Actualmente existe a nivel social y político una polémica en torno a la seguridad de los cultivos transgénicos y sus alimentos derivados, sin embargo, a nivel científico no existe polémica o controversia respecto a la seguridad de este tipo de cultivos.

Evidencia Científica sobre la Seguridad de los Transgénicos

Estrictamente hablando, no se puede emitir un juicio sobre los cultivos transgénicos o sus alimentos derivados, en general, igual que no se puede, por ejemplo, emitir un juicio sobre los medicamentos. Cada organismo transgénico es evaluado individualmente para verificar su seguridad para el consumo humano y para el medio ambiente.

A la fecha, más de 2000 estudios científicos han evaluado la seguridad de estos cultivos a nivel de salud humana e impacto ambiental, y estos, junto a diversas revisiones caso a caso de agencias regulatorias alrededor del mundo, han permitido establecer un consenso científico sólido y claro: los cultivos transgénicos no presentan mayor riesgo que los que han sido desarrollados por técnicas de mejoramiento convencional.

El consenso científico es que los alimentos derivados de cultivos transgénicos son seguros y que no se ha documentado ningún caso de efectos adversos en la salud en la población humana y a su vez estos cultivos son más amigables con el medio ambiente, algo en lo que coinciden las principales asociaciones científicas, como PNAS, la Academia Nacional de Ciencias, la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, la Asociación Médica Americana, la Comisión Europea o la Royal Society of Medicine.

En total, más de 270 instituciones científicas y organizaciones han reconocido la seguridad de los cultivos transgénicos y sus potenciales beneficios. Hasta la fecha en la literatura científica no se ha documentado ningún efecto perjudicial por consumo de transgénicos.

Según la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, “los alimentos derivados de organismos transgénicos no representan un peligro mayor que los mismos cultivos obtenidos por técnicas convencionales de mejoramiento”. La Asociación Médica Americana, las Academias Nacionales de la Ciencia y la Sociedad Real de Medicina han declarado que no se ha informado en la literatura científica de ningún efecto para la salud en la población humana por el consumo de transgénicos.

En 2004 se publicó el informe del Grupo de Trabajo 1 del proyecto ENTRANSFOOD, compuesto por científicos y financiado por la Unión Europea para identificar los prerrequisitos necesarios para introducir productos biotecnológicos agrarios en el mercado de manera aceptable para la sociedad. En este informe, se concluía que “los métodos existentes para la evaluación de la seguridad de los organismos genéticamente modificados (GMOs) son eficientes y garantizan que los alimentos GM que han pasado estas pruebas son tan seguros y nutricionales como los alimentos convencionales”.

En 2010, el Directorio General para la Investigación y la Innovación de la Comisión Europea emitió un informe en el que se aseguraba que “La principal conclusión obtenida de los esfuerzos de más de 130 proyectos de investigación, cubriendo un periodo de más de 25 años de investigación e involucrando a más de 500 grupos de investigación independiente, es que la biotecnología, y en partículas los OGM no son per se más peligrosos que, por ejemplo, las técnicas convencionales de cruce de plantas”.

Impacto Ambiental de los Cultivos Transgénicos

Los cultivos transgénicos se plantan en condiciones muy similares a las de los cultivos convencionales. Interaccionan directamente con los organismos que se alimentan en los cultivos e indirectamente con otros organismos de la cadena alimentaria. El polen se esparce en el medio ambiente de la misma manera que el de los cultivos convencionales. Esto ha hecho que surja la preocupación sobre los efectos de los OGM en el medio ambiente.

Entre los posibles efectos se incluyen el flujo genético y la aparición de resistencias a pesticidas.

Una de las aplicaciones más comunes de las modificaciones genéticas es el control de insectos plaga mediante la expresión de los genes cry (crystal delta-endotoxin) y vip (vegetative insecticidal proteins) de la bacteria Bacillus thuringiensis (Bt). Estas proteinas Bt han sido usadas en aspersión desde 1938 sin que se hayan observado efectos perjudiciales. La proteína cry afecta selectivamente a lepidópteros (polillas). Su mecanismo de acción se basa en su unión a receptores específicos de las células epiteliales del tracto digestivo medio del insecto plaga, provocando su ruptura.

Cualquier organismo que no tenga estos receptores resulta inmune a la acción de esta proteína y no es afectado por el Bt. Las agencias regulatorias evalúan el potencial de las plantas transgénicas de afectar a organismos aparte del objetivo antes de aprobar su uso comercial.

