Este artículo plantea que es necesaria una revisión crítica de los fundamentos que atraviesan la trayectoria histórica del Trabajo Social que establecen una línea de continuidad entre su base conservadora y la intención de ruptura, incluso interfiriendo en ella.

Se hace un análisis crítico de la influencia del pragmatismo en el Trabajo Social que, como representación ideal del mundo burgués, influye en la profesión desde el punto de vista práctico-profesional, teórico e ideopolítico, constituyendo un reto al que deben enfrentarse todos los segmentos de la categoría.

Yolanda Guerra es Doctora en Servicio Social por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo -PUC-SP (Brasil), profesora del Programa de Posgrado en Servicio Social de la Universidad Federal de Río de Janeiro -UFRJ (Brasil) y Coordinadora del Núcleo de Estudios e Investigaciones sobre los Fundamentos del Servicio Social en la Contemporaneidad- NEFSSC de la UFRJ. Además, es Investigadora del CNPq nivel 1.

La experiencia personal narrada a continuación ilustra la aplicación de estos principios en un contexto de acompañamiento psicosocial en Guatemala.

El Comienzo de un Desafío

“¿Y, tiene valor para asumir ese trabajo?” Fue la pregunta de Yolanda Aguilar, cuando le comenté que estaba contratada para el trabajo de acompañamiento psico-social a 36 mujeres achí, sobrevivientes de tortura, esclavitud sexual y violación sexual durante el Conflicto Armado Interno que dejó lacerado al país sobre todo en las poblaciones mayas.

La narradora le comento que, en ese momento tenía algo de temor pero que el proyecto le atraía profundamente. Como sobreviviente de la guerra, Yolanda admiró su valor, pero la verdad es que, al recordar los horrendos crímenes, la inseguridad personal que le ha acompañado hizo de las suyas, al punto de sentir preocupación y angustia.

Lo que más temía era que su trabajo en lugar de sanar provocara daño. Por momentos esa angustia se disipaba cuando al leer, veía que el propósito central del trabajo era el logro de la sanación y el empoderamiento femenino de las mujeres para que fortalecidas pudieran enfrentar a sus victimarios -generales y coroneles militares- en juicio.

Una fibra muy sensible de su alma tocaba la propuesta con sus ejes trasversales, sanación y género. Además, por primera vez la contrataban para trabajar en el área de sanación, después de una ardua búsqueda, en un país donde hay cientos de psicólogas/os sin trabajo. Por momentos también le acompañaba la seguridad.

En la convulsionada Guatemala actual, había tratado personas con Estrés Post-traumático con muy buen resultado. Tenía el conocimiento de buenas técnicas gestálticas, Focusing, meditación curativa y bueno, otro aspecto importante, poseía un buen conocimiento de la cultura maya y su rica cosmovisión.

Superando las Inseguridades

Por otro lado también tenía una gran deficiencia. Pues, qué decir, como esos días transcurrieron entre entusiasmo y angustia, y, como lo de la inseguridad ya lo había trabajado con un psicólogo humanista, busqué el acompañamiento de una psicóloga esotérica, que también trabaja constelaciones familiares.

Cuando en terapia de grupo expuso su problema, Anna Beltrán, le dijo, yo no te veo insegura, hablas con propiedad, pero, ¿tuviste algún trauma de miedo siendo pequeña? pues, sí -le dije, fue cuando tenía 8 años. En su aldea había muerto una mujer joven que tenía la voz grave y entrando la noche, esta persona le llamó 3 veces desde un arbusto de moras. Un escalofrío recorrió su cuerpo y esa tarde no habló con nadie -le comenté.

Bueno -respondió Anna, pero ¿siempre te han perseguido los difuntos? Siempre -le contesté. Ah bueno, reaccionó con tono optimista. La buena noticia es que ellos te van acompañar en tu trabajo. ¿Quieres que abra una puerta, para que la comunicación con ellos, fluya? -me preguntó, no tengáis miedo, que no son cosas de ultratumba -me aclaró.

Está bien -le dije y seguidamente hizo el rito, abriendo el camino desde los 4 puntos cardinales, acompañada de un tambor.

Un Viaje Transformador

A los pocos días, cuando de la capital emprendía el viaje de 5 horas para Rabinal por el corredor seco, aunque ahora era invierno y todo estaba verde y profundo, se dio algo insólito. La narradora ha sido muy propensa en su imaginación a ver figuras sobre todo rostros, en paredes, rocas, nubes y bosque. Pero esta vez todos los rostros sonreían y al acercarme al territorio de Baja Verapaz, todos los rostros eran de abuelas mayas, podía identificar hasta su tocado encima de su cabeza y todas sonreían.

Al descender el bus desde la cumbre montañosa, el sol alumbraba fuerte sobre los altos montes de la Sierra de Chuacús, ahora vigorizada con su místico verdor de primavera. En contraste con el ambiente bullicioso de la capital, al bajar del bus y caminar entre el pueblo, todo era pacífico, las personas saludaban muy amablemente y desde alguna esquina, no muy lejos, se escuchaba el tocar de una marimba doméstica, mientras un grupo de cajauxeles caminaban en filas llevando en hombros al patrón San Pedro.

Dos abuelos anticipaban la caravana uno hacía silbar el arrullo quejoso de la chirimía y el otro el milenario sonido del tun. Una emoción de alegría sintió en el alma.

Llegaba a un pueblo lastimado por la guerra, profundo culturalmente, oloroso a incienso y romero que en los días de fiesta resuena en variedad de danzas y tambores. Al dormir esa noche tuvo un sueño: soñó que entraba, desde la sacristía suroriente de un gran templo barroco. Después de atravesar el altar por detrás de la mesa vi que alguien venía caminando atrás de mí.

Se da cuenta que es el obispo Rodolfo Quezada Toruño que había fallecido 3 años atrás y que durante el Conflicto Armado Interno fue el gran mediador para la firma de la paz. Este obispo que más tarde le nombraron cardenal tenía una estatura de 1.80 metros aproximadamente. Pero en el sueño, las cosas eran al revés, él era bajito y como de unos 33 años, la verdad muy guapo y yo la alta.

Se da vuelta para saludarlo y al darle la mano le miró para arriba con los ojos maravillados como si contemplara una obra de arte. Después del gesto le da un abrazo de despedida pero tiene que agacharse porque él se volvió más bajito, como de la estatura de un niño de 4 años. Al dar la vuelta y empezar a caminar ve que frente a ella hay un gran espejo y ella va desnuda.

Al día siguiente el sol penetraba con rayos suaves el bosque profundo que rodeaba la casa donde se hospedaba. Estaba desayunando cuando se recordé del sueño. Otra vez la alegría.

En su interpretación, el Obispo Quezada Toruño representaba su parte racional con sus miedos, que al fin cedían el paso a su parte femenina emotiva.

Al cabo de un mes se encontraba con Anna Beltrán en una segunda sesión de grupo. Cuando les contó el sueño y su interpretación, ¡El qué! -dijo Anna, sorprendida ¿es que no has entendido? Está bien tu interpretación, los sueños pueden ser polisémicos, pero, en realidad, el Obispo Quezada Toruño, ahora difunto, tuvo una auténtica comunicación contigo. Acuérdate que él, como Obispo de Zacapa, no tuvo el suficiente valor para que en su diócesis se trabajara el Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica.

En realidad tenía mucho miedo y a pesar de que fue en Zacapa donde inició el levantamiento guerrillero y la represión del ejército, no se pudo trabajar el proyecto con la gente porque él no dio permiso.

Al recordar los gestos de gran honradez y humildad del obispo Quezada Toruño, y después de tres años de trabajo, recuerda ese sueño como una buena terapia que le llenó de más fortaleza para el trabajo. Era la valoración de una persona que está en otra dimensión de la vida, sin la sombra del patriarcado y sin los vicios ideológicos de izquierda o de derecha.

Resultados y Reflexiones Finales

Después de tres años de acompañamiento psicosocial, las mujeres se han fortalecido. Varias de ellas, por su tesón de sobre vivencia y lucha ya estaban empoderadas, pero había otro buen grupo que llegó con miedo y mirando al suelo por la vergüenza que para ellas significó la forma cruel y vulgar con que fueron violadas sexualmente.

Ahora miran de frente y cuando en sus comunidades se encuentran con algún victimario que participó en los vejámenes, las cosas son al revés, son ellos los que agachan la cabeza y cruzan por otro camino para no encontrarlas.

En opinión de instituciones acompañantes de los diversos grupos de mujeres, que en el país se preparan con el mismo proceso, el de Rabinal está bien preparado.

En fin, llegar a este pueblo ha significado para la narradora un privilegiado tiempo de crecimiento personal. Como la casa donde vive está a dos cuadras del trabajo, puede muy bien meditar por las mañanas. El ambiente laboral tiene las mismas realidades con sus luces y sombras de otros trabajos, pero ella se ha hecho más compasiva y comprensiva de la realidad del otro y de la otra.

Por otro lado, acompañar a las mujeres le ha hecho una persona más segura de sí misma. Al inicio, escuchar sus historias fue impresionante y doloroso. Rabinal es un lugar cercano a clima tropical pero la narradora se mantenía con escalofríos. Una cosa era leer en libros la historia y otra cosa escuchar tan crueles testimonios en labios de mujeres empobrecidas.

Se preguntaba con desconcierto, cómo pudo el ejército ensañarse con mujeres de condición tan humilde, la mayoría analfabetas. Después del proceso, puede admirar con asombro, la sonrisa en sus rostros milenarios. Admirar su capacidad resiliente. Escucharles decir: el miedo y la vergüenza les pertenece a ellos no a nosotras, ha significado para ella una buena terapia transformadora. Han caminado juntas en las bajadas y subidas de la vida.

TAG: #Trabajo

Lea también: