Las últimas cifras de empleo publicadas por el INE situaron la tasa de desocupación de agosto pasado en un 7,3%, marcando un aumento de 0,7% en relación al mismo período de un año atrás. El desempleo, tal como se presenta en nuestros días, es un fenómeno propio de las economías capitalistas. El hecho de que exista una masa permanente de personas que teniendo la capacidad y la necesidad de trabajar para ganarse la vida no puedan hacerlo es un fenómeno que surge con este régimen social de producción.
El Desempleo y las Clases Sociales
Podemos decir además que este no afecta por igual a los distintos miembros de la sociedad. Por ejemplo, la manera y probabilidad de sufrirlo serán muy distintas dependiendo de si se concurre a la producción -o se pretende ser parte de ella- con un monto de ahorro previo o en posesión de algún activo que genere ingresos que permitan subsistir por algún tiempo mientras no se encuentra trabajo, que si se acude a ella solo con la fuerza de trabajo y con una familia que alimentar a cuestas. Naturalmente la estadística oficial de empleo no está elaborada desde una perspectiva de clases sociales. Esta se rige por un marco conceptual distinto.
Para dichos efectos se ha recurrido a la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) de 2017. Esta encuesta se lleva a cabo entre octubre y diciembre de cada año. En estricto rigor esta constituye una extensión realizada una vez al año de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE), las misma con la cual el INE elabora mensualmente las estadísticas oficiales de ocupación, desocupación, composición de la fuerza de trabajo, etc. A partir de las características de los empleos de las personas ocupadas, se obtuvo la estructura de clases de la sociedad chilena. Para tal objetivo se establecieron una serie criterios separadores de las distintas relaciones establecidas en el ámbito de la producción.
El primero fue el de la propiedad de los medios de producción. Así, la realización de una actividad independiente como trabajo principal fue el indicador usado para establecer si la persona se enfrentaba a la producción en calidad de propietario o no. En la misma línea, se consideraron también los ingresos derivados de la propiedad. Si esta condición se cumplía, el segundo criterio identificador correspondió a la capacidad de emplear a otros individuos (más allá del círculo familiar inmediato) para llevar a cabo dicha actividad autónoma. Para aquellas personas sin capacidad de realizar una actividad independiente, en tanto, se consideró si esta era empleada en las labores generales del Estado (administración pública), por los hogares o por una actividad privada.
Ahora bien, las clases no se circunscriben exclusivamente a aquellos miembros de la sociedad que se hallan ocupados -o con la intención inmediata de poder serlo-. Estos también tienen y pertenecen a familias, cuyos miembros pueden estar o no insertos en la producción social. Antes de analizar las cifras es necesario entender que el desempleo es un fenómeno consustancial de las economías capitalistas. No se trata de una “falla de mercado” fruto de la ausencia de competencia, información poco transparente o rigideces. Ni siquiera es consecuencia de una mala política económica del gobierno de turno, aunque esta puede agravarlo. Es, por el contrario, un resultado característico de la propia dinámica de la acumulación del capital.
El Desempleo en el Contexto Capitalista
Con el keynesianismo la economía burguesa pensó en su momento haber encontrado la piedra filosofal que finalmente le permitiese cuadrar el círculo: acabar con el desempleo y mantener las relaciones capitalistas en la producción simultáneamente. Sin embargo, ante la contundencia de los hechos la economía académica no tuvo más remedio que reconocer a regañadientes la inevitabilidad del fenómeno del desempleo en las sociedades modernas. Naturalmente este fue asimilado de forma torcida y mistificada, reduciendo las causas de este al ámbito de las decisiones individuales de las personas, a las “fricciones” propias del mercado laboral y de las intervenciones distorsionadoras del Estado en la economía. A contrapelo de dicha visión, son las condiciones sociales que presupone y sobre las que se mueve y potencia la acción del capital en la producción las que generan el desempleo.
Esta no es solo -como sostiene el keynesianismo- un despilfarro de recursos, en el sentido de que gente que pudiendo y queriendo -o más bien, necesitando- trabajar, no lo hace. Sí, es eso. Pero es también una condición necesaria para las sucesivas expansiones de la economía. Es un grupo de potenciales trabajadores que constituyen materia dispuesta y disponible para ser explotada por el capital en cualquier momento. Y efectivamente, si aplicamos a las distintas clases sociales los mismos criterios que el INE establece para la determinación de la tasa de desocupación para toda la población, se observa que entre las clases asalariadas la obrera destaca por sobre el resto. De hecho, a excepción de los rentistas y la población marginal, es la única clase social cuya tasa de desocupación se sitúa por sobre la del promedio nacional.
Así, si en el trimestre móvil de octubre-diciembre de 2017 la tasa de desocupación nacional alcanzó un 6,4%, en el mismo período este indicador se situó en un 9% para la clase obrera. Esto es una tasa 40,3% superior al del promedio nacional. Lo anterior, sin embargo, no agota el problema. En efecto, bien puede hacer un grupo de personas fuera de la clase obrera que, aun estando ocupada según el criterio de la estadística oficial, estarían dispuestas a incorporarse a esta. Esta sería la situación de una parte importante de los ocupados del resto de las clases populares -y qué decir de aquellos miembros desocupados de estas mismas clases-.
Por ejemplo, la pequeña burguesía tradicional, la tercera en importancia numérica en la sociedad chilena, constituye más que nada una clase social de “refugio” en la que termina la población que ha sido expulsada o no encuentra cabida en la producción capitalista, emprendiendo finalmente algún tipo de actividad de sobrevivencia más que un trabajo realmente productivo. Así, el primer “anillo” estaría constituido por los desocupados de la propia clase, unas 350 mil personas. El segundo anillo vendría dado por los desocupados del resto de las clases populares, alrededor de 89 mil personas. El tercero, compuesto por los miembros inactivos de las clases populares que potencialmente estarían dispuestos a trabajar, abarcaría unas 513 mil personas. Y, finalmente, los ocupados de las clases populares no obreras que buscan otro trabajo con mejores condiciones, unas 150 mil personas. En base a esto, el ejército industrial de reserva que gira en torno a la clase obrera habría alcanzado, en términos gruesos, los 1,1 millones de personas.
Desempleo y Pobreza
Como bien se sabe, el desempleo, se relaciona directamente con el pauperismo que aqueja a las clases populares, y especialmente a la clase obrera. De acuerdo a los resultados de la encuesta Casen 2017, el 8,6% de la población en Chile reporta ingresos por hogar bajo el umbral de la pobreza. Ahora bien, tomando como referencia la información de la ESI, y considerando solo los ingresos provenientes del trabajo y la propiedad más jubilaciones que aportan los distintos miembros del hogar, la proporción de la población que queda por debajo de la línea de la pobreza alcanza el 22,1%. Si bien dentro de las clases populares la obrera es la que, después del funcionariado público, menores niveles de pauperismo exhibe, aun así la importancia relativa de su componente no pobre (75,9%) queda bastante lejos del de las clases dominantes. En general, este componente se sitúa entre 20 y 24 puntos porcentuales por debajo del de aquellas clases, cuyos miembros casi en su gran mayoría logran escapar de la pobreza.
De este modo, tanto por el tamaño de estas clases como por la particular fuerza con que les pega, la pobreza en Chile es esencialmente un fenómeno obrero y pequeñoburgués tradicional. En cifras redondas, 77 de cada 100 personas cuyo ingreso per cápita por hogar no superó la línea de la pobreza en 2017 provinieron de la clase obrera y de la pequeña burguesía tradicional.
En el caso de que efectivamente existiera una solución para el desempleo en el capitalismo -y los trabajos de Kalecki sugieren que él era de la idea de que esto es al menos teóricamente posible-, y aun siendo conocida por el gobierno, esta no sería implementada. ¿Por qué? Porque el desempleo no es solo un fenómeno económico, cumple también una función política en las sociedades capitalistas: es un mecanismo que permite disciplinar a los trabajadores.
El Rol de las Tecnologías de Búsqueda en el Desempleo
Hemos observado un grado importante de resiliencia en la tasa de desempleo en el contexto de una fuerte desaceleración local. Esto no es propio de Chile, sino también de otras economías que atraviesan por una posición cíclica similar (como Brasil). Sin embargo, el argumento de la menor participación laboral como determinante de las bajas tasas de desempleo, como podría desprenderse de la situación laboral en EEUU y Brasil, no se condice con lo observado en Chile. La participación laboral en nuestro país (es decir, la oferta de trabajo) no ha tenido mucha acción posterior a la crisis financiera. Es más, esta ha permanecido estable en los últimos años y con una leve tendencia positiva.
De alcanzar un 58.5% promedio en 2010 ha aumentado a una media de 59.8% en 2014 -impulsada por la participación femenina que compensó una caída en hombres. Por otro lado, el fenómeno de la cuenta propia, llamativo en el actual ciclo, no muestra diferencias relevantes como porcentaje de la ocupación total. De representar un 20,32% promedio en el año 2010, el 2014 llegó a una media de 20,34%. Dicho lo anterior, qué explica entonces la baja tasa de desempleo en Chile a pesar de la fuerte y persistente desaceleración local? Una hipótesis que barajamos es que la tasa natural de desempleo en Chile sea menor, o por lo menos, menor respecto a lo que estábamos acostumbrados a observar.
Lo anterior, podría estar asociado a un mero efecto estadístico, dado que hoy la definición de ocupación según la Nueva Encuesta Nacional de Empleo (NENE) es mucha más laxa que la metodología pasada. Alternativamente, al interpretar el mercado laboral como uno relacionado a mecanismos de búsqueda (searching), la menor tasa de desempleo natural se podría justificar como un shock tecnológico específico en este mercado. Es decir, no necesariamente producimos más bienes y servicios a propósito de la desaceleración-, pero somos mejores en reasignar los flujos de empleo.
Al mirar las estadísticas del SII, la creación de empresas relacionadas al reclutamiento y búsqueda laboral destaca por sobre la creación nacional de empresas. De existir 179 empresas de reclutamiento el 2005, alcanzamos las 366 a fines del 2014, un incremento de 104% en 8 años. Estos números se abultan si consideramos empresas de suministro de personal (o subcontratación), que en algunos casos están integradas con departamentos de búsqueda. Asimismo, en un reciente informe publicado por el Banco Central, que explota la bases de datos del seguro de desempleo, se observan mayores flujos de los que pensábamos existían en el mercado laboral. En particular, se observa un flujo considerable de personas que se mueven de un trabajo a otro sin pasar por desempleo (concepto conocido como flujo job-to-job). Lo anterior es evidencia de que el tiempo promedio de desempleo durante el ciclo económico podría ser sustancialmente menor.
En este contexto, de aumento de la participación (oferta) laboral y de mayor productividad en los mecanismos de búsqueda en el mercado del trabajo, la hipótesis de una menor tasa natural de desempleo no se puede descartar, aún cuando, la magnitud de este impacto aún es difícil de cuantificar. De ser cierta esta interpretación, hoy nuestra economía podría soportar tasas de desempleo menores sin necesariamente generar mayor inflación.
Así, la contradicción entre el estado de las holguras de capacidad que se desprenden por el lado de la actividad respecto de las menores holguras que se observan por el lado del mercado laboral, podría no ser tal. Esto podría ser una razón suficiente para que el Banco Central deje de preocuparse por la inflación subyacente, producto de una supuesta estrechez laboral y de salarios que en nuestra opinión se explica por una recomposición de salarios-, y materialice los estímulos que creemos requiere nuestra economía para recuperar las tasas de crecimiento potencial y dar mayor soporte a la inflación de largo plazo.
Tabla: Tasa de Desocupación Nacional vs. Clase Obrera (Octubre-Diciembre 2017)
| Indicador | Tasa |
|---|---|
| Tasa de Desocupación Nacional | 6,4% |
| Tasa de Desocupación Clase Obrera | 9% |
| Diferencia | 40,3% superior |

