En el conjunto de lo social, hay una serie de artefactos y dispositivos que son parte integral de procesos de (re)producción de ciertas tendencias a organizar y condicionar la forma/contenido de las relaciones sociales de conjunto. El trabajo tanto como espacio, relación y ejercicio, está directamente relacionado con una acción performativa de los vínculos de sujeción y (re)(des)construcción de la(s) subjetividad(es).
En este artículo se analizan una serie de elementos que configuran y modelan la forma de sujeción hegemónica instalada en el trabajo y en las relaciones laborales, con una caracterización y tipificación desde el paradigma de la precarización social, de las principales formas de disciplinamiento y control, como sus consecuencias, en el ejercicio de las prácticas sindicales y de negociación colectiva.
Introducción
Los cambios en la gestión y organización del trabajo han sido materia importante de análisis desde las ciencias sociales en los últimos años. Sin embargo, parecen aún restar asignaturas pendientes al debate crítico, a partir de las conclusiones y resultados obtenidos con respecto a la compleja red de aplicación de sofisticados dispositivos a través de los cuales las nuevas lógicas corporativas vehiculizan el nuevo criterio de verdad imperante, dando legitimidad a aquellos sentidos proclives a instalar la idea de que el sujeto debe "colaborar" con la firma y "competir" con otros/as trabajadores/as.
Este debate está atravesado por el movimiento metabólico del capitalismo, que ha ido generando nuevas formas de disciplinamento en el proceso productivo, a través de la articulación de una serie de complejas mediaciones que contribuyen en la producción, recontextualización, transmisión y evaluación del "conocimiento y sentido común oficial", en la disputa por enmascarar el conflicto capital/trabajo, con el fin de crear una nueva matriz de disciplinamiento laboral más eficiente, en el marco de un cambio en el patrón de acumulación del capital a nivel global que exige mayores índices de competitividad y productividad.
En este escenario, la dialéctica entre las prácticas hegemónicas en las firmas y las acciones de resistencia por parte de los trabajadores aportan núcleos sensibles a la problematización crítica de la conformación de sentidos sobre el trabajo, la configuración de nuevas subjetividades en el marco del proceso de trabajo y la (in)efectividad de los dispositivos de disciplinamiento en el trabajo.
La continuidad del modelo económico neoliberal estableció políticas de ajuste estructural junto a la implantación de un proceso de reestructuración industrial; la configuración de nuevos actores sociales (nuevos sindicatos, nuevos contingentes de trabajadores, nuevos movimientos sociales); etapas de prohibicionismo, persecución y represión política; y un nuevo escenario en el mundo del trabajo, cargado de flexibilización laboral y precarización, fenómenos que en su despliegue forman el panorama de prácticas que se instalan como pilares de la génesis de una nueva dinámica de acumulación.
Aun así, las principales expectativas del sindicalismo giraban en torno a que, entonces, los salarios y la distribución de ingresos pudieran alcanzar niveles de mayor equidad, entendiendo que el Programa de Gobierno hacía un explícito reconocimiento sobre la enorme contribución y sacrificios realizados por los trabajadores, no solo en la recuperación de la crisis económica, sino que a lo largo de las décadas y, paradójicamente, como un actor estratégico en la consolidación de los logros del modelo económico, lo cual, imperativamente debía acompañarse de mejores condiciones en los empleos.
Sin embargo, pese a los anuncios programáticos, "la instalación del régimen democrático estuvo dada por la estabilización de los marcos institucionales prefijados por el autoritarismo y por el modelo económico neoliberal", lo cual fue parte de la política de subordinar el proceso de democratización a las exigencias y los ritmos de esos esquemas, imponiéndole un discurso político por sobre las expectativas de las organizaciones sociales y de los sectores populares, consolidando el poder y el proyecto político específico del neoliberalismo.
El hecho es que las prácticas del sindicalismo, las cuales tenían como objeto constituirlo en un agente clave en la práctica de redefinición de derechos sociales, tanto en su variante gradualista como restauradora, dejó abandonada las políticas laborales que apuntaban a los focos de disensos entre los actores del mundo del trabajo, con el fin de desarrollar una estrategia de colaboración y de diálogo tripartito entre el gobierno, los/as trabajadores/as y el empresariado, a través de un nuevo modelo corporativo y la reafirmación de la estrategia política gradualista de la "transición democrática".
Esto constituye parte de la estrategia de consolidación de un modelo hegemónico de "modernización empresarial" y reestructuración productiva que se consolidó a través de la generación de una serie de dispositivos en el espacio del trabajo, y por supuesto fuera de él, que terminaron debilitando el aliento de los actores sociales encargados de exigir un conjunto de reformas destinadas a generar nuevas condiciones de bienestar en el trabajo y en el sistema de relaciones laborales de conjunto.
Las políticas sustentadas hasta la actualidad en materia laboral, fruto de los diálogos tripartitos corporativos, muestran aún su debilidad estructural para intervenir en el espacio de las relaciones laborales: primero desde su concepción (fuerzas políticas cooptadas, actores coludidos, etc.), y luego, en el momento de su aplicación (falta de fiscalización, permisibilidad en las infracciones, desprotección al trabajador/a, etc.).
