La pandemia ha significado un importante desafío para las prácticas de intervención social de las y los trabajadores sociales. Acostumbrados a trabajar en las comunidades, relacionándose directamente con las personas, Trabajo Social ha sido una de las disciplinas más removidas por la crisis sanitaria.
Nuevas Formas de Intervención Social
Para revisar estos cambios y conocer las nuevas formas de intervención social, la Coordinación Nacional de Prácticas y la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Santo Tomás organizaron el conversatorio “Prácticas de intervención con migrantes desde el trabajo social en contexto de pandemia”.
Fundación Frè y la Comunidad Migrante
Cecilia Aguayo presentó el trabajo que realiza Fundación Frè con la comunidad migrante residente en Santiago. Actualmente la fundación trabaja con 200 familias y un total de 500 personas aproximadamente, de las cuales más del 90% proviene de Haití. Fundación Frè realiza un trabajo desde la interculturalidad, destacó Aguayo, lo que implica reconocer y aceptar las diferencias culturales, como las del idioma.
“Lo primero que nos ha enseñado el trabajo con migrantes es que las personas con las que trabajamos no son simples usuarios de una atención, sino sujetos de derechos.
INCAMI y la Innovación en Intervenciones Sociales
Karla Nowajewski, trabajadora social del Instituto Católico Chileno de Migración (INCAMI), una organización que lleva más de 65 años apoyando a las familias migrantes en Chile, centró su exposición en la innovación de las intervenciones sociales, y llamó a las y los estudiantes a evitar el reduccionismo del quehacer en la disciplina. “El Trabajo Social no se reduce a la intervención social.
Entre las innovaciones que INCAMI ha realizado para atender las distintas necesidades de la población migrante en medio de la pandemia están apoyar emprendimientos e intentar acortar la brecha digital.
Antes, expuso Nowajewski, la labor del instituto se centraba en apoyar a las y los migrantes para que accedieran a trabajos formales, pero la crisis económica producto de la pandemia los obligó a pensar en otras estrategias de apoyo.
Desafíos en el Contexto Intercultural
En el contexto del trabajo intercultural, Nowajewski llamó a cuestionar la hegemonía de la norma y a realizar un análisis crítico de las políticas públicas, idea con la que coincidió Aguayo. Esto, porque muchas veces la normativa y las políticas públicas no reflejan la diversidad cultural de las poblaciones que llegan a Chile, lo que en algunos casos ha provocado la vulneración de derechos de las personas migrantes.
En el caso haitiano es especialmente crítico, pues es una población que no habla el idioma español. “Conocer sus trayectorias identitarias significa reconocer al otro.
Política Nacional de Migración y Extranjería (PNME)
La Política Nacional de Migración y Extranjería (PNME) se desarrolló mediante un proceso participativo amplio, involucrando a actores del Estado, la sociedad civil, el sector privado y organismos internacionales. Esta acción formativa corresponde a la medida N°16 del eje N°7 de la PNME, denominada «Integración e Inclusión de Personas Migrantes”, cuyo enfoque es utilizar la interculturalidad como una herramienta clave para promover la convivencia pacífica en los territorios. Entre los avances, destacan la realización de protocolos de reunificación familiar y protección de NNA migrantes, entre muchas otras acciones inmediatas.
El objetivo general del programa es formar mediadores interculturales que promuevan la convivencia, el respeto, la democracia y la justicia social en espacios de diversidad cultural.
Rol de los Municipios y Mensajes de Intolerancia
Rebeca Cenalmor-Reja, jefa de la Oficina Nacional de ACNUR en Chile, enfatizó en la importancia que tienen los municipios como respuesta directa a las necesidades de integración de las personas migrantes y refugiadas. “Las municipalidades son justamente la puerta de entrada y la puerta que toca todo el mundo para arreglar los problemas y los desafíos que surgen en el territorio local.
Para finalizar, María Olaya Grau, Directora Escuela de Trabajo Social Universidad Católica, agregó: “a medida que aumentan los mensajes racistas, xenófobos, de intolerancia o que identifican a los otros como una amenaza, crece exponencialmente el rechazo y la posibilidad de que se cometan discursos y delitos de odio.
Interculturalidad, Migrantes y Educación
El creciente y vertiginoso proceso de globalización ha permitido que muchas barreras políticas, sociales y culturales que antes eran infranqueables, hoy sean permeables en lapsos de tiempo mucho más breves; así como se abrieron las barreras comerciales, también lo hacen los Estados, gobiernos y sus políticas públicas respecto de problemáticas que nos presentan la pobreza, la desigualdad, la violencia y la migración entre las más relevantes.
La poca certeza y la complejidad del escenario actual respecto del movimiento de personas, por distintas razones, afecta la convivencia en la sociedad emisora como receptora de grupos humanos. No es solo el Estado y la política económica las que se ven enfrentadas con el decimonónico Estado-Nación, aparece una sutil dependencia entre lo local y lo global.
