Este artículo explora la construcción de conocimiento en Trabajo Social desde una perspectiva histórica y crítica, situando la práctica como eje epistémico y reconociendo su papel en la generación de saberes situados y transformadores.
El objetivo principal es analizar cómo la práctica ha sido valorada como fuente de conocimiento en diferentes momentos históricos y contextos, desde las reflexiones filosóficas hasta las apuestas decoloniales y de sistematización de experiencias en América Latina.
La tesis sostiene que la sistematización de experiencias constituye una vía que permite resignificar la práctica como un espacio de construcción de conocimiento, desafiando las epistemologías dominantes y promoviendo alternativas críticas.
La Sistematización de Experiencias en Trabajo Social
La sistematización de experiencias en Trabajo Social puede ser concebida como un proceso que reconstruye la intervención social desde los saberes que se generan desde la propia dinámica social, con fines de comunicación y comprensión de los procesos de cambio y transformación social impulsados por la profesión.
En ese marco se reconoce, por una parte, a los saberes provenientes de los propios sujetos sociales que han sido puestos en juego durante el proceso de la intervención; y, por otra, a los saberes profesionales que establecen vínculos con categorías conceptuales existentes o emergentes para explicitar la acción y la reflexión presentes en el marco del desempeño.
Como consecuencia, la reconstrucción y comprensión de las experiencias a partir de los saberes generados busca producir un conocimiento social cuyos aportes queden al servicio de la propia experiencia y de otras similares (Cifuentes-Patiño, 2021).
Registros Escritos, Fotográficos y Audiovisuales en la Sistematización
Para llevar a cabo esta aspiración de generación de conocimientos desde la propia intervención social, el proceso de sistematización requiere contar con bases de datos que le aporten información detallada y confiable de las acciones realizadas.
De manera tradicional, puede reconocerse que estos sistemas de registros son realizados principalmente a través de formatos escritos en soportes papel o digital, condiciones que facilitan su archivo y conservación, permitiendo a la profesión asumir los roles de producción y de conservación documental (Palacios, 1999).
Sus principales avales son las firmas profesionales y los respectivos timbres, membretes y folios de las instituciones patrocinadoras, los que permiten a los sistemas de registros asumir el carácter de medio de prueba o evidencia de la realización de las acciones profesionales, adquiriendo en consecuencia valor administrativo y existencia formalizada.
Asimismo, se deben tener siempre presentes las directrices establecidas por la normativa chilena respecto de la custodia, protección y seguridad de los datos personales con el fin de garantizar la privacidad y el respeto por la vida privada de las personas (Benussi, 2020).
A los sistemas de registros escritos se han sumado, en las últimas décadas, los sistemas de registros fotográficos y audiovisuales, los que apoyados en dispositivos electrónicos facilitados por las tecnologías, comunican las acciones profesionales a partir de renovados soportes y lenguajes (Bedoya y López, 2021).
Aportes de los Sistemas de Registros
En este marco, el artículo presenta los resultados de un proceso de reflexión interuniversitaria realizado en torno a los aportes de los sistemas de registros escritos a la sistematización de experiencias, complementados por las renovadas oportunidades que representan los registros sociales fotográficos y audiovisuales facilitados por las tecnologías digitales, para la generación de conocimiento profesional distintivo.
Los resultados obtenidos indican que los registros escritos permiten respaldar la realización de las acciones profesionales a través de la descripción de su ejecución directa, visibilizando los diversos repertorios que se movilizan en los procesos de intervención.
Los registros fotográficos permiten certificar la realización efectiva de la intervención social a través de la captura de imágenes y la diversificación de las bases de datos disponibles, facilitando la reconstrucción de la trama de los procesos que serán sistematizados.
Los registros audiovisuales permiten el análisis de la realidad social a partir de la síntesis dinámica que se produce entre imagen y movimiento, recreando en consecuencia el mundo social a partir de sus propios medios y códigos distintivos.
Registros Escritos en Trabajo Social
En Trabajo Social la elaboración de registros escritos refleja un dominio avanzado en la producción escrita de textos, asentado en su tradición como carrera del área de las Ciencias Sociales (Castañeda y Salamé, 2014).
Los registros permiten respaldar la realización de cada acción profesional a través de la descripción de su ejecución directa, visibilizando los diversos repertorios que se movilizan en los procesos de intervención.
Completar la información de los diversos formatos escritos vigentes, correspondientes a ficha social, actas, crónicas de trabajo, cuaderno diario, cuaderno de campo, informes profesionales y correspondencia, entre los de mayor recurrencia, demanda el uso de un lenguaje especializado acorde con el ámbito de desempeño en que se realizan, para caracterizar con precisión y detalle las situaciones sociales implementadas bajo responsabilidad directa.
Asimismo, los sistemas de registros poseen una importante capacidad de capturar los procesos de intervención social, en atención a su posición mediadora entre una situación particular sucedida en un lugar, fecha y hora determinada; y la concepción general del plan de trabajo.
Desde la perspectiva de las técnicas de generación de conocimientos en ciencias sociales, los registros escritos pueden homologarse con las evidencias producidas por la aplicación de la observación participante.
En estas circunstancias, las categorías definidas para los registros derivados de la observación están asociadas a los referentes institucionales, programáticos, profesionales y de contexto en que se enmarca la actividad realizada y desde donde se proyectan las acciones futuras.
En ocasiones, el valor de los sistemas de registros es desconocido por el colectivo profesional y percibido como un trámite o una gestión de cumplimiento forzoso.
