Este artículo explora el significado del pan, el trabajo y el agua en el contexto chileno, abarcando desde la creación del Código de Aguas de 1981 hasta la alfarería mapuche y su relación con el agua.
El Código de Aguas de 1981 y el Neoliberalismo
El Código de Aguas de 1981 no se gestó solo, sino que tuvo grandes aliados que permitieron que este recurso natural se concibiera como el bien privado que hoy conocemos y que permite ventas por millones de dólares. Entre los aliados a este documento hubo líderes y defensores reconocidos del neoliberalismo. Hablamos de Hernán Büchi, Miguel Kast, Roberto Kelly y Sergio de Castro, entre otros; quienes pululaban en la supervisión de la Comisión Especial encargada del agua. Pero también había una aliada, que se mantiene viva e imperante hasta el día de hoy: la Constitución del 80. Este capítulo del libro El negocio del agua (Ediciones B), escrito por Alejandra Carmona y Tania Tamayo, revela de manera inédita los pormenores de la creación del Código.
Desde 1976, diversas habían sido las estrategias y posturas de parte de los ministros de Pinochet, militares y civiles, en las carteras de Economía, Agricultura, Hacienda y Odeplan para finiquitar el asunto de las aguas. La propiedad de las tierras, del agua, de los bienes en general -creían los funcionarios de la dictadura-, había sido devastada en su naturaleza más profunda por la Unidad Popular.
Las reuniones para terminar de perfilar el código definitivo, después de cinco años con distintos colaboradores, se realizaron en las dos subsecretarías donde se desempeñó Figueroa entre 1980 y 1981. A ellas asistieron Víctor Pellegrini Portales, ingeniero hidráulico; Raúl Matus Ugarte, también ingeniero, y el abogado Samuel Lira Ovalle, anterior asesor de la subcomisión de Propiedad para el preproyecto de la Constitución de 1980. Todos, los cuatro, unos más, otros menos, sintieron que con este trabajo ad honorem realizaban algo heroico, introduciendo una nueva dimensión del ser humano, una postura refundadora, una revolución.
Los derechos de aguas publicados prontamente (29 octubre de 1981), gracias al Decreto con Fuerza de Ley N° 1.122, colindarían desde ese momento con un sistema de transacciones en el mercado y estarían sujetos a la ideología neoliberal como ningún otro país en el mundo. Por esa razón, sus integrantes no reclamaron cuando además de asistir a las reuniones que se realizaban una vez por semana, debieron trabajar en sus casas sacrificando tiempo y familia. Las antiguas lámparas encendidas de sus antiguos escritorios fueron testigos de aquella abnegación.
Se trató de un momento particularmente significativo para Figueroa: «Nos mostramos los textos entre nosotros mismos -afirma 36 años después-. Fue muy discurrido y pacífico, porque esto que parece muy simple, cuando íbamos llegando al detalle, no era tan simple. Había que analizarlo vuelta para adelante y para atrás. Esto esconde detrás noches de desvelo, no fue llegar y soplar, y hacer el Código.
1981 fue el año de la Ley General de Universidades y de Instituciones de Salud Previsional, conocidas como Isapres, también de graves crímenes de lesa humanidad, estados de sitio y censuras. Y tres meses antes se habían creado las AFP. El periodo socialista de Allende actuaba «permanentemente en el subconsciente de los miembros», como lo había afirmado el abogado titulado en la Universidad Católica, creador allí del Movimiento Gremial, y asesor en temas políticos, jurídicos y económicos (incluso de juventud y propaganda, como admitió) de la dictadura militar, Jaime Guzmán Errázuriz, en la Comisión Ortúzar.
Instancia donde se gestó la nueva Constitución y donde su opinión era, a lo menos, preponderante. Entre 1970 y 1973, entre otras malas decisiones -pensaban los personeros de Pinochet-, se habían fijado los precios del pan y la harina, y de productos de primera necesidad. En el gobierno de Allende -aseguraban- hubo poca precisión a la hora de legislar y administrar los bienes del Estado. Los funcionarios públicos no tuvieron, como sí tendría el mercado, la sabiduría en materias políticas y técnicas de gestión de aguas.
