La idea de trabajar para nada resuena en múltiples contextos, desde la automatización que amenaza empleos hasta la informalidad laboral y la cultura del ajetreo que consume nuestras vidas. Este artículo explora las diversas facetas de esta problemática, analizando sus causas y posibles soluciones.

Automatización y el Futuro del Trabajo

La automatización es una promesa o una condena: se renueva la idea de que nos arrojará al infierno del desempleo, pero también hay quienes postulan que el trabajo se convertirá en un momento acotado de nuestras vidas, de nuestro día, para dedicar el resto al ocio.

¿Eso es una sociedad poscapitalista? ¿Podrán la inteligencia artificial y las máquinas arrojarnos al paraíso del libre desarrollo?

Quizás, como plantean Nick Srnicek y Alex Williams, lo que hay que hacer ante al fracaso social del neoliberalismo es politizar las nuevas tecnologías, acelerar su desarrollo y abrir, así, un futuro mejor (o al menos distinto).

El Desequilibrio entre Capital y Trabajo

Jeannette von Wolfersdorff, economista alemana radicada en Chile, ex directora de la Bolsa de Comercio de Santiago y directora ejecutiva del Observatorio Fiscal, habló en una entrevista con El Mercurio en noviembre del año pasado, de la “desigualdad de patrimonio y la injusticia” que existe en el país, del desequilibrio entre capital y trabajo.

Lo dijo en medio de la crisis social y política que comenzó el 18 de octubre pasado. Esa desigualdad, advirtió Von Wolfersdorff, promete agravarse debido al desarrollo de la inteligencia artificial y la consiguiente automatización del trabajo.

“MacKinsey -recordó- hizo el análisis de que la mitad del empleo en Chile es parcial o totalmente automatizable. La mitad. El 40% en el sector público. ¿Qué significa?

Según el Diccionario de la Lengua Española, libre también de la sospecha de marxismo, proletario es aquel “trabajador que no posee medios de producción y que obtiene su salario de la venta del propio trabajo”.

Informalidad Laboral: Una Zona Gris

En Chile, más de una cuarta parte de quienes trabajan lo hacen en condiciones de informalidad. No tienen contrato, ni cotizaciones previsionales, ni seguridad social. A pesar de su cotidianidad, el fenómeno de la informalidad laboral sigue siendo, para muchos, una suerte de “zona gris” del mercado del trabajo.

El concepto de informalidad nació en los años setenta como parte del esfuerzo de los economistas y antropólogos por comprender la realidad de los mercados laborales urbanos en países en desarrollo. Keith Hart, quien acuñó el término, describió cómo miles de personas en África subsahariana generaban ingresos a través de actividades autónomas, fuera del alcance del Estado y sus regulaciones.

Hace ya casi dos décadas, el Banco Mundial realizó una distinción entre la informalidad por exclusión y por escape. En el primer caso, las personas no logran acceder al empleo formal debido a barreras estructurales como baja escolaridad, edad, género o residencia en zonas periféricas. En el segundo, optan voluntariamente por la informalidad al no encontrar suficientes incentivos para formalizarse, puesto que los costos en tiempo y dinero superan los beneficios percibidos.

Lo cierto es que, en la práctica, ambos mecanismos coexisten. Y sus implicancias son profundas, tanto para las personas como para el desarrollo económico.

En términos individuales, diversos estudios muestran que la informalidad está asociada a mayores niveles de inseguridad económica, menor acceso a redes de protección social y mayor vulnerabilidad frente a shocks, como lo demostró la pandemia de COVID-19.

Pero las consecuencias van más allá de lo individual. La informalidad también tiene efectos sistémicos, pues reduce la recaudación tributaria, limita la productividad del trabajo, genera competencia desleal para las empresas formales y debilita los sistemas de seguridad social.

Ahora bien, también es necesario reconocer que no todo en la informalidad es precariedad. En ciertos contextos, el trabajo informal ofrece a los trabajadores flexibilidad horaria, independencia y una forma de compatibilizar responsabilidades familiares, especialmente para las mujeres. En contextos donde el empleo formal es escaso o poco atractivo, puede incluso representar una opción racional y preferida.