Pesticidas y Herbicidas

Una de las ventajas del uso de ciertos cultivos transgénicos es la reducción en el uso de pesticidas y herbicidas. El uso de cultivos resistentes al herbicida glifosato ha reducido el uso de herbicidas más tóxicos y con mayor permanencia en el medio ambiente como la atracina, metribucina o el alacloro, reduciendo el riesgo de contaminación de acuíferos (Shipitalo et al., 2008).

El uso de cultivos transgénicos con el gen Bt reduce la necesidad de pesticidas convencionales (Marvier et al., 2007). Entre 1996 y 2013, el uso de cultivos transgénicos permitió una reducción global en el uso de pesticidas de 553 millones de kilos de ingrediente activo, una disminución del 8,6% (Brookes & Barfoot 2015). Si en la Unión Europea el 50% de los cultivos fueran transgénicos, se estima que se dejarían de usar 14.5 millones de kilos de pesticidas y se produciría un ahorro de 20.5 millones de litros de diésel, lo que reduciría las emisiones de CO2 a la atmósfera en 73.000 toneladas (Phipps & Parks 2002).

Sin embargo las especies evolucionan de forma natural para adaptarse a los nuevos ambientes, y se han detectado insectos plaga resistentes a cultivos que sólo expresan un gen cry (Bt).

Para contrarrestar estas adaptaciones se han desarrollado cultivos que expresan más de un gen Bt, que se dirigen a más de un receptor en los insectos, dificultando la aparición de individuos resistentes.

Efectos Económicos de los Transgénicos

Las ventajas económicas derivadas de la producción de alimentos transgénicos ha sido uno de los puntos fuertes de la expansión de esta tecnología. Una de las razones clave para la adopción de cultivos transgénicos por parte de los agricultores es la percepción de los beneficios económicos que les puede traer, incluso a agricultores de naciones en desarrollo.

Un estudio exhaustivo de 2012 de PG Economics, concluyó que los cultivos transgénicos incrementaron los ingresos de los agricultores globalmente en 14.000 millones de dólares en 2010, con casi la mitad de este total yendo a los agricultores de países en desarrollo (Brookes & Barfoot 2012; ver sección beneficios).

Suicidios en la India

Desde finales de los años 1990 y hasta el 2013, se han publicado varios artículos llamando la atención sobre el alto número de suicidios entre agricultores indios endeudados. De hecho, 290000 agricultores se suicidaron entre 1995 y 2011. Algunos estudios remontan este incremento de suicidios a principios de los años noventa.

No está clara la causa de este alto índice de suicidios aunque existen estudios que apuntan a las sequías y, en general, a la mala situación económica y la ausencia de políticas de protección social por parte del Estado.

Aunque algunos grupos han responsabilizado al aumento de producción transgénica en la India de este hecho, normalmente se han basado en malas interpretaciones estadísticas o en que las semillas cosechadas no pueden ser sembradas porque carecen de vigor. La conexión entre OGM y los suicidios se considera normalmente desacreditada. De hecho, la ola de suicidios es anterior a la introducción del algodón Bt en la India en 2002 y las causas son principalmente socio-económicas.

Análisis estadísticos de los datos proporcionados por el gobierno indio (publicados en Nature) llevan a la conclusión de que la introducción del algodón transgénico en el 2003, no impactó en el número de suicidios.

Etiquetado de Alimentos Transgénicos

La polémica sobre los transgénicos también se traslada a la obligación o no de etiquetar los alimentos que contengan algún componente derivado de cultivos transgénicos. En este aspecto, la legislación varía según los países. En Estados Unidos y Canadá no es necesario este etiquetado, pero sí en la Unión Europea, Japón y Australia.

Este etiquetado requiere la separación de los componentes transgénicos y no transgénicos durante su producción pero también durante el procesado subsiguiente, lo que exige un cuidadoso seguimiento de su trazabilidad.

Organismos científicos como la Asociación Médica Estadounidense (AMA) o la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS) se han opuesto al etiquetado obligatorio de los productos modificados genéticamente porque consideran que no hay ninguna evidencia de daños potenciales.

Según la AMA, incluso el etiquetado voluntario de los transgénicos es engañoso a menos que esté acompañado de una educación enfocada al consumidor. La AAAS ha declarado que el etiquetado obligatorio «solo puede servir para confundir y alarmar infundadamente al consumidor».

