A casi dos años del inicio de la pandemia mundial por COVID-19, el país cuenta con cerca de dos millones de casos confirmados. Un cambio sin precedentes al mundo laboral debido a la crisis sanitaria mundial. Las restricciones de movimiento y las estrictas cuarentenas obligaron a que la modalidad remota fuera la norma, sobre todo para las mujeres.
Brecha de Género en el Teletrabajo
Juan Bravo, director del Observatorio del Contexto Económico UDP, explica que en periodo pre pandemia la cantidad de personas asalariadas que trabajan desde casa era muy poca, “era prácticamente inexistente”. Cifras del Instituto Nacional de Estadísticas indican que, en el periodo comprendido entre diciembre 2019 y febrero 2020, llegaba a un total de 0,6% de los asalariados, con un 0,4% de hombres y 1,0% de mujeres bajo esa modalidad.
Pero llegó la pandemia y cambió nuestra forma de trabajar. Eso forzó a las empresas a realizar todas las actividades de forma remota. Y si bien siempre se ha presentado una diferencia entre hombres y mujeres Bravo explica que con la pandemia “es bien impactante la diferencia de género que se presenta”.
Del bajo porcentaje de finales de 2019 y principios de 2020, se pasó a cifras en el trimestre junio-agosto en la que en hombres aumenta a 15,7% el porcentaje de asalariados trabajando en casa, lo que para las mujeres fue 27,1%. Ya en 2021 (enero-marzo) esas cifras fueron 7,3% en hombres y 14,9% en mujeres. La última medición del INE (abril-junio) la cifra muestra una brecha aún más pronunciada de 10,2% de hombres asalariados trabajando desde casa versus el 20,6% de las mujeres en la misma condición.
Las mujeres usan mucho más ese formato que los hombres. Y eso se entiende, dice Bravo porque muchas veces son ellas las que tienen que conciliar el trabajo con las actividades del hogar. “Aun muchas escuelas no abren, ni tampoco asisten al colegio todos los días, eso se está dando recién, pero antes estaban todas cerradas. Todas esas son responsabilidades familiares de las cuales ellas se encargan más y las lleva a que tomen ese formato. Pero la diferencia es demasiado grande, la prevalencia del teletrabajo es alrededor del doble el caso de las mujeres si se compara con la de los hombres”.
Sobrecarga Laboral y Salud Mental
Trabajar desde casa y además ocupándose de las tareas de ese espacio. Algo no es equitativo señalaba la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo del INE en 2019: las mujeres dedican más de tres horas en promedio que los hombres a los trabajos no remunerados (5,89 horas versus 2,74 horas), que incluyen -entre otros- el trabajo doméstico.
Un círculo vicioso, dice Bravo, “donde ellas terminan mucho más recargadas porque tiene una carga mayor de responsabilidades por la distribución inequitativa de tareas domésticas, y eso afecta en su desempeño laboral con menos horas de descanso, menos horas para sí misma, es un círculo vicioso que perpetua las diferencias de género”.
Una sobrecarga que no es indiferente si de salud mental se trata. En mayo de este año la Tercera ronda del estudio Termómetro de la Salud Mental en Chile, de la Asociación Chilena de Seguridad y el Centro UC de Encuestas y Estudios Longitudinales, lo advertía: las mujeres presentan más temor a perder el empleo, insomnio, endeudamiento y soledad.
El 67% de las mujeres admite estar estresada por el miedo a que ella o alguien en su hogar pierda el empleo, preocupación que llega al 49% de los hombres, señala el estudio. Además, el estado de soledad es declarado en un 18% por hombres y un 26% por mujeres. Al ser consultados por los problemas de salud mental, ellos los reportan un 28% y ellas 37% (aumentando 7,3 puntos desde noviembre).
Los síntomas de depresión los reconocen un 38% de los hombres contra un 55% de las mujeres. Sobre la presencia de insomnio, se da en un 18% en hombres y 21% en mujeres. En cuanto a sedentarismo, el estudio indica que está presente en 38% de los hombres y 44% de las mujeres.
Efectos en el Trabajo Femenino
El teletrabajo es un formato que se debería ir reduciendo de forma acelerada. “En los siguientes meses veremos que será más alta en las mujeres que los hombres, pero en ambos segmentos va a ir cayendo”, dice Bravo.
Un fenómeno que se explica por la flexibilización en las restricciones de movilidad y la mejoría en comportamiento de la pandemia que hará que “mucha gente regrese a sus trabajos en forma presencial”, agrega Bravo. Se recurrió a ello como alternativa, “era la única manera de seguir, pero si se ve entre marzo y junio fue mas baja que en la primera ronda y venía bajando rápidamente, ahora retomará la tendencia a la baja”, aclara.
Una medida temporal que ha durado mucho más de lo planificado. Lo revelan las cifras de la Dirección del Trabajo sobre la cantidad de personas que han firmado un contrato para trabajar en teletrabajo o trabajo remoto, que son cerca 300 mil. Pero esa cifra es menor que la cifra de asalariados que trabajan desde el hogar, que en el periodo abril- junio fueron 846 mil, dice Bravo. Esa diferencia entre quienes formalizan versus quienes los que están haciendo, muestran que no se asumió como algo permanente.
Una alternativa en tiempos de pandemia, pero que tiene costos. Hay muchos aspectos donde hay ventajas de trabajar presencial. Tal cómo Bravo explica “muchos asuntos se resuelven más rápido”. No es igual de manera presencial o a distancia, por ejemplo, la inmediatez para resolver cualquier asunto del trabajo. Lo mismo ocurre con el intercambio de ideas “que se facilita de alguna manera con la presencialidad”, Bravo.