Aparecen frágiles estructuras políticas que no son suficientes para el diálogo intercultural, aparecen voces e ideas de mayores regulaciones políticas y de mercado, incluso de cierre de fronteras y de persecución y criminalización de los que migran en busca de nuevos horizontes y oportunidades.
Por el contrario, el norte de Chile como parte integrante del área centro sur andina debe esbozar políticas pertinentes en torno a la migración, la interculturalidad y la inclusión; debe replantear conceptos como el de ciudadanía, democracia, derechos humanos y de bien común, que en la actualidad son el resultado del empoderamiento de la sociedad civil producto de la crisis del sistema político económico, que no ha dado respuestas a las demandas económicas y sociales.
Cuando las fronteras se cierran se enfrentan la migración y la ciudadanía ante una soberanía nacional que excluye. Cuando esto sucede, debemos como sociedad resguardar las garantías de la seguridad y el bienestar social a contrapunto de las nuevas dinámicas de la sociedad.
La migración actual compromete el término frontera, ya que las divisiones de los países son difusas frente a las necesidades humanas. No nos referimos a esas fronteras demarcadas por una soberanía territorial y un puesto policial, ya que estas fronteras geopolíticas, si bien en gran parte del orbe han desaparecido, existen aún como imaginarios nacionales y representaciones sociales, culturales, étnicas y religiosas.
Hoy debemos cuestionar esas fronteras, ya que mientras la visión tradicional de la migración considera una permanente y otra temporal, en pleno siglo XXI esos conceptos no logran abarcar la realidad y aparecen otros conceptos como migraciones transfronterizas, transnacionales, flujos migratorios, redes de parentesco migratorias, etc., tanto para identificar comunidades y espacios a los cuales los inmigrantes recurren para mantener su cotidianeidad con los suyos así como para las estrategias de adaptación o sobrevivencia que puede utilizar el migrante (más allá de una mirada esencialista) para insertarse en el país de acogida, lo que determina la imagen de ser un agente parte de la sociedad receptora y sus posibilidades de movilidad ascendente que la sociedad le ofrece.
No muy distante de lo anterior se presenta la discusión sobre la ciudadanía, al respecto Stefoni (2004) plantea el cuestionamiento sobre los derechos y deberes de quienes son ciudadanos, los que no deben estar desvinculados de la visión del Estado; lo que en palabras de García Canclini (1994) sería no solo la integración que se determina en torno al consumo y al mercado neoliberal, sino también en las prácticas sociales y culturales que dan sentido de pertenencia mediante el acceso de bienes y servicios desde quien recibe, como de quien asume dar acceso legítimo a la alteridad.
Considerando lo anterior, cuando ya es evidente que la migración involucra tanto a la persona o grupo que migra como a la sociedad que los recibe -asociándose a un conjunto de otros fenómenos que se presentan en el proceso, como la movilidad, el transnacionalismo, la integración y la ciudadanía-consideramos que la educación ofrece un punto interesante desde donde enfocar nuestra mirada.
Así se hace posible observar a alumnos y apoderados asumiéndose a sí mismos en un nuevo entorno y a los educadores como los primeros agentes con relación directa de la sociedad receptora.
Esta realidad aún no es asumida de manera formal por la política pública y por las autoridades como parte del quehacer docente en regiones receptoras de migrantes alrededor del mundo, en donde el profesor puede hacer una diferencia una vez que asume la situación y eligen hacer prevalecer las particularidades de las diversas culturas que convergen en la escuela, revalorizándolas, o permitiendo su disminución y la consiguiente homogeneización cultural.
Para hacer una real contribución a esta realidad es necesario aplicar e implementar en los sistemas educativos la integración, la interculturalidad a la migración, para hacer efectiva la inclusión.
Aunque en algunos países aún se considera que la atención a niños con discapacidades en aulas regulares es inclusión, el concepto se ha ampliado, considerando que cuando se apoya y atiende la diversidad de todos los educandos, disminuye la exclusión social (ya sea de tipo étnica, de raza, religiosa , de género, etc.), apoyando la educación equitativa y de calidad, asegurando el respeto por los derechos humanos, hablamos realmente de inclusión.
La verdadera transformación de las democracias modernas significa la renovación acerca de la visión de los derechos humanos, la tolerancia y la aceptación de la diversidad haciendo del proceso de enseñanza-aprendizaje más participativo y democrático.
Para esto es necesario, como lo plantea Garrido (2002), reconceptualizar el concepto de ciudadanía y aceptar lo diferente, y por consiguiente, el respeto por las culturas, lo que deriva en agregar nuevos contenidos al currículum escolar, cambiar estrategias pedagógicas, incluso en la formación de los docentes. Lo anterior presupone una nueva realidad y nuevas actitudes en el quehacer de todos los miembros de la comunidad educativa, estos aún deben ser profundamente investigados.
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