Tampoco podría decidir -pensaron los consultores de Pinochet- qué era lo más importante y dónde establecer prioridades a la hora de otorgar derechos: el agro, la minería o el saneamiento de las aguas para el uso domiciliario de la población.
-Entonces, ¿cuál es el precio del agua? «El precio lo pone el mercado, y no le va a quedar otra a otro señor que quiere el agua, de inventar algo mejor. Pero eso tuvo que ponerse en marcha. Entonces fue heroico lo que se propuso, y los militares aprobaron eso. Ese mecanismo inducía a la incorporación de tecnologías nuevas, simples o sofisticadas, para la mejor captación, conducción y empleo.
Escritas a mano y tinta azul, aún se conservan las actas de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Nacional de Riego, instancia compuesta por importantes personajes de la revolución capitalista, egresados de la Escuela de Economía de las universidades de Chicago y Columbia. Así se consignaban los asistentes a las reuniones, tan importantes como los ministros de Hacienda, Obras Públicas, Agricultura, o los subsecretarios de Hacienda y de Economía y el secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Riego. Desde entonces, el sistema de precios del agua, en tanto mercancía luego de ser inscrita sin un pago mediante, iría cambiando según su rentabilidad. Con los años, ser titular de derechos de aguas se volvería un negocio inconmensurable, millonario y sin parangón.
Por eso, lo esencial sería establecer el derecho de aprovechamiento como real para generar bienes de consumo, porque, respecto de él, se tendría propiedad que sería una certeza perpetua. «Trabajé mucho y no fue fácil -afirma Luis Simón Figueroa- porque ahora lo he mirado desde lejos y resulta como raro. Se trataba de hacer algo tan obvio, tan simple, pero algo pasa con el agua, sobre todo en esa época. Los temas de agua producen emoción, tensión. La gente discute, se producen rivalidades. El agua es tan necesaria y tan importante que motiva a la pasión, y eso pasa en los niveles muy altos, muy serenos.
Insiste que solo hubo «meditación sobre el discurrir». «Incluso el presidente Pinochet hizo confianza en nosotros y así se hizo. Yo creo que el resultado ha sido bueno, todo el mecanismo marcha bien y sin bulla alguna. No hay problema. Las críticas de hoy no tienen sentido, porque el Estado, ¿para qué se quiere meter? Simplemente por una demagogia comunicacional.
Sin embargo, un diálogo registrado en las actas de la Junta Militar, fechada el 29 de diciembre del año 1980, muestra cierto nerviosismo manifestado por Pinochet. Esta vez con el letargo de la entrega del Código, y la compra y venta de derechos de agua sin una institucionalidad creada. «Pero ahí tengo el siguiente problema, que varios ya están aprovechando y están realizando ventas y negocios de aguas. «Varios se están aprovechando», afirmó Pinochet. Paralelamente, la Comisión Especial se esmeraba para entregar a tiempo.
Pero esa no fue la primera vez que Pinochet se extrañaba por las medidas del nuevo Código. Ya había pedido detener el Decreto Ley en abril de 1979, porque le merecía «dudas» lo que ocurriría durante el periodo de transición entre un código y otro. El acta número 31 del Consejo de la Comisión Nacional de Riego establece: «El Ministro de Agricultura informa que el proyecto de decreto ley está detenido por Su Excelencia el Presidente de la República».
No obstante, Figueroa solo confirma un episodio confuso: «Hubo un momento en que ocurrió algo muy extraño, se formó una instancia extrañísima en que trataron de arrebatarme el Código. Dio botes por ahí, unas vueltas en el aire, unas vueltas de carnero. Después volvió tranquilito a mis manos. Otra polémica se generó un año y medio después, cuando el documento, que aún no veía la luz, quedó a cargo del abogado José Luis Pérez Zañartu, en ese momento asesor de Endesa (la Empresa Nacional de Electricidad, creada en 1943, por acuerdo del Consejo de la Corporación de Fomento de la Producción, en el marco del plan para electrificar el país), quien fue despedido por una «inadaptación política» descrita escuetamente en el acta: «Al respecto, el Sr.
