En Chile, el sistema de pensiones basado en las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) ha sido objeto de intenso debate y movilización social. La controversia se centra en la percepción de que este modelo, implementado durante la dictadura de Augusto Pinochet en 1981, ha fracasado en garantizar pensiones dignas para la mayoría de la población, generando desigualdad, descontento social y pensiones de miseria.

Orígenes y Estructura del Sistema de AFP

El sistema de AFP reemplazó el modelo de reparto solidario existente hasta 1980 por uno de capitalización individual, donde cada trabajador aporta a una cuenta personal administrada por empresas privadas. La principal AFP, Provida, está asociada al Banco BBVA y la Cámara Chilena de la Construcción ; la AFP Habitat al Citibank; la AFP Bansander al Grupo Santader (institución que concentra las mayores tasas de ganancias del sistema financiero); La AFP Cuprum al Grupo Pentam; la AFP Santa María a ING Group; y la AFP PLanVital a la Banca de la Svizzeri Italiana.

Para aniquilar el antiguo sistema de pensiones, imperfecto, pero fundado en la solidaridad y mucho más justo que el actual, el régimen militar en dictatorial posición de fuerza y la rebaja en las cotizaciones del ahorro forzoso.

Argumentos que Señalan a las AFP como una Estafa

Las AFP no cumplen la función y promesa para la cual fueron creadas: entregar mejores pensiones que las del sistema de reparto. En efecto, ellas son bajísimas, sin cubrir las necesidades mínimas de un trabajador que jubila a la edad que le permite la ley; perjudica a las mujeres, un sector de los trabajadores no está integrado al sistema, etc. (Solimano, 2017). Esto quiere decir que la democracia no cumple una función pública a la cual se ha comprometido a través de las AFP.

El fracaso de las AFP para cumplir su función propia no es el único problema que enfrenta el sistema privado de pensiones. Además, tiene una débil legitimidad ante la sociedad, porque reciben una baja confianza de la ciudadanía. Peor aún, las AFP se ubican entre las instituciones que reciben la menor confianza ciudadana.

El sistema privado de pensiones tiene fallas estructurales, las cuales se encuentran en el mercado del trabajo. Ahí está la raíz de su incapacidad para cumplir su función. Los empresarios, por tanto, tienen una cuota de responsabilidad en esta incapacidad de las AFP. Este mercado se caracteriza por la inestabilidad laboral, los bajos sueldos, el rechazo al trabajo de las mujeres, etc. Estos problemas han sido silenciados por las AFP y por sus partidarios.

Así, la democracia no está cumpliendo una función pública a la cual se comprometió a través de las AFP.

En 1980, el abogado William Thayer, ex ministro del Trabajo del gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1979) y miembro del Consejo del Estado que creó el general Pinochet, explicitó su escepticismo respecto del nuevo sistema privado de pensiones impuesto ese año. Conocedor de las complejidades de la previsión chilena -que había sido antes objeto de estudio por varios gobiernos democráticos-, no se sumó a las opiniones optimistas que dieron entonces sus promotores en el gobierno y en el sector privado.

En la actualidad, alrededor de un 80 % de los adultos mayores y más del 90 % de los mayores de 70 años está cubierto con algún tipo de pensión -extraordinariamente miserable- con recursos públicos.

El 96.5 % de los afiliados a las AFP’s se declaran trabajadores dependientes. No obstante, en promedio cotizan 5 meses por año y 4.5 en el caso de las mujeres.

Según esta entidad, en Julio del 2012, se pagaban 944.867 pensiones en las AFP y su monto promedio es de $ 177. En la modalidad de Renta Vitalicia se pagan 446.713, con un monto promedio de $ 224. 762 y en la opción de Retiro Programado se pagan 469.

El Poder Económico y Político de las AFP

Las AFP tienen un tercer problema político: administran con amplia autonomía los fondos de pensiones, que han alcanzado una gigantesca dimensión, superior al PIB. Ante esta ausencia del Estado, se ha consolidado un enorme poder económico y político en una industria altamente concentrada en solo seis AFP: Habitat, Provida, Cuprum, Capital, Planvital y Modelo.

Cuatro de ellas -Provida, Cuprum, Capital y Planvital- son controladas por multinacionales extranjeras, las cuales siguen las orientaciones y prioridades de sus casas matrices, con la consiguiente tensión con los intereses nacionales. Habitat es controlada por un grupo económico, la Cámara Chilena de la Construcción (CCHC), el 11º grupo económico según el ranking elaborado por la Universidad del Desarrollo, que tiene un gran poder político, especialmente a través de la participación en la construcción de obras públicas.

“Ha habido una inercia institucional de parte de los sucesivos gobiernos, el Congreso Nacional, las AFP y las instituciones del sistema financiero, al no enfrentar esas fallas”.

