En la última década, las discusiones sobre la cultura del éxito en sociedades neoliberales, que demandan la gestión individual de la incertidumbre, el miedo al futuro y el agobio existencial, se han visto abruptamente afectadas por la llegada del Covid-19, situando estas emociones en un lugar aún más preponderante. Un medio de expresión de estas emociones son los memes, que cumplen una función catalizadora, a la vez que son unidades culturales y discursivas cuyos contenidos podrían ser rentabilizados políticamente.
La Incertidumbre y la Confianza en la Vida Cotidiana
Con anterioridad al año 2020, la incertidumbre que permea diversas dimensiones de la vida cotidiana fue uno de los temas preponderantes de las discusiones sociológicas. Según los sociólogos de la modernidad, Giddens (1996), Beck (2002) y Bauman (2008), tal incertidumbre sería provocada por la «destradicionalización» de la vida cotidiana, debido al surgimiento de mayores espacios de libertad (Beck, 2002), y a las opciones múltiples que ofrecen las sociedades contemporáneas (Giddens, 1996). Tal incertidumbre se refiere al modo de interpretar una situación y elaborar una respuesta que permita obtener los resultados pretendidos.
En tal sentido, la incertidumbre sería confusión experimentada como inquietud y agobio (Giddens, 1996). Según estos autores, a la noción de incertidumbre se opone la de confianza, que es crucial para el desarrollo de la personalidad, como para la potenciación de aspectos distintivos y específicos personales. De modo que la confianza está directamente referida a la consecución de un cierto sentido primario de seguridad ontológica, que permite la interacción con los sistemas abstractos que vacían a la vida cotidiana de su contenido tradicional y establecen influencias globales.
Por tanto, la confianza defiende al sí-mismo en sus contactos con la realidad cotidiana, de acontecimientos que, de ser contemplados en toda su magnitud, producirían parálisis de la voluntad o vivencias de abatimiento. La confianza es, entonces, una especie de escudo protector de amenazas y peligros potenciales contenidos en las actividades cotidianas (Giddens, 1996). No obstante, la incertidumbre respecto del futuro, la fragilidad de la posición social y la inseguridad existencial son elementos omnipresentes en las cotidianeidades actuales, por ello la incertidumbre suele centrarse en objetivos más cercanos de la vida cotidiana, dirigiéndose a los asuntos relacionados con la seguridad personal.
El Neoliberalismo y la Erosión de la Seguridad Existencial
Conjuntamente con la pérdida de referentes institucionales y de aquellos basados en las tradiciones, los sistemas de ordenamiento social de corte neoliberal, en vastos lugares del orbe, han ido carcomiendo paulatinamente cada uno de los pilares básicos de la seguridad existencial, con que cada persona interpreta subjetivamente su futuro, extendiéndose un manto de incertezas, agobios y miedos, los que, conforme a tal modelo de desarrollo, deben ser enfrentados de modo individual y además con éxito.
Así, la visión de una «vida mejor» se ha desacoplado de la idea de futuro, instalándose en su lugar incertezas, agobios y miedos, ya que cada vez más las personas son confrontadas a «un mundo que ostenta una cantidad inabarcable de líneas de ruptura, saltos y abismos, entre los cuales nadie sabe ya muy bien cómo orientarse» (Beck, 2006: 15). El futuro se ve como una pluridimensionalidad que no puede ser interpretada a través de los modelos explicativos tradicionales. Ello ha sido exacerbado en el actual contexto marcado por la presencia del Covid-19 en nuestras sociedades, en que los manejos políticos de la pandemia, en términos generales en América Latina, han sido poco claros para la ciudadanía.
Todos los factores anteriormente señalados producen inseguridad existencial en las juventudes, no solo en el sentido de la pérdida de confianza entre las personas y en las instituciones claves del mundo industrializado, sino que además cobran sentido los conceptos de ambivalencia y vacío. Ambos conceptos, ambivalencia y vacío, tomados conjuntamente significan apertura desde el punto de vista intelectual y político (Beck, 2006) y conjuntamente retroalimentan la inseguridad existencial respecto de la vida futura en el actual contexto.