Por ello se convirtieron en tan solo una serie de engranajes absorbidos por la política neoliberal-laboral de disciplinamiento, con las cuales comenzó a contar la clase empresarial para la aplicación de nuevas estrategias disciplinares en el trabajo (e incluso fuera de él).
El debilitamiento estructural y fractura del movimiento sindical fue organizada sistemáticamente por parte de una legislación permisiva con los intereses empresariales, y una cultura laboral de la clase empresarial que promueve el debilitamiento de las organizaciones colectivas de los/as trabajadores/as y la asimetría en las relaciones laborales.
Esto solo podía ser si se configuraba un escenario disciplinar que permitiese la operación de dispositivos que organizaran la producción en virtud de una domesticada fuerza de trabajo y de un permanente sentido de miedo, inseguridad, inestabilidad, etc., generada por condiciones de trabajo altamente precarias.
La estrategia discursiva de la administración política fue "consenso social" como acción política del gobierno, que asestó un golpe a las subjetividades de la sociedad a partir del "cierre del conflicto social" como proceso político y posibilidad histórica.
Se sostuvo el sistema de relaciones laborales autónomo, que deja el desarrollo y fortalecimiento de los actores del mundo del trabajo a sus propias fuerzas, sin que el Estado juegue un "rol protector" como tradicionalmente lo había hecho con el sindicalismo, como sujeto más débil en las relaciones laborales.
Esta acción constituye la consolidación de la asimétrica relación existente en la actualidad, que fortalece una herramienta disciplinar a la sindicalización y a la acción sindical y no permite constituir un ejercicio libre a la acción y negociación colectiva como herramienta redistributiva de los ingresos.
En este artículo nos centraremos en un análisis crítico del campo de las relaciones laborales, referido a la tesis sobre su rol disciplinar, por medio de la aplicación de una serie de dispositivos en el trabajo que articulan prácticas de sujeción de los trabajadores y promueven formas de cooperación coercitiva y obediente con el empresariado.
Nos centramos especialmente en las condiciones en que transitó la negociación colectiva y la huelga sindical, en su forma y contenido, y de los nuevos acuerdos corporativos que exhiben el debilitamiento del movimiento sindical (o, a lo menos, de su clásico y tradicional corriente), a partir de una serie de condiciones de cambios en la tipificación del trabajo, con el trabajo atípico y precario, que ha abierto las posibilidades a la instalación de nuevos mecanismos y dispositivos de disciplinamiento, y que a la vez ha constituido nuevos actores en el seno de la clase trabajadora, los cuales articulan nuevas formas de representación, organización y resistencia a partir de condiciones de precarización y flexibilidad laboral.
Para ello, primero realizaremos una revisión al concepto de dispositivo, con respecto a la propuesta de Michel Foucault, y cómo esto se conecta con formas específicas de un poder disciplinario en el trabajo. Luego hacemos una reflexión sobre las características históricas y sociales en que se inserta un dispositivo dentro de una configuración social concreta, con el objetivo de obtener mayor efectividad en su carácter disciplinario y encontrar un nivel de correspondencia estructural con las relaciones de poder que atraviesan las relaciones sociales.
Al tener claras estas nociones teóricas reflexionamos sobre su correlato en la realidad de las relaciones laborales, destacando la forma asimétrica y desigual que presenta para sus actores. Analizamos además las consecuencias que las estrategias de precarización y fragilidad del trabajo han tenido para el sindicalismo y la negociación colectiva.
Dispositivos de Disciplinamiento: Mediaciones Metabólicas del Capital y Ejercicio del Biopoder en el Trabajo
Resumiendo la definición de dispositivo, entregada por Foucault en una entrevista, Giorgio Agamben señala que:
- (el dispositivo) es un conjunto heterogéneo, que incluye virtualmente cualquier cosa, lo lingüístico y lo no-lingüístico, al mismo título: discursos, instituciones, edificios, leyes, medidas de policía, proposiciones filosóficas, etc. El dispositivo en sí mismo es la red que se establece entre estos elementos;
- El dispositivo siempre tiene una función estratégica concreta y siempre se inscribe en una relación de poder;
- Es algo general, un reseau, una "red", porque incluye en sí la episteme, que es, para Foucault, aquello que en determinada sociedad permite distinguir lo que es aceptado como un enunciado científico de lo que no es científico.
Podríamos decir que la conformación de los dispositivos que se articularon en el trabajo están referidos a la configuración de nuevos espacios de sujeción, de acuerdo a una nueva tipología del trabajador, en base de requerimientos actitudinales por parte del proceso irruptivo de la metamorfosis del trabajo y las demandas del mercado de trabajo.
Esto involucra una serie de problemáticas en la conformación de una subjetividad que pueda recibir las fluctuaciones y flujos de nuevas esferas de lo social, sin someter finalmente su condición de "libertad". Es en esta medida en que la mimesis del sujeto-trabajo se encuentra anquilosada en la imposibilidad de una distinción práctica, ya que el trabajo, y la relación de poder en que el sujeto participa, configura "sobre él" un disciplinamiento permanente de sus deseos, acciones, gestos y actitudes en la esfera práctica de la producción de mercancías, como parte de un proceso de disciplinar de la producción de la vida (como mercancía).
TAG:

