La Primera Guerra Mundial ha sido una de las tragedias más reconocidas de la historia universal. Entre sus consecuencias, se puede mencionar la muerte de casi diez millones de soldados, el derrumbe de cuatro imperios y la formación de siete repúblicas independientes en Europa. Además, la mayoría de las tierras árabes quedaron bajo el control de Gran Bretaña y Francia, la revolución rusa puso fin al reinado del Zar y 20 años después, se inició una nueva guerra mundial (Digital History, 2021). Para responder a esta pregunta, la disciplina de las Relaciones Internacionales permite un adecuado análisis para comprender que llevó al mundo a tamaña conflagración.

El Paradigma Realista y la Lucha por el Poder

En tal sentido, el paradigma Realista de las Relaciones Internacionales concibe el mundo como un espacio anárquico, en el que los estados luchan entre sí por sobrevivir. Según el Realismo, los países no tienen amigos, solo tienen intereses. En consecuencia, intentan maximizar su poder, a veces compitiendo entre sí y a veces, creando alianzas, a fin de equilibrar el poder de la contraparte. La política es el arte de gobernar, pero al mismo tiempo es la lucha por el poder, en consecuencia, es posible afirmar que el gobernante necesita del poder para gobernar. Desde la perspectiva realista clásica, los estados luchan por el poder, para tener una mejor posición e influir en otros estados, a fin de perseguir sus intereses. En tal sentido, la búsqueda del poder fue la principal causa del imperialismo. Los estados europeos, antes de la Primera Guerra Mundial, para mejorar su posición de poder, expandieron sus dominios fuera de sus fronteras, a través de todo el orbe.

El Imperialismo y la Competencia entre las Potencias Europeas

Como describen James Joll y Gordon Martel (2008) en su libro Los orígenes de la Primera Guerra Mundial, en la Europa anterior al conflicto, el imperio británico trató de mantener su influencia en las colonias de la corona; Francia buscó expandir sus colonias; los rusos se recuperaban de su derrota ante Japón, con la intención de expandir su influencia a los Balcanes; el imperio alemán inició un programa para aumentar su poder naval con el fin de disputar la hegemonía británica en el mar; mientras que el Imperio austro-húngaro intentaba evitar su desintegración. El comportamiento de todos estos estados demuestra que su objetivo principal era mantener o mejorar su posición de poder.

Alemania y el Dilema de la Seguridad

La unificación de Alemania como Estado nación se produjo tras la derrota francesa en 1871. Desde un principio, este nuevo imperio fue visto con recelo por otras monarquías europeas, pues, su nacimiento modificó el equilibrio de poder entre los países de Europa. Gracias a la habilidad del Canciller Bismarck, que tuvo la capacidad de navegar en las complicadas aguas de la diplomacia, Alemania pudo incrementar su posición estratégica en Europa, ahuyentando la posibilidad de que las otras potencias depredaran al naciente imperio. El territorio alemán ocupaba una posición central en Europa, lo que implicaba estar cercado por otros estados poderosos como Francia, Italia, Austria-Hungría y Rusia. Aunque Alemania inició la guerra con la invasión de Francia y aceptó la responsabilidad de la guerra en el contexto del Tratado de Versalles, los estados que compartían frontera con Alemania, sumado a Gran Bretaña, también fueron responsables del conflicto, debido a que encerraron a la nación germana y no le permitieron la posibilidad de continuar el desarrollo necesario del país después de la unificación.

La falta de diálogo y diplomacia, entre Alemania y los países de la triple entente, obligó al Káiser a optar por una acción militar, a fin de romper el confinamiento alemán. John Mearsheimer desarrolló su teoría del Realismo Ofensivo, basándose en el paradigma del Dilema de la Seguridad, observado entre los imperios europeos antes de la Primera Guerra Mundial.