En el actual contexto sociosanitario, y en sociedades con relatos meritocráticos como las latinoamericanas en general, donde el reverso del ascenso es el descenso social, el agobio y miedo al futuro dice relación no solo con una mirada pesimista respecto de que las futuras generaciones puedan mantener, o superar la posición y reconocimiento social alcanzado por sus generaciones precedentes -lo que representa un ideal de vida socialmente enraizado en tales culturas-, sino que además en este tipo de sociedades, el miedo reside en la pérdida del valor de las credenciales educativas, ya que a pesar de contar con vastos y sólidos certificados, las personas jóvenes se sienten desprotegidas y vulnerables frente al sistema de ordenamiento social, que impone una agencia individual.
El Miedo y el Agobio como Vías de Expresión
En tiempos de Covid-19, de incertezas, destradicionalización, desconfianzas y de inseguridad existencial frente al futuro, que es visto como una pluridimensionalidad con amplitud de posibilidades, el miedo «quizá sea el único factor a priori de las sociedades modernas sobre el que se pueden poner de acuerdo todos los miembros de la sociedad: el miedo es el principio que tiene una validez absoluta una vez que todos los demás principios se han vuelto relativos» (Bude, 2014:7 siguiendo a Luhmann). En las sociedades neoliberales ha habido entonces un cambio en el modo de integración social, pasando de la promesa de ascenso a la amenaza de exclusión, en que son centrales los conceptos de apertura y desarrollo, tanto en el plano de lo individual como de lo social, donde el éxito es un mandato universal.
De allí que el agobio se constituya en una vía de expresión de inseguridad existencial y de miedo al futuro. El agobio y miedo se hacen más intensos cuanto más inconcretas sean sus causas (Laca, 2011). Ambas corresponden a emociones profundas y ampliamente extendidas en las sociedades actuales, lo que potencia que las poblaciones acepten diferentes medidas ofrecidas por los Estados, que parezcan protegerles de sus causas (Laca, 2011). Por tanto, los gobiernos rentabilizan el miedo «como una nueva y poderosa fuente de legitimación del poder, cuando otras fuentes como la protección social y la redistribución de la riqueza han quedado muy debilitadas después de tres décadas de políticas neoliberales» (Laca, 2011: 16).
En tal sentido, las tecnologías de información y comunicación cumplen un rol central reordenando prioridades en la sociedad del miedo: la exclusión creciente y el aumento de la pobreza se presentan como menos urgentes, que la guerra contra el terrorismo, o contra la delincuencia organizada (Laca, 2011). En el actual contexto, la lucha contra el Covid-19 es presentada como una batalla imposible de ganar, porque se trata de un ente poco conocido y con un poderío tal, que pareciera ser incontrolable, más aún cuando las responsabilidades de ello recaen fundamentalmente en las personas en términos individuales, y no en políticas públicas efectivas, que tengan como centro el bienestar humano, y no el desarrollo económico en cuanto tal.
Los Memes como Mecanismos de Poder Discursivo
Si concordamos con los planteamientos de Foucault (1994) referidos a que cada momento histórico propone o prescribe a los individuos elementos para fijar su subjetividad, conservarla o transformarla en razón de un cierto número de fines, debido a las relaciones de dominio de sí, sobre sí, o de conocimiento de sí por sí mismo, más allá de la idea de un «individuo disciplinario» (Foucault, 1992); y si además consideramos que los procesos de subjetivación se articulan a través del lenguaje (Guattari, 1988), y que «no es sólo una cuestión de ideas o de significaciones por medio de enunciados significantes. (…) Se trata de sistemas de conexión directa entre las grandes máquinas productivas, las grandes máquinas de control social y las instancias psíquicas que definen la manera de percibir el mundo» (Guattari y Rolnik 2006: 41), es innegable la incidencia de las tecnologías de comunicación e información, y con ellas de las redes sociales, en la estructuración de las subjetividades con las que las personas interactúan, por tanto, dichas tecnologías desempeñan un papel relevante en las configuraciones emocionales y políticas de las sociedades contemporáneas.