Crisis Económica y el Precio del Pan
El hambre comienza a recorrer las calle de Chile, la esperanza de un futuro próspero, esperanzador y digno se diluye, y la incertidumbre se apodera de nuestras vidas, la principal preocupación de la mayoría de las familias se reduce tan solo a resolver sus necesidades de sobrevivencia, arriendo , locomoción, educación salud digna y oportuna y al final del día terminamos juntando las chauchas para parar la olla, cada día vemos por una parte, como el sistema de economía neoliberal atraviesa por una de sus peores crisis, y el por el otro vemos cómo los empresarios que se coludieron hoy especulan con los precios de los alimentos, aprovechándose de la crisis económica.
Hasta febrero de este año 2022 la inflación se ubicó por debajo de lo que se esperaba al anotar una inflación de 0.2% que no coincide con lo esperado de un 0.7% por los especuladores del mercado, sin embargo, en lo transcurrido del año el porcentaje acumulado está sobre el IPC, con una variación de precios del 7,8%, el más alto de los últimos 14 años, lejos de lo previsto por el Banco Central que anunciaba un 3 a 4 %. A este respecto el futuro no es nada alentador, siendo aún dependientes de la economía mundial y norteamericana, con los recursos naturales en manos privadas y extranjeras, nos enfrentaremos a mayores y continuas alzas, disminuyendo nuestro poder adquisitivo y aumentando la desigualdad y hambre de nuestros pueblos, donde la canasta familiar se encarece a un valor de $78.300, en contraste a los $50.900 anterior lo representa un aumento de 37% real, lo que significa un aumento muy superior al IPC mensual , en desmedro de nuestro salario mínimo que aumentó a $ 350.000 a enero del 2022.
Los medios de prensa amarillos y economistas, al servicio de la oligarquía capitalista mienten cuando hablan de un 15% de incremento en los productos, cuando en realidad ha sido en muchos casos más de un 100%, el aceite, el pan, las verduras, las frutas, carne, legumbres, etc., por otro lado, el combustible y el gas presentan Alzas que superan el 37%. Impávidos vemos como la parafina subió de $650 a $1.100, alza que repercutirá en la calefacción de los hogares, esta situación comienza a ser insostenible para el común de los chilenos.
Debemos ser claros cuando nos hablan de autorregulación del mercado, y menos intervención del Estado, esto es permitir que los empresarios codiciosos y ambiciosos vean tan sólo en esta crisis una oportunidad de mejorar sus utilidades especulando y coludiéndose para fijar precios.
Por otra parte el recién instalado gobierno pretende aplacar la creciente crisis, con medidas que resultan ser insuficientes, anunciando un incremento del salario mínimo de $350.000 a $400.000, este aumento no permite resolver las necesidades de sobrevivencia del pueblo, frente a las alzas que no se detendrán, distante se ve la posibilidad de normalización y disminución de precios en los alimentos y combustible, otro ejemplo de ello es el insignificante aumento de la Tarjeta Junaeb, que no permite resolver la necesidades de alimentación de los estudiantes, este beneficio sólo alcanza a cubrir alimentos para 5 o 6 días como máximo, los precios de los alimentos para ellos también han aumentado.
Cuando los ricos tienen dinero se llama crecimiento, pero cuando el dinero es del pueblo se llama inflación, la confianza del pueblo en el nuevo gobierno decae, cuando este realiza esfuerzos para detener la aprobación del proyecto 5º retiro de fondos de las AFP, alineando a sus parlamentarios tras una iniciativa de retiro focalizado, que no es más que un retiro con letra chica, donde el ministerio de hacienda se escusa argumentando efectos inflacionarios en la economía, efectos negativos o no, el pueblo necesita recursos para hacer frente a la crisis económica y el 5º retiro permitirá traer un poco tranquilidad.
