El siguiente artículo tiene por finalidad compartir herramientas conceptuales para el trabajo social en contextos interculturales con pueblos originarios. Esta reflexión se sitúa en el trabajo realizado desde el programa Pueblos Originarios en la comuna de Recoleta, cuyo escenario metropolitano influye directamente en las complejas relaciones cruzadas por prácticas coloniales que afectan a los pueblos originarios en Santiago de Chile (Arancibia, Cayuqueo, 2017).
Participación Intercultural Sustantiva
La participación intercultural sustantiva se convierte en un concepto y herramienta para el ejercicio de derechos humanos vinculados con los pueblos indígenas, donde se conjugan capacidad comunitaria y oportunidad institucional de participación (Palma, 1999). De manera complementaria relevamos la noción de protocolos interculturales, lo que permite establecer confianzas comunicativas, estrechando lógicas y prácticas culturales invisibilizadas desde las instituciones y el pensamiento occidental.
Consideramos una emergencia tardía a la interculturalidad que se despliega actualmente con motivo de las poblaciones migrantes, pues su mayoría es de origen indígena (aunque no se reconozca) y a los pueblos originarios nacionales se les consideran desvinculados de su proceso de migración forzosa, producto del despojo de tierras y cultura desde hace varias décadas.
Globalización y Pueblos Originarios en Santiago
En el proceso de mundialización económica denominado globalización, podemos mencionar que existe una “unificación general de los estímulos económicos y diversidad local de respuestas político-sociales. En este punto clave se componen unificación y fragmentación” (Lewkowicz, 2004, p. 44). En el caso de la ciudad de Santiago, y de la comuna de Recoleta en particular, al ser parte de la capital metropolitana de Chile, se destaca la alta concentración política, económica y cosmopolita, lo que da cuenta del Estado unitario y centralizado.
En el caso de los Pueblos Originarios en Chile, producto de los procesos de colonización y chilenización principalmente, estos fueron despojados de sus territorios, costumbres y asimilados culturalmente desde la subalternización de sus identidades (Beverley, 2004). En el caso mapuche, luego del genocidio agravado que significó la campaña de Pacificación de la Araucanía (1861-1883), se desplegó un proceso que desestructuró socioculturalmente al pueblo mapuche, asunto que se agudizó durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1989) (Antillanca, Cuminao y Loncon, 1999).
En el caso andino, luego de la Guerra del Pacífico y la incorporación de territorio nortino a Chile, también se desarrolló un proceso llamado chilenización, el cual asimiló violentamente a las poblaciones altiplánicas. Actualmente se estima que en Recoleta existen al menos 12.500 descendientes de pueblos originarios, la mayoría de origen mapuche. A nivel metropolitano habría más de 468.167 habitantes de origen indígena, lo que representa aproximadamente el 7% de la población indígena nacional. También es importante observar que el 74% de quienes pertenecen a pueblos originarios viven en centros urbanos y el 29,9% lo hace en la Región Metropolitana (Casen, 2013).
Algunos autores mapuche han incorporado la noción de Diáspora, entendida como flujo migratorio de carácter colectivo (fenómeno social), no necesariamente concertado, pero con una coherencia interna, y en todo caso provocado por factores exógenos al grupo, que ha generado una dislocación de la continuidad demográfica mapuche en el hábitat histórico (Marimán, 1997). Esta situación, vinculada con la dispersión de migrantes en la ciudad procedentes de Wallmapu (territorio mapuche tradicional), se manifiesta con distintas imágenes. Esta diáspora en la ciudad supone una rearticulación de quienes asumen su identidad originaria; sin embargo, el colonialismo asimilacionista interrumpió la conexión cultural de las poblaciones migrantes a cambio de la integración económica en la ciudad.