Otros organismos como la Asociación Estadounidense de la Salud Pública (APHA), o la Asociación Médica Británica (BMA) apoyan el etiquetado obligatorio.

Países netamente exportadores como los Estados Unidos han adoptado estrategias de etiquetado voluntario, mientras que algunos importadores han adoptado legislaciones que obligan al etiquetado.

Propiedad Intelectual y Cultivos Transgénicos

Un argumento frecuentemente esgrimido en contra de los cultivos transgénicos es el relacionado con la gestión de los derechos de propiedad intelectual que obligan al pago de regalías por parte del agricultor al mejorador. Asimismo, se alude al uso de estrategias moleculares que impiden la reutilización del cultivo, es decir, el empleo de parte de la cosecha para cultivar en años sucesivos.

Un ejemplo conocido de este último aspecto es la tecnología Terminator, englobado en las técnicas de restricción de uso (GURT), desarrollada por el Departamento de Agricultura de EE.UU. y la Delta and Pine Company en la década de 1990 y que aún no ha sido incorporada a cultivares comerciales, y por supuesto no está autorizada su venta. La restricción patentada opera mediante la inhibición de la germinación de las semillas, por ejemplo.

Cabe destacar que el uso del vigor híbrido, una de las estrategias más frecuentes en mejora vegetal, en las variedades no transgénicas también imposibilita la reutilización de semillas debido a la biología de los cultivos. Este procedimiento se basa en el cruce de dos líneas puras que actúan como parentales, dando lugar a una progenie con un genotipo mixto que posee ventajas en cuanto a calidad y rendimiento.

Debido a que la progenie es heterocigota para algunos genes, si se cruza consigo misma da lugar a una segunda generación muy variable por simple mendelismo, lo que resulta inadecuado para la producción agrícola.

En cuanto a la posibilidad de patentar las plantas transgénicas, éstas pueden no someterse a una patente propiamente dicha, sino a unos derechos del obtentor, gestionados por la Unión Internacional para la Protección de Nuevas Variedades de Plantas (UPOV). Para la UPOV en su revisión de 1991, la ingeniería genética es una herramienta de introducción de variación genética en las variedades vegetales.

Normativa en Chile

En nuestro país está prohibida la producción de cultivos transgénicos para consumo nacional. Así lo establece el Servicio Agrícola y Ganadero, SAG, sobre normas para la internación e introducción al medio ambiente de organismos vegetales vivos modificados de propagación(semilla).

A ello se suma la ley Bases del Medio Ambiente (ley N¦ 19.300) que obliga a Evaluación de Impacto Ambiental a las actividades o proyectos en que se liberen organismos genéticamente modificados, o transgénicos, al medio ambiente.

Las regulaciones vigentes permiten importar semilla para su multiplicación y posterior exportación, así para su comercialización en el mercado interno, uso industrial, ni para consumo animal o humano.

Los alimentos transgénicos pueden ser clasificados en dos grupos: los que llegan a la mesa del consumidor en su forma original (alimentos frescos), y los que son utilizados como materia prima para elaborar otros alimentos (un buen ejemplo es la soya importada).

A diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo como Europa, donde se exige etiquetado a los alimentos que contengan a lo menos un 0,9% de organismos genéticamente modificados; en Chile no es posible saber qué alimentos contienen esos elementos.

El Dr. Riegel opina que la normativa chilena es insuficiente. “Actualmente hay muchos vacíos legales, las responsabilidades no están claras entre el Ministerio de Salud y el de Agricultura. Además los controles son nulos. Es decir, las pocas leyes que hay no se están cumpliendo como deberían”.

Producción y Exportación de Semillas Transgénicas en Chile

Chile es una país clave para proveer semillas transgénicas de contraestación a países del hemisferio norte. En el país está permitido y regulado el uso de cultivos transgénicos para la producción de semillas con fines de exportación, destinados principalmente como servicios de contraestación, y la reproducción controlada de semilla para fines de investigación y ensayos de campo.

La evolución de la superficie sembrada con semillas transgénicas en Chile varía según la demanda de los mercados de destino de la semilla transgénica producida. Si países del hemisferio norte como EEUU tienen una temporada con altos rendimientos de producción agrícola, entonces las compañías solicitarán una menor cantidad de semillas a los países del hemisferio sur que los abastecen en periodos de contraestación.

Por el contrario, cuando factores ambientales como la sequía y por su parte el ataque de los insectos plaga afectan negativamente los rendimientos de producción agrícola, entonces la demanda de producción de semillas transgénicas en países como Chile aumenta. La producción de semillas transgénicas en Chile alcanzó su máximo nivel en la temporada 2012/2013 sobrepasando las 35.500 hectáreas.

Las principales semillas transgénicas producidas en Chile son el maíz transgénico, la canola y la soja. En la temporada 2017/2018 de la superficie total de semilleros transgénicos en el país (13.900 hectáreas) el 56% correspondió a semilleros de maíz, el 27% a semilleros de canola y el 17% a semilleros de soja. Otras semillas transgénicas que se sembraron en el país correspondieron a semillas de mostaza, tomate, y vid, las cuales en total representaron el 0,008% de la superficie total de semilleros transgénicos.

La importancia de Chile como productor de semillas se debe a que la mayoría de los consumidores se encuentran en el hemisferio norte y la diferencia de estación en el hemisferio sur permite abastecer los déficits de producción en la época de contra estación. Mientras en el sur se cosecha en primavera-verano, en el hemisferio norte se encuentran en otoño-invierno.

Por otro lado, los programas de mejoramiento genético del hemisferio norte cosechan nuevas líneas y mandan las semillas a países como Chile para realizar pruebas de campo de contra estación. De esta manera se avanza más rápido en el desarrollo de las nuevas variedades que los agricultores requieren.

En la temporada 2016/2017 industria semillera chilena totalizó exportaciones (exportaciones físicas de semillas + servicios de investigación y desarrollo) por US$ 338.5 millones. De éstos, US$ 71 millones, equivalentes al 21% del total de las exportaciones, correspondió a exportaciones de semillas transgénicas. A su vez, US$ 21,5 millones, equivalentes al 6,4% del total de las exportaciones correspondió a servicios de investigación y desarrollo con semillas de tipo transgénicos en Chile.

Investigación en el Desarrollo de Cultivos Transgénicos en Chile

La mayoría de los estudios desarrollados en Chile se han centrado en algunas especies forestales (pinos, eucaliptos, álamos) y en algunas especies agrícolas (papas, melones, uvas, cerezas y duraznos).

Treinta y dos proyectos de investigación con cultivos transgénicos han sido financiados por agencias públicas en Chile desde 1991, con una inversión pecuniaria total de US $ 16.2 millones (ver tabla). Este monto no considera contrapartidas privadas (pecuniarias o no pecuniarias). El INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias) lidera este ranking, con 16 proyectos de investigación y una inversión total de US $ 8,3 millones, que corresponde al 51,4% de la inversión total.

Otras ocho instituciones de investigación han obtenido financiamiento: seis universidades y dos centros de investigación (CEAZA y Fundación Chile). Estos 32 proyectos de investigación involucran al menos doce especies de plantas diferentes, incluida la uva de mesa (7 proyectos), la papa (4 proyectos), carozos (melocotón, ciruela, cereza; 4 proyectos), entre otros. A su vez, se han aprobado 6 proyectos de investigación en árboles (3 en Eucalyptus y otros 3 en Pinos).

Diecisiete de estos proyectos están relacionados para mejorar la resistencia a distintos tipos de estrés biótico, como enfermedades virales, bacterianas y fúngicas. Otros nueve proyectos tuvieron como objetivo desarrollar tolerancia a estrés abiótico como sequía, salinidad y frío). Dos proyectos fueron concebidos para obtener características demandadas por los consumidores como mejorar el dulzor en manzanas y generación de uvas sin semillas. Otros 2 proyectos se han relacionado con biofortificación (aumento contenido de vitamina A en manzanas y carotenoides en canola) y 1 proyecto tuvo como objetivo generar pinos tolerantes a herbicidas (ver tabla).

En el período 1991-2000 sólo se desarrollaron 8 proyectos de investigación, mientras que 21 comenzaron entre 2001 y 2010.

Vale la pena señalar que 16 proyectos de investigación han sido financiados por programas del Ministerio de Educación de Chile (FONDEF, FONDECYT y CONICYT),14 por el Ministerio de Economía (CORFO) y 2 por el Ministerio de Agricultura (FIA).

Finalmente, se han implementado dos consorcios empresariales de investigación tecnológica para mejorar la producción frutícola, un sector clave para las exportaciones agrícolas chilenas. Ambos se centran en la genómica y el mejoramiento genético en carozos y vides.

Sistema Regulatorio en el Sector Silvoagropecuario

En el sector silvoagropecuario, el Ministerio de Agricultura ha autorizado la multiplicación de material vegetal genéticamente modificado de propagación (semillas), previa evaluación caso a caso y cumpliendo las medidas de bioseguridad establecidas por la autoridad. Después de una serie de modificaciones realizadas a la normativa desarrollada en el país desde el año 1992, fecha de la primera solicitud de internación, actualmente son tres las resoluciones que regulan los OGM en el sector silvoagropecuario:

  • La Resolución Exenta Nº 1523 del año 2001, que establece normas para la internación e introducción al medio ambiente de organismos vegetales vivos modificados de propagación (OVVM). Ésta abarca importación; multiplicación en campo; cosecha; exportación de la producción, medida de resguardo para los remanentes, subproductos y desechos.
  • La Resolución Exenta Nº 3970 del año 1997, que establece autorización para consumo animal de maíz genéticamente modificado o GM con modificaciones para resistencia a insectos (Bt), a glufosinato de amonio (Basta) y a glifosato (Roundup).
  • La Resolución Exenta Nº 3136 del año 1999, que establece normas generales de bioseguridad para los productos farmacéuticos de uso veterinario desarrollados mediante procesos biotecnológicos y que contienen OGM.

Por otra parte, la Ley de Bases del Medio Ambiente N° 19.300 modificada por la ley 20.417 de 2010 establece que los proyectos de desarrollo, cultivo o explotación, en las áreas mineras, agrícolas, forestales e hidrobiológicas que utilicen organismos genéticamente modificados con fines de producción y en áreas no confinadas, es decir que no cuenten con medidas que eviten polinización cruzada con otros cultivos, deben someterse a una Evaluación de Impacto Ambiental. Esto implica que actividades agrícolas distintas a la producción de semillas y actividades de investigación de camo deben someterse a esta Ley.

A comienzos del 2007, en el marco del Reglamento Sanitario de los Alimentos, se dictó la Norma Técnica Administrativa sobre incorporación a nómina de eventos biotecnológicos en alimentos de consumo humano (Norma n°83), la que pretende el adecuado registro en una nómina de productos y componentes asociados a los alimentos que hayan sido originados por medio de la biotecnología moderna. Es decir, se pretende generar una lista de alimentos GM evaluados y autorizados para consumo humano, para la eventualidad que se apruebe el consumo de estos alimentos en Chile.

Con el objeto de asegurar condiciones de inocuidad y características nutricionales, se determinó un procedimiento basado en el conocimiento científico actualmente aceptado, homologado con los Principios y Directrices de la Comisión del Codex Alimentarius para alimentos obtenidos por medios biotecnológicos.

Estas normas consignan la responsabilidad del Instituto de Salud Pública como organismo evaluador, el que deberá recomendar al Ministerio de Salud incorporar o no un determinado evento a la nómina, se basa en el trabajo de un comité que deberá evaluar diferencias y similitudes entre un alimento genéticamente modificado y su homólogo convencional. Entre las dimensiones nutricionales y de inocuidad a evaluar, se debe determinar toxicidad, efectos agudos, alergenicidad y efectos a largo plazo.

Institucionalidad en Chile

El Ministerio de Agricultura propone la política sectorial sobre OGM, con consulta a los diferentes actores. Por su parte, el Servicio Agrícola y Ganadero, SAG, servicio dependiente del Ministerio de Agricultura, tiene la facultad de regular los OGM a través de la aplicación del Decreto Ley N° 3.557/82, de Protección Agrícola, y sus modificaciones Ley N° 18.755/89, Ley N° 19.558/98 y Ley N° 20.161/07.

El SAG, a través de la Resolución Exenta N° 6966 del año 2005, crea el Comité Técnico de OGM y su Secretaría Técnica. Esta última, conformada tanto por expertos del SAG, como por asesores externos, es la responsable de realizar los análisis de riesgo caso a caso.

Inversión en proyectos de investigación con cultivos transgénicos en Chile (1991-2010)

Institución Número de Proyectos Inversión Total (USD)
INIA (Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias) 16 8,300,000
Universidades y Centros de Investigación 16 7,900,000
Total 32 16,200,000

Superficie de semilleros transgénicos en Chile por tipo de semilla (Temporada 2017/2018)

Tipo de Semilla Transgénica Porcentaje de la Superficie Total
Maíz 56%
Canola 27%
Soja 17%
Otras (Mostaza, Tomate, Vid) 0.008%

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