Este artículo propone una reconstrucción de la teoría marxiana de la enajenación, poniendo el énfasis en dos aspectos que han sido mayormente desatendidos en la vasta bibliografía crítica sobre el tema. Mucho se ha escrito sobre el concepto marxiano de enajenación (o alienación) a partir de la tardía publicación de los llamados Manuscritos económico-filosóficos de 1844, que no es el único texto en donde Marx lo utiliza, pero sí el que le otorga el lugar más destacado. El carácter novedoso de nuestro enfoque proviene del intento de responder a una pregunta elemental: ¿quién es, para Marx, el sujeto de la enajenación? ¿Quién se encuentra enajenado? El ser humano, se dirá rápidamente. Correcto, pero ¿qué entiende Marx por "ser humano"?
La Enajenación en Hegel, Feuerbach y Marx
Comencemos por señalar la habitual incomprensión de las diferencias entre la enajenación tal como la interpretan Hegel y Feuerbach, por un lado, y Marx, por otro. En Hegel y en Feuerbach tanto la objetivación como la enajenación se dan exclusivamente en el plano de la (auto)conciencia o el (auto)conocimiento. Mientras que para Hegel el sujeto es el Espíritu, para Feuerbach es el ser humano.
En Feuerbach, por el contrario, objetividad, objetivación y enajenación no son sinónimas. La objetividad propiamente dicha es la realidad material que captamos activamente mediante los sentidos, pero que no creamos ex nihilo con ellos. Esa objetividad sensible constituye una objetivación de la esencia humana, afirma Feuerbach, pero sólo en la medida en que, al entrar en relación cognitiva con ella y conocerla a nuestra humana manera, también nos conocemos en parte a nosotros mismos.
Para Feuerbach, esta explicación hegeliana de la enajenación está puesta del revés y hay que enderezarla: es el ser humano corpóreo, natural y racional el que se enajena/objetiva espiritualmente en la Idea: "Es así como la filosofía absoluta extraña [entäuβert] y enajena [entfremdet] al ser humano de su propia esencia, de su propia actividad". Pero ¿cuál es, según Feuerbach, esa actividad propia del ser humano? El conocimiento, al igual que para Hegel y para toda la tradición filosófica anterior, la cual otorga a la teoría una clara primacía sobre la práctica.
Trasladando, junto con Marx, el pensamiento de Feuerbach al plano social, económico y político, Moses Hess introduce la noción de una "enajenación práctica" que se produce de manera paralela y condicionada por la "enajenación teórica" propia de la religión judeocristiana. El propio Marx, que por entonces ya se encontraba realizando su propia traducción social y política de las críticas feuerbachianas, adopta esta versión práctica del concepto de enajenación acuñada por Hess, pero le da un sentido distinto, decididamente materialista.
Evidentemente, estas formas "profanas" no constituyen la enajenación de ningún tipo de objetivación espiritual -como en Hegel y en Feuerbach-, sino de la práctica misma entendida como objetivación material, real, que precede y excede el terreno de la mera conciencia. La práctica es para Marx precisamente el lado extramental (= material) de la subjetividad humana, esto es, la "actividad humana sensible" o "actividad sensiblemente humana" (sinnlich menschliche Tátigkeit), la "actividad objetiva " (gegenstándliche Tátigkeit), un "proceso empíricamente registrable y sujeto a condiciones materiales", que condiciona a su vez los procesos de conocimiento y las formaciones ideológicas.
A través de ella los sujetos humanos dan forma a la objetividad real que habitan, intentando adecuarla a la satisfacción de sus diversas necesidades e intereses. Dicho de otro modo, aquí ya no se trata de una objetivación meramente espiritual (imaginaria, irreal) -como la objetividad sensible, según Hegel, o como Dios o el Espíritu hegeliano, según Feuerbach-, sino de una objetivación real, de una realización, que va más allá de la actividad cognitiva. Ahora bien, esto significa que ya no hay identidad entre este tipo de objetivación y la enajenación espiritual, sino todo lo contrario.
La Enajenación Material en Marx
Toda forma de enajenación de la conciencia tiene su fundamento en las formas de la enajenación material-práctica: el Estado, el dinero y, en última instancia, la propiedad privada de los medios de producción. La enajenación religiosa como tal sólo opera en el terreno de la conciencia, del interior del ser humano, pero la enajenación económica es la enajenación de la vida real y su superación abarca, por tanto, ambos lados.
Pero como esas autoenajenaciones prácticas de la masa existen en el mundo real de una manera exterior, la masa debe combatirlas a la vez de una manera exterior. En modo alguno debe considerar esos productos de su autoenajenación como fantasmagorías meramente ideales, como meros extrañamientos de la autoconciencia, ni querer aniquilar la enajenación material [materielle Entfremdung] por medio de una acción puramente interior y espiritualista.
El descubrimiento científico ulterior de que los productos del trabajo, en la medida en que son valores, constituyen meras expresiones, con el carácter de cosas, del trabajo humano empleado en su producción, inaugura una época en la historia de la evolución humana, pero en modo alguno desvanece la apariencia de objetividad que envuelve a los atributos sociales del trabajo.
Sin embargo, lo que Marx está subrayando aquí es precisamente que el "valor" de los objetos mercantiles se presenta de manera inmediata como un "hecho definitivo" o una cosa tan natural como el aire "ante quienes están inmersos en las relaciones de la producción de mercancías", es decir, al interior de una sociedad cuyo trabajo conjunto se encuentra enajenado en trabajos privados. Es por eso que no es suficiente la revelación teórica de un problema que no es principalmente teórico; no basta con los descubrimientos científicos sobre la enajenación objetiva de la sociedad: "de lo que se trata, en realidad y para el materialista práctico, es decir, para el comunista, es de revolucionar el mundo existente, de atacar prácticamente y de hacer cambiar las cosas con que nos encontramos".
El reflejo religioso del mundo real únicamente podrá desvanecerse cuando las circunstancias de la vida práctica, cotidiana, representen para los seres humanos, día a día, relaciones diáfanamente racionales, entre ellos y con la naturaleza.
El poder social, es decir, la fuerza de producción multiplicada, que nace por obra de la cooperación de los diferentes individuos bajo la acción de la división del trabajo, se les aparece a estos individuos, por no tratarse de una cooperación voluntaria, sino natural, no como un poder propio, asociado, sino como un poder ajeno, situado al margen de ellos, que no saben de dónde procede ni a dónde se dirige y que, por tanto, no pueden ya dominar, sino que recorre, por el contrario, una serie de fases y etapas.
La Teoría de la Crisis en Marx
Con el regreso de la crisis capitalista, ha habido un renovado interés por la teoría económica marxista. Incluso los economistas burgueses se han visto obligados cada vez más a comentar las ideas de Marx, aunque solo sea para descartarlas. No pasa un día sin alguna referencia a Marx en la prensa financiera. No es sorprendente que este mayor interés haya servido para centrarse en la teoría de la crisis de Marx.
Este interés ha servido para revivir la controversia en torno a la explicación «subconsumista» de la crisis, que, en términos generales, asocia las dificultades del capitalismo, especialmente en condiciones de crisis, con una falta de demanda en la economía. Según esta teoría, el capitalismo tiene una tendencia interna a producir mucho más de lo que puede ser absorbido por el consumo. Las teorías del «subconsumo» a menudo se confunden con las ideas de Marx. Pero aquéllas difieren con lo que en su día explicó Marx. Si bien el subconsumo ciertamente existe para las masas, como puede atestiguar cualquier trabajador, no es la causa directa de la crisis capitalista.
Si bien reconoció la gran contribución de Sismondi, Marx aún era consciente de sus deficiencias y limitaciones, como en todos los economistas clásicos: “[Sismondi] critica enérgicamente las contradicciones de la producción burguesa pero no las comprende y, en consecuencia, no comprende el proceso por el cual pueden resolverse. Sin embargo, en el fondo de su argumento está la idea de que las nuevas formas de apropiación de la riqueza deben corresponder a las fuerzas productivas y las condiciones materiales y sociales para la producción de riqueza que se han desarrollado dentro de la sociedad capitalista; que las formas burguesas son solo formas transitorias, en las cuales la riqueza solo alcanza una existencia antitética y aparece en todas partes simultáneamente como su opuesto «.
