Desde siempre, ha existido una conexión especial con los santos, aunque la fe y la religión no fueran el centro de la vida de muchas personas. San Pancracio, el patrono del trabajo, ha aparecido en la vida de muchos como un salvador.

El Descubrimiento de San Pancracio

En la búsqueda de un trabajo más digno, muchas personas han descubierto a San Pancracio. Imprimen su imagen y la colocan en un lugar visible, esperando su ayuda. Después de enviar muchos currículums, recurren a él como una última esperanza. Con humor y fe, invocan su nombre, y a menudo, en pocas semanas, reciben llamadas y encuentran el trabajo deseado. De eso ha pasado un buen tiempo y a todos los que se los he recomendado encuentran un trabajo mejor, es más, yo también lo invoqué hace poco y de nuevo funcionó.

Devoción Popular y Testimonios

Leticia Vera, vendedora de flores en las escaleras de la iglesia San Agustín, dice que abastece de claveles y rosas a feligreses que han encontrado trabajo, que se han sanado de cáncer y a universitarios que lograron nota máxima en su examen de grado tras encomendarse a Santa Rita de Casia, patrona de los imposibles, o a San Judas Tadeo, su versión masculina, que están dentro de ese templo, en Estado con Agustinas. Una galería de santos populares se reparten en las iglesias de la capital como mediadores de causas particulares y congregan a miles de santiaguinos. Dos ejemplos: en el caso del Santuario del Padre Hurtado los devotos pueden llegar a los 80 mil al mes, o a 70 mil, en el del Templo Votivo de Maipú.

Un empleado bancario va cada jueves, desde hace 30 años, a rezarle a San Pancracio, el patrono del trabajo.

Historia de San Pancracio

San Pancracio nació en Frigia, una antigua región de Asia Menor, en el año 289 d.C. Su padre, un noble pagano, falleció cuando Pancracio tenía solo siete años. Ambos recibieron el mensaje de Cristo gracias a un criado cristiano y se convirtieron a la fe católica. Ya bautizados, comenzaron a vivir intensamente su nueva vida, participaban en la Eucaristía y los sacramentos, compartían sus bienes materiales con la comunidad eclesial y con quienes vivían en la miseria. Cuando el emperador romano Diocleciano decretó la última persecución contra los cristianos, Pancracio fue denunciado y llevado frente a la autoridad imperial. Diocleciano mandó llamar a Pancracio y conversó largo tiempo con él, tratando de persuadirlo de que renuncie a Jesucristo.

Una vez que Pancracio llegó al lugar del martirio, se arrodilló, levantó los ojos y las manos al cielo, dando gracias al Señor porque había llegado el momento definitorio. El Papa Vitaliano envió sus reliquias desde Roma a Inglaterra como gesto de generosidad pastoral. Quería que esas tierras conserven el legado espiritual de Pancracio, empezando por los relicarios de los altares de las iglesias nuevas. San Pancracio es representado muy joven, casi niño, vestido con la túnica romana o con el traje militar y con los atributos de mártir.

San Pancracio en la Literatura Chilena

La literatura chilena ofrece ejemplos donde el personaje principal es un púgil. La novela "El púgil y San Pancracio" de Juan Uribe Echeverria (1966) presenta a Pedro Caucamán, un boxeador de María Elena, quien representa el boxeo nortino en Santiago. En la iglesia de Santo Domingo, conoce a San Pancracio y le ofrece su devoción.

La llegada de Caucamán a Santiago es contradictoria, por una parte, después de tres días de viaje en tren desde el norte de Chile llega agotado y hastiado, pero le llama poderosamente la atención la Plaza de Armas y sus alrededores, es ahí en donde se acerca a la iglesia de Santo Domingo con puente, en donde conoce al santo de las botas deportivas, San Pancracio.

Desde la ficción, esta bella novela sabe tratar la historia del boxeo nacional, el Santiago antiguo y las vicisitudes del provinciano en la Capital, pero también está llena de combates en los cuales Caucamán como un Rocky criollo, sale vencedor a duras penas, lo interesante de sus rivales ficticios es su procedencia todos vienen de clubes de larga trayectoria en Santiago, el México, Ferroviarios y los clubes “pijes” de la Universidad de Chile y Católica, incluso el épico combate contra el universitario relatado de forma magistral.

La novela es una descripción magistral del Santiago de la época, con trole buses, beatos en las iglesias santiaguinas, bohemia, púgiles que realizan el post entrenamiento en un bar. También el ir y venir de los provincianos a la capital, el Pedro Caucamán teme a los santiaguinos a quienes considera poco claros en sus intenciones, a las mismas mujeres de Santiago quienes son más orgullosas que sus patronas.

Otros Santos y sus Devociones

La lista es amplia y específica: San Pedro de Armengol intercede por los "niños problema", que son rebeldes o malos alumnos. El fraile Agustín de Fariña resuelve dudas vocacionales. Al dominico San Alberto Magno, presente en iglesias como San Vicente Ferrer o la Recoleta Dominica, le rezan estudiantes de ciencias naturales, químicos farmacéuticos y médicos. El Niño Jesús de Praga, en la parroquia del mismo nombre (Independencia), recibe ruegos por los niños menores de seis años.

