La jornada laboral en Chile ha sido históricamente motivo de controversia nacional, sobre todo ahora cuando los trabajadores claman por mejorar sus condiciones de calidad de vida. Sin embargo, dado el contexto de convulsión social en Chile, todo indica que la reducción de la jornada laboral pronto será una realidad. Si quieres saber cuánto es la jornada laboral y en cuánto quedará, sigue leyendo.
Situación Actual de la Jornada Laboral en Chile
Actualmente, la jornada laboral en Chile no debe superar las 45 horas semanales. Dependiendo del contrato, el empleador y el trabajador pactan la distribución de las horas y días a la semana. Por lo general, las 45 horas semanales se dividen en 9 diarias contadas de lunes a viernes. Sin embargo, hay sitios en los que se fija entre lunes y sábado, por tanto, la jornada diaria se calcula en 7 horas y 50 minutos. En todo caso, la jornada diaria no debe exceder de 10 horas.
Cambio Propuesto en la Jornada Laboral
Con la férrea oposición del actual Gobierno, el Partido Comunista de Chile propuso un proyecto legal en el Congreso para reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales, al igual que en España o Suiza. La propuesta fue aprobada por la cámara baja del Congreso con 86 votos a favor, 31 en contra y 36 abstenciones. Ahora la ley debe ser ratificada en el Senado.
De aprobarse, los trabajadores gozarán de una jornada laboral de 40 horas a la semana que será aplicable en medianas y grandes empresas un año después de ser sancionada la norma. Por su parte, las pymes rebajarán gradualmente la jornada laboral de una hora por cada año en el próximo quinquenio, si el Senado ratifica la ley.
Impacto en las Remuneraciones
Lo mejor de la reducción de la jornada laboral a 40 horas es que no cambia el sistema actual de remuneraciones. Es decir, el sueldo del trabajador no será desmejorado con la nueva jornada laboral. No será la primera vez que suceda una rebaja de la jornada laboral en Chile. La última reducción ocurrió en el 2001 cuando pasó de 48 a 45 horas. Esta medida entró en vigencia totalmente en el 2005, pues se puso en marcha de forma escalonada.
Tiempo de Almuerzo en la Jornada Laboral
Lo primero que hay que aclarar es que no necesariamente debe ser una hora de almuerzo, aunque es lo más común en la mayoría de las empresas. El artículo 34 del Código del Trabajo en Chile indica que el almuerzo debe durar al menos 30 minutos. Aunque no existe un límite de tiempo establecido, la ley deja claro que no puede prolongarse más allá del tiempo para la colación. Es decir, no puede ser muy extenso en perjuicio del resto de la jornada laboral.
Lo que nunca debes permitir es que no te den tiempo de colación durante la jornada laboral. Si por casualidad tienes problemas con tu jornada laboral, puedes consultarnos sin costo alguno, con nosotros cuentas con el servicio de abogados gratis si no ganamos el juicio.
Reforma Laboral en España
La reforma española está motivada por el juicio más o menos extendido de que la legislación laboral española, o su modelo de relaciones laborales, ha generado una falta total de competitividad desde el punto de vista laboral. O sea, por decirlo de forma sencilla, los trabajadores españoles reciben mucho más de lo que son capaces de producir: no hay relación entre su costo y su productividad y hay un problema de competitividad.
Ese es el discurso, el relato que acompaña esta reforma. Si ese es el relato los cambios son obvios: por un lado, abaratar el costo del despido (rebajando las indemnizaciones) y aumentar las posibles causales. El tema entonces tiene que ver con el despido, y esa vieja lógica de que mientras más barato sea despedir, más posibilidades hay de contratar.
Ahora, este enfoque, que apunta a aumentar la flexibilidad en la salida del trabajo, no necesariamente va a tener efectos positivos en el crecimiento del empleo. Se puede decir que la reforma va a ser insuficiente desde dos perspectivas: la neoliberal y la más de izquierda, en la cual yo me reconozco. Los neoliberales dicen que esta reforma no va a producir resultados porque sigue siendo demasiado moderada.
De hecho, desde esta perspectiva, el problema del caso español no es el despido si no la negociación colectiva, que establece costos salariales muy altos por sobre la competitividad. La otra crítica, desde una perspectiva más de izquierda, es que el problema español es la calificación de su fuerza laboral.
En rigor el problema del caso español es que sus trabajadores no son competitivos, porque su sistema educacional parece más de tercer mundo que de primer mundo. Tú no puedes tener trabajadores competitivos solo con precariedad, que es el discurso neoliberal. Se necesitan políticas de educación, políticas de incorporación a la empresa, etc. Yo creo que allá hay una cuestión bien cruda en el fondo. Creo que el problema del caso español, que se puede replicar a otros países, es que es una economía que no produce conocimiento.
Al momento de generar el PIB de un país, el derecho laboral es sustancialmente irrelevante. Al momento de decidir cuál va a ser el nivel de igualdad de la sociedad, el dato del derecho laboral es clave. Aquí la experiencia española nos vuelve a servir: en la década de los ’80, el gobierno de Felipe Gonzalez creó los contratos precarios, o contratos “basura”, porque se suponía que con esto se iban a crear muchos empleos e iba a disminuir la temporalidad. Bueno, no tuvo ningún efecto.
