El aumento sostenido del salario mínimo interprofesional (SMI) se ha convertido en una tendencia global que, lejos de provocar los efectos negativos que preveía la ortodoxia económica, está generando mejoras en la calidad de vida y en la equidad salarial.

Aumentos del SMI a Nivel Global

Los datos recientes muestran que países como España, México, Alemania y varias naciones de Europa del Este han incrementado de forma notable sus salarios mínimos en los últimos años. Estas alzas han sido impulsadas, en gran parte, por el impacto inflacionario derivado de la pandemia y la crisis energética global.

Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre 2021 y 2022 el 57% de los países del mundo incrementaron su salario mínimo nominal, y entre 2022 y 2023 lo hicieron el 59%.

El Caso Español

La experiencia española es una de las más llamativas: desde 2018, el SMI ha subido un 61%, mientras que la inflación en el mismo período fue de un 19%. En paralelo, la tasa de desempleo ha disminuido y el empleo ha crecido ligeramente.

En virtud del decreto aprobado, pasará de 764 euros a 825 euros mensuales, a razón de doce pagas.

Ejemplos Internacionales

Este patrón se repite en otros países europeos, como Lituania, donde el salario mínimo aumentó un 160%, o en Montenegro y Albania, donde las subidas han superado el 100%.

Otro ejemplo contundente es el de México, donde el salario mínimo más que se duplicó durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

Más allá de Europa y América Latina, el fenómeno también se ha visto en Estados Unidos, donde algunos estados como California han elevado de forma significativa sus salarios mínimos. Michael Reich, profesor de la Universidad de Berkeley, señaló a El País que estas alzas han mejorado el nivel de vida de millones de trabajadores mal remunerados sin afectar negativamente la creación de empleo ni generar inflación relevante.

El Debate Económico

A pesar de las advertencias de la economía neoclásica, que durante décadas sostuvo que subir el salario mínimo destruiría empleos y aumentaría la inflación, la evidencia reciente apunta en otra dirección. “Los modelos convencionales han fallado, sobreestimando lo negativo y subestimando lo positivo”, explicó Juan Carlos Moreno Brid, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, en declaraciones a El País.

Este cambio de enfoque se ha visto respaldado por la concesión del Premio Nobel de Economía a David Card en 2021 por sus estudios que desafiaron la visión convencional sobre los efectos negativos del SMI.

Entre economistas existe un largo y acalorado debate acerca de los efectos del salario mínimo. En un mercado perfectamente competitivo, un aumento en el salario mínimo tiene una respuesta inequívoca: disminuye el empleo y las horas trabajadas y aumenta el salario de los que se mantienen empleados. Los desempleados o los que trabajan menos son los de menor capacitación.

Cuando los mercados laborales tienen fricciones como competencia imperfecta, costos de búsqueda, imposibilidad de las firmas de capturar los retornos de las inversiones en capital humano, etc., los aumentos en el salario mínimo pueden tener efectos positivos en el empleo y en los salarios. La respuesta entonces a la pregunta de cuáles son los efectos de un aumento en el salario mínimo sobre el empleo y los salarios es de índole empírica.

Efectos Macroeconómicos Positivos

Nuevas investigaciones también sugieren que las subidas del SMI tienen efectos colaterales positivos a nivel macroeconómico. Entre ellos, el impulso al consumo interno, ya que las personas con menores ingresos suelen destinar una mayor proporción de sus recursos al gasto, fortaleciendo así la demanda agregada.

Estudios Recientes y sus Hallazgos

Estudios recientes han analizado los efectos de los aumentos del salario mínimo en el empleo y la distribución de ingresos en diversos países.

  • En Alemania, un aumento del 22% en el salario mínimo en 2022 elevó los salarios sin causar pérdidas significativas de empleo. Sin embargo, se observó una reducción en las horas trabajadas, especialmente entre los trabajadores con “minijobs”, lo que indica una compensación parcial de las ganancias salariales.
  • En España, el incremento del salario mínimo en 2019 aumentó la probabilidad de desempleo en 1,7 puntos porcentuales y redujo la intensidad laboral en 0,9 puntos porcentuales entre los trabajadores afectados, con variaciones según grupos de edad, sectores y regiones.
  • Una investigación sobre el aumento del salario mínimo hora en el Estado de Nueva York de US$5,15 a US$6,75 entre 2004 y 2006 encontró una reducción del 20,2% al 21,8% en el empleo de trabajadores menos calificados y con menor nivel educativo.
  • Tras un aumento del 6,7% en el salario mínimo nacional en abril de 2025, el Reino Unido experimentó una disminución en el empleo en nómina de 47.000 entre febrero y marzo, con reducciones adicionales en abril. Los sectores de comercio minorista y hospitalidad fueron los más afectados.
  • Estudios en Canadá han encontrado que un aumento del 10% en el salario mínimo está asociado con una pérdida de empleo entre jóvenes trabajadores de entre el 3% y el 5%.
  • En Vietnam, entre 2012 y 2020, los aumentos del salario mínimo no afectaron significativamente los niveles de empleo ni los ingresos mensuales, pero llevaron a una reducción en las horas trabajadas, resultando en un aumento del salario por hora.
  • En el Reino Unido, durante 25 años, la política del salario mínimo aumentó de £3,60 a £12,21 por hora sin elevar el desempleo, siendo elogiada como una reforma económica exitosa.
  • En Alemania, la introducción del salario mínimo redujo la desigualdad salarial, especialmente entre los trabajadores de bajos ingresos, sin cambios significativos en el empleo general.

Estos hallazgos sugieren que, si bien los aumentos del salario mínimo pueden mejorar los ingresos y reducir la desigualdad salarial, también pueden llevar a ajustes en las horas de trabajo y dinámicas de empleo, variando según el país, la estructura del mercado laboral, entre sectores formales e informales, etc.

El Caso de Chile

En Chile, la historia reciente es la siguiente. En términos nominales, el salario mínimo era de 100.000 el año 2000, $337.000 en 2021, y $529.000 en mayo de 2025. En término reales, medidos en pesos, del 2021 subió desde $191.965 a $337.000 en 2021 y a $393.000 en 2025, mostrando así un aumento real del 16,6% desde el 2021 a la fecha. Este aumento se ha dado en un contexto de bajo crecimiento económico donde Chile decreció 6,1% en 2020, creció 11,3% en 2021, un mediocre 2,1% en 2022, un magro 0,3% en 2023, y un pobre 2,6% en 2024.

La tasa de desempleo nacional se ha mantenido en torno al 9,1-9,4% desde el 2012 y la tasa de informalidad se ha mantenido en torno al 28-29% desde el 2018. La productividad laboral está estancada desde el 2013.

Durante este periodo se estableció la reducción, en forma gradual, de 45 a 40 horas, se aumentó el impuesto al trabajo a través de la reforma de pensiones, y se ha hecho cada vez más difícil despedir trabajadores.

Aludiendo a la conclusión basada en la evidencia internacional, un aumento del salario mínimo de las magnitudes observadas y propuestas en el contexto económico actual deja poco espacio para pensar que podría tener los efectos positivos encontrados en algunos países, en condiciones mucho más favorables que las nuestras. Más bien, parece lógico pensar que, bajo nuestras condiciones actuales, los efectos adversos encontrados en dichos países serán observados. Si a lo anterior sumamos una creciente automatización y adopción de inteligencia artificial, no queda más que predecir un deterioro en los ingresos de los trabajadores menos calificados, un aumento de la informalidad, y un estancamiento en la tasa de desempleo.

Los desempleados, los informales, y los trabajadores menos calificados (jóvenes en general) son los que menos poder tienen para influenciar las políticas públicas. En cambio, las organizaciones como la CUT y los partidos políticos del gobierno son los que hoy tienen mayor capacidad para ello. Dado que sus miembros sólo se pueden beneficiar de aumentos en el salario mínimo, no es raro verlos izando dicha bandera y jactándose de cómo se ocupan de los trabajadores más necesitados. Sin embargo, la evidencia muestra exactamente lo opuesto. No olvidar nunca que en economía no hay balas de plata, y en política contingente no todo lo que brilla es oro.

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