Asimismo, en el actual contexto de Covid-19 se ha evidenciado su impacto en la forma en que se concibe actualmente el tiempo y el espacio, donde la inmediatez de diversos mecanismos de intercambio de información es parte de la cotidianeidad de amplios sectores de la población mundial, y en particular de las juventudes. Se han abierto nuevos canales de intercambio, nuevas formas de socializar: la simultaneidad se identifica como una característica epocal. Asimismo, las formas en que el intercambio social y cultural se produce también han variado, y los contactos virtuales expresados a través de memes son testimonios de aquello.
El concepto de meme fue difundido en la década del 70 por Richard Dawkins (1985), quien lo define como una unidad de difusión, reproducción o replicación cultural. Se conciben como una unidad que «transmite un suceso, material o idea -que pueden tener la forma de una imagen, video, música, frase o broma- que es seleccionada, modificada y transmitida de persona a persona en Internet. Para que dichos memes puedan ser interiorizados y difundidos deben poseer cualidades tales como inmaterialidad e inmediatez (García, 2014), además de fecundidad, fidelidad y longevidad (Dawkins, 1985).
En cuanto a la fidelidad, puede decirse que los memes están sujetos a constantes cambios y mutaciones en el proceso de difusión. No obstante, la idea que se difunde, si bien puede tener ciertas distinciones de orden contextual, apunta a un sentido determinado que, sin embargo, no es rígido. Por su parte, el criterio de longevidad tiene menor importancia debido a que un meme puede durar un tiempo determinado, pero al mismo tiempo ir variando en cuanto a su significante. Así, los memes serían unidades culturales que se difunden entre las personas, articulándose como discursos.
Es decir, como aquel cuerpo de reglas y saberes anónimos definidos históricamente, con los cuales los sujetos -al constituirse como tales- conciben la realidad (Foucault, 1979). Por tanto, los memes como mecanismos de poder discursivo devienen en la emergencia de nuevas subjetividades, especialmente en aquellas personas que constantemente realizan este tipo de contactos virtuales, tales como las juventudes, quienes se constituirían en sujetos «sujetados» y dependientes de las formas en que ese poder se manifiesta (Apreda, 2004).
De manera que las incertidumbres, agobios y miedos al futuro ya no se mantienen contenidos en pequeños espacios o núcleos de socialización, sino que la característica «viral» de los memes, como mecanismos de poder discursivo, contiene dentro de sí tales formas de significar la cotidianeidad y el futuro. En tal sentido, no se trata de qué tan verdaderos sean dichos discursos, ya que la era de nuevas tecnologías de información y comunicación trae consigo el declive de «La Verdad» como un asunto monopólico de los poderes ya instaurados (Bauman, 2017), aun cuando tal polivocalidad no necesariamente implique emancipación de las personas.
La intrincada red de relaciones humanas, abierta en un vértigo de nuevos canales y formas comunicativas, hace evidente lo que Foucault (1992) afirmó respecto del poder -o más bien de los poderes-, que se manifiesta y ejerce de forma reticular, heterogénea y dispersa entre las personas, donde el ejercicio del poder no es sino la forma en que las relaciones atravesadas por este producen diversas subjetividades.
En consecuencia, en sociedades neoliberales donde los Estados cada vez más están al servicio del mercado y de intereses económicos, y son cada vez más vigilantes de las vidas cotidianas de las personas, los memes tendrían una doble función: como expresión de subjetividades en búsqueda de seguridad existencial y de gestión del agobio frente a una emoción profunda y ampliamente compartida, como lo es el agobio y temor al futuro. Por otra parte, como medio para rentabilizar una nueva fuente de legitimación del poder político, en que el miedo al futuro y el agobio existencial expresados...
¿Por Qué los Memes Son Tan Populares?