Alfarería Mapuche y el Agua
El arte cerámico o alfarería es una manifestación de gran valor sociocultural en el mundo mapuche, y su tradición, que se puede rastrear hasta casi 2000 años atrás, se ha resguardado gracias al preponderante rol de las mujeres que transfieren este conocimiento dentro y fuera de sus comunidades. Durante el encuentro compartieron historias y saberes en torno al oficio de la alfarería mapuche, destacando relatos que atraviesan sus memorias familiares y de la comunidad que habitan.
En este diálogo surgieron, también, reflexiones en torno a la agencia de estos objetos como facilitadores del ciclo del agua y como exponentes de las diversas especies que habitan los ecosistemas acuáticos del territorio del sur. Uno de los usos que se le daba a las vasijas era lo que actualmente son los refrigeradores, explica Celinda Huaiquil: “La abuela decía que la challa se guardaba en las ollas. Otras conservaban los chicharrones, lo mantenía fresquito. Ese era el refrigerador que teníamos”, cuenta. Gloria Huenchuleo aprendió de su madre a hacer cántaros con diversas formas y distintos usos: de dos hojitas, ollas, metawe, meñkuwe, floreros, platitos.
“Antiguamente, las mujeres eran dueñas del agua y dueñas del quehacer de la greda”, explica. Para ella, la relación entre los cántaros, la femeneidad y el agua es fundacional. Tanto así, que muchas formas que adquieren las vasijas representan a seres que viven en el agua, como anfibios y patos.
Por ejemplo, el cántaro Ketru Metawe, muy relevante en la cerámica mapuche, tiene justamente la forma de un pato quetro. Este cántaro se usa para verter distintos tipos de líquidos y también muday, en instancias ceremoniales. Es el caso de la widüfe Gloria Huenchueo. “Yo no tuve un conocimiento directo, pero en las casas y rucas de nuestros familiares siempre vi objetos de greda. Ahí pensaba, ¿cómo lo habrán hecho? Por eso, cuando regresó a su casa en el sur, en Temuco, tuvo un encuentro que la marcó.
La lamngen Dominga Neculmán, -gran referente widüfe y quien fuera declarada por UNESCO como Tesoro Humano Vivo- le enseñó la forma tradicional de la alfarería mapuche. “Ella compartió muy amablemente conmigo su conocimiento, fue mi inspiración de volver acá y empezar a trabajar estas vasijas con la técnica antigua”, sostiene Huenchuelo. Conoció el oficio desde otra perspectiva y pudo trabajar la cerámica con la técnica tradicional mapuche: con lulos para levantar una vasija, con la preparación del üko (greda).
Volver al sur le mostró que este oficio está relacionado expresamente con su territorio: la greda no se trabaja en invierno porque requiere que la leña esté seca. También comenzó a buscar la greda, la materia prima, al monte, pero en ciertos momentos específicos, por ejemplo, debía recogerla con luna menguante y no creciente. Las lamngen le explicaron que era muy importante hacer una pequeña rogativa, dar un pago y pedir permiso a la Rag Kushe, que es la dueña de la greda, porque la greda es celosa y para ellas, todo tiene un costo y un valor.
Una de las distinciones de la cerámica mapuche con otros estilos cerámicos de más al norte es el uso de la greda natural por sobre la preparada, y las formas específicas que adquiere. “La inspiración siempre ha sido la naturaleza. Y la cerámica y los cántaros mapuche tiene que ver mucho en el cuidado del agua”, explica Gloria Huenchuleo. De hecho, como los sapos y ranas se consideran protectores del agua, muchas vasijas adquieren la forma de estos anfibios.
