En el día internacional de la mujer, queremos compartir este homenaje a Nidia Aylwin de Barros, publicado con ocasión de los 80 años de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica. Nidia Aylwin fue una pensadora del Trabajo Social chileno y una activa defensora de los derechos humanos.
Trayectoria Académica y Profesional
Toda su vida académica estuvo asociada a la Universidad Católica, desde que se tituló como Asistente Social en 1950. En 1950, se tituló como asistente social de la UC; 15 años más tarde, se integró al cuerpo académico y, siempre desde la universidad, contribuyó al posicionamiento y desarrollo de la profesión, realizando un lúcido análisis histórico de la misma, además de preocuparse en forjar vínculos con universidades extranjeras.
Con su integración como académica en 1965 hizo contribuciones sustantivas al análisis histórico de la profesión, en el proceso de reconceptualización y vínculos con universidades extranjeras. Dentro de nuestra Escuela, desempeñó diferentes cargos. Dentro de la Escuela, se desempeñó en diversos cargos: fue jefa de estudios, coordinadora de investigación y del postítulo Estudios de la Familia y directora en más de un periodo. Fue Jefa de Estudios, Directora en más de un período, coordinadora del Postítulo Estudios de la Familia y Coordinadora de Investigación.
Legado y Reconocimiento
Por sus aportes al trabajo social, alcanzó un nivel de reconocimiento que la ubica entre las grandes mujeres del Trabajo Social Latinoamericano. Por sus aportes a la disciplina, alcanzó el reconocimiento que la posiciona entre las grandes mujeres referentes del trabajo social latinoamericano.
De profundas convicciones valóricas, luchó incansablemente por la dignidad de las personas, la justicia social y contra la vulneración de los derechos humanos. Luchadora incansable por la justicia social, por la dignidad de las personas y los derechos humanos. Más allá de ser una profesora fuera de lo común, fue una persona excepcional, de hondas convicciones valóricas.
Llamaba la atención su optimismo frente a la vida y su firmeza de que un mejor mundo era posible, incluso en tiempos de dolor y atropello a la vida. Fue una mujer profundamente católica, con una fe inquebrantable que la hacía tener esperanza en las posibilidades humanas y en el cambio social. Vivía su fe en la cotidianeidad, con sus estudiantes, en sus tareas administrativas y en su permanente vinculación con los sectores más desposeídos de la sociedad.
Para nosotros, Nidia ha sido maestra de maestras; enseñó con amor y penetró el corazón de todos los que la conocieron. Con mucha alegría, hoy la recordamos y nos honra, como Escuela de Trabajo Social, el haberla tenido como formadora. Nidia, forma parte insustituible de nuestras vidas. Y para aquellos que no la conocieron, valga este homenaje para animarlos a conocerla por sus obras y, desde ellas, asumir con orgullo la riqueza de la herencia que proyecta en el trabajo social.
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