Este artículo presenta un resumen del libro "El Mandinga", una obra de Paula García y Pablo Poduje que explora la identidad y el carácter patrimonial del diablo en el campo y la ruralidad de la zona central de Chile. A través de historias, mitos y leyendas, el libro busca recuperar la figura del diablo como parte de las raíces y la cotidianidad de las zonas rurales.
Prólogo: Caracterizando al Personaje
Antes de analizar la presencia del diablo en las tradiciones de Chile, es crucial caracterizar a este personaje protagónico, que ha inspirado numerosas historias. El diablo posee múltiples nombres y denominaciones, que se dividen entre lo formal y religioso, y lo coloquial e informal. La palabra "diablo" proviene del latín "diabŏlus", adoptado del griego "διάβολος" (diábolos), que significa "el que separa" o "divide". Otra interpretación es "el calumniador".
Asimismo, "demonio" proviene del latín "daemonĭum", y este del griego "δαιμόνιον" (daimónion), que originalmente significaba "espíritu" o "deidad", no necesariamente maligna. "Satanás" nace del arameo ןָטָּׂשַה (ha-shatán), que significa "adversario", "enemigo" o "acusador".
Todos estos nombres son útiles para caracterizar al "Maligno", el personaje con que la tradición judeocristiana ha amedrentado a diferentes generaciones en Occidente. Este personaje, a través de tentaciones, lleva a las personas por el mal camino del pecado, condenando sus almas para arder en las llamas del infierno por toda la eternidad.
El diablo chileno es una "legión" de muchos diablos, dependiendo del territorio. También son muchos los nombres que recibe, mostrando la capacidad de poner sobrenombres y la reticencia a mencionar la palabra "diablo".
Oreste Plath, en su libro “Folclor chileno”, recopila un extenso listado de nombres para designar al diablo: Azufrado, Cachos de Palo, Cachudo, Caifás, Chambeco, Cola de Ballico, Cola de Flecha, Coludo, Colulo, Cuco, Demontre, Destalonado, Diacho, Diantre, Empelotado, Enemigo, Enemigo Capital, Faramalla, Garrúo, Grandote, Lucifer, Malo, Maldito, Maligno, Malulo, Malvado, Mandinga, Matoco, Maulino, Mekola, Mentao, Patas de Hilo, Patas Largas, Patas Verdes, Patetas, Patillas, Pedro Botero, Perverso, Racucho, Rey o Señor de los Infiernos, Rey o Señor de las Tinieblas, Siete Pecheras, Siete Cruces, Tapatarros, Tentación y Tiznado. Durante la investigación para este libro, se descubrieron tres nombres adicionales: el Caballero, el Discreto y el Pije.
Se dice que este diablo chileno es un huaso elegante, patrón de fundo, que viste de negro, con mantas de castilla o chamantos de Doñihue; que cuando sonríe reluce un brillante diente de oro; que monta un corcel negro y que siempre calza una sola espuela en la bota izquierda.
Para la realización de este libro, se realizó un recorrido por distintas localidades de Chile, como Pisco Elqui, Valparaíso, Petorca, Peñaflor, Conchalí, Pirque, Doñihue, Machalí, Los Andes, Alhué, El Huique y Hualañe, entre otras, para conocer y rescatar las historias que aún perviven en la memoria de los viejos y que corren el riesgo de perderse cuando ellos partan.
La Identidad del Diablo
En 1894, en el periódico "La Voz de Petorca", se publicó el poema "La Muerte del Diablo" de Elías Lizana, que describe las andanzas del diablo en Petorca, incluyendo su muerte e inhumación en La Ligua. El poema evidencia la familiaridad con que este diablo se movía por el territorio, como un ciudadano más.
El diablo nació en Mincha,En Choapa se hizo minero,En Chalaco perdió el poncho,Y en Carén dejó el sombrero.La Santa Cruz lo ahuyentóDe las Minas de PutaendoY San Miguel lo pillóEn Petorca remoliendo.En el Papudo lo hallóSan Pedro tomando bañosY de un puntapié lo echóA cama por todo un año.El diablo murió en Petorca,En La Ligua lo enterraron,En Quillota le hacen honras,Y en el Puerto acabo de año.La diabla cuando lo supoDe pena se volvió locaY los diablitos decían:Mi taita murió en Petorca.La mortaja la tejióUna vieja en CurimónY el cuerpo se lo llevóUn buitre para el panteón.
En el libro “Narraciones tradicionales de Petorca y sus alrededores”, figuran cuatro leyendas que explican algunos de los versos de Lizana y que arrojan algo de luz acerca de la supuesta identidad del personaje. El diablo siempre viste elegante, con sombrero y manto negro.
El primer relato, titulado “El diablo murió en Petorca y en La Ligua lo enterraron”, se remonta a la época de bonanza económica de Petorca, producto de la minería del oro y la plata. Una tarde, un desconocido de buen porte ingresó a la cantina más concurrida de Petorca. Inmediatamente, llamó la atención de la concurrencia la inusitada fortuna de la que gozaba el desconocido: el hombre jugaba mucho dinero y apuesta que realizaba, la ganaba. Sin embargo, entre los parroquianos empezó a crecer el recelo. El recién llegado no solo les ganaba fácilmente en el juego, sino que además les quitaba a sus mujeres, por lo que empezaron a correr la voz y a esparcir rumores en el pueblo: como nadie lo conocía y no existía explicación racional para tanta suerte en el juego, el desconocido no podía ser otro que el mismísimo demonio.
Una noche en que el aguardiente corrió con más generosidad de lo habitual, se armaron de valor y llegaron hasta la tinaja donde el desconocido arrojaba las ganancias de la noche. Sigilosamente, se ocultaron tras ella para esperarlo y darle muerte. Apenas llegó, los hombres se abalanzaron sobre él con puñales y estoques, consumando el criminal hecho. Cuando confirmaron que el supuesto diablo había dejado de respirar, lo revisaron y en su bolsillo descubrieron una estampita de la Virgen María, prueba definitiva para demostrar que el finado no era el personaje que sospechaban.
Otra historia refiere a la misma época en que la principal actividad económica de Petorca era la minería del oro y la plata. Desde el valle del Choapa llegó un minero muy trabajador (“En Choapa se hizo minero”), quien en esfuerzo les ganaba a todos los mineros locales. Sin embargo, todo lo que este hombre tenía de empeñoso, también lo tenía de borracho y pendenciero fuera de la faena. Bastaban unos pocos tragos para que este minero choapino se transformara y terminara demostrando su faceta más oculta y odiosa, convirtiéndose en un personaje peleón, mentiroso, atrevido y ladrón. Así, a poco andar, se ganó merecidamente el mote de “El Diablo”.
Como si el apodo hubiese definido su personalidad, El Diablo comenzó a aprovechar cada descanso en la mina para descender de los cerros y cometer más de alguna fechoría en el pueblo, provocando terror en la población y atrayendo la atención de los policías.
una larga búsqueda, en los cerros de Chalaco lo encontraron y le dieron una frisca que lo dejó con un pie en el otro mundo y, posteriormente, lo llevaron hasta la plaza de Petorca, donde le aplicaron más correctivos -a vista y paciencia de todo el pueblo-, castigo que fue suficiente para que el El Diablo recibiera su pasaporte hacia la otra vida.
Nombres del Diablo en Chile
| Categoría | Nombres |
|---|---|
| Nombres comunes | Azufrado, Cachos de Palo, Cachudo, Caifás, Chambeco, Cola de Ballico, Cola de Flecha, Coludo, Colulo, Cuco, Demontre, Destalonado, Diacho, Diantre, Empelotado, Enemigo, Enemigo Capital, Faramalla, Garrúo, Grandote, Lucifer, Malo, Maldito, Maligno, Malulo, Malvado, Mandinga, Matoco, Maulino, Mekola, Mentao, Patas de Hilo, Patas Largas, Patas Verdes, Patetas, Patillas, Pedro Botero, Perverso, Racucho, Rey o Señor de los Infiernos, Rey o Señor de las Tinieblas, Siete Pecheras, Siete Cruces, Tapatarros, Tentación y Tiznado |
| Nombres descubiertos en la investigación | El Caballero, el Discreto y el Pije |
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