Esa dinámica puede generar un efecto negativo en promociones y generación de ingresos para las mujeres. Algo que probablemente será más difícil para quienes hacen teletrabajo, dice Bravo. “Para las mujeres que no están presencialmente será más difícil ser promovidas, en cambio si todos operan en ese formato no hay manera de distinguir.
A nivel de la Universidad de Chile, el 81% de las mujeres participantes del estudio aplicado por VIDGen indicó que, tras la crisis sanitaria, sus jornadas de trabajo se han visto incrementadas producto del trabajo no remunerado.
La socióloga especialista en género y directora del Observatorio de Datos y Estadísticas de Género (ODEGI), Mabel Araya, complementó que “los roles y estereotipos de género que surgen a partir de este proceso han tenido como consecuencia que el trabajo no remunerado, especialmente el doméstico y de cuidados, recaiga principalmente en las mujeres, y que incluso, aquellas que participan del mercado laboral lo hagan en mayor proporción en áreas del conocimiento relacionadas con los cuidados. Por ejemplo, ha sido reflejado desde ODEGI Chile que, para las ocupaciones de educación y de salud, figuran entre las actividades económicas del país con mayor prevalencia de mujeres.
Los problemas económicos y sociales han impactado de forma desproporcionada a las mujeres, potenciando estas desigualdades y significando la disminución en el número de empleadoras por el cierre de varias empresas. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) indicó que las mujeres pasaron a tener un déficit del 46,2% en el mundo laboral, mientras que los hombres solo un 36,2%.
La especialista Araya explicó que “a partir de 2020 con la llegada de la pandemia, se profundizó la crisis de cuidados, generando un retroceso considerable de la participación laboral femenina, lo que rompió con la tendencia que se venía dando desde hace años, que indicaba el aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo.
Por su parte, aquellas que aún mantienen sus labores remuneradas han incrementado sus horas totales de trabajo, al tener que compatibilizar los cuidados de personas dependientes, niñas y niños y tener que seguir cumpliendo con sus responsabilidades laborales. De esta forma, las mujeres ocuparon en promedio 5,4 horas semanales en acompañamiento de tareas escolares y 17,8 horas tareas domésticas.
Para la Socióloga de VIDGen, Javiera Ravest, “lo que más nos ha llamado la atención ha sido el desequilibrio de tiempo entre hombres y mujeres en el trabajo no remunerado. En ese sentido, creemos que las discusiones sobre la regulación del empleo en los sectores públicos y privados, deben considerar esta dimensión. También, observamos el efecto de la digitalización de las labores, y la superposición entre el trabajo remunerado y el no-remunerado.
El estudio determinó que en materia de factor humano, las personas distinguen un apoyo entre sus pares y compañeros, significando que exista una percepción generalizada de la flexibilidad del trabajo ante asuntos domésticos.
Bajo este contexto, Ravest finalizó que “instrumentos como la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, son fundamentales para producir información confiable y generalizable sobre las dinámicas de trabajo no remunerado y patrones de uso de tiempo, que permitan, por ejemplo, actualizar la propuesta de reducir los tiempos de trabajo remunerado.
Actualmente, la tasa de participación laboral femenina en nuestro país es cercana al 47%, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas. Cómo aumentar su inclusión en el mundo del trabajo es el tema que aborda el documento “Flexibilidad de la jornada laboral en Chile: Una tarea pendiente”, perteneciente a la Serie Temas de la Agenda del Centro de Políticas Públicas.
Uno de los motivos por los que las mujeres no trabajan es que sus horarios y la crianza de los hijos son incompatibles con una jornada completa. Andrea Bentancor, comentó que no ve la jornada parcial como la “panacea” del problema, pues “según detecta la OCDE, estas mujeres tienen menores oportunidades de desarrollo profesional, menos capacitación, menores incrementos salariales, menores beneficios sociales”.
Para Ricardo Solari también es necesario enfrentar de forma integral el “desafío de superar la desigualdad, particularmente la que se deriva de la condición de género y el tema salarial no se resuelve por ley, sino que requiere una profunda transformación del sistema escolar”.
Por último, el diputado Felipe Salaberry, dijo que el Código del Trabajo fue elaborado en una época determinada, respondiendo a necesidades específicas de ese momento, por lo que el “tema de la flexibilidad laboral tiene que ver con adaptar el código del trabajo a los nuevos sistemas productivos”.
“Lo más difícil es tomar el peso del trabajo doméstico junto con el trabajo”, reconoce Antonia Pérez, consultora, sobre cómo ha sido su vida laboral obligada en casa por más de un año y medio a causa de la pandemia.
Antonia admite que todo este tiempo dice ha tenido que lidiar con la sobrecarga, y eso la agobia: “Antes esas dos cosas estaban separadas, al ir al trabajo de alguna forma, se dejaban las cosas de la casa en la casa, y viceversa. Ahora está todo junto. Y ambas ambas cosas siempre tienen más que hacer, ya sea en el trabajo remunerado como en el doméstico, se siente que no hay pausa”.
Trabajar desde casa obliga además, dice Antonia que todos los espacios de recreación que antes tenía no existan, “como, por ejemplo, salir algún día a almorzar y sentarte y que te atiendan en un restaurante, sin tener que preocuparte de tener los ingredientes, cocinar, lavar la loza; salir a comprar algo o tomarse un café con clientes; desaparecen al tener que estar desde la mañana hasta la noche en los dos trabajos, siendo demandada tanto por los jefes como por las cosas de la casa”.
Tabla Comparativa de Teletrabajo por Género
| Periodo | Hombres | Mujeres |
|---|---|---|
| Diciembre 2019 - Febrero 2020 | 0,4% | 1,0% |
| Junio - Agosto | 15,7% | 27,1% |
| Enero - Marzo 2021 | 7,3% | 14,9% |
| Abril - Junio | 10,2% | 20,6% |
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