En este día de reflexión y de oración, un saludo para todas las Autoridades, los diversos dirigentes sindicales y empresarios. Un saludo y una oración especial por los trabajadores enfermos y ancianos, que dieron lo mejor de sí en el pasado, y que hoy por la debilidad de la enfermedad y de los años ya no pueden producir. Para todos ellos nuestra gratitud y nuestro afecto.
Lo que hoy somos se lo debemos a tantos, que en el pasado, se sacrificaron por el desarrollo y el bienestar de nuestro pueblo.
El Amor Creador de Dios y el Trabajo Humano
La primera lectura bíblica de nuestra celebración (Gén. 1, 26-2,3) nos habla del amor creador de Dios. En el centro de esa creación amorosa de Dios está el ser humano: “Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios”.
Y continúa el texto bíblico invitando al hombre y a la mujer - y, en ellos, a todos los seres humanos - a que con su trabajo sigan embelleciendo el mundo y haciéndolo digno y habitable para todos. Dios ha creado al mundo y al hombre, y ha dado a éste la tierra para que la domine con su trabajo y goce de sus frutos.
El recordado Juan Pablo II comentando este texto bíblico decía: “Dios ha dado la tierra a todo el género humano, para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno.” (C.Annus Nº 31).”He ahí, pues, la raíz primera del destino universal de los bienes de la tierra. Esta, por su misma fecundidad y capacidad de satisfacer las necesidades del hombre, es el primer don de Dios para el sustento de la vida humana”.
Y es mediante el trabajo como el hombre, usando su inteligencia y su libertad, logra dominar la tierra y hacer de ella su digna morada. “De este modo, se apropia una parte de la tierra, la que se ha conquistado con su trabajo: he ahí el origen de la propiedad individual. Obviamente le incumbe también la responsabilidad de no impedir que otros hombres obtengan su parte del don de Dios, es más, debe cooperar con ellos para dominar juntos toda la tierra”.
La Dimensión Social de la Propiedad y el Conocimiento
Al concepto de propiedad individual, que tiene esta necesaria dimensión social - los bienes de este mundo son para el usufructo de todos los seres humanos - es necesario añadir la propiedad del conocimiento, de la técnica y del saber.
La Iglesia, tomando en cuenta, este sentido original de los bienes y las capacidades creativas del ser humano, señala dos grandes pilares sobre los cuales deben construirse las relaciones laborales: 1) la primacía del trabajador, es decir que el primer valor del trabajo es el hombre mismo, la persona que realiza tal o cual trabajo; y 2) la prioridad del trabajo frente al capital. “El capital está en función del trabajo y no el trabajo en función del capital”.
La Iglesia y su Compromiso con los Trabajadores
El magisterio de la Iglesia en innumerables documentos, en fidelidad a Cristo y a su Palabra, expresa esta misma preocupación: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.
De ahí, que hoy como ayer, nuestra Iglesia Diocesana, está llamada a tener una gran sensibilidad por todas las realidades humanas. Todo lo que acontece es parte de la preocupación pastoral de la Iglesia. Como Iglesia queremos estar cerca de todos, especialmente de los trabajadores temporeros, campesinos, mineros, obreros, etc; cerca de las familias, fundamente sólido de luna sociedad mejor; cerca de los empresarios y de su esencial función de crear fuentes de trabajo y de remunerar justa y adecuadamente a sus trabajadores, cerca de los adultos mayores y de sus legítimos derechos a vivir dignamente; queremos también estar cerca de los enfermos, de los que viven el drama de la droga y del alcohol, de los encarcelados. Queremos estar cerca de todos. ¡Todos son amados por Dios y su Iglesia!. La Iglesia está al servicio de todos.
Nuestro Santo Alberto Hurtado que vivió tan hondamente esta dimensión de Iglesia solidaria, nos decía: “que en cada ser humano, por más pobre que sea, veamos la imagen de Cristo y lo tratemos con ese espíritu de justicia: dándoles todos los medios que necesita para una vida digna.
Inspirados en esta Palabra es que hemos creado la Pastoral de Trabajadores que encabeza el querido hermano P. Eduardo Morín, apóstol por años de las Temporeras y Temporeros. Al término de nuestra celebración reconoceremos en algunos trabajadores y trabajadoras su espíritu laborioso, de honradez, de amistad cívica, de colaboración generosa y que contribuyen con sencillez al bien común. A Cristo Resucitado, Salvador y Redentor de todos, honor y gloria por los siglos de los siglos.
San José Obrero y la Familia
La tradición cristiana atribuye a S. José este cuidado especial por la sagrada familia de Nazareth, también desde la relación de su oficio del trabajo manual como carpintero (Mt 13, 55-57). Si bien es cierto, no está especificado en ningún texto bíblico este argumento, es loable intuir que el padre adoptivo del niño Jesús, como todo padre de familia hebrea, tenía la obligación moral, social y cultural, de enseñar y educar a su hijo; por supuesto, el niño Jesús no sería la excepción.
A partir de esto y desde nuestros valores cristianos, se desprende entonces este argumento doctrinal que refiere a la relación muy particular que une a la familia con el trabajo. Así lo expresa el Catecismo de la Doctrina Social de la Iglesia: “El trabajo es esencial en cuanto representa la condición que hace posible la fundación de una familia, cuyos medios de subsistencias se adquieren mediante el trabajo. (…) La aportación que la familia puede ofrecer a la realidad del trabajo es preciosa, y por muchas razones, insustituible.” (Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, n.
Nos queda harto por hacer y solos no lo podemos realizar, es en estos momentos en que debemos estar más unidos; nos necesitamos como hermanos, para apoyarnos y cuidarnos en esta Pandemia.
A san José Obrero, patrono de los trabajadores le pedimos su protección para que interceda por todos aquellos que están pasando necesidades a causa del desempleo y también, que cuide (así como cuidó al niño Jesús) a nuestros hermanos que tienen la oportunidad de un trabajo digno, sobre todo a aquellos que están más expuestos por razones laborales al contagio del CORONAVIRUS.
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