El estudio de las funciones ejecutivas, un concepto que nace desde la neurociencia, ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos 20 años. Dicho crecimiento permite identificar y comprender componentes clave comprometidos en conductas complejas como el aprendizaje. Por ejemplo, la importancia de la atención, la memoria de trabajo, el control inhibitorio, la planificación, entre otros componentes. Todo esto considerando a niños y niñas de desarrollo típico, pero también atípico, lo que hace posible avanzar en la inclusión y diversidad existente en la sala de clases.

Las funciones ejecutivas se pueden definir como el conjunto de capacidades cognitivas necesarias para controlar y autorregular la propia conducta. Es decir, son lo que nos permite establecer, mantener, supervisar, corregir y alcanzar un plan de acción dirigido a una meta. Las funciones ejecutivas son el conjunto de componentes cerebrales que hacen posible el desenvolvimiento funcional de la persona. Nos ayudan a coordinar, generar, regular, ejecutar y reajustar conductas con el fin de alcanzar objetivos complejos. Este conjunto de funciones es de gran importancia, pues lo usamos a diario.

Las funciones ejecutivas, son un conjunto de capacidades cognitivas que se encuentran relativamente delimitadas en las estructuras prefrontales del cerebro. Aunque hay diversidad de opiniones con respecto a qué son exactamente las funciones ejecutivas, existe consenso acerca de qué habilidades las componen, siendo las principales: flexibilidad cognitiva, inhibición, monitorización, planificación, memoria de trabajo, toma de decisiones y resolución de problemas.

Una de las tareas más complejas para el ser humano es el aprendizaje, que no solo es necesario para la supervivencia, sino que también es un elemento esencial para la estimulación y desarrollo de las funciones ejecutivas. Ahora, la relación que existe entre el aprendizaje y las funciones ejecutivas se produce como un proceso de retroalimentación donde, a medida que aprendemos, mejor será el funcionamiento ejecutivo. Y a la vez, el mejor desarrollo de las funciones ejecutivas, ayudará y facilitará el proceso de aprendizaje.

Siendo un tema muy actual cuando se trata de promover el desarrollo saludable en los niños, el trabajo en torno a estas habilidades no debe ignorarse, además, porque entre sus facultades está dirigir, controlar y regular en forma activa los pensamientos y la conducta. Cuando están presentes, repercuten en buen rendimiento escolar y relaciones interpersonales sanas. En definitiva, los especialistas las destacan como necesarias para regular pensamiento, emoción y acción.

Las funciones ejecutivas son habilidades cognitivas necesarias para realizar actividades de alto nivel, aquellas que consideran planificación, motivación, seguimiento y evaluación de etapas. Resultan imprescindibles para el éxito si se trata del estudio sistemático y, más tarde, en el ámbito laboral. Durante los años 70 y también en la década de los 80, las investigaciones habían concluido que estas funciones surgían tardíamente en el desarrollo ontogenético, aproximadamente al comenzar la adolescencia. Hoy, en cambio, se sabe que aparecen de forma muy temprana en la infancia.

En las últimas décadas, los estudios acerca de esta temática han concentrado el trabajo de investigadores, sobre todo en Estados Unidos y Europa. Como resultado de los diferentes estudios, se han determinado varias funciones ejecutivas, pero ante la diversidad existe consenso respecto de cuáles son las clave para el desarrollo cognitivo temprano. Otro aspecto a tener en cuenta es que, en la sicopedagogía, las funciones ejecutivas son una de las principales herramientas para el tratamiento con los niños y niñas que presentan Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH), Asperger o Autismo.

Se advierte un problema o déficit de funciones ejecutivas, por ejemplo, en casos como el de niños con rendimiento muy irregular por causa de problemas a la hora de planificarse y cumplir las metas que se les han fijado. Hay variables familiares que influyen negativamente en el desarrollo de las funciones ejecutivas, tal es el caso del estrés, incluidos la ansiedad y el descontrol. Una crianza infantil tranquila, en cambio, está relacionada con un buen desarrollo de estas funciones. Factores de una educación familiar positiva en este sentido son la contención y el apoyo, también la capacidad de poner límites con serenidad. En definitiva, durante la infancia es posible desarrollar las funciones ejecutivas en un ambiente de contención y afecto, organizado, predecible y con normas claras.

Vale saber, no obstante, que el período de desarrollo de estas funciones abarca desde el nacimiento hasta pasados los 20 años. Y en ese proceso es muy beneficioso el refuerzo también al interior de las salas de clases, según explica la psicopedagoga Fabiola Fariña. Agrega que en la actualidad es muy poco frecuente verlo, ya que los establecimientos regulares están muy centrados en la entrega de contenidos más que en el desarrollo de habilidades: “Pero sí se han podido evidenciar iniciativas, por ejemplo, en la educación preescolar, ya que es precisamente un nivel más centrado en el desarrollo de habilidades de los párvulos, por lo que es fácil esta misión. El currículum Montessoriano, es un caso que ejemplifica bien, pues se permite al niño o niña tomar decisiones sobre el tipo de actividades o experiencias que desean realizar. También está la metodología Método de Proyecto, que permite la planificación por parte de los preescolares para el logro de un objetivo.

