La devoción a la Santa Muerte es un fenómeno complejo. Suena a oración de narcos, pero los devotos de la Santa Muerte son muy diversos, la mayor parte pobres y desamparados.

La Santísima Muerte: Una Devoción Popular

La Santísima Muerte, también conocida como la santa Muerte, es objeto de fervor y devoción. Se le ruegan milagros y favores. Y quienes se arrodillan para rezarle la llaman también de otras diversas maneras, con esa familiaridad cariñosa con que se trata a las deidades domésticas: la Niña Bonita, la Niña Blanca, la Madrina, la Huesuda.

Es la Catrina en los puros huesos, ataviada con su sombrero emplumado de dama del porfiriato los grabados de José Guadalupe Posada, que de ícono callejero del día de muertos ha sido trasladada a los altares del barrio Tepito de la ciudad de México, donde cada primero de mes se le celebra un rosario. Se la viste de manera suntuosa, envuelta en una túnica rojo escarlata mientras empuña entre las falanges la guadaña oxidada, o de morado penitencial, la cabeza pelona cubierta con un rebozo blanco, o coronada como reina de barajas, y en Tepito hay que esperar en lista para apadrinar el vestuario que se cambia a la imagen cada mes.

Peticiones y Milagros Atribuidos

Se le pide desviar las balas o mellar el filo de los puñales, curar el reumatismo y la impotencia, desvanecer del cuerpo los tumores y deshacer los hechizos y el mal de ojo, someter al amante descarriado, librar a los presos, confundir a los enemigos.

Controversias y Críticas

Para el cardenal Gianfranco Ravasi, antiguo presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, la Santa Muerte representa a la mafia, el narcotráfico y el crimen organizado. “Aunque se la use de una forma religiosa, no es parte de la religión. Es un elemento blasfemo. No se trata de religión.

Pero para R. Andrew Chestnut, profesor de estudios religiosos en la Universidad Commonwealth de Virginia, y autor del libro Santa Muerte, segadora segura, se trata del movimiento religioso de mayor crecimiento en América Latina, y ya se ve que aumenta también en Estados Unidos entre los inmigrantes.

Y la Santa Muerte tiene su propia iglesia con sede en Tepito: La Iglesia Católica Tradicional México-Estados Unidos, Misioneros del Sagrado Corazón y San Felipe de Jesús, que no obedece a Roma, y tiene su propio obispo, David Romo Guillén, que consagra sacerdotes.

“Esto no es un juego, la muerte no es una deidad divina, y detrás de ese culto hay algo diabólico y la gente debe tener mucho cuidado. Para quienes juegan a la teología defendiendo el culto a la Huesuda, se trata de una entidad espiritual “que ha existido siempre, desde el principio de los tiempos hasta nuestros días”, y posee la «energía de la muerte», que concentra tanto la fuerza creadora como destructora del universo.

Y el “obispo Romo” de Tepito, explica que La Madrina existe porque “el día de muertos se les da de comer a los difuntos y a ella, porque también es un muerto. Escogió México para darse a conocer porque los mexicanos juegan con la muerte.

Pero quienes cargan su imagen en las romerías, acuden a rezarle de rodillas, la atavían con lujosos mantos, y le encienden veladoras, están lejos de sofisticaciones. Esperan de ella salud, prosperidad y fuerza, y consuelo en la aflicción.

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