La conexión global que nos brindan Internet y las redes sociales, el humor y sus elementos narrativos universales, hace que los memes gusten tanto en la población. Hoy representan un subgénero narrativo de enorme potencial para diseminar mensajes en la red debido a la facilidad para compartirlos rápidamente y “viralizarlos”. Tienen la capacidad de transformarse en una útil herramienta informativa que logra captar gran atención por su fácil comprensión y alta reproductibilidad.
La profesora Ana María Castillo, periodista, doctora en Comunicación y co-directora del Núcleo Inteligencia Artificial y Sociedad de la Facultad de Comunicación e Imagen (FCEI) de la Universidad de Chile, explica que el fenómeno de los Memes es tan popular y se ha mantenido en el tiempo gracias a su alto contenido humorístico. “Nos gustan porque son graciosos, hablan de asuntos cotidianos desde el humor, se refieren al conocimiento o cultura popular, nos representan y nos hacen reír también.
Para el profesor Alejandro Morales, periodista, doctor en Comunicación y académico de la FCEI, otra de las razones de su alcance masivo es porque envían un mensaje simple, breve y veloz. “Los memes gustan tanto porque su mensaje es rápido de comprender y apelan a emociones básicas de todas las personas, como el humor, la sorpresa o la ironía. Tienen una parte creativa que necesita el desarrollo de habilidades digitales, como saber qué aplicaciones buscar para que sea más fácil hacer un meme. “Poseen algo bien particular, que es una agenda muy centrada en la actualidad, por lo tanto, tienen gran impacto periodístico. Vemos personas jóvenes que solo se informan a través de memes. Están absolutamente ligados a lo cotidiano y al acontecer noticioso. Tienen esa riqueza. Y es así que operan en términos de contenidos, como mensajes cortos, en formato de texto, audio, fotografía, imagen animada (gif) o video, con una frase o imagen llamativa en clave irónica, con un diseño que se ha repetido en memes anteriores, a modo de patrón o plantilla.
“De hecho, de ahí viene su nombre, acuñado en el libro El Gen Egoísta, del biólogo y escritor Richard Dawkins, sobre la naturaleza replicadora del código genético, y donde postula que en la cultura existiría algo parecido a un gen, un ente que guarda información y se traspasa, y que esta ocupa la mente de un ser vivo para alojarse. Algo a lo que llamó ‘meme’”, explica el profesor Morales, jefe de la Unidad de Medios Digitales de la Dirección de Servicios de Información y Bibliotecas (SISIB) de la U.
Los memes provocan, además, la sensación de reír en una especie de chiste global que nos hace sentir que somos parte de algo mayor. Es algo actual, rápido, que va cambiando momento a momento, que nos hace sentir unidos con personas que quizás tenemos poco en común, pero con quienes compartimos referentes culturales.
“Podría ser un elemento unificador, pero no es una conexión humanitaria planetaria que nos haga sentir empatía. “A través de la conexión global que nos brindan internet y las redes sociales, y gracias a que sus elementos narrativos son universales, cada palabra, imagen o sonido que pueda imitarse y contenga información que pueda ser recibida por otra persona podría considerarse un meme. Sin embargo, hoy representan un subgénero narrativo de enorme potencial para diseminar mensajes en la red, debido a la facilidad para compartirlos rápidamente. Sin duda, son una herramienta informativa que capta gran atención por su facilidad de comprensión y alta reproductibilidad.
En el contexto nacional actual, ad portas de un plebiscito constitucional, se han transformado también en un vehículo para hacer campaña política. “Ahora bien, en términos políticos pueden servir para reforzar conceptos entre los adherentes ya convencidos, pero difícilmente van a hacer cambiar de opinión a alguien. También, si bien son masivos, llegan solo a un segmento de la población. Hay un rango de edad amplio de la población que no es permeable a estos mensajes, fundamentalmente el grupo de adultos mayores.
Anatomía de un Meme
El meme (en singular) es un género discursivo gráfico, utilizado en Internet principalmente con fines humorísticos. Se entiende por género discursivo “un tipo de unidad de discurso con particulares características formales y de contenido” (Calsamiglia y Tusón, 1999: 260-261). También puede tratarse de un código lingüístico, especialmente cuando modifican el lenguaje escrito, con palabras, conceptos, frases hechas y modismos propios de internet. Meme en singular, se le denomina a cualquier producción simbólica que se deriven de este género discursivo, ya sea esta un signo, icono, pictograma, concepto, mensaje, imagen y/o discurso.