Las funciones ejecutivas son completamente entrenables y se puede comenzar con esta tarea a cualquier edad, gracias a la neuroplasticidad del cerebro. Incluso, hay exitosos casos de trabajo con adultos mayores. ¿Cómo fomentarlas entonces? La fórmula que han trabajado los profesionales de la Universidad de Chile es dejar las clases expositivas para reemplazarlas por actividades prácticas en las que se puedan abarcar distintos estilos de aprendizaje, ya sean visuales, auditivos y/o kinestésicos. Como se aprecia, la labor en torno a las funciones ejecutivas es diversa, tiene diferentes formas de abordar y potenciar. No obstante, hay claridad en cuanto a su importancia.

Existen diversas maneras de entender y clasificar las funciones ejecutivas. La función ‘memoria de trabajo’ es la habilidad de poder almacenar y retener información momentáneamente para resolver problemas o tomar decisiones. La memoria de trabajo no está relacionada con aprendizajes a largo plazo, como por ejemplo, memorizar las tablas de multiplicar o los nombres de los países. La flexibilidad cognitiva, por su parte, se refiere a la capacidad de pensar de manera innovadora, rompiendo esquemas y patrones habituales. Es la habilidad de reconocer cuando algo que se está haciendo no está funcionando, y que se debe buscar nuevas alternativas. La flexibilidad cognitiva nos permite adaptarnos a cambios o imprevistos de manera eficiente. La inhibición conductual nos ayuda a controlar impulsos y actuar de manera adecuada según las circunstancias.

Todos los individuos pueden experimentar errores en las funciones ejecutivas en el día a día. Por ejemplo: olvidar descongelar el pollo la noche anterior o no recordar comprar la cartulina para un proyecto, perder de vista lo que estábamos por hacer, dejar escapar palabras hirientes durante una discusión o mostrarnos inflexibles frente a soluciones alternativas para resolver problemas. No obstante, cuando estas situaciones son recurrentes generan malestar o interfieren significativamente en la funcionalidad diaria, pueden ser un indicativo de un problema más amplio.

La investigación actual destaca que no existe un perfil único de alteraciones en las funciones ejecutivas asociado a un trastorno específico. Por el contrario, se observan múltiples perfiles que varían según la persona y las circunstancias. Este panorama refuerza la necesidad de considerar cada caso de forma individual, utilizando evaluaciones detalladas y contextualizada para identificar patrones específicos de alteración en las funciones ejecutivas.

La evaluación de las funciones ejecutivas debe ser entendida como un ejercicio clínico más allá de la simple administración y corrección de pruebas estandarizadas. Una de las principales críticas hacia los instrumentos diseñados para medir procesos cognitivos radica en su limitada validez ecológica. Por ello, resulta fundamental complementar estas pruebas con una entrevista clínica exhaustiva. Este proceso permite identificar las problemáticas específicas que enfrenta el evaluado y comprender cómo estas afectan su desempeño en actividades diarias. Por ejemplo, para un trabajador que utiliza Excel todos los días, olvidar la celda en la que estaba trabajando o la fórmula que estaba digitando puede reflejar un fallo en la memoria de trabajo. En otro caso, para un estudiante, perder el hilo de una operación matemática, como una división o una ecuación, podría ser otra manifestación de esta dificultad. Otro componente crucial en la evaluación es el uso de reporte de terceros. Esto implica recabar información de personas cercanas al evaluado (como familiares, colegas o profesores) sobre su desempeño en diversos contextos.

En adultos, el BRIEF-A evalúa trastornos como dislexia, autismo, lesiones cerebrales traumáticas, esclerosis múltiple, depresión, deterioro cognitivo, demencia y esquizofrenia. Para la memoria de trabajo una de las recomendaciones más efectivas es dividir tareas complejas en pasos simples y manejables. Para entrenar la flexibilidad cognitiva, se recomienda el uso de actividades de clasificación y reclasificación.

Las funciones ejecutivas son un grupo de mecanismos relacionados con la optimización de los procesos cognitivos dirigidos a la resolución de situaciones complejas o novedosas. Las primeras funciones ejecutivas en desarrollarse son la capacidad de toma de decisiones y el control inhibitorio, entre los 0 y 5 años de edad. De esta forma, un niño/a entre los 4 a 5 años ya es capaz de tomar decisiones relacionadas a una actividad y a actuar de manera específica frente a determinadas situaciones. Durante los primeros años escolares, entre los 7 y 9 años, se desarrolla la memoria de trabajo, la flexibilidad mental y la planeación viso-espacial y secuencial, alcanzando su máximo desarrollo a los 12 años. La importancia de estas funciones radica en que se han relacionado con diferentes actividades, como el aprendizaje de la lectoescritura y de habilidades matemáticas, la capacidad de relacionarse con los demás, la organización del tiempo, la capacidad de toma de decisiones, la capacidad de idear cambios estratégicos para buscar un resultado, entre otros.