Desde un lugar de representación política, las comunidades, asociaciones, organizaciones y autoridades indígenas son reconocidas por los propios pueblos y sus colectividades. A diferencia de las expresiones artístico-culturales que representan la obra de sus autores, las organizaciones indígenas contienen amplias prácticas que abarcan distintos ámbitos de las tradiciones originarias (Arancibia, 2017). En forma complementaria e insuficiente, la ley indígena y las instituciones del Estado chileno deben reconocer a los representantes indígenas y garantizar el ejercicio de los Derechos de los Pueblos Indígenas, adoptando medidas para su resguardo (Art. 2, Convenio 169 OIT).
Lo anterior encuentra varias contradicciones e invisibilidades con la población migrante de los últimos tiempos, pues muchos de ellos provienen de pueblos originarios, sin embargo se les trata como a extranjeros, relevando su nacionalidad más que su identidad originaria. No es extraño ver a peruanos, ecuatorianos o haitianos realizando labores que antes realizaban mapuche en la construcción, la panadería o el aseo doméstico; son espacios que hoy ocupan indígenas de otros territorios de los Andes.
Programa de Pueblos Originarios de Recoleta
Sobre este escenario el Programa de Pueblos Originarios de Recoleta fue inaugurado en marzo de 2013 con la gestión del alcalde Daniel Jadue Jadue, comenzando así una labor creciente de participación intercultural con los Pueblos Originarios en la comuna. En primera instancia se tomó contacto con cada una de las organizaciones, realizando diversos protocolos interculturales, concepto que revisaremos posteriormente, el cual ordena la comunicación entre los participantes y sus representaciones.
Se les invitó a participar junto al gobierno local por medio de una mesa de trabajo, la cual fue denominada Mesa Intercultural de Pueblos Originarios de Recoleta, donde confluyen los representantes de las distintas organizaciones indígenas de la comuna, con el fin de hacer efectiva la participación de acuerdo con las demandas colectivas que se discuten. Al comienzo de las reuniones asistieron representantes de distintas organizaciones vinculadas con el tema cultural en la comuna, y posteriormente se definió la participación exclusiva de representantes de organizaciones indígenas, lo cual orientó estratégicamente el apoyo y creación de nuevas organizaciones de pueblos originarios.
Por ello en el año 2016 en la Mesa Intercultural de Pueblos Originarios de Recoleta participaron representantes de las organizaciones: Inti Marka, Lof We Newen Amuleaiñ, Anca 20 (andina), Awatiri Tiknamarka, Lof Lawen Pehuenco, Cooperativa Newen Lamngen, Lof Monqueltun Tain Folil, Lof Pillan Wingkul. Las líneas de trabajo se fueron conformando de acuerdo con el grado de avance.
Líneas de Trabajo del Programa
- Comunidad y Cultura: Permite dar forma a la participación intercultural, fomentar la organización y difundir las culturas.
- Educación Intercultural: Presenta distintos crecimientos en cuanto desarrollo de talleres de mapudungún, charlas y didácticas interculturales, así como también desarrollo investigativo y formativo en conjunto con estudiantes en práctica de trabajo social, principalmente.
- Deporte Ancestral: Permite desarrollar talleres de palin, danza mapuche y danza andina, articulando la institucionalidad local con la regional.
- Salud Intercultural: Se gestiona financiamiento para la atención de machis y otras expresiones de difusión.
- Fomento Productivo Intercultural: Apoya a ferias productivas, talleres laborales con pertinencia cultural y la cooperativización indígena.
- Vivienda con Pertinencia Cultural: Apoya a un Comité de Vivienda Mapuche y fomenta la discusión sobre el derecho a la vivienda con pertinencia indígena.
De manera central nuestro modelo de trabajo se basa en la participación sustantiva e intercultural, entendiendo la participación como el encuentro entre oportunidades y capacidades para ejercer los Derechos Ciudadanos, pues se intenta ir más allá del clientelismo asistencialista que caracteriza a la relación de distintas políticas con sus usuarios y, por ello, coincidimos con Diego Palma al referir: “Cuando no se intenta abrir oportunidades a la participación, estamos enfrentados a políticas “asistencialistas”; se diagnostican solo necesidades (no capacidades ni potencialidades) y la política asume el encargo de responder a esas carencias”, (Palma, 1999, p. 33).