Conspiran en esta valoración los rutinarios ejercicios realizados en el pregrado, que no siempre logran transmitir su importancia y su directa contribución con los procesos de descripción, análisis, reflexión y comunicación de los aprendizajes de una experiencia profesional.
Así también, los registros tienden a ser definidos en forma preeminente desde el valor administrativo que poseen, el que se impone por sobre cualquier otra valoración posible de reconocer en los sistemas de archivos disponibles.
Ahora bien, existen ocasiones en que debido a diversas circunstancias o por fuerza mayor los registros no se han realizado en su debida oportunidad, pero se presentan las condiciones que permiten su reconstrucción, ya sea porque se cuenta con testigos directos de la actividad que pueden aportar información base para su formulación, o porque los vacíos existentes pueden ser inferidos desde los datos parciales disponibles.
En esta situación pueden activarse los recursos de estabilización, concebidos como “estrategias que dotan de estabilidad al contenido profesional recopilado y respaldan los procesos de análisis e interpretación de mayor abstracción” (Castañeda, 2014, p. 115).
Como resultado del acopio de los sistemas de registros a través de tiempo emergen los archivos profesionales, concebidos como lugares preferentes para la conservación de los documentos que aportan respaldos y evidencias a los procesos de intervención social.
Estos archivos poseen documentación de acceso abierto y acceso restringido, diferenciando su condición a partir de la presencia de datos genéricos y de datos específicos de situaciones sociales que requieren manejo en condiciones éticas de confidencialidad.
Finalmente, debe señalarse que los registros escritos son los referentes desde donde se diseñan los sistemas de información digitalizados orientados a generar las bases de datos y sistemas estadísticos que recopilan y consolidan información estratégica requerida para el monitoreo y la evaluación de las políticas sociales (Berner y Van Hemelryck, 2020).
Estos sistemas digitalizados buscan transformar la información social en datos codificados a través de dispositivos sociotécnicos, que si bien aportan síntesis ejecutivas de las actividades realizadas, cuentan con escasa disponibilidad para sumar registros con mayor detalle narrativo o procesual (Hozven, 2021).
Desde la perspectiva de la sistematización de experiencias, aun cuando se reconoce la obligatoriedad normativa y la instrumentalidad de los sistemas de información social en la realización de las actividades comprometidas por un programa social específico, su uso no sustituye a los sistemas de registros escritos construidos desde lógicas profesionales, destinados a describir, analizar y comunicar los procesos sociales de los que Trabajo Social forma parte como espectador privilegiado.
Por ello, se debe evitar el riesgo de que los sistemas de registros tradicionales sean sustituidos por bases de datos minimalistas que definen información esencial desde criterios instrumentales.
Registros Fotográficos en la Intervención Social
Puede afirmarse que los registros fotográficos han estado presentes en forma permanente en los procesos de intervención social, siendo concebidos en una condición de complemento a los registros escritos.
Las imágenes fotográficas permiten consignar hitos públicos desarrollados bajo responsabilidad profesional, especialmente en los ámbitos institucionales, grupales, organizacionales, comunitarios y territoriales; y con menor presencia en intervenciones profesionales de perfil casuístico o familiar, debido a las condiciones de privacidad y confidencialidad de datos sensibles que requieren las instancias personales (Escalante y De la Iglesia, 2013).
Dado el carácter de complementariedad con los que han sido concebidos los registros fotográficos en perspectiva histórica, especialmente al considerar los costos asociados con su disponibilidad durante su etapa análoga; en la actualidad no se cuenta con una tradición profesional que permita dar cuenta de sus usos como respaldo o evidencia, ni de su estandarización en un sistema de citación, ni de su validación a través de formatos que consideren su inclusión formal en informes técnicos o documentos de trabajo.
Incorporar la fotografía a los sistemas de registros profesionales permite certificar la realización efectiva de la intervención social a través de la captura de imágenes y diversificar las bases de datos disponibles, facilitando la reconstrucción de la trama de los procesos que serán sistematizados.
Específicamente, los registros fotográficos entregan información sustantiva respecto del nivel compositivo de las acciones profesionales observables, situando a sus participantes en el marco de los contextos materiales, temporales, sociales y simbólicos en que se insertan (Triquell, 2015).
En este sentido, se reconoce su condición de registro relevante en la narrativa de la intervención, al que aporta densidad en la identificación de las secuencias de actividades realizadas, rescata los ámbitos materiales y espaciales en que se lleva a cabo y grafica las actitudes corporales y gestuales de las personas involucradas, información que tiende a ser invisibilizada o poco explicitada en los registros escritos (Augustowsky, 2017).
En el marco de la sistematización de experiencias, el proceso de análisis e interpretación de las fotografías puede caracterizarse a partir del acto mismo de fotografiar, acción que permite codificar en imágenes los conceptos y referentes de las ciencias sociales y del Trabajo Social que se encuentran presentes en el proceso de intervención social, y que son mediados por la captura fotográfica que realiza cada profesional en el contexto de su desempeño.
Puede agregarse que la fotografía enriquece las oportunidades de describir, analizar y transmitir las secuencias de trabajo y los esquemas comprensivos inferidos de la dinámica social analizada.
Así entonces, el uso de fotografías en las experiencias de sistematización aporta puntos de referencia que ilustran el detalle de las interacciones sucedidas en un proceso de intervención social, captura imágenes de situaciones sociales iniciales respecto de situaciones finales, o expone los cambios de paisajes naturales o culturales en un espacio comunitario, permitiendo representar y recrear los aspectos de la intervención...
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