El Dilema de la Seguridad

El concepto del Dilema de la Seguridad fue acuñado por John Hertz a principios de la década de 1950. Él explica que “los grupos o individuos… por lo general están preocupados por la posibilidad de ser atacados, sometidos, dominados o aniquilados por otros grupos e individuos. Al esforzarse en mantener su condición de seguridad, se ven impulsados a adquirir más y más poder, para escapar del impacto del poder de los demás” (Hertz, 1950). Mearsheimer refuerza esta idea declarando que, “los estados clasifican la supervivencia como su objetivo más importante” (Mearsheimer, 2014); razón por la cual, diseñan estrategias para alcanzar dicha meta. Según Jack Snyder (2003), la diplomacia agresiva y los planes de guerra ofensivos de un estado fomentaban con frecuencia estrategias ofensivas en otros estados.

El Sistema de Alianzas y el Equilibrio de Poder

En el ámbito de las relaciones internacionales, los realistas suponen que la cooperación es difícil, pero posible cuando los estados tienen un poderoso enemigo común que enfrentar, lo que facilita la conformación coaliciones. El tratado germano-austríaco firmado en 1882 y la alianza franco-rusa establecida en 1893, dieron origen a la triple alianza (Alemania, Prusia y Austria-Hungría) y la triple entente (Italia y Japón). Estos dos grandes bloques mantuvieron el equilibrio de poder en Europa desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX. Por tanto, la existencia del sistema de alianzas de la época en Europa y la sensación de seguridad derivada del equilibrio de poder entre las potencias enfrentadas, generó expectativas sobre quién sería amigo o enemigo en caso de que estallara una guerra. La unificación alemana creó un poderoso estado en el centro de Europa que cambió el entorno estratégico que acompañó a los imperios europeos durante el siglo XIX.

El Estallido de la Guerra y sus Causas

La Primera Guerra Mundial, que estalló en el año 1914, puso fin a un período de paz que se había extendido por casi medio siglo, tiempo durante el cual Europa había logrado gran poder y riqueza, convirtiéndose en el centro del mundo. A comienzos del siglo XX, el mapa político mundial se encontraba casi completamente dominado por los imperios. La Primera Guerra Mundial fue el resultado de una suma de causas. Francia no podía olvidar la guerra contra Alemania (1870-1871), que le significó la pérdida de territorios como Alsacia y Lorena. La Primera Guerra inició una carrera bélica. Con el fin de aumentar la seguridad de sus naciones, los gobiernos buscaron el apoyo de otros Estados, y Europa quedó así dividida en dos grandes bloques: la Triple Alianza y la Triple Entente.

Los Bloques en Conflicto

La Triple Alianza estaba compuesta por las tres potencias de Europa central, es decir, Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano. Tras la paulatina disolución del Imperio Otomano, Austria-Hungría y Rusia se disputaron el predominio en la península de los Balcanes (sureste de Europa). Históricamente, las potencias europeas lograban acuerdos cuando algún hecho amenazaba con dividirlas.

En 1912 resurgió el problema por esta península y las potencias se reunieron en Londres para tratar de buscar una solución común. Como ya dijimos, estos dos imperios peleaban por extender su dominio sobre los Estados que conformaban los Balcanes. De hecho, este período ha sido denominado por los historiadores como paz armada, ya que entre las naciones europeas existían muchas rivalidades, tanto en materia económica como colonial, donde sus pretensiones muchas veces se veían interferidas. En los siglos XVII y XVIII, el escenario europeo había tenido cuatro protagonistas: Inglaterra, Francia, Austria y Rusia. Se trataba de Italia y Alemania, que lograron en corto tiempo un espectacular desarrollo. Al bloque aliado se sumaron luego Italia (1915), Rumania (1916), Portugal y Grecia (1917). Estados Unidos decidió intervenir en el conflicto en apoyo de los aliados, lo cual, como veremos, rompería el equilibrio de las fuerzas.

Al finalizar la Primera Guerra Mundial se creó la Liga de las Naciones, organismo internacional cuya misión era regular las relaciones entre los Estados y mantener la paz.

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