- Texto superior e inferior.
- “Meme ideograma”.
- Fondo (clásico de carpa de circo).
- “Meme Cuadro” Inicial.
- “Meme Cuadro de Respuesta” al meme cuadro anterior.
- “Meme texto” son todos los memes cuadros están englobado dentro de un post.
- “Meme Imagen” o “Meme icónico”.
- “Frase Meme” y texto posterior.
- “Viñeta Meme”.
La viñeta meme, posee varios meme cuadros en el interior, y que narra una historia o situación. Existen dos tesis de pregrado hechas en Estados Unidos sobre el tema. La primera, de sociología, nos indica cómo los memes están cambiando el humor como lo entendemos, los meme son una forma cultural que se mezcla entre sí al punto de que no llegamos a saber cuál es el original y cuál el replicado, además, según ella los memes han creado una forma de superproducción de humor que se distribuye a través del internet (Ramoz-Leslie, 2011: 72-74). La segunda tesis, esta vez de lingüística, estudia al LOLspeak, una modificación del inglés estándar utilizado en los memes en inglés, primero, nos indica algo que apenas sucede en los memes de Chile, una modificación profunda en el lenguaje estándar, segundo nos indica que los memes y el LOLspeak son una especie del pidgin, puesto que genera un código común y inter-lingüístico.
Ciclo de Vida de un Meme
- Adopción (periodo en que aumenta el uso del meme).
- Muerte (hasta su muerte por no uso).
Una de las conclusiones del autor, es que los memes no cumplen con un patrón de normalidad en su uso. Más, los memes -la mayoría de los memes-, son adoptados de forma explosiva, llegando a su peak rápidamente, en un periodo muy corto. Otra cosa que constata este trabajo, es que los memes tienen a transformarse, agregándole características. Por ejemplo Trollface (un meme muy famoso), se le puso un traje y una pipa, y se transformó en Trolldad. También los memes se combinan entre ellos, se hacen viñetas, videos. Finalmente los “memes” (en plural, como discurso social) son una institución humorística (quizás mas precisamente serían una extitución), puesto que son una serie de reglas (definición de el “neo institucionalismo” sobre instituciones) que estandarizan al humor en internet.
El Caso del "Ñuñoíno" como Meme
El ñuñoíno ha dejado de ser un gentilicio y se ha convertido en una caricatura y en el hazmerreír para muchos chilenos en el mundo virtual. Pero ¿por qué los habitantes de una comuna de Santiago se convirtieron en un meme? Para muchos, la razón de la popularidad del ñuñoíno ha tenido que ver con una coyuntura política. Ñuñoa fue la segunda comuna en la que el presidente Gabriel Boric obtuvo la mayor cantidad de votos, y también fue una de las ocho donde ganó el Apruebo para el plebiscito de salida. Entonces, reírse de los ñuñoínos ¿es reírse de la izquierda?
Según Sebastián Ovies, sociólogo y magíster en sociología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, en los últimos años existe una tendencia en Ñuñoa hacia la centro izquierda. Es decir, no es necesario haber crecido ni vivir en Ñuñoa para ser considerado un ñuñoíno o ñuñoína. En Ñuñoa hay una diversidad de habitantes, de todos los rangos etarios, posiciones políticas y económicas.
Ovies, quien ha podido ver los cambios en el perfil del ñuñoíno en los últimos diez años, sí cree que hay un perfil que es fácil de distinguir y que es el que se ha explotado en el mundo virtual. Si antes el ñuñoíno era percibido como un vecino de la comuna de Ñuñoa de clase media, ahora esa concepción cambió: Al ñuñoíno hoy se le ve como una persona con privilegios económicos, sociales y culturales. Esto debido a “los beneficios de vivir aquí, ya sea por la conectividad o el acceso a una educación y salud de buena calidad.