En el caso chileno, también se ha comprado esa idea y se han incorporado normas sobre jornada parcial, sobre teletrabajo, etc. Eso no tiene ninguna importancia en la creación de empleo. Otra cosa importante: los trabajadores españoles van a una “huelga general”, es decir, van a parar sus faenas en protesta contra las reformas del gobierno. En Chile esto no es posible.
Huelgas y Negociación Colectiva
Mi visión es muy sencilla: si uno tuviera que buscar el corazón de las relaciones laborales, ese está en la huelga. Claro, significa no tener el modelo contractualista de huelga que tenemos en Chile. ¿Por qué digo contractualista? Porque la huelga sólo se puede ejercer, jurídicamente hablando, en el marco de una negociación de un contrato.
Uno puede debatir si la huelga puede ser política-partidista. Es decir, no sería razonable que un sindicato se vaya a huelga para apoyar a un candidato presidencial o un partido político. Pero sí es razonable una huelga “político-profesional”, como la huelga española. Una huelga que no está motivada por mis condiciones laborales si no por la situación general del país, por los cambios legales. O sí son razonables huelgas de solidaridad, porque otros están en problemas, como, por ejemplo, los mineros del norte. En fin, el tema es desvincular la huelga de la negociación colectiva.
Modelos de Relaciones Laborales
Lo que hemos dicho hasta ahora apunta a qué tipo de modelo de relaciones laborales hay que construir y el papel de la política. En España, por ejemplo, tenemos un gobierno progresista, como el de Zapatero, que promueve reformas laborales neoliberales. En el fondo hay un desconocimiento total acerca de hacia dónde ir. Creo que en España, como en Chile, los sectores progresistas, por llamarlos de alguna manera, no tienen claro hacia dónde ir con el modelo de relaciones laborales.
Esto, a diferencia del mundo neoliberal, que lo tiene muy claro. Para ellos, por ejemplo, la negociación colectiva es un aumento de costos necesaria e indefectiblemente. Y así, hay un par de axiomas que el mundo neoliberal ha logrado incorporar al debate progresista: tú conversas con políticos de izquierda, socialistas y todo eso, y no tienen claro el tema del trabajo. Es más, el gobierno de Bachelet, o la Concertación en general, es un buen ejemplo de querer cambiar el mundo, la desigualdad, sin tocar el trabajo.
Tarea Fundamental
Hay que tener claro el modelo de relaciones laborales que uno quiere y debatirlo. Por ejemplo si traemos a Chile el debate, en el mundo pro-laboral, pro-trabajadores, tú te encuentras con personas que creen que lo mejor sería que todo el mundo se metiera a los sindicatos, el “sindicalismo obligatorio”. A mí eso me parece un error. No creo en el sindicalismo obligatorio tipo Brasil. O el “sindicalismo fuerte”, tomando de modelo lo que pasa en Argentina, que es un sindicalismo fuerte, claro, pero completamente cooptado por los partidos políticos. Para Chile yo no copiaría ni el modelo italiano, ni el español, ni el argentino. Uno tiene que tener un modelo mucho más complejo y articulado y, sobretodo, mucho más democrático, que es mi opción. Pero eso significa hacer sacrificios.
El artículo 369 del Código del Trabajo chileno le permite al sindicato que está negociando, cuando ya la negociación se les está yendo a pique, obligar a concelebrar el contrato anterior. Esa es una norma que yo derogaría, pues me parece que los sindicatos que no tienen la capacidad de acumular poder y negociar en equilibrio, no tienen derecho a tener un contrato y deberían caer en la nada, pues eso nos permitiría fortalecer y vigorizar los sindicatos. En caso contrario, tenemos a estos puros 369, que es un remedio que nos deja un sindicalismo “de caricatura” pues, en el fondo, al muerto lo tienen con respirador artificial.
Reducción de la Semana Laboral a Cuatro Días
España quiere ensayar a pequeña escala si es posible reducir la semana laboral a cuatro días sin que haya una pérdida de productividad. ¿Trabajar menos horas pero cobrar lo mismo? ¿Es eso posible? España ya busca, entre cientos de empresas, voluntarios para un experimento en el que no es precisamente pionera. Otros países y empresas han puesto a prueba medidas similares y desde hace años economistas de todos los ámbitos analizan los pros y los contras de este modelo.
El hecho de que esta idea se desarrolle como un experimento piloto ya es algo positivo en sí mismo. Lo que está pasando en empresas que ya han probado a reducir la jornada laboral es que se convierte en un mecanismo de captación de talento. Hay mayor implicación con la empresa y los trabajadores, digamos, rinden más porque están más descansados. Son más creativos y además, lo que están viendo es que tienen menos rotación.
Implantar la semana de 4 días nos permitía hacer turnos continuos y grupos estancos que no se tocaban. Ya no tenemos camareros que esperan. Como atentemos a más gente, facturamos más. Y luego, reformamos la carta eliminamos platos que llevaban mucha mano de obra.
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