La presente corresponde a una entrevista realizada, milagrosamente, a Ítalo Calvino después de su muerte. Se desarrolló en un cementerio de Italia que no precisaremos para tranquilidad de su alma interrumpida por numerosos visitantes cada año. Por disposición del entrevistado, se realizó en sucesivas tres noches para abordar las correspondientes tres propuestas que forman parte de sus conferencias en la Universidad de Harvard y que no pudo leer personalmente.
Levedad: Un Valor Literario
Calvino: Te rogaría evitaras el “don”. Creo que esa formalidad, a esta altura de mi vida (sic), me confiere un peso insoportable. Respecto a tu pregunta, diría que mi operación ha consistido las más de las veces en sustraer peso. He tratado de quitar peso a las figuras humanas, a los cuerpos celestes, a las ciudades.
Calvino: Así es, pero existen ejemplos mejores. Pensaba más bien en el mito de Perseo y la Medusa. Para cortar la cabeza de la Medusa sin quedar petrificado, Perseo se apoyó en lo más leve que existe: los vientos y las nubes. Luego, Perseo consigue dominar ese rostro temible manteniéndolo oculto, así como lo había vencido antes, mirándolo en el espejo. La fuerza de Perseo está siempre en un rechazo de la visión directa.
Podemos aprender más de Perseo y la Medusa leyendo a Ovidio en Las Metamorfosis, donde se cuenta la anécdota de cuando Perseo coloca la cabeza cortada de la Medusa sobre una capa de hojas, boca abajo para así él lavarse las manos. Me valgo del mito porque es difícil para un novelista representar su idea de la levedad con ejemplos tomados de la vida contemporánea si no se la convierte en el objeto inalcanzable de una búsqueda infinita. Ahí está el caso de Milan Kundera con su novela La insoportable levedad del ser. En ella nos demuestra cómo en la vida todo lo que elegimos y apreciamos por ser leve, no tarda en revelar su propio peso insoportable.
En momentos en que el reino de lo humano me parece condenado a la pesadez, pienso que debería volar como Perseo a otro espacio. No hablo de fugas al sueño de lo irracional. Calvino: Si la literatura no basta para asegurarme que no hago sino perseguir sueños, busco en la ciencia alimento para mis visiones, en las que toda pesadez se disuelve…Ahí están los ejemplos del ADN, los impulsos de las neuronas, los quarks, la idea del software que sostiene al hardware. Por otra parte, la poesía de lo invisible, la poesía de las infinitas potencialidades, así como la poesía de la nada, nacen de un poeta que no tiene dudas sobre la fisicidad del mundo.
Me parece que empieza a precisarse el concepto de levedad. Espero haber demostrado que existe una levedad del pensar, así como existe una levedad de lo frívolo; más aún, la levedad del pensar puede hacernos pesada y opaca la frivolidad. Como en el cuento del Decameron donde aparece el poeta Guido Cavalcanti, quien ante el acoso de un grupo de jóvenes florentinos que se burlan de sus cavilaciones filosóficas, él los elude saltando por encima de un sarcófago.
Hay además invenciones literarias que se imponen a la memoria más por la sugestión verbal que por las palabras. Ejemplo obligado aquí es la escena cuando Don Quijote queda atrapado entre las aspas de los molinos de viento.
La Velocidad en el Pensamiento y la Literatura
Calvino: Ya veo, aunque permítame no adherir de inmediato a su propuesta pues tendría que pensarla con detenimiento. En mi análisis de levedad, Cyrano figura sobre todo por la manera, en que antes que Newton, sintió el problema de la gravitación universal; o mejor, el problema de cómo sustraerse a la fuerza de la gravedad. La imaginación del siglo XVIII abunda en figuras suspendidas en el aire. No en vano a comienzos de ese siglo la traducción francesa de las Mil y una noches por Antoine Galland abrió a la fantasía occidental los horizontes de lo maravilloso oriental: alfombras voladoras, caballos voladores, genios que salen de lámparas. Piénsese también en el barón Münchausen o en Giacomo Leopardi.
Calvino: Lo entiendo, pero no podré complacerlo. El espíritu de estas conferencias no es concluir algo. Son más bien puntos de partida más que de llegada a alguna parte. Sigo entonces. Acostumbrado a considerar la literatura como búsqueda de conocimiento para moverme en el terreno existencial, necesito considerarla extensiva a la antropología, a la etnología, a la mitología. A la precariedad existencial de la tribu -sequías, enfermedades, influjos malignos- el chamán respondía anulando el peso de su cuerpo, transportándose en vuelo a otro mundo, a otro nivel de percepción donde podía encontrar fuerzas para modificar la realidad. Creo que este nexo entre levitación deseada y provocación padecida es una constante antropológica. Este dispositivo antropológico es lo que la literatura perpetúa.
