En esta segunda parte, se continuará con una visión global, poniendo énfasis en los tipos de modelos y de qué forma se articulan en torno al financiamiento de pensiones.

Modelos de Pensiones a Nivel Mundial

Según la última información disponible, del propio Banco Mundial, existen 10 países, más Chile, que no poseen esquemas de Pilar 1 o reparto contributivo activo en sus esquemas previsionales nacionales. Del grupo de 32 países señalado en el párrafo anterior, tenemos a 22 que poseen Pilar 1 y Pilar 2, los que podrían llamarse modelos mixtos, pues disponen del Pilar 1 de reparto contributivo activo o beneficio definido y además disponen del sistema de contribución definida. Al observar en detalle, podemos ver que, de los 22 países, 17 incluyen el Pilar 2 de forma complementaria y 5 de forma opcional.

Resta el grupo de países, que al igual que Chile, no posee un sistema de Pilar 1 activo en sus regímenes de pensiones. Por esta razón es que resulta viable considerar que el sistema nacional de pensiones chileno corresponde al grupo de países que no tienen un esquema de reparto activo dentro de sus modelos contributivos de pensiones. Esto ayuda a comprender lo señalado en un inicio respecto de que el sistema chileno de pensiones no es un modelo mixto, pues no existe, dentro del esquema contributivo a lo menos, la posibilidad de participar en el Pilar 1; por otro lado, el Pilar 0 es focalizado, lo que implica que los casos que debiesen darse dentro del funcionamiento normal del modelo sean de personas que financian sus ingresos previsionales de forma autofinanciada mediante el Pilar 2.

Modelos Mixtos en América Latina y Otros Países

Partiendo por una mirada en América Latina podemos observar cómo países con modelos mixtos como Uruguay, generan la obligación de cotizar en el esquema privado solo cuando se supera un cierto nivel de ingresos salariales, lo cual permite que no todas las personas se vean obligadas a cotizar en el sistema de AFAP, además en Uruguay existe el Banco de Previsión Social, que es una entidad pública encargada de administrar las contribuciones al Pilar 1 de reparto, más las prestaciones de Pilar 0 no contributivo, el seguro de desempleo, seguro de enfermedad y asignaciones familiares. También se pueden observar los modelos de El Salvador y República Dominicana, donde existe solo el Pilar 2, administrado por instituciones privadas como las AFP, pero en estos casos las contribuciones son compartidas con los empleadores.

Al mirar otras experiencias de modelos mixtos, es posible observar cómo el Pilar 1 o público es, por lo general, dominante y con mayores aportes que el Pilar 2. Por ejemplo, el caso sueco se compone de 3 tipos de pensiones, dos de carácter contributivo y una no contributiva. El modelo previsional de Reino Unido es de Multipilar y su Pilar 1 está diseñado con un sistema de contribución definida pública llamado single-tier state pension. Por otro lado, las empresas y sindicatos también han organizado esquemas de planes previsionales ocupacionales, donde conviven esquemas de contribuciones definidas y beneficios definidos privados y dependen de cada compañía. Otro caso emblemático es Kosovo, donde las cuentas individuales son administradas por una entidad llamada fideicomisario de ahorro previsional, la cual no tiene fines de lucro y su único propósito es administrar cuentas individuales y pagar pensiones a través de rentas vitalicias.

Reversiones de Modelos y Regímenes Especiales

Las estrategias han sido múltiples e incluso en algunos casos, luego de haber incorporado el Pilar 2, las naciones decidieron revertir estas decisiones y eliminar la obligatoriedad de contribuir a entes privados. Algunos casos paradigmáticos de este proceso han sido Argentina (2008), Bolivia (2010), Hungría (2010) y Polonia (2013-14), además, en el caso ecuatoriano, el modelo fue aprobado como ley, pero no logró siquiera implementarse antes de ser desechado [9].

Dentro del listado de 186 países, que analiza el Banco Mundial en su informe sobre los patrones internacionales de previsión, encontramos 77 que presentan esquemas especiales de pensiones. Dentro de este subgrupo, 24 países poseen esquemas especiales que solo consideran a las Fuerzas Armadas o la policía. Por otro lado, 25 países tienen esquemas previsionales especiales que no contemplan Fuerzas Armadas ni policía, sino otros grupos sociales, por ejemplo, en Egipto, se contemplan esquemas especiales de pensiones para cuentapropistas, trabajadores migrantes, trabajadores temporeros de la agricultura y artesanos. Otros casos corresponden a India y Austria.

Considerando la misma fuente anterior, se puede dimensionar la presencia de regímenes especiales en los países de más alto ingreso de la OCDE. En línea con esto, tenemos que, en 11 de los 24 países más ricos de la OCDE, existen esquemas especiales. En diez de estos países los sistemas especiales están diseñados para grupos sociales que no pertenecen a las Fuerzas Armadas y de Orden.

Este marco de análisis presentado por el BM permite comprender la diferencia entre regímenes especiales de pensiones y esquemas previsionales mixtos. Generalmente un esquema mixto implica que parte de la contribución se destina a los Pilares 1 y 2 de forma complementaria u opcional.

El Caso Español y la Capitalización Individual

El académico y analista político español escribió «Los españoles deberíamos sustituir el reparto de las pensiones por la capitalización individual. La experiencia indica que bastaría con que cada titular apartase un diez por ciento del salario -poco más que el siete por ciento que contribuyen los trabajadores hoy en España-. Los sistemas de pensiones son de dos tipos: capitalizados o de reparto. Al oír que sus pensiones corren peligro, muchos jubilados exclamarán: «¡Pero si he ahorrado toda mi vida para tener derecho a una pensión…!». Se engañan. El dinero que han aportado durante su vida laboral ya no existe, se ha gastado en su totalidad.

Las contribuciones a la Seguridad Social no se acumulan ni ahorran para el futuro; se aplican al pago de las prestaciones del momento. La esperanza de los actuales cotizantes de cobrar una pensión cuando se jubilen se basa en un pacto tácito con las generaciones venideras de que ellas a su vez estarán dispuestas a financiarles la pensión con sus contribuciones. La situación es incluso peor de lo que parece a primera vista, pues la Seguridad Social solo mira el día a día de los ingresos y gastos y no evalúa el monto de sus compromisos futuros. Si la caja no alcanza, se acude a la «hucha»; y cuando esta se vacía se emite deuda, cual nos dice el Gobierno que ocurrirá a mediados del presente año.

De esta forma no se aprecia toda la gravedad de la situación porque no se toman en cuenta los compromisos futuros de la Seguridad Social, que superan sus previsibles ingresos venideros. Si a esta carga se añade la del sistema sanitario público, es previsible que el déficit público siga multiplicándose hasta niveles insostenibles. El profesor Jagadish Gokhale, del Institute of Economic Affairs de Londres, llama esta deuda implícita «el iceberg de la deuda pública» del Estado del bienestar.

Incluso sin tomar en cuenta todo el «iceberg» de la política social, las pensiones de reparto están en grave riesgo por dos circunstancias. Ya he mencionado la primera, y es que las generaciones futuras puedan negarse a satisfacer las expectativas de los actuales cotizantes. La segunda es más acuciante: a medida que se amplían los años de vida escolar y se alarga nuestra esperanza de vida, los contribuyentes a la Seguridad Social forman una proporción cada vez menor respecto de los jubilados, un poco más de dos afiliados por pensionista.

Para remediarlo la Unión Europea propone reducir la pensión efectiva retrasando obligatoriamente la edad de jubilación. Es una medida que va contra la corriente de la historia. El avance de la productividad a lo largo de un siglo y medio ha permitido reducir la jornada de trabajo y ampliar las vacaciones en los países adelantados. De igual manera, la mayor productividad debería permitir que los individuos pudieran jubilarse anticipadamente si lo desean y les conviene.

Los defensores de las pensiones públicas de reparto se escudan en el poder fiscal del Estado. Siempre será posible, dicen, financiar las pensiones con más impuestos generales, si no alcanza a cubrirlas el impuesto sobre el empleo que son las cotizaciones de la Seguridad Social. Incluso hay quienes piden que la Constitución garantice el pago de las pensiones y la salud públicas con cargo al erario público. Imaginemos el efecto de tener que financiar un déficit público cuatro o cinco veces el hoy permitido.

Los españoles deberíamos sustituir el reparto de las pensiones por la capitalización individual. El sistema de capitalización de las pensiones se inició con éxito en Chile hace treinta y cinco años y después se ha extendido a más de treinta de países. La experiencia indica que bastaría con que cada titular apartase un diez por ciento del salario -poco más que el siete por ciento que contribuyen los trabajadores hoy en España-. Lo ahorrado e invertido para su pensión pertenecería a cada trabajador.

Culminada la reforma, las empresas verían notablemente reducidas sus contribuciones (en España otro 21% sobre el salario), con un efecto muy positivo sobre el crecimiento nacional. No pretendo minimizar las cuestiones que plantea el paso del reparto a la capitalización. Así, en la medida en que los trabajadores ahorren para su propia pensión y no para las pensiones de los jubilados de cada momento, habrá que atender las legítimas expectativas de los afiliados en el marco del sistema actual. También habrá que garantizar una pensión mínima a quienes no hayan ahorrado lo suficiente para jubilarse holgadamente. Y habrá que vigilar la gestión de los fondos de capitalización y mantener la competencia entre ellos para evitar desfalcos. Todo esto y más se estudió para España hace veinte años, cuando el Círculo de Empresarios invitó a José Piñera a escribir una detallada propuesta de reforma, que luego desgraciadamente no se puso en práctica. Entre las manos solo nos quedaron las soluciones a corto plazo del Pacto de Toledo.

El Agujero de las Pensiones en España

Un reportaje de diario El País de España señala que a finales de 2017, «el agujero de las pensiones representará aproximadamente la mitad de todo el déficit del Estado y será el principal reto presupuestario que haya que abordar. Máxime cuando en los próximos años se empezará a jubilar la generación del baby boom, presionando todavía más al alza sobre los gastos. Eso ha hecho que el Gobierno se vea obligado a buscar fondos adicionales para financiarla. Esto ya había sucedido en junio.

Explica que queda muy poco del Fondo de Reserva. Cada vez que se saca dinero del fondo de reserva de las pensiones, el endeudamiento público sube porque se deja de tener un activo. O lo que es lo mismo, aumenta igual que si se toma prestado. El reportaje señala que a finales de 2017, «el agujero de las pensiones representará aproximadamente la mitad de todo el déficit del Estado y será el principal reto presupuestario que haya que abordar. Máxime cuando en los próximos años se empezará a jubilar la generación del baby boom, presionando todavía más al alza sobre los gastos.

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