La informalidad laboral, por tanto, no es un fenómeno marginal ni residual. Tampoco es un simple efecto del subdesarrollo. Es, más bien, una manifestación estructural de nuestras formas de producir, regular y proteger el trabajo. Combatirla no requiere solo fiscalización, sino una mirada más amplia: políticas públicas que aumenten la productividad del trabajo, reduzcan los costos y la burocracia de la formalización, y -muy especialmente- mejoren la calidad y el valor percibido del empleo formal.

Sin embargo, para orientar adecuadamente las políticas públicas frente a la informalidad, es clave contar con mediciones precisas y bien interpretadas.

La TOI comenzó a reportarse en 2017 y se ha convertido en un indicador de referencia. Sin embargo, su interpretación puede inducir a error si no se considera el contexto general del mercado laboral.

Un caso ilustrativo ocurrió durante la pandemia de COVID-19. En el trimestre prepandemia (diciembre 2019-febrero 2020), la TOI se ubicaba en 28,8%. Apenas unos meses después, en mayo-julio 2020, en el peor momento de la crisis sanitaria, la TOI cayó a 22,3%, su menor nivel histórico. Es decir, de acuerdo con la TOI, la pandemia hizo bajar la informalidad laboral en Chile a sus menores niveles históricos, ¿Cómo es esto posible?

De hecho, entre ambos trimestres, los ocupados informales cayeron en un 40%, mientras que los formales lo hicieron en un 15%. Como el indicador relaciona los ocupados informales con el total de ocupados, su caída reflejaba una contracción mayor de los primeros, y no una transición desde la informalidad hacia el empleo formal.

Este episodio revela una limitación importante de la TOI: al tratarse de una proporción respecto al total de ocupados, puede disminuir incluso cuando hay pérdida neta de empleos.

Entonces debemos tener presente que cada vez que se produzca una disminución de los ocupados informales que en términos relativos sea mayor a la caída total de ocupados, el resultado será una disminución de la TOI, que no debiera ser interpretada como una buena señal de salud del mercado laboral debido a que, si bien la TOI será menor, se deberá a que la economía está destruyendo empleos totales y en mayor medida empleos informales que típicamente son más frágiles ante shock internos o externos, por lo que el cuociente resultante será menor.

Es más, si por alguna razón se produce en la economía una destrucción solo de empleo informal, sin que el empleo formal tenga variación alguna, igual se producirá una caída en la TOI, lo que pudiera interpretarse como algo positivo, cuando en realidad el empleo formal no ha mejorado en nada, y lo único que ha sucedido es que parte de los trabajadores informales perdieron su empleo, sin que la economía muestre una mejor performance en su capacidad de generar puestos de trabajo formales.

Frente a esto, resulta razonable discutir formas alternativas o complementarias de medición. Una opción es poner el foco en la formalidad, en lugar de la informalidad, midiendo por ejemplo la tasa de formalidad como la proporción de ocupados formales respecto de la población en edad de trabajar (PET). Este enfoque, utilizado por el Banco Interamericano de Desarrollo en su Índice de Mejores Trabajos, evita las distorsiones que se producen cuando el total de ocupados cae abruptamente, como en una crisis.

Medir mejor es un paso esencial para actuar mejor. Si el objetivo es avanzar hacia un mercado laboral más formal, digno y protegido, es imprescindible contar con indicadores que reflejen de manera clara y estable la evolución real del fenómeno.

Hustle Culture: La Trampa de la Productividad Extrema

Hustle Culture es un término que se refiere a una mentalidad y estilo de vida que valora y promueve la dedicación extrema al trabajo, la ambición y la productividad constante, con poca consideración por el descanso, el cuidado personal o cualquier sentido de equilibrio entre el trabajo y la vida.

Saltar de una reunión a otra, almorzar en el escritorio, salir siempre tarde, no tener tiempo ni energía para nada más. El hustle culture se ha popularizado en los últimos años a través de influencers laborales y discursos de motivación que promueven la idea de que el éxito es el resultado directo de una dedicación extrema. Lo peor es que el estrés se convierte en un símbolo de estatus.

Muchos crecimos con padres que llegaban tarde a casa todos los días, trabajaban los fines de semana, eran los primeros en entrar a la oficina y los últimos en salir por la noche. Esforzándose por hacer todo, y enseñándonos que ese nivel de dedicación era lo esperable y respetable. Esa generación si cosechó los frutos de sus esfuerzos.