En cuanto a lo intercultural, hacemos referencia al reconocimiento de Pueblos Originarios, los cuales presentan distinciones y desarrollos diferenciados según el territorio que habitan. De esta manera nuestro modelo de trabajo busca abrir oportunidades de participación, contribuyendo a la generación de capacidades e incorporando la pertinencia cultural e identitaria.
Protocolos Interculturales
La pertinencia cultural es una noción vital para trabajar con la diversidad socioidentitaria, por ello nuestro programa propone una categoría de trabajo denominada protocolos interculturales, entendiendo estos como el conjunto de reglamentaciones que permiten comunicarse, según la identidad cultural, en forma adecuada. Según la Real Academia de la Lengua Española sería “la regla ceremonial diplomática establecida por decreto o por costumbre”.
Ya sea para el caso mapuche, aymara o de cualquier pueblo originario existen distintas reglas que permiten su continuidad identitaria. El concepto de protocolo intercultural lo entendemos como los referentes culturales que permiten una mejor comunicación entre personas procedentes de distintas identidades culturales en un contexto sociopolítico determinado, comprendiendo y reconociendo la existencia del “otro” como parte fundamental de un proceso de relaciones, donde se generan nuevas expresiones en las que se debe resguardar la coexistencia sin arbitrariedades etnocéntricas.
De esta manera es un término en construcción, que va más allá del mero reconocimiento o tolerancia, no solo alude a la equidad de “condiciones económicas, sino también a aquellas que tienen que ver con la cosmología de la vida en general, incluyendo los conocimientos y saberes, la memoria ancestral, y la relación con la madre naturaleza y la espiritualidad, entre otras” (Walsh, 2008, p.
Existe conciencia de la autenticidad de los protocolos por pueblo originario. Es decir que existen protocolos mapuche, aymara, rapanui, etcétera, y que cada cual se ejerce en espacios propios de su identidad. Sin embargo, hay elementos protocolares que pueden ser considerados en espacios urbanos en confluencia de distintas identidades originarias. El respeto a la palabra es un elemento presente en todos los Pueblos Originarios, por ello es relevante significar la importancia del habla y la escucha sin interrupciones, de hacer lo que se compromete, del establecimiento y orden de quienes portan una palabra representativa de alguna comunidad o autoridad tradicional, así como también las formas de saludar.
Un elemento protocolar vital que ha sido ejercido desde el comienzo del Programa Pueblos Originarios de Recoleta, es la realización de ceremonias para iniciar nuestras actividades más relevantes. Los encuentros interculturales, las Fiestas del Sol, que se conmemoran cada año en torno al solsticio de invierno (18 al 28 de junio), y la conmemoración del Día Internacional de las Mujeres Indígenas, en torno al 5 de septiembre, son actividades organizadas junto a la Mesa Intercultural de Pueblos Originarios de la comuna.
De manera conjunta se definen el orden y forma de las ceremonias. Por lo regular siempre se comienza con una pawa, que es una mesa andina para solicitar permiso y ofrendar a la Pacha Mama su acompañamiento, la cual es dirigida por alguna pareja de ceremoniantes aymara de las organizaciones participantes; posteriormente se da paso al Llellipun, que es una rogativa mapuche también encabezada por ceremoniantes de las organizaciones participantes. En estas ceremonias se reconoce la importancia de la ritualidad y espiritualidad de cada Pueblo, la cual es compartida con la población “no indígena”, “mestiza” o de “otros pueblos” que asisten a estas actividades.
Por último nuestro modelo de trabajo considera relevante que el conjunto de acciones que reivindican y reconocen a los Pueblos Originarios esté disponible para todas las personas que componen nuestras sociedades. En ese sentido creemos en la transversalidad intercultural tanto para las instituciones como para la ciudadanía.
