Las expresiones y tradiciones marcan la gestión de la Subdirección de Patrimonio Cultural Inmaterial en la zona. En los últimos años, se han desarrollado diversas iniciativas pedagógicas para fomentar, sensibilizar y poner en valor los saberes patrimoniales más arraigados de sus habitantes. Con el propósito de contribuir con la transmisión de los conocimientos y la salvaguardia de la técnica del Trabajo en Soga, práctica reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile, se desarrolló un taller Portadores de Tradición en Coyhaique con una duración de cuatro meses. Lo destacamos en este ciclo de reseñas de buenas prácticas de la educación patrimonial.
El Taller Portadores de Tradición en Coyhaique
“Nuestros talleres tienen un componente práctico y también una parte reflexiva. En los talleres de transmisión -aquellos destinados a entregar conocimientos relacionados con las prácticas y técnicas tradicionales- hemos diagnosticado junto a los cultores que es mejor trabajar con personas que ya tienen un interés previo, como lo fue en el caso de los encuentros de trabajo en soga.
Los asistentes al taller tenían diversas edades: desde 13 a 63 años. Los sogueros son principalmente hombres residentes tanto en el sector rural como urbano de la región de Aysén. La encargada regional de Patrimonio Inmaterial destaca, justamente, la naturaleza familiar de este taller, con enseñanza personalizada donde tanto el cultor como su señora se dieron el tiempo de resolver cada una de las dudas de los participantes.
A sus 47 años, el cultor José Sanhueza busca traspasar sus saberes y conocimientos a nuevas generaciones interesadas en seguir con esta tradición. “Siempre había querido hacer un taller de esta naturaleza, en el sentido de impartir el poco conocimiento que uno tiene a través de un trabajo de años. La idea era enseñarles a los alumnos a preparar la materia prima, porque la base de este oficio es saber preparar el cuero: como el proceso es un poco tedioso y difícil, incorporamos la fabricación de algún producto para hacer que los aprendices se incentivaran, porque la mayoría de los sogueros pierden el interés cuando se comienza a trabajar el material.
Antes de este taller, Sanhueza ya contaba con un grupo de aprendices que lo seguían, quienes además iban a visitarlo a su casa en búsqueda de sus conocimientos: estas fueron las personas que tomaron el taller. Uno de ellos es Gerson Brevis, quien partió comprándole cuero sobado a José y luego comenzó a interiorizarse a través de su maestro sobre distintas técnicas para poner en práctica. “El tío Coto me enseñó libros y también algunas páginas de Youtube. Después me dijo que se iba a abrir este curso: esos contenidos nadie te los enseña… desde cómo cortar el cuero, en qué fecha, con qué luna, la calidad de cuero, cómo sobarlo, cómo afilar el cuchillo, etc.
Tanto el cultor como su aprendiz explican que es difícil poder acceder a este conocimiento, ya que cualquiera que tenga interés en aprender es visto como una competencia. “Yo pretendo que este oficio no se pierda, por lo mismo tengo que enseñar lo poco y nada que sé, no soy el mejor, pero quiero entregar mis conocimientos”, dice Sanhueza. Gerson Brevis está muy satisfecho con los conocimientos adquiridos en el taller y agradecido de su maestro. Cuenta que veía como imposible hacer sogas como Sanhueza, pero gracias a su generosidad y paciencia ha aprendido la mayor parte de lo que sabe a sus 18 años. Las horas se le hacían cortas, a pesar de que llegaba antes y se iba después de terminado el taller. “El ‘tío Coto’ y su señora siempre tuvieron las puertas abiertas para nosotros.
José Sanhueza tenía cerca de 8 años cuando tuvo que hacer su primer llavero en cuero. Luego, en el internado en el que estudiaba confeccionó las clásicas pantuflas de cuero de cordero. Y así, a los 10 años ya observaba con la curiosidad propia de un niño la confección de la soga, implemento básico y parte de la cultura campesina de Aysén, presente en su familia que siempre estuvo ligada al campo. Este amansador de caballos oriundo de Coyhaique cuenta que desde pequeño estuvo relacionado con el campo: en las salidas a buscar leña con su tío, comenzó su curiosidad por el mundo de la equitación y la soguería. Ingresó a la escuela de equitación para dedicarse a esto. Actualmente tiene sus caballos en el sector de Seis Lagunas, ubicado a media hora de Coyhaique. “A mí me gusta tener mis caballitos bien adornados.
José Sanhueza y su familia viven de la soguería. Esto incluye a su hija de 15 años quien también sabe cortar y coser a mano y ha generado sus propios implementos, siempre con la inquietud de aprender más. El cultor explica que una de las formas de incentivar a los alumnos a seguir con este oficio después del taller, fue mostrarles el lado económico, lo cual dio frutos pues tres de sus aprendices reciben encargos y están generando recursos. Sanhueza explica que tiempo atrás en la región se encontraban muchos implementos de nylon y los patagones habían perdido la costumbre de usar el cuero, lo que volvió a florecer gracias al reconocimiento del oficio y sus saberes ancestrales como Patrimonio Cultural Inmaterial. Tampoco había acceso a ferreterías, por lo que el trabajo en soga nace desde la necesidad de tener sus propias maneas, riendas, lazos o aperos.
“No vamos a la universidad ni al liceo a tomar clases de esto, se aprende haciendo cosas, echando a perder, practicando: influye el clima, la luna, la manera de colgar el cuero, el tiempo en el que se carnea, si el animal vivía cerca de la costa, si estaba gordo o flaco al morir: eso es entregar el conocimiento del oficio. Tal es la inquietud y ganas de ir más allá de este grupo de aprendices, que propusieron al equipo regional Patrimonio Cultural Inmaterial en Aysén continuar aprendiendo sobre la técnica de repujado en cuero. “Esto nos da luces que el trabajo fue bien hecho”, comenta Loreto Nova.
Gerson agrega que otro punto que les faltó aprender fue cómo preparar las lonjas de chivo y de potro. Este avezado alumno tiene encargos incluso desde Punta Arenas y quiere seguir aprendiendo del oficio para perfeccionarse aún más. “Yo aspiro a hacer piezas exclusivas, no quiero hacer cosas comunes que los demás ya tienen, para eso miro más lo que se hace en Argentina, buscando ideas que no se ven acá. Aparte de todo lo que me ha enseñado el ‘tío Coto’, igual he averiguado por internet y he tratado de profundizar cada vez más.
Otro de los desafíos que el equipo regional ve para este taller es la estacionalidad del mismo, para lo cual ejecutarlo en el mes de noviembre sería ideal por las condiciones climáticas de Aysén. “Es ideal llevar a cabo la confección de la materia prima en noviembre, para que el cuero se alcance a secar. Debido a un tema de ejecución presupuestaria realizamos el taller en invierno, por lo mismo el estaqueado para el secado del cuero no se hizo con el clima adecuado: el cuero no se alcanzó a secar para el sobado.
Entusiasta, José Sanhueza comenta que él ha visto crecer el interés por este oficio, gracias a las iniciativas que lo ponen en valor y fomentan esta tradición. “La tecnología va a pasos agigantados, nos va a quitar a la juventud y se nos hace difícil poder incentivarlos en este oficio. No hay que aflojar para que esto pueda seguir avanzando. El Trabajo en Soga en la Región de Aysén es, desde 2015, parte del Inventario de Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile y cuenta con un Plan de Salvaguardia que pretende que el oficio tradicional del soguero de Aysén y sus conocimientos no mueran.
Talabartería "Huaso Acampao": Un Emprendimiento Sustentable
Este emprendimiento sustentable nació en el 2020 en el sector rural de Ramadilla, en la comuna de Quilleco, en plena época de pandemia. Fue idea de Gisley Cortés y su pareja Alexis Maureira. Gisley es una emprendedora de 28 años nacida en Tocopilla, que viene de una familia artesana. Por eso, asegura que desde niña le ha gustado vender "cualquier cosa". Hace memorias de su abuelita, quien era una mujer artesana reconocida en la Región de Antofagasta por su trabajo, pues salía a ferias y hacía muchos talleres.La abuelita de Gisley recolectaba conchas con los cuales hacía trabajos de artesanía. Ella cuenta que pese a que por motivos laborales de sus padres se fueron a Antofagasta, ella viajaba los fines de semana a estar con su abuelita, ya que eran muy cercanas: "Salía para todos lados con ella", rememora.
Por cosas de la vida, con los años Gisley y su familia se fueron a vivir a Quilleco. Ahí trabajaba en una empresa que prestaba servicios a la minería ya que estudió ingeniería en prevención de riesgos con mención en calidad y medio ambiente. En ese lugar fue donde conoció a Alexis, el amor de su vida y con quien tiempo después inició el emprendimiento de la talabartería. "Alexis era operador de camión y me raptó, no sé en qué momento pero me raptó", explica riendo. En sus tiempos libres, él trabajaba creando con madera. Cuando se conocieron se dieron cuenta que los unía la misma pasión: emprender.Gisley recuerda que intentó varias ideas. Sin embargo, fue cuando trabajó haciendo stickers, bolsas y accesorios personalizados a las pymes que se dio cuenta de una necesidad latente en la comuna y en la que nadie trabaja: los aperos de cuero.
En Ramadilla el caballo sirve para transportarnos, para ayudarnos en las tareas del campo, para ver los animales en la cordillera. El caballo es como el mejor amigo del hombre. Durante un tiempo esta pareja se dedicó a fabricar aperos y comercializar productos de huasos que compraban en Los Ángeles. En ese proceso, se percataron de una nueva idea de negocio: "Vimos esa otra necesidad. Las personas no podían financiar un producto nuevo, sino que necesitaban arreglar su producto ya deteriorado por la lluvia o por una comida de ratón. Hasta los mismos perros sacan los cueros porque son muy codiciado".
Con un trozo de cuero, una idea en la cabeza, mucho trabajo y esfuerzo, nace Talabartería "Huaso Acampao": "Este negocio ofrece productos sustentables, ya que se construyen con cueros reciclados. El tema de los cueros es medio complicado porque vecinos los entierran, los echan al rio, los botan a la misma basura.
Desafíos y Metas de "Huaso Acampao"
En mayo, Huaso Acamapao inauguró un nuevo local en Antuco. Este negocio que partió en el quincho de una casa, hoy cuenta con su casa matriz en Quilleco y su primer local en la comuna vecina. Entre los desafíos que ha enfrentado este emprendimiento, Gisley indica que lo más difícil fue tener el local en un sector rural ya que para subir las ventas tenían que asistir a todas las ferias, salir a rodeos y eventos cercanos. "Uno de los grandes desafíos que nos tocó el año pasado, fue atrevernos a ir a uno de los nacionales más grandes de Chile el Champions que se realiza en Rancagua. Fue una experiencia única", expone.
Talabartería "Huaso Acampao" tiene como sello identitario el campo y sus tradiciones. Esta joven pareja ahora desea seguir creciendo y fomentando la conservación de tradiciones criollas propias del Biobío, por lo que apuntan a ser una marca reconocida a nivel nacional. "Queremos trabajar en rescatar, difundir y potenciar el oficio del talabartero. Un oficio muy lindo que rescata todas las tradiciones del campo y poder llevarlo arriba que lo reconozcan.
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