El cerebro funciona como un todo, es decir, es como un reloj que utiliza engranajes no rígidos sino flexibles y, a su manera, bastante engorrosos. Reflexionemos respecto a alguna actividad que ya hemos realizado, que estemos haciendo o que aún está en nuestra lista de pendientes. Por ejemplo, leyendo este artículo, decidir y preparar el almuerzo o liderar una clase online en el corto plazo. Estos procesos se llaman funciones ejecutivas (FE), gracias a las cuales podemos generar acciones con un foco establecido. La zona cerebral que más se ha vinculado a dichos procesos cognitivos se encuentra en el lóbulo frontal. La capacidad de aprender es una de las cualidades más destacadas del ser humano y es un proceso que nos acompaña a lo largo de nuestra vida de forma constante, más allá del ámbito formal de la educación. En este aspecto, las funciones ejecutivas juegan un rol fundamental.

“Cuando los procesos y las cosas comienzan a cristalizar, es decir, salen de forma más fluida, es una señal que no estamos usando nuestras funciones ejecutivas”, dice la Dra. Ps.

Componentes Clave de las Funciones Ejecutivas

  1. Memoria de Trabajo: Es el componente ejecutivo que nos permite organizar y trabajar la información en la memoria a corto plazo (Tirapu Ustárroz et al., 2017). Por otro lado, Baddeley (2000) la describe como un mecanismo de almacenamiento temporal que permite retener a la vez algunos datos de información en la mente, compararlos o, en su lugar, relacionarlos entre sí.
  2. Control Inhibitorio: El control inhibitorio es otro de los aspectos más relevantes de las FE, puesto que es una habilidad que nos permite controlar, interrumpir, regular o abstenerse de pensamientos, emociones y acciones que dificultan o no aportan a la actividad que se realiza (Rojas-Barahona, 2017). En otras palabras, se trata de la habilidad que nos permite regular nuestro quehacer por medio de la detención de la conducta.
  3. Flexibilidad Cognitiva: Consiste en la capacidad que tenemos para resolver un problema creando nuevas estrategias que nos permiten acomodarnos a los cambios que pueden aparecer.

“Para hablar de FE siempre pongo de ejemplo cuando uno aprende a manejar un auto mecánico”, explica la Dra. Aldoney; “al principio, tienes que recordar constantemente (memoria de trabajo) que cuando aprieto el embriague tengo que pasar el cambio, e inhibir pulsar bruscamente el pedal de la velocidad (control de inhibición). Las FE son habilidades esenciales de autorregulación que usamos a diario para lograr prácticamente todo. Los niños/as que tienen un mal funcionamiento ejecutivo son más desorganizados que sus pares; por ejemplo, pueden tardar un tiempo extremadamente largo en almorzar, se sienten sobrepasados con quehaceres de la casa o lo pasan mal realizando las tareas del colegio.

Estrategias Simples para Mejorar las Habilidades en Niños

Para esto, especialistas del aprendizaje han desarrollado algunas medidas y estrategias simples para mejorar las habilidades particulares de un niño/a.

  1. Establecer una rutina: los niños y niñas necesitan hábitos para sentirse seguros y tranquilos en su ambiente. Esta rutina establece horarios, pero además los hábitos repetitivos ayudan a construir un equilibrio emocional que les proporciona un mecanismo vital para su educación y para el desarrollo de su personalidad.
  2. Lista de quehaceres y verificación: se trata de establecer y visibilizar los diferentes pasos y actividades que debe abordar un niño o niña. De esta forma, la actividad es menos intimidante, reduce el estrés y se aprecia como alcanzable.

Actividades y Juegos para Desarrollar Funciones Ejecutivas

En estos juegos trabajan su memoria y su capacidad organizativa. Cocinar siguiendo pasos, recordando materiales e implementos. Pueden identificarse con diferentes roles y construir cuentos, películas e incluso espacios totalmente nuevos a través del juego.

  • Los niños pueden inventar cuentos y contarlos en clase, plasmarlos sobre el papel a través de dibujos e incluso ayudarse de otros compañeros para dar forma a su historia. También pueden hacer dibujos y crear sus propios libros.
  • Contar historias en grupo. Un niño o niña comienzan la historia y cada compañero añade algo nuevo enlazando con lo anterior, o añadiendo un giro.
  • Antes de jugar los niños pueden planificar, decidir quiénes van a ser y dibujarlo en un papel.

Hay muchas más opciones de actividades relacionadas con el movimiento. Una de ellas es el juego de Simón. La práctica de rompecabezas y acertijos les ayuda a ser cada vez más eficientes resolviendo problemas. La música es un elemento muy útil para hacer que practiquen la coordinación corporal, a través de movimientos y posturas. Utiliza la música para bailar, primero muy rápido y después muy lento.

Como se puede concluir, cada FE se encuentra interrelacionada, y todas funcionan de manera coordinada para resolver un problema complejo.

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