Altos ejecutivos de las AFP han planteado esta tesis, que, por razones de espacio, no se pueden reproducir aquí, siendo Habitat la que ostenta una activa tradición en esa perspectiva. El poder acumulado por las AFP no puede continuar, porque afecta intereses nacionales de enorme importancia y de largo plazo.

Los intereses económicos involucrados se han fortalecido con el paso del tiempo, aumentado su resistencia al cambio.

Reformas y Perspectivas

Ante la votación del Senado, realizada una vez más a espaldas de los trabajadores, el Presidente de la Asociación de AFP, Guillermo Arthur, naturalmente, valoró que el Senado rechazara el «ingreso de los bancos al sistema previsional», pues consideró que así «se fortalece el giro único.» Al respecto, el Directorio Nacional de la Confederación de Sindicatos Bancarios, informó que «Arthur es parte del Grupo financiero Santander.

Los cambios, sostiene, debiesen partir por reconocer que las AFP no cumplieron su promesa original: “Entregar mejores pensiones que el sistema de reparto”. Huneeus advierte que también se debe sincerar que el sistema falla por deficiencias estructurales del mercado del trabajo, como inestabilidad laboral y bajos sueldos: “Ha habido una inercia institucional de parte de los sucesivos gobiernos, el Congreso, las AFP y el sistema financiero, al no enfrentar esas fallas”.

Volviendo al punto inicial, las medidas anunciadas por el Presidente Piñera para perfeccionar el sistema privado de pensiones, no reconocen la magnitud de sus problemas y no apuntan a romper la inercia institucional aquí reseñada. No ha sincerado el efecto concreto de las medidas, que serán de mediano y largo plazo (20 años); tampoco ha precisado los costos fiscales de las mejoras de las pensiones, que obligará al aumento del gasto fiscal. Sus propuestas son contradictorias con otras políticas del gobierno, como la reforma tributaria, que plantea bajar el impuesto a los más ricos. Ambos objetivos son incompatibles entre sí.

La práctica del sistema privado de pensiones en estos 38 años, ha demostrado lo inexacta que fue la afirmación que hizo el entonces ministro José Piñera cuando dijo: “El costo de la reforma para el fisco es cero” (El Mercurio, 15/11/1980). Pese a esta creciente injerencia del Estado en el sistema privado de pensiones, las AFP mantienen el poder económico y exigen una amplia autonomía para actuar, buscando ser un Estado dentro del Estado.

Sistemas Previsionales Estatales en América del Sur

Más allá de las deficiencias que de todos modos comportaría una AFP estatal en Chile (por que se basa exclusivamente en la capitalización individual y no solidaria), en América del Sur, las naciones del Río de la Plata cuentan con empresas previsionales estatales. En Uruguay existe la AFP República , perteneciente a los bancos estatales, de previsión social y seguros, que administra el 52.2 % del mercado, con comisiones más bajas que las otras cuatro administradoras privadas. En Argentina, hay una administradora estatal Banco de La Nación , con un 12.5 % del mercado y que cobra comisiones inferiores al promedio, aunque no es la de menor costo.

La Necesidad de un Nuevo Paradigma

“El fracaso de las AFP para cumplir su función propia no es el único problema. Una nueva política de pensiones debe alejarse de la visión ideológica que idealiza al mercado y a los empresarios, tolera altos grados de patronage y rechaza la intervención del Estado en la economía y en decisiones estratégicas del país, aunque no tiene problemas en buscar financiamiento económico para las empresas. Ello requiere otro paradigma económico al dominante, lo cual implica abandonar los componentes de neoliberalismo radical que lo caracteriza, muy distintos al neoliberalismo moderado y democrático de Margaret Thatcher, que impulsó una transformación económica con la privatización de empresas públicas sin que sus altos ejecutivos se quedaran con su control cuando pasaron al sector privado.

Parafraseando a Clemenceau, el sistema privado de pensiones es demasiado importante para Chile como para seguir entregándolo al control de expertos (ingenieros y economistas) y de las AFP. Es hora que el Estado rompa con la inercia que ha dominado su larga historia, abra un debate nacional sobre la crisis del sistema de pensiones y convoque a un gran acuerdo nacional. Ese esfuerzo nacional debe superar los prejuicios ideológicos y debe imponerse a los intereses económicos, para traducirse en la construcción de instituciones públicas que aseguren que Chile tenga un sistema de pensiones de acuerdo a su nivel económico, para todos y no para una minoría.

El Caso de EE.UU., Argentina y Francia

Es importante mencionar que la situación de las pensiones no es un problema exclusivo de Chile. En Estados Unidos, Argentina y Francia también se han implementado reformas y se han generado debates sobre la sostenibilidad y la suficiencia de los sistemas previsionales.

País Sistema Desafíos
EE.UU. Mixto (seguridad social pública y planes privados) Sostenibilidad del Seguro Social
Argentina Mixto (SIPA y sistemas provinciales) Vetos presidenciales y protestas sociales por pensiones insuficientes
Francia Básico y complementario obligatorio Movilizaciones contra el aumento de la edad de jubilación

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