Marx desarrolló sus propias ideas acerca de la crisis capitalista sobre la base de un estudio y una crítica muy exhaustivos de todos los economistas clásicos, especialmente de sus representantes principales, entre otros, Adam Smith y David Ricardo. Si bien Marx no logró escribir un libro específico sobre la crisis capitalista, su teoría de la crisis está presente en todos sus escritos económicos, especialmente en El Capital y en Teorías sobre la plusvalía.
Algunas personas atribuyen falsamente a la tendencia a la disminución de la tasa de beneficios la causa real de la crisis capitalista, pero esto no es correcto y Marx nunca lo reconoció como tal. Si bien es sin duda una tendencia importante bajo el capitalismo, opera como una tendencia a largo plazo que afecta al sistema. Marx expresó en términos muy precisos que los factores compensatorios transformaron esta ley en una tendencia, describiéndola únicamente como «esta ley de doble filo». Y añadió: «La ley opera, por lo tanto, simplemente como una tendencia, cuyo efecto es decisivo solo bajo ciertas circunstancias particulares y sobre periodos largos».
Marx declaró en numerosas ocasiones que la causa última de la crisis capitalista es la sobreproducción. Pero no la sobreproducción en relación con lo que la gente necesita o quiere consumir. En una economía de mercado, la sobreproducción se refiere solo a lo que se puede vender de manera rentable. “Los ingleses, por ejemplo, se ven obligados a prestar su capital a otros países para crear un mercado para sus productos”, explicó Marx.
Marx explica que esta expansión permite que se complete todo el proceso de reproducción. Sin embargo, se acumulan y quedan sin vender mercancías en manos de comerciantes minoristas que permanecen en el mercado:
El mismo punto se reitera nuevamente en el volumen tercero del El Capital, donde (una vez más) Marx enfatiza la contradicción fundamental del modo de producción capitalista: “La razón suprema de toda verdadera crisis sigue siendo la pobreza y las limitaciones de consumo de las masas frente a la tendencia de la producción capitalista a desarrollar las fuerzas productivas como si no tuviesen más límite que la capacidad absoluta de consumo de la sociedad”.
El Trabajo Enajenado en el Contexto Actual
El concepto de trabajo enajenado fue uno de los aportes más importantes de Karl Marx a la teoría social y económica. Marx describió cómo en el sistema capitalista los trabajadores experimentan una pérdida de control y conexión con su labor, lo que genera una sensación de alienación. Según Marx, en un sistema capitalista el trabajador se convierte en una pieza más en la maquinaria económica, realizando tareas repetitivas y desconectadas del resultado final. Esto provoca que el trabajador vea su labor como una simple obligación, en lugar de una expresión de su creatividad o potencial humano.
Aunque el contexto ha cambiado en muchos aspectos, todavía podemos observar varias similitudes con la visión marxista. En muchas industrias, los empleados realizan tareas monótonas que no les permiten desarrollar habilidades o sentir que contribuyen de manera significativa. En resumen, aunque las condiciones laborales han evolucionado desde la época de Marx, el fenómeno de la enajenación sigue presente en muchas formas.
El Rol de los Sindicatos
Los sindicatos deben negociar activamente convenios colectivos que aborden directamente las causas de la enajenación. Los sindicatos pueden impulsar mecanismos que permitan a los trabajadores tener mayor voz y voto en la organización del trabajo. Los sindicatos deben ser vigilantes en la defensa de la seguridad y salud en el trabajo, así como en la lucha contra la precarización laboral (contratos temporales abusivos, subcontratación, etc.). Los sindicatos pueden abogar por una mayor transparencia en los procesos productivos y por iniciativas que permitan a los trabajadores comprender la importancia de su labor dentro del conjunto, así como su contribución al producto o servicio final. Los sindicatos actúan como plataformas para la organización y la solidaridad entre los trabajadores.
La Relación Económica entre Trabajadores y Capitalistas
La teoría de Marx enseña que la condición estructural de la relación productiva entre el trabajador “libre” (libre de coacción y sumisión personal) y la posición del propietario de los medios de producción bajo la forma productiva y social específicamente capitalista es una relación de producción resultado de toda una larga etapa histórica de luchas, robos, confiscaciones, estafas, deudas, etc. (acumulación originaria) para subordinar los trabajadores al capital, que se va gestando en el seno de la sociedad feudal. El capital, primero se monta formalmente en los modos existentes de trabajo y producción en la Europa occidental y las va socavando; luego, poco a poco, se vuelve realmente dominante con su propia técnica quedando el proceso de producción/reproducción social bajo el comando directo del capitalista. Se constituye así el modo específicamente capitalista de producción.
Bajo el capitalismo ya no existen aquellas formas de subordinación personal en las relaciones de producción en las que el trabajador carece de entidad autónoma como sujeto de contrato, por tanto como ente de juridicidad. Si éstas fueran las condiciones entonces no habría posibilidad alguna de relaciones capitalistas. El capital exige la contraposición de trabajadores que se presenten como dueños de lo que venden, no fuera a suceder que alguien pudiera reclamar para sí la propiedad de aquellos e impidan la formalización contractual.
A los trabajadores esta transacción mercantil les interesa por necesidad: primero vender para comprar, esto es, vender el uso de su fuerza de trabajo (mercancía), percibir un salario (dinero) para luego con él adquirir los productos para su consumo (mercancía), se trata de una circulación simple de mercancías y dinero. El circuito es pues mercancía-dinero-mercancía (m-d-m). Esto señala la segunda circunstancia: los trabajadores necesitan acceder a los valores de uso mercantiles sin los cuales no podrían subsistir ni ellos ni su familia.
El interés de los empresarios capitalistas es sólo comprar para vender. Compran con dinero (en realidad invierten y reinvierten) medios de producción y el uso de la fuerza de trabajo; reúne a ambos en el proceso de producción mediante el cual obtiene una masa de mercancías valorizadas que venden recuperando la inversión acrecentada en un plus o excedente. El circuito es dinero-mercancía-dinero (d-m-d + Δd).
Condiciones Generales del Cambio Trabajo Asalariado/Capital
El presupuesto fundamental de toda la relación de intercambio entre el trabajador asalariado y el empresario capitalista, consiste en la separación, escisión, entre la propiedad de los medios de producción y los trabajadores asalariados. Disociación, pues, entre condiciones objetivas y condiciones subjetivas de producción. Ahora bien, dice Marx que “La naturaleza no produce por una parte poseedores de dinero o de mercancías y por otra personas que simplemente poseen sus propias fuerzas de trabajo. Esta relación en modo alguno pertenece al ámbito de la historia natural, ni tampoco es una relación social común a todos los períodos históricos”. (K. Marx, El Capital, Siglo XXI Editores, Bs. As. I, 1, p. 206)
- La relación entre capitalista y trabajador no es de subordinación personal. La relación subordinada del trabajador al capitalista no es coacción de carácter extraeconómico como es el caso de los trabajos servil o esclavo de otras sociedades de clase.
- La relación de subordinación es de carácter económico, surge de la asimetría en la organización social del trabajo: trabajadores no propietarios y propietarios no trabajadores. Esta es la base de la coacción económica. Los trabajadores están liberados de la propiedad de los medios de vida y de producción y los capitalistas están liberados de trabajar para mantenerse y vivir.
- Se trata de una relación económica-laboral mediada por el dinero.
- La relación es la de un intercambio que corresponde a la circulación simple de mercancías: supuestamente cada uno de los tratantes obtiene un equivalente por lo que entrega; el trabajador recibe dinero bajo la forma de salario, el capitalista compra el derecho de usar la capacidad de trabajo de aquél.
- La relación de subordinación del trabajador al capitalista la ejerce éste por medio del trabajo objetivado, dinero, medios de producción y medios de vida que constituyen su propiedad y de los cuales está despojado aquél. Pero en lo inmediato el dominio del trabajador se realiza por el dinero como inversión del capitalista y no en cuanto dinero mismo, es el dinero en función de capital y no de gasto.
Dos Momentos de la Relación Trabajo Asalariado y Capital
Esta relación de cambio entre trabajador y capitalista se compone de dos momentos o procesos que deben determinarse de manera precisa: 1º) momento formal; 2º) momento real.
El momento formal y el momento real, que el capital y la economía burguesa no distinguen, en realidad es sólo un tipo de cambio entre trabajadores y capitalistas en el cual el momento formal funciona como velo (opacidad) del momento real. El primer momento expresa la relación contractual: compra de la fuerza de trabajo (Mercado laboral); el segundo se refiere al trabajo en proceso, a la actividad misma de producción y por este medio la transformación inmediata del trabajo vivo en generadora de excedente (plus), que es su objetivación como realización del capital que produce más capital por medio de la explotación económica de los trabajadores.
La Especificidad de la Relación en los Países Socialistas
Pues bien, todas estas singularidades que caracterizan con precisión la explotación de la fuerza de trabajo por el capital y por tanto la subordinación del trabajador a los capitalistas, si las analizamos con atención, son claramente similares a lo que esencialmente sucedió con la clase trabajadora en la URSS. Se estructuró y subsistió la separación entre las condiciones subjetivas y objetivas bajo una nueva modalidad: la de la concentración de las condiciones objetivas, no sólo en un polo, sino en un único propietario (PCUS-Estado), que repetían su condición de capital aunque ya no hubiera capitalistas; podría pensarse en que el proceso de colectivización del agro (década del 30) desmentiría esto, pero sin embargo este proceso no fue otra cosa que una gigantesca y acelerada expropiación del campesinado ruso, lo que dio lugar a que formalmente existiera la propiedad cooperativa, pero realmente estaba atada y subordinada a la dirección y los planes del partido-Estado. Y fue esta peculiar forma social de producción la que constituiría la base de los acontecimientos histórico-políticos de la década del 90 en la URSS y en los países europeos socialistas.
Abolir el trabajo asalariado es la clave de superación del capital. Esta es la teoría de Marx, asequible a quien quiera comprobarla mediante su estudio minucioso y su asimilación concienzuda.
La forma fundamental del trabajo burgués es la del trabajo asalariado porque genera plusvalor. Sin trabajo asalariado no hay modo burgués (capitalista) de producción. Abolir el trabajo asalariado es la clave de superación del capital y de toda relación burguesa en la sociedad.
Socialismo: Relaciones de Producción y Modo de Producción
¿Qué consecuencias de notable alcance, teóricas y políticas dejó, entre otras muchas, la Revolución Rusa de octubre para la práctica de la construcción del socialismo? No se puede negar el impacto histórico‐mundial anti‐burgués que produjo. Y en particular el que provocara un estremecedor cambio en la sociedad rusa al eliminar la propiedad privada de los medios de producción de manos de los terratenientes y de la burguesía. Pues, pasaron a constituir propiedad del Estado Soviético, administrado éste por el PCUS; de este modo el Partido‐Estado se erigió en propietario en nombre y representación de la clase proletaria y de su dictadura (Lenín dixit).
Desapareció, pues, la clase propietaria burguesa que en sus miles y miles (quizás millones) de empresas tomaba sus decisiones de inversión, empleo y producción de acuerdo con su interés individual por las ganancias. Consumada la desaparición, las miles y miles de decisiones diseminadas en el cuerpo burgués, quedó concentrada en una sola decisión y dirección: la planeación y el diseño centralizado en los órganos estatales y partidario, gestionados por millones de empleados (afiliados al Partido), quienes a su vez tenían voz de mando sobre la clase trabajadora propiamente dicha. En consecuencia los medios de producción no eran propiedad de los trabajadores, eran una propiedad ajena (del Partido‐Estado), que se le enfrentaban como capital, no privado, sino estatal, pero capital de todos modos; y la división del trabajo también se mantenía: trabajo de dirección y administración de los empleados que poseían las empresas con responsabilidades de gestión (trabajo directivo y administrativo), separado del trabajo manual de todo tipo y rama concentrado en la clase trabajadora.
Habían cambiado innegablemente las relaciones de producción pero no el modo de producción. Cambiaron las relaciones de producción capitalistas privadas, por las relaciones de producción capitalistas estatales, pero el modo de explotación del trabajo por el capital mediado por el salario no solo permaneció sino que se expandió.
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