He hablado del chamán y del héroe del cuento popular, de la privación padecida que se transforma en levedad y permite volar al reino donde toda carencia será mágicamente satisfecha. He hablado de las brujas que volaban en humildes utensilios domésticos como puede ser un cubo. Pero el héroe de este cuento de Kafka no parece dotado de poderes chamánicos, ni parece que en el reino allende las Montañas de Hielo vaya a llenarse el cubo vacío. Así entonces, montados en nuestro propio cubo, nos asomaremos al próximo milenio, sin esperar encontrarnos nada más que aquello que seamos capaces de llevar.
Es la segunda jornada de conversación con Calvino y esta vez ya no me pierdo entre las tumbas y mausoleos. Llego de una vez al lugar acordado donde me espera con puntualidad. No lo veo por cierto, pero la noche anterior aprendí a intuirlo.
Calvino: Debería comenzar contando una vieja leyenda, la de Carlomagno escrita por Barbey d’Aurevilly, pero la asumo conocida por sus lectores. Hay también allí un vínculo verbal y un vínculo narrativo. Hay la carrera del deseo hacia un objeto que no existe, una ausencia, una carencia, simbolizada por el círculo vacío del anillo. El verdadero protagonista del relato es, pues, el anillo mágico, porque son los movimientos del anillo los que determinan los movimientos de personajes y establece la relación entre ellos. Desde el momento en que un objeto aparece en una narración, se carga de una fuerza especial, se convierte en algo como el polo de un campo magnético, un nudo en una red de relaciones invisibles.
Calvino: Decía que la leyenda de Carlomagno tiene toda una tradición en la literatura italiana que incluye a autores como Petrarca, Sebastiano Erizzo, Giuseppe Betussi y Gaston Paris en la tradición medieval alemana. Pero yo sigo prefiriendo la versión que le conté porque los acontecimientos, independientes de su duración, se vuelven puntiformes, ligados por segmentos rectilíneos, en un dibujo en zigzag que corresponde a un movimiento sin pausa. La leyenda de Carlomagno tiene eficacia narrativa porque es una sucesión de acontecimientos que se responden como rimas en un poema.
Calvino: Si, pero eso es anecdótico. El tema que aquí nos interesa no es la verdad física, sino la relación entre velocidad física y velocidad mental. Y aquí recojo a Galileo con su idea del discurrir. Discurrir es como correr.
Calvino: Qué afán el suyo por las conclusiones y definiciones. Pero aun así lo entiendo y en parte lo voy a complacer. En una época en que triunfan otros Media velocísimos y de amplísimo alcance, y en que corremos el riesgo de achatar toda comunicación convirtiéndola en una costra uniforme y homogénea, la función de la literatura es la de establecer una comunicación entre lo que es diferente en tanto diferente sin atenuar la diferencia sino exaltándola, según la vocación propia del lenguaje escrito. Pero a la vez digo (no defino ni concluyo) que un razonamiento veloz no es necesariamente mejor que uno ponderado. Cada uno de los valores que escojo como tema de mis conferencias no pretende excluir el valor contrario. Para dar fe de ello, me referiré ahora a la digresión. Y quiero citar el caso de Laurence Stern cuyo aporte fue la novela hecha toda de digresiones. La digresión es una estrategia para aplazar la conclusión, una multiplicación del tiempo en el interior de la obra, una fuga perpetua. ¿Fuga de qué? De la muerte seguramente, dice Carlo Levi.
Calvino: Y creo que usted le hace honor a la frase. Yo en cambio, desde mi juventud, elegí la antigua máxima latina Festina lente, “apresúrate despacio”. Desde que empecé a escribir, he tratado de seguir el recorrido fulmíneo de los circuitos mentales que capturan y vinculan puntos alejados en el espacio y en el tiempo.
Brevedad y Concentración en la Literatura
Calvino: Si, aunque yo prefiero aludir al caso de la literatura norteamericana siempre viva en tradición de short stories. Diré incluso que entre ellas se encuentran sus joyas insuperables. La última gran invención de un género literario a que hayamos asistido es obra de este maestro de la escritura breve, Jorge Luis Borges. Y consistió en la invención de sí mismo como narrador, el huevo de Colón que le permitió superar el bloqueo que, hasta los 40 años, le había impedido pasar de la prosa ensayística a la prosa narrativa.