“Las lamngen antiguas modelaban la greda con lo que observaron, por ejemplo, los pacarwa, las ranas. Gloria Huenchuleo también incorpora estos motivos que guardan relación con el territorio lacustres que habita. Así, por ejemplo, sus vasijas representan rostros y formas de pakarwa metawe, que tienen cara de sapo, o vasijas cuyo contorno englobado se asemeja a la piel con protuberancias de la rana chilena, que está en peligro de extinción.
“Las ranas son cuidadoras del agua, siempre se miró como que limpiaban el agua. Cuando uno era chico, allá en Coihe, en Huachicon, donde vivía la abuelita, había un pozo, entonces cuando sacaban el agua y venía una rana en el balde, nos decían que no le hagamos nada, porque ella cuida el agua.
Asi como la cultura Mapuche percibe que ciertas especies son protectoras y favorecen el ciclo del agua, también los objetos cerámicos cumplen una función en este flujo permanente. Estas conversaciones que se desprenden de las piezas cerámicas dan cuenta de que para los Mapuche existe una intrínseca y sagrada relación entre el agua y las vasijas. En tiempos de crisis ambiental y largos períodos de sequía, dialogar en torno a estas piezas cobra una relevancia acaso mayor, ya que actualiza y resignifica su función con el ciclo del agua para mantener el equilibrio perdido.
“El widun es una tradición que se perdió por mucho tiempo, había muy pocas widüfe que lo practicaban. Recuperar este arte y entregarlo a las nuevas generaciones, que los niños empiecen a hacer figuritas de barro, es para mí una forma de resistir a ese olvido.
Glosario de Chilenismos
- Achacarse: Entristecerse, desanimarse.
- Achuntar: Acertar, apuntar, dar en el clavo.
- A lapa: Andar a cuestas de otra persona. En el norte, "a tota".
- Chapa: Alias, nombre falso.
- Choro: Envalentonado.
- Echar la foca: Retar, reprender a alguien.
- Embarrarla: Arruinar algo o una situación.
- Engrupir: Seducir, coquetear. También mentir, engañar.
- Enrollado: Muy metido, muy sensible, muy reflexivo.
- Hachazo: Malestar matutino producido por el exceso de alcohol del día anterior.
- Hallulla: Tipo de pan.
- Huaso: Campesino chileno.
- Huevón: Se usa para describir a alguien como tonto o estúpido; sin embargo, también puede significar amigo.
- Kilterrier/Kiltro: Perro sin raza específica, producto de una mezcla no muy fina.
- Machucado: Golpeado, maltratado.
- Mano de guagua: Avaro, egoísta, tacaño.
- Micro: Bus de transporte público.
- Mina: Mujer, chica, muchacha. Además de lo genérico, se usa para referirse a chicas atractivas.
- Mino: Hombre, chico, joven.
- Pal Gato (estar): Sentirse mal, enfermo.
- Pagar el piso: Expresión utilizada cuando una persona que trabaja por primera vez invita a sus colegas y/o familiares a una comida o una ronda de tragos con su primer sueldo.
- Paracaidista: Calificativo para alguien que asiste a un lugar o fiesta a la que no ha sido invitado.
- Pasarlo chancho: Pasarlo bien, entretenerse.
- Patas negras: Amante.
- Patiperro: Uno que viaja mucho.
- Patudo: Fresco, descarado.
- Pavear: Estar distraído.
- Pega: Trabajo.
- Peludo: Difícil, complicado. Alguien peludo, alguien viejo, maduro.
- Picada: Un lugar discreto para comprar productos de calidad (comida, objetos, regalos).
- Piola: Inadvertido.
- Taco: Tráfico lento, embotellamiento.
- Talla: Un chiste, una broma. En el norte: Paleta de helado.
- Tata: Abuelo.
- Tirar a la chuña: Tirar algo al aire y dejar que todos recojan lo que puedan.
- Tocar el violín: Ser el tercero que acompaña a una pareja.
- Tollo: Mentira, exageración.
- Tuto (hacer): Dormir.
- Vaca (to make one): Recolección de dinero entre varios.
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