El Gobierno de Alemania ha anunciado un conjunto de medidas destinadas a asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones del país y garantizar una tasa de reemplazo mínima del 48% en el futuro.

El proyecto para la creación de este fondo fue presentado por el ministro de Trabajo, Hubertus Heil, y el titular de Finanzas, Christian Lindner. Para su establecimiento, se contemplan préstamos por un total de 12.000 millones de euros en 2024, con un aumento anual del 3%, así como la disposición de activos federales por valor de 15.000 millones de euros hasta 2028.

El fondo soberano será administrado de manera profesional e invertido globalmente a través de una fundación pública independiente de nueva creación.

Hasta ahora, el sistema público de pensiones en Alemania se organiza mediante el llamado “Contrato entre Generaciones”, lo que significa que los empleados aportan a un fondo de pensiones que paga la pensión de los jubilados. Los empleados de hoy confían en que la próxima generación generará los fondos suficientes para su pensión cuando se jubilen. De esta forma, la próxima generación y su trabajo y sudor deberían financiar a la generación que le antecede y así sucesivamente.

Aquello funcionó durante bastante tiempo, pero ahora hay un número enorme y creciente de jubilados frente a un número cada vez menor de personas que pueden sostener estas pensiones, por lo que la relación entre trabajadores y jubilados se ha finalmente invertido y la piscina de ahorros común se está agotando (por ejemplo, más personas que exigen sacar pensiones del sistema, que aquellos trabajadores que meten fondos en este).

En simple, el fondo común ya no es suficiente, o, como bien diría Javier Milei, “no hay plata”, por lo que una gran parte de las pensiones actuales ya se financian con dinero de los impuestos. En el futuro, el Gobierno planea invertir dinero (de créditos) ahora en acciones, fondos y ETF para generar ingresos para las futuras pensiones, desarrollando un sistema de inversiones privado de los ahorros al más estilo chilensis, pero se tratará de continuar, en parte, con el antiguo sistema de contrato de generación.

Por ello la propuesta quiere construir un segundo pilar individual para garantizar las pensiones. Ahora bien, la estrategia contempla la construcción del fondo de capital antes mencionado a través de financiamiento del gobierno federal. El nuevo instrumento alcanzará el umbral de 200 mil millones de euros en la próxima década, impulsando la transición que los gobiernos están buscando.

Desafíos y Reformas Necesarias

El nuevo informe del consejo de expertos económicos (conocidos como cinco sabios) que asesoran al Gobierno alemán concluye que son tiempos difíciles para los ciudadanos alemanes. El país se ha detenido desde 2020 por las crisis múltiples, la pandemia, la inflación, la guerra y la crisis energética, entre otros factores.

“Habrá que reformar la jubilación, prolongar la vida laboral para reducir el gasto público, retrasar la edad de jubilarse y apostar por la cultura de la inversión en el mercado de capitales”, sindica la nota. Para eso, los “sabios” proponen un fondo de pensiones público, fuera del seguro de pensiones obligatorio, en el que se pueda cotizar desde la infancia. Sería una fórmula para obtener ganancias al menor riesgo, invirtiendo en un fondo de inversión accesible para todas las clases sociales.

Según Nils Goldschmidt, presidente del Instituto de Economía Social de Mercado de Tubinga y catedrático de Economía en la Universidad de Siegen, Alemania tiene además un gran problema para hacer sostenible el sistema público de pensiones. “Desde hace años nadie se atreve a hacer la reforma necesaria de las pensiones, lo que supone una gran carga para las finanzas estatales.

Para Goldschmidt, la situación es insostenible. Propone un debate tanto en Alemania como en Europa para elevar la edad de la jubilación y para incrementar la cuota de mujeres que trabajan. En Alemania, el 50% lo hace a media jornada. Y se necesitan inmigrantes para trabajar. “Por eso me pregunto si no sería ahora el momento de apostar por proyectos de cooperación estratégica y de formación, también en países africanos”.

En su último viaje en octubre a África, el canciller Olaf Scholz anunció la creación de un centro de emigración en Nigeria para acoger a solicitantes de asilo rechazados en Alemania y para formar, al mismo tiempo, a especialistas que quieran emigrar a Alemania.

En ese sentido, el Consejo Asesor de Economistas del Gobierno alemán criticó la ventaja fiscal que gozan las parejas alemanas cuando uno de los miembros de la pareja (habitualmente la mujer) no trabaja o lo hace poco. De reformarse, se incentivaría a unas 150.000 mujeres a laborar jornada completa.

También proponen que entren más extranjeros en el mercado laboral. Los refugiados que tengan el derecho a quedarse en Alemania deberían laborar enseguida. Quienes en sus países de origen obtengan una oferta de trabajo en Alemania, deberían poder emigrar inmediatamente. Y ven urgente la reforma del seguro de pensiones obligatorio “para evitar castigar más a los jóvenes”. Piden prolongar en ocho meses la edad de jubilación por año adicional de esperanza de vida. En 2051 se trabajaría hasta los 68 y, en 2071, hasta los 69.

El Consejo reconoce que los ingresos netos de la población con menos ingresos se estancan, mientras el resto de la población consigue ganar más. La pobreza afecta en Alemania sobre todo a mujeres solas con hijos, a los jóvenes y a los emigrantes. “A mayor desigualdad, menor apoyo a la democracia”, advierte.