Conocimiento desde las Prácticas de Intervención Social
Este artículo muestra la importancia de producir conocimiento desde las prácticas de intervención social. Lo anterior no significa que no se asuman presupuestos formales, sino que se valoren otros saberes vinculados con los Pueblos Originarios desde un piso institucional. De alguna manera también es incorporar “saberes divergentes que se organizan en torno a registros prácticos y a criterios materiales, en franca oposición a la erudición y al formalismo de los saberes en cada caso hegemónicos” (Rivera; Margetic, s. f.).
Una manera de graficar esta situación es la valoración de las formas de conocimiento ancestral, en el caso de las/los machi, quienes son autoridades espirituales del mundo mapuche, ellas/ellos logran acceder al conocimiento mediante distintas formas, una es el kuimi o trance, que les permite recibir mensajes desde otras dimensiones: esta fue la manera en que la machi María Paillalao transmitió el nombre del dueño espiritual del cerro San Cristóbal, llamado Pillañ wenu weichan, expresando también que en ese lugar se formaban las machi antiguamente, siendo exterminadas con la invasión española. Este ejercicio demuestra la posibilidad de producir conocimiento desde formas no hegemónicas en trabajo social, una forma de registrar la “acción-reflexión,...
En este curso, los y las estudiantes aprenderán herramientas para analizar críticamente y desarrollar propuestas que aborden los desafíos que afrontan las democracias para construir relaciones justas, interculturales y pacíficas entre pueblos originarios, el mundo no indígena y el Estado. Para ello, se emplearán estrategias metodológicas mixtas como cátedra, estudio de casos, aprendizaje basado en problemas y conversatorios con actores relevantes, que faciliten el aprendizaje interdisciplinar e intercultural.
A partir de la década de los 90’ en América Latina, vuelve a realzarse la discusión sobre los Pueblos Originarios. A nivel regional comienzan a visibilizarse movimientos étnicos generando transformaciones sustanciales. Las fracturas de los diálogos y los quiebres culturales, complejizan las relaciones sociales al interior de un mismo país. La violencia simbólica se toma la esfera pública y la privatización de las necesidades se tensiona al comenzar a reclamar la actuación del Estado. En este sentido, Trabajo Social debe tener la capacidad de poder capturar las nuevas configuraciones sociales aportando posibilidades de transformación.
Antilao Carilao, E. (2016). Pueblos originarios en América Latina, desafíos del presente para el trabajo social latinoamericano. Pensamiento Y Acción Interdisciplinaria, 1(1), 22-44.
En nuestro país, las intenciones de reconocimiento de los pueblos originarios han quedado plasmadas en diversos acuerdos como la promulgación de la Ley para el fomento, protección y desarrollo de los pueblos indígenas y el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Sin embargo, lo anterior genera condiciones de posibilidad para prácticas que tergiversan los sentidos profundos del resguardo cultural.
En ese contexto, es común escuchar en estos días cómo diversas instituciones celebran el We Tripantu con el fin de materializar reconocimiento y validación de la cultura mapuche, poniendo énfasis en la muestra o exposición de objetos, ritos culturales o en el uso de indumentaria mapuche. No obstante, el We Tripantu se sustenta en un sentido ancestral que va más allá de la materialidad presente en la cultura.
«el We Tripantu se sustenta en un sentido ancestral que va más allá de la materialidad presente en la cultura. Esto nos interpela a una reflexión profunda. Sin duda, la cultura de los pueblos originarios está transversalizada por la convivencia con el mundo occidental y desconocer esa dimensión sería abogar por una mirada reduccionista y esencialista de la cultura. En el ámbito de salud mental, esto se vuelve fundamental. El desafío dice relación con la posibilidad de articular acciones y contextos que reconozcan y legitimen la diferencia, pero que además posibiliten espacios de diálogo y articulación.
TAG: #Trabajo

