En España, más de 500.000 personas se dedican al trabajo doméstico, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Nacional de Estadística. La mayoría, más del 80 %, son mujeres: se trata de un sector tradicionalmente feminizado en el que al menos 200.000 trabajadoras no están dadas de alta en la Seguridad Social, según estiman desde los sindicatos.
Ahora bien, estén o no dadas de alta en la Seguridad Social, en España ninguna de ellas tiene acceso a paro, pese a estar amparadas desde 2011 por un convenio internacional, el 189 de la OIT.
La Informalidad Laboral a Nivel Global y en Latinoamérica
Según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 81,2 % de quienes ejercen el trabajo doméstico en el mundo tienen un empleo informal. En Latinoamérica la situación no es distinta. Sin embargo, esto «no necesariamente implica el acceso a todos los derechos y garantías en igualdad de condiciones» frente a otro tipo de trabajadores.
Y eso lo sabe bien Andrea Londoño, directora de la Fundación Hablemos de Trabajo Doméstico de Colombia, donde el 7 % de la población ocupada es trabajadora doméstica. «En 2012 existía una informalidad laboral del 85 %. Es decir, solo una y media de cada diez trabajadoras domésticas en Colombia tenía su esquema de seguridad social completo: recibía un salario mínimo, se le cumplía su jornada laboral y estaba afiliada al sistema de Seguridad Social.
«Siendo un poco optimistas podríamos decir que ha mejorado dos o tres puntos. Legislativamente estamos bien, pero en la práctica seguimos mal.
La Situación en Argentina: Precariedad y Falta de Derechos
En Argentina, el panorama es aún más precario. Matías Isequilla, asesor legal de la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Afines (ATHA), cuenta que el millón y medio de trabajadoras que hay en el país vive una situación «históricamente complicada».
«El 65 % no terminaron la educación secundaria y tienen más de 40 años. Además, el 75 % de las trabajadoras de casas particulares gana menos del salario mínimo vital.
«Se legisló manteniendo la exclusión de las trabajadoras del hogar del régimen general laboral. Tienen muchos menos derechos en materia de seguridad social, de jubilación, en materia de asignaciones familiares. No tienen prestación frente al desempleo. Este es un gravísimo problema», alerta.
Además, dice Isequilla, la vulnerabilidad aumenta porque es un trabajo «durísimo». «Ya sea tener que limpiar una casa, agacharse, levantar camas, mesas, sillas, estar doblado, fregando, limpiando, fregando ropa, lavando platos.
Impacto de la Pandemia y Discriminación en Ecuador
En Perú siete de cada diez (72,1 %) trabajadoras del hogar perdieron su empleo durante los meses más duros de la pandemia, en 2020. «Hemos vivido una situación muy difícil y cada vez es más complicado conseguir un trabajo.
Asegura que «las pocas compañeras» que aún siguen trabajando lo hacen por mucho menos que el sueldo básico (425 dólares) debido a la «desesperación» por tener algo de dinero para darle de comer a su familia.
Salazar también denuncia que los empleadores ecuatorianos prefieren contratar a mujeres extranjeras para precarizarlas aún más, desconociendo que ellas «tienen los mismos derechos» que las nacionales.
«Hay unos imaginarios en los que tenemos que trabajar con campañas permanentes para cambiar estas creencias que nos dicen que las mujeres lavamos mejor los platos o que damos mejor tetero que los hombres, como si esto fuera un asunto de nuestra biología.
Acoso, Violencia y la Agenda del Feminismo
En Argentina, en cambio, Matías Isequilla lamenta que este tema esté «fuera de la agenda del feminismo hegemónico». «El Ministerio de las Mujeres directamente declina su intervención respecto de este colectivo diciendo que es un problema laboral y que vayamos a hablar al Ministerio de Trabajo.
Denuncia que tiene compañeras que han sido acosadas y «hasta violadas» en sus lugares de trabajo. «Hay que seguir en la lucha para bajar ese índice de acoso y violencia hacia las mujeres, y también la discriminación por etnia y por todo.

