En general podemos afirmar que históricamente nuestras sociedades son sociedades fundadas en el trabajo humano, constituyendo el eje central sobre el cual discurre el Derecho del Trabajo en cuanto fenómeno normativo.

El Trabajo: Aproximaciones Teóricas

En el modelo de sociedad actual se produce un arduo debate respecto del trabajo humano, su rol y centralidad, su relación con la organización de los medios de producción y los cambios que se producen en la estructura social como reflejo de la adopción de políticas de empleo y su impacto en el derecho, sin muchas veces evaluar su sentido e importancia en determinados contextos sociales.

Lo anterior tiene profundas implicancias en la vida social e individual de todo ser humano, por cuanto el trabajo en una primera aproximación conlleva dos elementos básicos: la decisión de realizar una labor, esto es, el carácter voluntario de la actividad laboral que se pretende desarrollar, en principio con cualquier finalidad, sea esta para asegurar su sobrevivencia, sea por solidaridad, colaboración o incluso recreación, descartando la imposición de una labor y; un segundo aspecto, el de carácter relacional del trabajo, en virtud del cual el sujeto realiza una labor a fin de cumplir un mandato social de trabajar como una exigencia impuesta por la comunidad, fundado en el carácter gregario del individuo y la inevitable colaboración mutua que requiere para enfrentar tanto la sobrevivencia propia como la de su familia.

En este contexto cada persona se ve obligada a enfrentar una realidad propia, ejecutando un juicio de valor de las responsabilidades que debe asumir, teniendo en cuenta su capacidad, como así también los objetivos concretos y específicos que pretende cumplir.

Aun más, cada persona en el acto de trabajo "debe enfrentar el grado de equilibrio entre las fuerzas de la vida y las fuerzas de la muerte en su propio ser" por lo que el "trabajo" como idea no puede ser concebido como un mecanismo para satisfacer necesidades exclusivamente materiales, ya que desde él pende una tensión permanente de correspondencia entre la percepción de realidad tanto externa como interna, lo que conlleva la evaluación de cada sujeto frente a la sociedad.

En este esquema, la idea que se tiene del Trabajo es central en la discusión, pero no en los términos reduccionistas como generalmente se propone -valorización y desprecio del trabajo o aún más, desde el productivismo o antiproductivismo- sino desde el concepto amplio y acotado del mismo.

Estos últimos abordan, de manera antagónica, la naturaleza autotélica del trabajo, esto es si tiene el trabajo en sí su propio fin, y a su vez, la centralidad o no centralidad del mismo como fenómeno social y cultural.

En otros términos la pregunta es hasta qué punto el trabajo constituye el pilar sobre el cual descansan las bases de funcionamiento de la sociedad.

Por lo mismo el análisis conceptual del Trabajo recibe las influencias de distintas tesis político-filosóficas que pretenden explicar su papel y que confluyen en los diferentes modelos normativos del mismo.

Sobre el punto creemos útil realizar algunas apreciaciones orientadoras de la complejidad de estas, como así también sus divergencias, ya que desde el punto de vista sociológico e histórico la conceptualización del Trabajo ha ido variando en su valoración por parte de las diversas culturas, como así también variaron las formas sociales que este ha ido adquiriendo, cuestión que necesariamente es tomada en cuenta al momento de crear las normas jurídicas que regularán la actuación de los individuos en una época determinada, particularmente dentro de la interacción entre el capital y el trabajo en la sociedad actual.

Dicho lo anterior, para efectos ilustrativos, señalaremos aquellos autores y teorías que a nuestro criterio dan cuenta de explicaciones generales de qué es el Trabajo y las variaciones de su apreciación en el tiempo, con la observación que se descarta un análisis pormenorizado de sus aspectos históricos y sociológicos por una cuestión de extensión, no obstante ser conscientes de la importancia de estos estudios en nuestra área.

La Concepción del Trabajo en la Teoría Crítica

Los planteamientos desarrollados por la Teoría Crítica en el ámbito del trabajo, como fenómeno social, se inspiran "en valores emancipatorios al servicio de una transformación social que aumente los grados de autonomía y autorrealización de los individuos; más concretamente, se trata de la tradición que ha renunciado a cualquier tipo de esencialismo ahistórico que decida de antemano sobre «la naturaleza» de un fenómeno como el trabajo humano".

Esta postura desarrolla sus argumentaciones siguiendo parcialmente a Marx, en función de su conocida interpretación materialista de la historia y particularmente su tesis del plusvalor.

Para estas apreciaciones en la que confluyen implicancias cognitivas instrumentales, esto es una búsqueda constante de un fin, compuesto por diversos factores como la producción o creación de valores de uso; aspectos prácticos-morales con alcance social-moral (como construcción y medio de solidaridad, creador de vínculos incardinados en un sentido comunicativo); y aspectos ético-expresivos, abarcando la autoexpresión y autorrealización personal como sujeto individual y colectivo, muy a diferencia de un concepto reducido que solo enfoca el trabajo en aspectos productivistas, como acción instrumental, deber social o disciplina coercitiva.

Para esta tesis, las directrices planteadas son identificables en el trabajo como la relación directa y activa del hombre con su entorno, con la naturaleza, siendo expresión de las facultades con la que se desarrolla como individuo y especie, abriéndose espacio para la expresividad de la esencia humana en que la racionalidad se determina por la autocreación de lo humano en el trabajo.