En los tiempos cada vez más congestionados que nos aguardan, la necesidad de literatura deberá apuntar a la máxima concentración de la poesía y del pensamiento. Como el cuento de Augusto Monterroso: “cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Calvino: Más que en Dios creo en los dioses. Y particularmente en el dios de la comunicación y las mediaciones: Hermes-Mercurio. Mercurio, el de los pies alados, leve y aéreo, hábil y ágil, establece las relaciones de los dioses entre sí y de ellos con los hombres, entre las leyes universales y las individuales, las fuerzas de la naturaleza y de la cultura, entre todos los objetos del mundo y los sujetos pensantes.
Calvino: Mi culto a Mercurio corresponde quizá solo a una aspiración, a un querer ser. Soy un saturnino que sueña con ser mercurial y todo lo que escribo está marcado por estas dos tensiones. En síntesis (que tampoco es concluir algo): el trabajo del escritor debe tener en cuenta tiempos diferentes: el tiempo de Mercurio y el tiempo de Vulcano, un mensaje de inmediatez obtenido a fuerza de ajustes pacientes y meticulosos.
La Imaginación y el Futuro de la Literatura
Es la última noche de conversación y esta vez llego antes que Calvino. Las noches anteriores he cavilado mucho, aunque en realidad poco en comparación a cómo lo hace este hombre, en cómo ordena sus ideas. Pienso en su sugerencia: talvez la mejor alternativa haya sido la transcripción a este formato supuestamente interactivo de la entrevista. Pero ya es tarde y sólo queda continuar. A la larga, me digo como consuelo, hay tendencias que uno sólo obedece, hay riesgos que se corren a pesar de uno mismo, de este debatirse en la duda. Y es en la duda cuando él me sorprende apareciendo. Quiero decir, cuando de verdad “lo veo”, viniendo hacia mi desde un enorme mausoleo de un remoto ejército de caballería. Viene vestido con atuendos modernos, similar a esa última foto de 1984 con su rostro inflamado por el cáncer.
Calvino: Partiré hablando de Dante y sus versos del Purgatorio en la Divina Comedia donde dice: “llovió después en la alta fantasía”. Y eso creo yo también: la fantasía es un lugar donde llueve. Creo que lo que Dante trata de definir es el papel de la imaginación en la Divina Comedia, y más precisamente, la parte visual de su fantasía, anterior a la imaginación verbal o contemporánea de ésta.
Ahora, ¿de dónde “llueven” las imágenes en la fantasía? Creo que se trata de procesos que, aunque no partan del cielo, escapan del ámbito de nuestras intenciones y de nuestro control, asumiendo respecto del individuo una suerte de trascendencia. En el libro El imperio de lo imaginario de Jean Starobinski se plantean las dos visiones de la idea de imaginación: la que la ve como comunicación con el alma del mundo, presente luego en románticos y surrealistas, y la que la ve como instrumento de conocimiento, incluso científico.
Calvino: Lo que creo es que, si bien comencé a escribir sin plantearme cuestiones teóricas, ahora que he pensado al respecto pienso que la escritura será lo que guíe el relato en la dirección en la cual la expresión verbal fluya más felizmente, y la imaginación visual no tiene más remedio que seguirla. Lo que me pregunto ahora que asistimos a la civilización de la imagen es: ¿cuál será el futuro de la imaginación individual?
Calvino: Las vías pueden ser dos: reciclar las imágenes usadas en un nuevo contexto que les cambie el significado o hacer el vacío para volver a empezar desde cero, como lo hizo Samuel Beckett en su teatro. Voy a tomar el ejemplo de Balzac y un ensayo escrito a propósito de su obra La obra maestra desconocida de Hubert Damisch. Para terminar: la fantasía del artista es un mundo de potencialidades que ninguna obra logrará llevar al acto. De cualquier modo, todas las “realidades” y las “fantasías” pueden cobrar forma sólo a través de la escritura, en la cual exterioridad e interioridad, mundo y yo, experiencia e imaginación, aparecen compuestas de la misma materia verbal. Las visiones polimorfas de los ojos y del alma se encuentran contenidas en líneas uniformes de caracteres, de puntos, comas, paréntesis.
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