres pasan por un proceso de desarrollo al igual que los niños, responde Engel.

Eso significa que después de 18, 20 o 25 años de supervisarlos, ser responsables de su seguridad, alimentación y vivienda, ayudarlos a resolver problemas e intervenir en nombre de ellos, se necesita un tiempo para ir dejando de lado esa manera de relacionarse y para aprender a ser solidarios (no responsables) sin intervenir. Es como aprender a desvincularse de a poco.

Tras años solucionándoles la vida, el desapego no pasa de forma automática. "Si le ha hecho el almuerzo a su hijo por 18 años, toma un tiempo dejar la costumbre de preguntarle qué va a querer para almorzar. En otras palabras, se necesita un tiempo para olvidar el tipo de protección y la participación que adquirió desde el día en que nació su primer hijo", afirma Engel.

La autora de la columna explica que el tema no es que los padres no se den cuenta de que son adultos, sino que tienen que abandonar los viejos hábitos de crianza y empezar a adquirir otros de acuerdo a la edad en que ellos están. "Sus hijos siempre necesitan su apoyo y su amor, pero la manera en que se expresa ese apoyo y amor tiene que cambiar. Ellos necesitan otro tipo de ayuda cuando son adultos", dice Engel.

La Importancia de la Empatía y la Tolerancia

"La clave para lidiar con los problemas de los hijos adultos es estar ahí, con la puerta abierta, y no ofrecer consejos a menos que pregunten", dice uno de los comentarios que recibió la columna de The New York Times. Algo que Engel aprendió a partir de un llamado telefónico de su hijo Jake. Como era su costumbre, la madre intentó idearle un plan de acción para salir a flote, pero él la paró en seco: "No quiero tus soluciones, sólo que me digas que no es tan malo como parece". El sólo quería empatía.

Sin embargo, no es tan fácil como se lee. Es decir, podemos entender que ellos quieren empatía, pero el tema es cómo actuar en situaciones cotidianas, dice Engel. "El padre de un adulto puede decirse a sí mismo: 'mi hijo o hija sólo necesita empatía', pero en el calor del momento la tentación de empezar a resolver sus problemas, diciéndoles qué hacer o tratando de protegerlos a las patadas de los daños, juega en contra de nuestro mejor juicio", explica.

Gary Chapman, uno de los autores del libro *Criando a tu hijo adulto: Construyendo una relación sana en un mundo cambiante*, entrega una de las claves que los padres deben utilizar frente a un problema de sus hijos: la tolerancia. Los hijos pueden tener un estilo de vida o patrones en la toma de decisiones que a los padres podrían parecerles poco maduros y nada certeros, de acuerdo a sus conocimientos y experiencia, "pero tenemos que tener cuidado de cómo administrar esa sabiduría a los hijos adultos". Una sugerencia: ofrezca el consejo, no lo imponga. Si no lo quiere escuchar, no se lo diga. Porque eso puede tener consecuencias.

Un estudio del Instituto de Investigación Social de la U. de Michigan dice que uno de los momentos de mayor tensión entre los padres y los hijos adultos ocurre cuando los padres proporcionan consejos que sus hijos no les han pedido. Desde que son niños, los padres ejercen mucho control sobre ellos para asegurarles todas las necesidades que ellos requieren. Y cuando son adultos, deben tomarse el tiempo para ir apagando esa sensación de que hay que controlarles la vida porque ningún adulto quiere tener ese tipo de control encima hostigándolo. Inevitablemente se rebelará contra eso.

Relaciones Amorosas y el Rol de los Padres

Cuando conoces al nuevo amor de un hijo adulto, puede haber una variedad de razones por las que se encienden focos rojos. Tu primer impulso podría ser llevarte a un lado a tu hijo o hija y decirle: “¿En qué estás pensando?". Pero el camino del distanciamiento es bien transitado por padres e hijos adultos cuando se trata de amor y matrimonio. Cuanto más te opongas a su amor, más conectado se sentirá tu hijo adulto con esta persona.

La investigación realizada por la Dra. sugiere los siguientes pasos:

  1. Piensa y aclara qué es lo que te molesta de esta persona. ¿Tu primera impresión negativa se basa en tus propios gustos, experiencias y opiniones?
  2. Toma un enfoque moderado incluso si tu primer impulso es la repugnancia. No saltes a dar consejos no solicitados. Expresa tus preocupaciones con calma y luego retrocede.
  3. Dale al nuevo amor el beneficio de la duda por un rato. ¿La persona es simplemente desagradable en lo que a ti respecta o realmente tóxica?
  4. No tomes partido cuando se queje de su relación. Escucha y muestra apoyo y fe en que tu hijo o hija puede tomar una decisión racional sobre qué hacer. No le des consejos a menos que te los pida.
  5. No des ultimatums.
  6. Deja que los amigos de tu hijo o hija o sus hermanos activen las alarmas.
  7. No hagas boicot a la boda, aunque estés en desacuerdo con el matrimonio. Estar presente durante esta transición de vida, incluso si tu corazón se está rompiendo, envía un mensaje de amor y apoyo emocional a tu hijo o hija.

El Desapego en la Etapa Escolar

Entrar al colegio puede ser estresante para algunos niños que inician su vida escolar, pues deben adaptarse a nuevos requerimientos fuera del hogar y lejos de la dependencia familiar.

Para este proceso el niño o niña necesitará adaptarse a los nuevos requerimientos, que se verán reflejados principalmente en las relaciones con sus compañeros, sus educadoras y/o sus profesores. No obstante, no todos alcanzan fácilmente o en el mismo nivel el bienestar deseado en este paso ya sea por el ritmo educacional como por el hecho de tener que sociabilizar.

Para la psicopedagoga Andrea Correa, esta problemática se reconoce como un hecho significativo en el desarrollo infantil, por lo que, si se presenta, debe ser encarado con atención.

Dos Fases del Desapego Escolar

La especialista indica que, frente a la resistencia de un niño para ir al colegio, se pueden identificar dos fases:

  • La primera, es la llamada fase “de protesta”, que comienza inmediatamente después de la partida de la madre o padre, donde el niño podría sentirse intensamente angustiado, ansioso y llorar por la separación. Sin embargo, minutos más tarde lo olvida y comienza a integrarse a las actividades.
  • La segunda etapa se denomina “de abandono”, donde el pequeño manifiesta una sensación de desamparo, inseguridad y el llanto se vuelve intermitente.

En algunos casos, también podrían surgir rasgos de negativismo y oposicionismo, debido a la labilidad emocional de esta etapa, pudiendo desarrollar también temores como a la oscuridad, a los “monstruos” o a los animales.

Correa señala que el trabajo durante el primer período de desapego debe ser en conjunto con los padres y las educadoras, con el fin de ir consolidando el sentido de autonomía y la capacidad para expresar necesidades de alimentación o higiene, y dar a conocer pensamientos por medio del lenguaje.

Consejos para el Proceso de Adaptación Escolar

  1. Hable claro, aprenda a comunicarse de manera asertiva con sus hijos.
  2. Utilice mensajes corporales adecuados: la comunicación verbal debe ir acorde con su postura y mirada.
  3. Fomente la seguridad y su autoestima a través del juego.
  4. Realice despedidas breves y simples, es fundamental evitar prolongar la ansiedad en los niños.
  5. Al separarse de su hijo entregue cariño y confianza. Luego, despídase con seguridad.
  6. Prepárelos para la separación, lleve a su hijo previamente al colegio o jardín infantil, de manera que conozca el lugar y se familiarice con las educadoras y el entorno.
  7. Sea puntual en los horarios de salida, retirarlos a la hora contribuye a no generar más ansiedad.
  8. Mantenga comunicación permanente con el colegio, sobre todo en el proceso de adaptación, pues el trabajo en conjunto favorece la confianza del niño.
  9. Evite llorar frente a su hijo, ello causa mayor ansiedad y genera inseguridad.

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