El Modelo de Capitalización Individual

Alemania está a punto de hacer un cambio único e histórico en su modelo de pensiones, siguiendo el ejemplo del sistema chileno de capitalización individual. Las vueltas de la vida, nosotros que anhelábamos por años parecernos a Alemania y a su modelo de Estado de bienestar, pareciera que ese país ya viene de vuelta y quiere adoptar el neoliberalismo chileno en materia de pensiones.

Según el proyecto de ley presentado el pasado martes 5 de marzo, la administración recaudará 200 millones de dólares para invertir en los mercados de capital y utilizar los ingresos para reformar el sistema de pensiones del Estado y evitar el colapso de un anticuado modelo de reparto, que al igual que España enfrenta una crisis considerable y está al borde del colapso.

Claramente, la urgente reforma demuestra que el gobierno alemán y su clase política se han percatado a tiempo (a diferencia de nuestra clase política) de que no pueden permitirse una profundización de la crisis que comprometería la inestabilidad social del país a largo plazo.

Por otro lado, no se puede perder de vista la causa principal que motivó al país germano a realizar esta política pública: tanto Alemania como Chile son países en donde el porcentaje de natalidad cae año tras año. El hecho de que Alemania tenga un índice de fecundidad inferior a 2,1 por mujer (fecundidad de reemplazo), supone que no se garantiza una pirámide de población estable. En el caso de Chile, las cifras son más desfavorables, 1,3 hijos por mujer, lo que significa que tenemos la menor tasa de fecundidad de todo el continente sudamericano.

Hace 15 años, nuestra pirámide poblacional era casi perfecta, había un pequeño porcentaje de población adulto mayor y una base amplia de renovación generacional; hoy el mayor porcentaje de la pirámide se concentra entre los 40 y 50 años. Por lo tanto, la capacidad de mantener una población que posee mayor esperanza de vida es insostenible para cualquier sistema de reparto que se desee implementar por eficiente que sea su recaudación.

Las cifras de baja natalidad son alarmantes para ambos países, pero Alemania se adelantó en vistas del impacto económico que significa una baja fecundidad y pondrá en marcha esta reforma sustancial al sistema de pensiones, valiéndose para ello de los instrumentos que ofrece el mercado para contrarrestar la crisis. Este cambio único e histórico en el modelo de pensiones alemán deja en claro que ningún país desarrollado o en vías de desarrollo puede prescindir de los instrumentos del mercado para prestar ayuda en materia de pensiones, por mucho que los países desarrollados tengan la estructura financiera para surtir de pensiones a través de su buena recaudación.

Esto es debido a que se llegará a un punto en que ese sistema de reparto común entrará en colapso, debido a que ningún Estado, por eficiente que sea su política distributiva, puede soportar, a largo plazo, una población cada vez más envejecida y una menor tasa de jóvenes menores de 15 años que puedan reemplazar y sostener a la nueva población no productiva.

Chile debería ver el ejemplo de Alemania como una señal importante de que el país tiene el deber de encaminar políticas públicas que no desdeñen los instrumentos de mercado, como también políticas enfocadas en revertir la baja tasa de natalidad que nuestro país ha estado experimentando en las últimas décadas: sin una tasa de natalidad estable, ni el mercado ni el Estado podrán responder de manera eficiente y tempestiva a los nuevos desafíos en materia previsional.

Críticas al Sistema Actual

Según los autores el sistema de pensiones de Alemania se habría transformado en un sistema de capitalización individual de esencia „neoliberal“ como el que se implementó en Chile, lo cual no corresponde a la intención del Gobierno Federal de Alemania.

Un fondo de pensiones que constituye un 18,6% del sueldo del obrero o empleado. El 80% de las pensiones se financia con el fondo común de empleadores y empleados (1.a). Además, en caso de gastos suplementarios el Estado Federal subsidia lo que sea necesario para equiibrar la posible brecha. Actualmente el Estado subsidia entre el 14 y el 20% del sistema de pensiones.

Este fondo de pensiones es de aproximadamente de 350 mil millones de Euros y es administrado por un ente estatal, el Seguro de Pensiones Alemán (Deutsche Renten Versicherung). Todas las contribuciones van a una cuenta del empleado que solo puede disponer de esos fondos a través de un pago mensual, que reembolsa el Seguro Estatal de Pensiones, cuando cumpla 67 años de vida o cuando no pueda trabajar por invalidéz.

La reforma prevee la formación de un fondo de 200 mil millones de Euros (y no de 200 millones de Euros como afirman inicialmente los autores, aunque posteriormente se contradicen y colocan la cifra justa) hasta 2037. Se pretende a esa fecha comenzar a recoger las ganancias de ese fondo que deberían alcanzar aproximadamente los 10 mil millones de Euros. De esta manera el Estado asegura que sus subsidios se mantengan a un nivel aceptable.

Esto está muy lejos de lo que Paniagua y Ferrari afirman: „Los beneficios de estas inversiones se utilizarán para fortalecer el sistema de pensiones, con el objetivo final de alcanzar una tasa de reemplazo del 50%“. No hay nada de eso, estos ingresos adicionales, alcanzarían entre un 3 y un 5% adicionales y constituirían un pilar menor y adicional al modelo antes señalado, que evitarían subir las contribuciones de empleadores y empleados al 21,3% según se calcula.

Al leer el artículo de Panaigua y de Ferrari tuve la impresión de leer a dos autores, que deseaban con su texto influír en la actual discusión del sistema chileno de pensiones. Esto es legitimo y bueno, lo que no me parece conveniente es querer describir una realidad a cuyos datos básicos, que por razones idiomáticas, pocas personas pueden comprobar en Chile, son muy distintos a la esencia de la reforma parcial de pensiones alemanas.

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