El final de las vacaciones puede generar una sensación similar a la de un domingo por la tarde-noche, un escalofrío al pensar en volver a abrir el correo, levantarse temprano y retomar las responsabilidades laborales. Esta sensación se conoce como “síndrome postvacacional”, un estado que se produce cuando el trabajador no logra adaptarse al paso del periodo de vacaciones a la vida activa, lo que resulta en un menor rendimiento en sus actividades rutinarias.

David Ballard, director del Centro para la Excelencia Organizacional de la Asociación Psicológica de Estados Unidos, profundizó en este fenómeno en su estudio de 2018 titulado “Trabajo y Bienestar”, donde concluyó: “Cuando la gente vuelve al trabajo y hay un montón de tareas esperando, lo que ha ganado en términos de descanso desaparece muy rápido. Si te empiezas a preocupar apenas tus vacaciones terminan, eso empieza a comerse la experiencia de recuperación”.

¿Es Normal Sentirse Así?

Es completamente normal experimentar cierta frustración y ansiedad al regresar al trabajo. Mariana Bargsted, psicóloga y doctora en Comportamiento Social y Organizacional, señala que “con la forma tan intensa que trabajamos, una o dos semanas de vacaciones no permiten desconectarnos”. Josefina Guzmán, psicóloga de Clínica INDISA, también descarta que se trate de un “síndrome”, afirmando que “es totalmente normal sentir un poco de frustración, algo de ansiedad y por ende presentar una menor tolerancia a las labores, estar un poco más irritable”.

Lo esperable es que la primera semana sea así y la segunda ya sea todo un poco más normal; esa es la adaptación. Aunque de inmediato reflexiona y se cuestiona qué es lo “normal” a estas alturas. El estrés no es el mismo que hace unos años, por lo tanto todas estas adaptaciones son más difíciles hoy, ya que estamos sometidos a un estado de alerta permanente producto de la pandemia.

Sin embargo, si estas sensaciones se intensifican y se vuelven patológicas, con dolores de cabeza constantes, molestias gastrointestinales, trastornos del sueño o alimenticios, es importante consultar a un especialista. En ese caso, más que un trastorno adaptativo es tu cuerpo-y/o-mente diciéndote “amiga, sal de ahí”.

Estrategias para Afrontar el Regreso

Afortunadamente, existen diversas estrategias que pueden ayudar a mitigar el impacto del regreso al trabajo después de las vacaciones:

  • Incorporar el descanso como hábito: Josefina Guzmán recomienda integrar el descanso en la vida diaria para que las vacaciones no se sientan como un evento aislado.
  • Planificar futuras vacaciones: Comenzar a planificar el próximo destino o plan de vacaciones puede generar ilusión y motivación.
  • Cuidar la alimentación y el ejercicio: Comer sano, tomar agua y hacer ejercicio ligero puede ayudar a despejar la mente y preparar el cuerpo.
  • Avanzar en proyectos interesantes: Dedicar tiempo a las partes más atractivas del trabajo puede dar un nuevo enfoque a la rutina.
  • Integrar elementos de las vacaciones: Incorporar actividades placenteras de las vacaciones a la vida diaria, como salir a comer, jugar o cocinar.

Para un aterrizaje lo más armónico posible, Mariana Bargsted recomienda “volver con calma, despacio, quizá el primer día dedicarse a mirar los pendientes y planificar; no ponerse metas altas la primera semana”.

“Lo duro del proceso depende de cuán radical es lo que estabas haciendo versus lo que vas hacer. Por ejemplo, pasar de una playa a una oficina. El malestar tiene que ver con eso, por lo tanto conviene hacerlo paulatinamente”, agrega.

En ese sentido, aconseja no regresar a casa el último día de vacaciones. “Eso es bueno, tanto para ahorrarse los posibles tacos como para poder habituarse de nuevo a la casa y la ciudad”.

Además, considera los siguientes consejos prácticos:

  1. Volver al hogar dos días antes de entrar a trabajar: Esto permite descansar del viaje de retorno y retomar tareas personales.
  2. Tratar de no regresar un lunes al trabajo: Comenzar a mediados de semana acorta la semana laboral y facilita la adaptación.
  3. Reunirse con el compañero de reemplazo: Ponerse al día sobre las tareas pendientes y resueltas ayuda a retomar el ritmo.
  4. Pedir apoyo al reemplazo: Solicitar que el compañero continúe apoyando en tareas específicas durante los primeros días.

Adaptación Gradual a la Rutina

Para facilitar la readaptación a la rutina, es importante:

  1. Adecuarse y reacomodarse de nuevo a tu rutina diaria, antes de reincorporarte al trabajo y demás actividades.
  2. De manera que puedas arrancar con tu rutina poco a poco y con calma. Te recomendamos planificar un breve período de adaptación que te permita reducir y ser más flexible con tu agenda durante los primeros días.
  3. Lo primero es que, como mencionamos antes, empieces paso a paso a retomar tus actividades diarias, de mayor a menor intensidad. Después, aprovecha los tiempos que te tomes de descanso para hacer algo agradable con tus seres queridos u otro plan que te ayude a desconectar. Asimismo, mantén horarios regulares tanto en el día como en la noche, y si eres de los que toma siesta(s), intenta hacerla(s) a la misma hora siempre.

Otra de las formas que te ayudarán a gestionar el estrés posvacional es hacer ejercicio moderado con frecuencia y practicar algunas técnicas de relajación (como meditación o ejercicios de respiración guiada) en intervalos regulares, para que elimines pensamientos constantes que te puedan causar ansiedad, nervios o más estrés.

En tu lugar de trabajo, conserva una actitud realista y proactiva al abordar los retos/objetivos que tengas esos primeros días, de manera que puedas sopesar eficazmente, y no de forma repetitiva y poco productiva, las opciones entre las que debes escoger.

Que fortalezcan la conjunción entre el bienestar de tu cuerpo y mente, de modo que la vuelta a la rutina tras las vacaciones sea más llevadera. Una buena forma de lograrlo desde los primeros días es que realices actividad física. Esto le ayudará a tu cuerpo a que se sienta mejor y libere las sustancias que necesita para retomar tu tren de vida.

Intenta caminar por treinta minutos, hacer ejercicios de fuerza, yoga o cualquier otra actividad que active tu cuerpo.

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