Las puertas del trabajo no están abiertas para todos en Chile. Así lo evidencian las últimas cifras: en el último año, el número de personas desempleadas aumentó 37.479 más, y casi todos -el 95,8%, es decir, 35.894- forman parte de un grupo atrapado en la cesantía prolongada.
El incremento no es repentino, sino un síntoma de la debilidad persistente del mercado laboral chileno. El desempleo escaló hasta el 8,8% en febrero-abril de 2025 -el primer incremento tras 14 meses sin alzas-, mientras que la creación de nuevos puestos de trabajo fue de 20.011, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Juan Bravo, director del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, asegura que “esta combinación inevitablemente lleva al fenómeno del desempleo de larga duración”. En total, hay 147.768 personas en esta situación en el país sudamericano.
Sin embargo, es especialmente vulnerable debido a las consecuencias de estar sin trabajo durante un tiempo tan largo. “Los efectos son múltiples. Es un fenómeno que repercute en una depreciación del capital humano, porque las personas que están tiempos demasiado extensos sin empleo empiezan a perder destrezas. Por otro lado, está el riesgo de caer en pobreza debido a que los afectados gastan sus ahorros y medios de financiamiento. Finalmente, eleva la prevalencia de enfermedades como ansiedad y depresión, y también la probabilidad de enfermedades físicas. Es algo que no solo afecta a nivel individual, sino a todos porque, en algunos casos, lleva a la posibilidad de realizar conductas socialmente indeseables como caer en drogadicción o cometer delitos”, explica Bravo.
Al descomponer los 35.894 desocupados de larga duración que se agregan durante este último año, 24.800 son personas con educación superior completa. Para Bravo hay dos posibles causas: “En ciertas áreas de estudio hay un exceso de profesionales, que no son demandados por el mercado laboral. Es decir, existe un descalce entre la oferta formativa y las demandas del mundo productivo. Asimismo, cuando este grupo educativo trabaja accede a mayores niveles de ingreso y tiene mayor capacidad de ahorro. Eso significa que, en comparación con otros grupos, tiene más tiempo para dedicar a la búsqueda de un empleo adecuado”.
Jorge Gaju, director ejecutivo de Fundación Emplea, que capacita a personas sin trabajo, indica que la desocupación duradera afecta a los grupos más vulnerables, en particular a las mujeres, que independiente de su edad, muchas veces deben postergar su desarrollo profesional por el cuidado de otros. “El problema también se agrava entre las personas migrantes, que demoran años en regularizar su situación y solo acceden a empleos informales precarios, y en las personas con discapacidad”, señala.
Testimonios de mujeres afectadas por el desempleo
Paulina Salinas, madre de tres hijos, renunció a su empleo en febrero de 2024 para realizarse un tratamiento oncológico, pero una vez se recuperó quiso volver a trabajar y no ha podido reinsertarse en el mercado laboral. Es ingeniera de gestión y tiene 39 años, pero en los últimos meses se ha ofrecido para otras labores, incluso realizar aseo. “Me dicen que no porque tengo estudios y probablemente en un mes los vaya a dejar. Pero como jefa de hogar no tener ingresos es una situación que agota y frustra, porque se convierte en sinónimo de estancamiento”.
Ximena Orias trabajó como asistente de aula en una escuela en Concepción hasta diciembre de 2022. “Es muy difícil encontrar un empleo en regiones y más en el área de educación, donde se suelen abrir vacantes una vez al año. Tengo colegas que se han ido a otras ciudades para buscar oportunidades laborales, pero tengo un hijo y no quiero irme”, dice. Sin otro medio de sustento, esta chilena de 46 años comenzó a preparar pasteles para vender entre sus vecinos y en ferias.
Análisis del Mercado Laboral Chileno
Discutir sobre el actual mercado laboral no es sólo un asunto de alzas o bajas de cesantía, sino también de la calidad de esos trabajos y las características de quiénes los ejercen. América Latina fue la región en desarrollo más afectada por la pandemia a nivel global, considerando mortalidad, caídas en la producción y destrucción de empleos.
Si bien en Chile no existió un incremento en las tasas de pobreza durante 2014-2019, ha habido una fuerte desaceleración en el crecimiento de la producción estableciendo un panorama laboral complejo y frágil frente a la irrupción de la pandemia. Esto se reflejó en el incremento de las tasas de desocupación, como también en la creación de empleos de baja productividad caracterizados por la presencia de precarias condiciones laborales.
La tasa de desocupación a nivel nacional tuvo un leve incremento, pasando de 6,2% en 2013 a 7,3% en 2019. Sin embargo, puede ser relevante e ilustrador observar la cantidad de desocupados en vez de las tasas. Este aumento de tan solo un punto porcentual representa un aumento en casi 180 mil personas que buscan activamente empleo y no logran encontrarlo.
Durante el sexenio 2014-2019 el tipo de empleo que creció con más fuerza en Chile fue el trabajo por cuenta propia (en promedio, a 3,8% anual), mientras que el empleo asalariado creció en menos de la mitad (1,6%). Esto tiene implicancias directas en la composición del empleo, ya que podemos evidenciar un aumento en la participación del trabajo por cuenta propia en el empleo total en dicho periodo.