Cuenta que acaba de enterarse de "novedades": "Me contaron que ahora a San Sebastián se le encomienda la venta de propiedades, y que San Pantaleón es el patrono de quienes desean dejar el cigarrillo y el alcohol. No lo sabía", explica.

Para el experto en sociología de la religión de la UC, Eduardo Valenzuela, la abundancia de santos y necesidades genera esta especialización. "Es un fenómeno que viene desde antes de La Colonia y que es semejante a la diferenciación de deidades de griegos y romanos", comenta. Y agrega que el calendario católico cuenta con multitud de santos. "Como interceden y defienden todo tipo de causas, dan espacio, incluso, para 'atender' a los delincuentes", dice, en referencia a la Virgen de Montserrat, ubicada en la iglesia La Viñita de Recoleta.

San José Obrero y la Dignidad del Trabajo

La festividad de San José Obrero recuerda a un hombre silencioso, firme y trabajador, como lo describe el Papa Francisco. José encarna el valor del trabajo como vocación y servicio. En el taller familiar, enseñó a Jesús no solo a trabajar con las manos, sino a comprender el sentido profundo del esfuerzo. El Papa Francisco ha resaltado que, aunque muchos no reconozcan a José en su época, su legado se extiende en cada acción que defiende la dignidad humana.

El Papa Pío IX, en 1847, estableció para la Iglesia universal la celebración de San José como patrono de los trabajadores, fijándola para el tercer domingo de Pascua. León XIII, en su encíclica Quamquam pluries, resaltó el papel del trabajo en la vida de San José y su ejemplo para los trabajadores.

El trabajo dignifica la persona, es siempre oportunidad de crecer y de experimentar el sentido que tiene la vida, el trabajo nos hace mejores personas, hace también que nuestros países crezcan y sean el hogar de todos los que en ese territorio se acoge.

Mandas y Promesas: Una Reflexión sobre la Fe Popular

En el lenguaje religioso católico se habla de votos, promesas y mandas. Los votos son promesas formales, privadas o públicas. Los votos son propios de la vida consagrada, particularmente, los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Las promesas, en general, tienen un carácter amplio y abarcan distintos aspectos, ya sea del ámbito público o privado. La manda es una promesa que suele estar relacionada con la piedad popular o con las peregrinaciones; puede tener carácter penitencial, de petición de un favor o de agradecimiento por una gracia concedida, según los casos.

Generalmente, la manda refleja la fe humilde y confiada de quien la hace, pero en ocasiones, también se observa cierta superstición, magia, ignorancia religiosa o vana credulidad. En resumen, podemos decir que la manda (promesa propia de la piedad popular) es una oración de petición, reforzada por una decisión que compromete para el presente y el futuro la voluntad del promesante delante de Dios con un ofrecimiento de dones o sacrificios, a manera de acción de gracias y de reconocimiento por el favor concedido.

Las Promesas en el Antiguo Testamento

En el AT: Las promesas están estrechamente asociadas a la oración cuya influencia sobre la divinidad tienden a reforzar. Se trata de promesas por las que alguien con el fin de obtener un favor divino, se compromete voluntariamente para con Dios en algo, especialmente en los momentos difíciles.

La Promesa y la Oración

La promesa y la manda están profundamente arraigadas en la práctica religiosa de nuestro pueblo latinoamericano. La oración supone tener fe en un Dios personal que nos conoce. No es hablar con una idea, o una fuerza impersonal que me puede socorrer, sino un encuentro con una persona. Se trata de una fe en la presencia real y activa de Alguien que se revela y nos invita a entrar en un diálogo con El. La oración cristiana es realizada por el Espíritu que ora en nosotros. Toda oración cristiana, de cualquier tipo, alcanza su culminación en Cristo, el cual llama a Dios “Padre”, de forma única (Mc 14, 36). Dios Padre se nos ha hecho visible y cercano en la persona de Jesús, que es el “Dios con nosotros”. Y el Espíritu es quien nos permite exclamar “Abba, Padre”.

A partir del nuevo culto que Jesús instaura, hay también muchas pistas orientadoras para la oración y los sacrificios, que nos sirven para mejor comprender la manda o promesa. La oración implica una creencia absoluta en su eficacia (Mc 11, 24). Además, exige el perdón de las injurias recibidas, fruto de la misma oración (Mc 11,25).

Aspectos Positivos de la Manda

En ella el creyente decide según la propia conciencia un tipo de relación con Dios, la Virgen o los santos. Supone una relación de amorosa confianza en la providencia de Dios que se preocupa de sus hijos, especialmente de los pobres y sufridos. Refleja la sabiduría popular, guiada por la fe cristiana, aunque no siempre perfecta y madura, que permite al pueblo creyente profundizar en el contenido de su oración de petición. Mediante la promesa la persona hace una síntesis vivencial de las verdades que cree integrándolas con los problemas cotidianos que vive (dinero, trabajo, salud, familia, etc). Algunas mandas, por el contenido de la promesa y el compromiso que encierran, ofrecen a los fieles la oportunidad de tener un contacto con la Iglesia Católica, de la que se sienten parte.

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