En 1976, Julio Scherer dejó la dirección de Excélsior, marcando el inicio de una nueva etapa en la prensa mexicana. Muchos de sus colaboradores se unieron a él, abriendo una nueva etapa en la prensa mexicana. Scherer fundaría ese año la revista Proceso y en 1977 una nueva cabecera haría su aparición en la prensa diaria, Unomásuno. De sus páginas, emergerá en 1984 La Jornada.

Los motivos, entre otros, la censura en su línea editorial. Miguel de la Madrid llevaba dos años de gobierno neoliberal. La batalla de las ideas estaba en todo su apogeo. La máxima "estás en el PRI o estás en el error" se resquebrajaba.

Invitado por Pablo González Casanova, entonces director del flamante Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades, viví el periodo electoral y su desenlace. En esta coyuntura, La Jornada era de obligada lectura. Un referente. Tenía una perspectiva latinoamericana y un sentido global.

El conflicto en Centroamérica, la perestroika, el fin de las dictaduras en el Cono Sur, los procesos de transición, eran tratados en artículos de opinión que se transformaban en imprescindibles para el debate. Reportajes, entrevistas, suplementos permitían tener una visión amplia de los acontecimientos vividos en México y el mundo.

La Jornada está y ha estado en primera línea dando a conocer la realidad política, social, cultural, económica en el terreno interno como en el plano internacional. Sus corresponsales en el extranjero, en América Latina y España facilitan conocer de primera mano los hechos.

Baste recordar las informaciones tras los terremotos de 1985, a menos de un año de su nacimiento. Tambien el alzamiento zapatista de 1994, la muerte de Hugo Chávez, los golpes de Estado en Honduras, Bolivia, Brasil y hoy los sucesos en Argentina, Venezuela, las elecciones estadunidenses, el informe de los asesinatos de Ayotzinapa, la represión, los cárteles de la droga, el debate de la 4T, y tantos otros. Eso hace de La Jornada un periódico único y diferente.

Confieso ser adicto a La Jornada. En sus páginas de opinión encuentro una amplitud ideológica y política de la cual carecen la mayoría de los medios de información. En sus columnas se encuentran ensayos de premios Nobel, académicos, literatos, sociólogos, artistas, empresarios y políticos de todas las corrientes teóricas e ideológicas. Sin citar nombres propios, escriben y han escrito en sus páginas, pensadores liberales, conservadores, radicales, socialistas, marxistas, socialdemócratas de los cinco continentes y todo el espectro político mexicano, lo cual habla del compromiso de su dirección por brindar pensamiento crítico en todas sus vertientes.

En estos 40 años, algunos colaboradores han sido asesinados, otros amenazados. La han intentado silenciar, comprar, asfixiar económicamente; sin embargo, no lo han logrado. Su perseverancia y su proyecto, es ejemplo de dignidad y ética periodística. En La Jornada he leído y fotocopiado artículos que utilizo en mis clases. Auténticos tratados, nada qué envidiar al ensayo académico, muchas veces repetitivo y farragoso.

Pero ha sido la digitalización, a fines del siglo XX, lo que supuso un salto cualitativo. En España, las empresas periodísticas como El País, El Mundo, La Vanguardia con ediciones en papel envían el mensaje: la información hay que pagarla. La imposibilidad de leer, reproducir, enviar artículos, noticias e informaciones marca la diferencia.

Si no existiera La Jornada, me platicaba Pablo González Casanova, habría que inventarla. Estaba orgulloso de participar en el proyecto y escribir en sus páginas. Cuando viajaba a España, nuestra conversación matutina partía con su pregunta: "¿Qué trae La Jornada hoy, Marcos?

En este mes se cumplen 40 años de su fundación y no puedo dejar de escribir esta especie de memoria para dejar constancia y dar las gracias su directora, Carmen Lira, y su consejo editorial y de redacción. Son ejemplo en la defensa de la libertad de expresión y prensa. En España y me atrevería a decir Europa occidental, en estos momentos de crisis de los valores democráticos, no podré leer, en ningún periódico, las columnas de opinión que leo en La Jornada. Por ejemplo, las del embajador de Rusia, Ucrania, Estados Unidos, Canadá o China.

Colaboro desde 2001 en la sección de Opinión. Casi un cuarto de siglo, Luis Hernández Navarro se muestra paciente con mis "neuras". En este tiempo, nunca y debo decir nunca, he sido censurado. Estoy eternamente agradecido a quienes me invitaron a participar del proyecto. Es un honor escribir en La Jornada. No puedo decir lo mismo de los periódicos en España. En ellos he sufrido la censura de sus editores. Razón por la cual decidí no publicar en España.

El Despido de Dirigentes Sindicales en La Jornada

El consejo directivo del periódico La Jornada despidió a Judith Calderón, secretaria general del Sindicato Independiente de Trabajadores de La Jornada (Sitrajor), y a Leonardo Mondragón Román, secretario de organización. Se trata de una medida claramente represiva contra quienes lucharon por la defensa de su contrato colectivo de trabajo y con el objetivo de amedrentar al conjunto de los trabajadores de La Jornada para avanzar en quitarles prestaciones y conquistas.

El Sitrajor hizo público a través de un comunicado que Calderón Gómez y Mondragón Román fueron denunciados penalmente; y también el hijo de la líder sindical, Alejandro Caballero Calderón, quien “acudió a las puertas de ese diario y se solidarizó con los huelguistas”. Asimismo, el ministerio público les hizo saber que hay una persona más con imputaciones, a punto de ser notificada.

Los dirigentes del Sitrajor fueron citados a declarar ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, el 15 de agosto; mientras que Alejandro Caballero Carlderón, de apenas 20 años, fue citado para el pasado 16 de agosto. Las indagaciones llevadas a cabo por las autoridades están relacionadas con la huelga, concluida el 4 de julio con un convenio, y bajo el acuerdo de que no habría despidos ni represalias por parte de la empresa hacia los trabajadores.

Judith Calderón Gómez y Leonardo Mondragón Román encabezaron, junto a sus compañeros de sindicato, la huelga de La Jornada estallada el pasado 30 de junio en defensa del Contrato Colectivo y en defensa de las conquistas de los trabajadores. Dicha huelga generó una discusión entre la intelectualidad progresista y los trabajadores.

Pedro Miguel, cercano a Morena, Blanche Petrich, periodista multipremiada, el Fisgón, Héctor Díaz Polanco, Paco Taibo II, encabezaron una cruzada para quitar legitimidad a la huelga del sindicato. Judith trabajaba en La Jornada desde 1984. Egresada de la FES Acatlán ha publicado libros de investigación de diversos temas. En 2003 publicó Infancia sin amparo con el sello Grijalbo y La Jornada que relata una investigación sobre los niños en situación de calle. Por dicho trabajo recibió el Premio de Periodismo por la Infancia del Centro Mexicano por los Derechos de la Infancia (CEMEDIN). En 2016 recibió la medalla Omecíhuatl al honor al periodismo.

En esa ceremonia señaló, luego de subir al estrado con una pancarta de los 43 de Ayotzinapa: “Es por la violencia que hay en el país y las agresiones al gremio que llevamos años luchando porque se respete a la libertad de expresión, porque atacar a un periodista no lesiona solo al reportero y su familia, dejan a la Sociedad desinformada sin el derecho a conocer lo que ocurre”.

Hoy la patronal despide a la dirigente del sindicato y a su secretario de organización. Es claramente una medida de represión política por parte de la empresa Desarrollo de Medios, S.A. de C.V.). Los trabajadores volvieron al trabajo con la certeza que la patronal cumpliría no despedir a los involucrados en el movimiento.

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