La situación se vuelve más preocupante si es que consideramos que el empleo asalariado privado creció solamente en 1,1% en promedio durante dicho período vs. un 4,3% del empleo asalariado público. Si bien la composición del empleo en Chile ha sufrido pequeñas variaciones, esto tiene implicancias directas en la calidad del empleo, ya que el trabajo por cuenta propia cuenta con menor estabilidad laboral, menores ingresos laborales mensuales ($358.000 vs. $623.000 que recibieron los asalariados en promedio en 2019), menor protección frente al desempleo, menor acceso a derechos laborales como los beneficios por maternidad, accidentes de trabajo, etc.; como también falta de acceso a la seguridad social contributiva (contribución al sistema de pensiones).
El promedio de empleados informales en Chile en 2017 a 2019 fue de un 29%. Esto implica que casi uno de cada tres trabajadores en Chile no cuentan con cotizaciones de salud ni con previsión social (en el caso de los trabajadores asalariados), o que sus actividades no están registradas en el Sistema de Impuestos Internos (para los trabajadores por cuenta propia).
La pandemia ha generado la crisis económica más grave y generalizada que haya sufrido Latinoamérica desde que existen registros estadísticos. Un indicador complementario vendría a ser la pérdida total de horas de trabajo producto de la pandemia. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Latinoamérica y el Caribe fue la región con la mayor pérdida de horas de trabajo en todo el mundo (en relación con las horas totales trabajadas en 2019) con una reducción del 16% anual vs. una pérdida mundial de 8.8%. Chile tuvo una reducción anual del 17% lo que equivale a una pérdida anual de 1.373.000 empleos de jornada completa.
La pérdida de empleos tuvo efectos heterogéneos entre distintos tipos de trabajadores. Los empleos asalariados formales, que están asociados a mejores condiciones laborales e ingresos, fueron la categoría de empleo menos afectada por la pandemia. Los tipos de empleos más afectados fueron aquellos asociados a peores condiciones laborales y menores ingresos.
La pérdida masiva de empleos y de ingresos laborales durante la crisis implicó un aumento en los niveles y tasas de pobreza sin precedentes en las últimas décadas en Chile.
El Índice de Mujeres en el Trabajo de PwC
El informe constata que el progreso mundial en el avance hacia la paridad de género en el trabajo continúa a un ritmo lento. Además, revela que los países OCDE necesitarán más de medio siglo para cerrar la brecha salarial. Las mujeres se enfrentan a un doble golpe durante las recesiones económicas, ya que en esos momentos el riesgo de inacción hacia la consecución de la igualdad de género en el lugar de trabajo es mayor. Además de lograr lugares de trabajo igualitarios e inclusivos, la mejora de los resultados de las mujeres en el mercado laboral puede ser especialmente poderosa en tiempos de turbulencias económicas.
En este escenario cada vez más complejo, el Women in Work Index de PwC busca medir los progresos realizados hacia la igualdad de género en el trabajo en 33 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Este año, encontramos que la brecha salarial media de género en toda la OCDE aumentó del 13,2% en 2021 al 13,5% en 2022. Aunque la participación de las mujeres en los mercados laborales de la OCDE está aumentando, siguen enfrentándose a disparidades salariales en comparación con los hombres.
De este modo, los últimos datos incluidos en este reporte muestran que el progreso hacia la igualdad de género en el lugar de trabajo es demasiado lento. Durante la última década, los países de la OCDE han hecho numerosos esfuerzos para alcanzar la igualdad de género en los espacios de trabajo. En este periodo, la puntuación promedio del índice aumentó de 53,6 en 2011 a 68 en 2022.
A nivel OCDE, Chile es uno de los países con peor desempeño dentro del índice, ubicándose en el puesto 31 de 33, seguido de Corea y México. En la vereda contraria, Luxemburgo destacó en el primer lugar del ranking seguido de Islandia y Eslovenia.
Desde 2011, la tasa de participación laboral de la fuerza laboral femenina a nivel global ha crecido 5,8 puntos porcentuales y 4,2 puntos en Chile. Mientras que las mujeres tienen una tasa de desempleo de 8,7%, los hombres tienen una tasa de 7,7%. Desde 2011, el desempleo de las mujeres sólo ha bajado en 0,2 puntos porcentuales.
Desde 2011 a 2022, Chile ha registrado una reducción de la brecha salarial de 1,6 puntos porcentuales, desde un 16% a 14,4%. En general, la brecha salarial promedio en toda la OCDE ha sido mayor a la de Chile. Sin embargo, desde 2018 en adelante, se ha visto cada vez más similar, alcanzando uno de sus puntos más altos en 2019 para un año después registrar su mayor caída. Nuestro trabajo previo en este ámbito ha demostrado que no hay una solución fácil.
"De acuerdo al índice y considerando los resultados desde 2011 a 2022, se necesitan más 50 años para cerrar la brecha salarial en los países de la OCDE. La única manera de romper con este pronóstico es buscar nuevas formas de enfrentar el tema aprovechando el cambio de la fuerza laboral post pandemia, sin embargo, para ello se requiere de un cambio de paradigmas desde el interior de las organizaciones fomentado el liderazgo femenino”.
Datos relevantes sobre la fuerza laboral femenina en Chile
| Indicador | 2011 | 2022 | Cambio |
|---|---|---|---|
| Participación laboral femenina | N/A | N/A | +4,2 puntos porcentuales |
| Empleo a tiempo completo (mujeres) | N/A | N/A | +4,2 puntos porcentuales |
| Tasa de desempleo (mujeres) | N/A | 8,7% | -0,2 puntos porcentuales |
| Brecha salarial | 16% | 14,4% | -1,6 puntos porcentuales |
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