Suecia y Uruguay han servido de referencia para el gobierno chileno en la elaboración de su reforma previsional. El Observatorio Perspectivas, vinculado a la Asociación de AFP, realizó dos estudios para analizar los sistemas de pensiones de cada país, centrándose en el pilar contributivo.

El Sistema de Pensiones Sueco

Desde 1994, el sistema de pensiones sueco está formado por dos tipos de cuentas individuales:

  • Cuentas de capitalización individual: Las cotizaciones del trabajador se depositan en su propia cuenta y se invierten en el mercado financiero. La pensión se determina en base al ahorro acumulado en esa cuenta.
  • Cuentas nocionales: Las cotizaciones del trabajador financian las pensiones actuales (reparto). Estas cotizaciones se anotan en una cuenta individual ficticia, a la que se le aplica una simulación de rentabilidad (crecimiento del salario promedio). La pensión se calcula en base al ahorro en esta cuenta ficticia.

El análisis del Observatorio Perspectivas explica que Suecia tiene una tasa de cotización de 18,5%, donde un 16% se deposita en cuentas nocionales y un 2,5% en cuentas de capitalización individual. Las primeras son administradas por el Estado, mientras que, en la cuenta de capitalización individual, el afiliado puede elegir su administrador, ya sea privado o estatal.

Cuentas Nocionales vs. Capitalización Individual

El gobierno chileno pretende mantener las cuentas de capitalización individual, donde se depositaría un 10,5% de la cotización. El 6% de cotización adicional iría a un fondo común que funcionaría con cuentas nocionales.

El documento sostiene que “el sistema sueco es menos eficiente que el sistema chileno en transformar ahorro en pensión”. Según el texto, en Suecia “el retorno ficticio de las cuentas nocionales ha sido muy inferior al retorno de la cuenta individual, ya que las cotizaciones en vez de invertirse en el mercado financiero, se usan como gasto en las actuales pensiones”.

Se realizó una simulación para un hombre soltero, sin hijos, que entró a trabajar en 1988 y se retiró en 2019, cotizando durante 32 años por un sueldo imponible de $500 mil (17,85 UF), comparando la pensión que recibiría en dos escenarios:

  • Escenario 1: 16,5% del sueldo se deposita en una cuenta de capitalización individual, con la rentabilidad del mercado financiero. En este caso, su pensión sería $540.453.
  • Escenario 2: 10,5% del sueldo se deposita en capitalización individual y un 6% en una cuenta nocional con una rentabilidad ficticia equivalente al crecimiento del sueldo imponible promedio del país. En este caso, su pensión sería de $458.577.

Esto se traduce en $81.876 mensuales menos que en un escenario donde todo se destina a cuenta individual. La directora ejecutiva del Observatorio, Elisa Cabezón, señala que “en la estimación de las cuentas nocionales no se incluyó los ajustes a la baja que se realizan en épocas de recesión económica, ajustes que usa el modelo sueco, por lo que el monto podría ser incluso más bajo”.

Este cálculo mide el retorno en cada escenario debido a la rentabilidad de las inversiones, pero no considera transferencias de recursos que pueda recibir el pensionado desde el fondo común solidario propuesto por el gobierno.

El documento también concluye que “el sistema chileno inyecta más ahorro nacional que el sueco. Con la cuenta individual los ahorros previsionales ayudan a financiar la economía y los chilenos pueden acceder a préstamos más baratos. Esto se pierde con las cuentas nocionales, que al ser reparto, no hay ahorro invertido”.

Además, según el estudio, la reforma del gobierno chileno estaría avanzando en el sentido opuesto a Suecia, ya que argumenta que dicho país antiguamente tenía un sistema de reparto con beneficio definido. En 1994 Suecia crea las cuentas nocionales, para transitar desde el reparto con beneficio definido a un sistema con cuentas individuales, permitiendo al Estado tener recursos para pagar las pensiones del antiguo sistema. Instalar cuentas nocionales sería ir en sentido opuesto y volver a reparto.

El análisis también dice que “el gobierno quiere instalar solidaridad entre los trabajadores formales, lo que podría debilitar el empleo formal. Esto no sucede en Suecia. La solidaridad la realiza el Estado a través de las rentas de la nación”.

El Sistema de Pensiones en Uruguay

El Observatorio Perspectivas también analizó el sistema uruguayo. El sistema uruguayo es “complejo, compuesto por un bloque principal y cinco subsistemas paralelos, cada uno con sus propias reglas y parámetros. La pertenencia a cada uno depende de la actividad económica del afiliado”.

El bloque principal cubre al 89% de los trabajadores activos y pensionados. Este bloque es mixto, ya que los trabajadores cotizan en dos pilares:

  • Pilar estatal de reparto: Una parte de las cotizaciones de los trabajadores financian las pensiones actuales, que son de beneficio definido, en base al número de años cotizados y al sueldo promedio de los últimos años. Este es administrado por el Banco de Previsión Social (BPS).
  • Pilar de capitalización individual: Una fracción de las cotizaciones de los trabajadores se acumulan en cuentas individuales y se invierten en el mercado financiero. Acá hay tres actores: el BPS, las Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP) y el Banco de Seguros del Estado (BSE).

El Observatorio Perspectivas también concluye que “al comparar los dos países encontramos que los desafíos en pensiones en cada país son distintos”. Esto, porque desde la fundación creen que “el desafío de Chile es fortalecer el mercado laboral formal: en Uruguay, el porcentaje de la población en edad de trabajar (mayor de 14 años) que trabaja y cotiza en el sistema de pensiones (empleo formal) es un 53%, versus un 35% en Chile”. En tanto, agregan que “el desafío de Uruguay es la futura sostenibilidad financiera de su sistema”.

Sobre esto último, el estudio dice que “el uso de recursos fiscales para pagar los déficit de los sistemas de reparto equivale a un 6,25% del PIB y se proyecta que llegará a 10,87% por el envejecimiento de la población”. Asimismo, señala que “esto podría tensionar de forma importante la disponibilidad de recursos públicos en otros programas sociales futuros, generando problemas de inequidad intergeneracional”.

Y sobre el desafío de nuestro país de fortalecer el mercado laboral formal, advierte que “en la futura reforma, Chile busca incrementar la tasa de cotización, lo que encarece y desincentiva el empleo formal.

Una de ellas es focalizarse más en fortalecer el ahorro individual, en lugar de crear sistemas de reparto que van retrocediendo en Suecia y en el mundo.

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