La generación Z fue la primera en cuestionar nuestra manera de trabajar, las horas extras, la salud mental, el pago justo.

Covid y Retrospección

Para muchos, el covid y los años de cuarentena fueron años intensos, para algunos, un cambio de vida. El encierro reflejó cuán frágiles somos. Fue una oportunidad para reflexionar sobre si queríamos seguir centrando nuestra vida en el trabajo.

De acuerdo con un estudio de Harvard Business Review, los empleados soportaron durante muchos años promesas incumplidas, falta de oportunidades y falta de atención. Transformar estos desafíos en oportunidades

Estamos en un momento crucial para reflexionar sobre cómo ha evolucionado la relación entre empleados y empleadores en el actual entorno laboral. No podemos seguir pretendiendo de que todo siga igual luego de la irrupción de la generación X, la pandemia y los cambios socioculturales.

La cultura de las empresas y los líderes tienen la responsabilidad de reflexionar y preguntarse: ¿Por qué nuestro empleado debería estar motivado?

Estrategias para una Mayor Eficacia y Bienestar

La llave del éxito es la eficacia: no es el trabajo duro, sino el trabajo inteligente. APRENDE A GASTAR LA MENOR CANTIDAD DE ENERGÍA, PARA OBTENER LA MAYOR CANTIDAD DE BENEFICIOS.

  1. Deja de trabajar horas extra. El desgaste físico y emocional que conlleva una ardua jornada de trabajo puede generar en las personas cansadas las mismas alteraciones cognitivas del alcohol en la sangre: falta de voluntad para pensar y empatizar con otros, bajo control de impulsos, pesimismo, disminución de la confianza y, por ende, falta de proactividad. Si acudir borracho al trabajo es inaceptable, ¿por qué estaría bien acudir sin descansar lo suficiente o sin dormir?
  2. Aplica el Principio de Pareto. El 20% del esfuerzo genera el 80% de los resultados; sin embargo, el 20% de los resultados requiere del 80% de los esfuerzos. Por lo mismo, deja de aceptar tareas que significan poco o ningún resultado en absoluto.
  3. Trabaja en equipo. Es importante que nos demos cuenta de que podemos buscar ayuda cuando la necesitamos. A veces es imposible hacer todo por nuestra cuenta. Es mejor dejar que alguien o un equipo comparta el trabajo, entregándote más tiempo para concentrarte en las tareas más urgentes. En lugar de perder tiempo y energía sobrecargándote a ti mismo o tratando de hacerlo solo, deja que otros compartan la carga y la ayuda.
  4. Evita el perfeccionismo. La proporción es evidente y sencilla: a mayor perfeccionismo, menos productividad. Los perfeccionistas usan más tiempo del requerido para cada tarea; buscan el “momento perfecto” y, por lo mismo, lo pierden y llegan tarde; y pierden la visión panorámica del asunto por estar estresándose ante los pequeños detalles.
  5. Automatiza tareas repetitivas. Si algo te quita más de 5 minutos en hacer, es una gran idea buscar un software que pueda hacerlo por ti.
  6. Utiliza herramientas de productividad. Actualmente existen miles de herramientas que puedes utilizar para estudiar cómo optimizar tu productividad, guiándote en la toma de decisiones y justificándolas en base a la ciencia.
  7. Toma descansos. Enfrascarse mucho en un tema es básicamente como encerrarnos en una caja oscura - lo cual puede resultar contraproducente y perjudicial para nuestros objetivos. Un estudio en curso de Harvard indica que las personas forman recuerdos más duraderos y precisos si creen que están experimentando algo solos.

Es importante comprender que no seremos más productivos de la noche a la mañana. Como todo en la vida, requiere esfuerzo y práctica. El cambio no ocurre simplemente sentándose y esperando.

Reflexiones Finales

La búsqueda de un equilibrio entre el trabajo y la vida personal es fundamental para evitar la sensación de trabajar para nada. Es crucial cuestionar la cultura del ajetreo, buscar formas de aumentar la eficacia y priorizar el bienestar personal. La automatización y la informalidad laboral presentan desafíos que requieren soluciones innovadoras y políticas públicas que protejan a los trabajadores y promuevan un mercado laboral más justo y digno.

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