En esta óptica se puede sostener que el trabajo humano no es otra cosa que la reproducción del hombre en la realidad en donde plasma su fin: "al final del proceso de trabajo brota un resultado que antes de comenzar aquel existía ya en la mente del obrero, es decir, un resultado que tenía existencia ideal.

El obrero no se limita a hacer cambiar de forma la materia que le brinda la naturaleza, sino que, realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación y al que tiene necesariamente que supeditar su voluntad".

El trabajo humano es fundamental en los procesos de autorrealización, en la medida que el esfuerzo y dolor son actos de superación que se conjeturan en la autodeterminación del potencial humano y sus capacidades sociales, suponiendo una actividad y esfuerzo libre en la conducción del mismo, mediante la elección consciente de actividades para desarrollarse, reproducirse y desenvolverse como ser social.

Según Supiot, curiosamente la palabra trabajo designa el sufrimiento que ha de soportar la mujer en el parto, el acto en el cual se mezcla el dolor y la creación, que se concreta en el misterio de la condición humana: "al traer hijos y producir obras, el hombre cumple su destino", siendo la forma de praxis en la que "el hombre llega verdaderamente a serlo, se crea a sí mismo, en la lucha con la naturaleza, sometiéndola a su voluntad, humanizándola; de que, mediante el trabajo, el hombre, al desprenderse de su animalidad, toma conciencia de su existencia, de su especificidad, de su libertad".

Esta percepción no es un resumen de características bien intencionadas y de difícil justificación.

Al contrario, ella se valida con las permanentes y cada vez más masivas demandas sociales que reclaman un mejor trato a los asalariados, incluso no como un grupo excluido, sino al revés, empoderado y consciente que su escasa participación en los beneficios que genera el desarrollo económico, no tiene justificación técnica y moral.

Esta postura debilita la concepción tradicional de la relación de trabajo, basada en el predominio del dueño de los medios de producción y que encuentra su reconocimiento en la subordinación del asalariado a dicho capital.

En nuestra opinión, al menos en modelos como el nuestro, se advierte un progresivo reconocimiento a la igualdad de trato que debe recibir quien presta sus servicios en forma subordinada, recibiendo el impacto de la teoría de los derechos fundamentales laborales que postula una primacía constitucional en el diseño de la relación de trabajo, vinculándose al trabajo decente, que sitúan la dignidad del trabajador como eje central.

Esta línea teórica permite, sobre la base del trabajo emancipado o libre, la edificación y construcción de modelos económicos y políticos con proyecciones sociales de cohesión, unidas por la búsqueda común de mejores condiciones de vida y existencia, tanto para el sujeto individual como colectivo, mediante apoyo y servicios recíprocos, siendo valores centrales la autonomía y solidaridad que se entrelazan y completan.

En este tipo de trabajo -que idealmente debería conducir a una sociedad emancipada-, descansa la idea y posibilidad de incorporar la más amplia diversidad de ocupaciones según el deseo y el placer de cada uno, de modo que se convierta en una respuesta que se vuelve autoexpresión, realización de sí para sí y para los demás.

No obstante, en estos términos, el trabajo es, empíricamente, la precondición material de la existencia humana, pero no esencial al hombre, ya que como tal se define por su sociabilidad: el hombre es, cuando es social.

La producción no se plantea como un fin en sí misma, sino lo contrario, sus términos son prioritarios para el desarrollo humano, de tal modo que el hombre domine la producción y no al contrario: la acumulación del goce y no el goce de la acumulación, la riqueza no como consumo o acumulación, sino como tiempo libre y autorrealización.

Esto nos permite visualizar un concepto de trabajo que reintegra y emancipa, desde una centralidad societal y consecuencialmente en una economía de trabajo emancipado.

Realizadas las disquisiciones anteriores, estimamos que todo esto no puede comprenderse plenamente sin entender la noción de trabajo que rige actualmente nuestra sociedad: el trabajo enajenado.

En términos generales la enajenación o extrañamiento, significa que el hombre no se experimenta a sí mismo como factor activo en la captación del mundo, sino que el mundo, la naturaleza, los demás y el mismo, permanecen ajenos a él, cuestión que se expresa en el trabajo y en la división del mismo.

El trabajo no es otra cosa que, en los términos ya descritos, la relación activa del hombre con la naturaleza, la creación de un mundo nuevo, incluyendo la creación de un hombre nuevo, pero en la medida que la propiedad, la división del trabajo y sus productos se cosifican y mercantilizan, el trabajo como tal pierde su carácter autorrealizador, asumiendo una existencia separada del hombre, ajena de sí.

Luego "el objeto producido por el trabajo, su producto, se opone ahora a él como un ser ajeno, como un poder independiente del productor.

El producto del trabajo es trabajo encarnado en un objeto y convertido en cosa física; este producto es una objetivación del trabajo.

La realización del trabajo es, al mismo tiempo, su objetivación.

La realización del trabajo aparece en la esfera de la economía política como una invalidación del trabajador, la objetivación como una pérdida y como servidumbre al objeto y la apropiación como enajenación".

TAG: #Trabajo

Lea también: