En nuestra sociedad moderna, el equilibrio entre trabajo y familia es un tema de gran importancia. Es importante integrar el trabajo y la vida en familia porque el equilibrio entre los dos es fundamental para el bienestar de todos. La integración de trabajo y familia también puede ayudar a los empleadores a mantener un ambiente de trabajo positivo y también beneficiarse de una mejor retención de empleados. Los empleados que se sienten respetados por sus empleadores son más propensos a quedarse con la empresa por más tiempo.
Uno de los principales desafíos al equilibrar trabajo y familia es encontrar el tiempo para ambos compromisos. No organizar el tiempo entre trabajo y familia adecuadamente puede tener consecuencias negativas. Si un trabajador se siente abrumado por sus responsabilidades laborales y personales, esto puede tener un impacto negativo. El trabajo también puede interferir con la vida familiar si un trabajador no tiene suficiente tiempo para pasar con su familia, debido a horas extras continuas. Un trabajador se puede sentir presionado por tener muchas tareas, lo que puede llevar a una carga laboral en exceso. Conciliar trabajo y familia requiere un compromiso para hacer los cambios necesarios. Encontrar el equilibrio entre trabajo y familia puede ser difícil, pero no es imposible.
El Contexto Chileno: Protección Social y Acompañamiento Psicosocial
En Chile, el marco de la protección social para familias en situación de pobreza se inicia en el año 2000. En el gobierno del expresidente Ricardo Lagos Escobar, desde el Ministerio de Planificación (Ministerio de Desarrollo Social a partir del año 2011 por la Ley N° 20.530), en conjunto con instituciones públicas y privadas, se diseña la estrategia de intervención integral a favor de familias en extrema pobreza. Su diagnóstico señalaba que nuevos patrones sociodemográficos habían generado un núcleo de pobreza dura no permeable a los programas sociales convencionales. Además, la focalización de la oferta pública no era lo suficientemente exitosa al interior de la pobreza.
Las intervenciones basadas en transferencias monetarias no eran suficientes para intervenir las causas asociadas a la generación, mantención y reproducción de la pobreza. Era preciso implementar estrategias que abordaran otros aspectos, que impactaran simultáneamente los distintos ámbitos de la vida familiar. Además, se orienta a organizar las políticas y programas sobre la base de la oferta emanada desde el Estado (Palma y Urzúa, 2005). La estrategia propuesta se configuró en torno a la familia como nueva unidad de intervención, reconociendo en ella un espacio privilegiado para generar procesos de desarrollo y promoción vinculados a la superación de la pobreza.
La publicación de la estrategia de intervención integral a favor de familias en extrema pobreza es un hito en materia de protección social en Chile, proponiéndose como su primera aplicación el programa Puente (MIDEPLAN, 2002; Palma y Urzúa, 2005; Robles, 2013b). El programa Puente, entre la familia y sus derechos (nombre legal de la iniciativa) se comienza a implementar en enero de 2002 como experiencia piloto a cargo del Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS) en cuatro regiones de Chile (57 comunas). El programa Puente es el componente principal del Sistema de Protección Social Chile Solidario, y es definido como su puerta de entrada. En conjunto con sus otros elementos, bono de protección, subsidios monetarios garantizados y acceso a oferta preferente, se combinan elementos de la asistencia y promoción social desde una perspectiva innovadora (Larrañaga y Contreras, 2010; MIDEPLAN, 2009; Palma y Urzúa, 2005; Robles, 2013b).
En mayo de 2002, el presidente de la República anuncia su creación y extensión a todo el territorio nacional. Dos años más tarde se transforma en política de Estado a través de la promulgación de la Ley N°19.949 del 17 de mayo de 2004, aprobada por unanimidad en el Congreso Nacional (Congreso Nacional, 2009a; Larrañaga y Contreras, 2010; Palma y Urzúa, 2005). El desarrollo del acompañamiento psicosocial se traduce en la implementación del programa Puente, definido como un servicio continuo de orientación, consejería e intermediación a través de sistema de visitas periódicas. La intervención comienza con la firma de un contrato familiar entre las partes, a través del cual el Estado se obliga a entregar los bienes y servicios a que tienen derecho las familias participantes y estas se obligan a cumplir con las tareas asignadas por sus apoyos familiares.
En el transcurso de la intervención, el apoyo familiar orienta y vincula a la familia con la estructura de oportunidades, posibilitando el logro de las condiciones mínimas de calidad de vida y fortaleciendo capacidades de autogestión y autonomía, incidiendo en la forma en que las personas tienden a vincularse con sus pares, su entorno y la red institucional disponible (FOSIS, 2009; Larrañaga y Contreras, 2010; Robles, 2013b). El programa es ejecutado por las municipalidades y administrado y asistido técnicamente por FOSIS. El programa Puente se extendió entre 2002 y 2014, siendo el último año de ingreso de familias el año 2012.
A partir del año 2006, la consolidación de una red de apoyo a la integración social en todo el territorio nacional y la instauración de un instrumento de focalización social, denominado Ficha de Protección Social, permitió incorporar de manera paulatina a otros sectores no pobres, pero con vulnerabilidades específicas, al sistema Chile Solidario a través de programas de acompañamiento psicosocial especializados. La estrategia de intervención integral a favor de familias en extrema pobreza tuvo una nueva aplicación práctica en la implementación de programas como Vínculos, Calle y Abriendo caminos (Daher y Jaramillo 2016; Hardy, 2011; Larrañaga, Contreras y Cabezas, 2014; MIDEPLAN, 2009).
La modificación se fundamenta en los resultados de la encuesta CASEN, que visualiza el aumento de la extrema pobreza en un 2% entre los años 2006 y 2009 (Kast, 2013; Larrañaga, Contreras y Cabezas, 2014) y en los resultados de las evaluaciones realizadas al Sistema Chile Solidario, que muestran que la intervención no lograba aumentar el nivel de ingreso y acceso al empleo de las familias atendidas (Galasso, 2006; Galasso y Carneiro, 2008; Larrañaga, Contreras y Ruiz Tagle, 2009; Perticara, 2007). La nueva estrategia se basa en las recomendaciones del Consejo Asesor Presidencial Trabajo y Equidad, entregando mayor protagonismo al componente laboral. El supuesto empírico señala que el trabajo es el mayor determinante para la movilidad social y entrega una salida sostenible de la pobreza (Gobierno de Chile, 2008; Kast, 2013; Larrañaga, Contreras y Cabezas, 2014).
La nueva aplicación práctica de la estrategia en el programa Familias combina el acompañamiento psicosocial (desarrollado e institucionalizado por más de 10 años en el país) con el sociolaboral (principal innovación introducida por el nuevo Subsistema Seguridades y Oportunidades). Los nuevos acompañamientos, si bien son intervenciones de distinta naturaleza, trabajan mancomunadamente en la consecución de sueños familiares, por medio de metas y acciones (Arellano, 2013; MDS, 2014; MDS, 2014b; MDS, 2015).
El Rol del Apoyo Familiar
El acompañamiento psicosocial es una intervención que busca promover en las familias el desarrollo de sus habilidades y capacidades para alcanzar la inclusión social y desenvolvimiento autónomo en la estructura de oportunidades. Este objetivo se logra por medio de la intervención del apoyo familiar en el domicilio de las familias. El programa considera 19 sesiones con una frecuencia decreciente, durante 24 meses. El programa está dirigido a personas mayores de edad y en condiciones de trabajar que no se encuentren estudiando o, en caso de estarlo, cuyos estudios sean compatibles con la participación en el programa (Arellano, 2013; MDS, 2015). Se estructura con base en un proceso de acompañamiento y asesoría fuera del domicilio. Los programas de acompañamiento psicosocial y sociolaboral son ejecutados por las municipalidades, administrados y asistidos técnicamente por FOSIS.
El acompañamiento psicosocial basa su intervención en la necesidad de generar en las familias en situación de extrema pobreza la confianza para gatillar procesos de autosuperación, promoviendo el desarrollo de sus capacidades latentes. La relación establecida entre el apoyo familiar y la familia, con el propósito de acompañar de manera integral un proceso de empoderamiento y de mejoramiento de calidad de vida, se denomina vínculo de apoyo psicosocial. Es entendido como una apertura emocional, racional, voluntaria y consiente, entre dos o más personas, en pos de vivir procesos de mutua construcción de cercanía, respeto y reciprocidad, para lograr la satisfacción de necesidades y expectativas de una de las partes, contando con el apoyo de la otra. La relación debe construirse sin prejuicios, de manera gradual, desde un espacio conversacional que potencie la reflexión, los aprendizajes y un clima emocional de inclusión. La metodología de los programas de acompañamiento se basa en la conversación.
El apoyo familiar define su rol desde la existencia de una familia en situación de extrema pobreza que desea ser intervenida en su subjetividad, por medio de una relación cercana y confidencial. El perfil del apoyo familiar se encuentra establecido en las leyes que fundamentan los programas Puente y Familias, así como sus respectivos reglamentos. Estos señalan que el cargo debe ser ocupado mediante concurso público por un profesional o técnico de las ciencias sociales, estableciéndose algunas excepciones de carácter geográfico y escasez de recursos humano (Congreso Nacional, 2004; Congreso Nacional, 2012). La caracterización de los apoyos familiares establece que la edad promedio es de 34 años, siendo el 69,6% menor de 40 años. La mayoría son mujeres, representando el 88% del total. En términos profesionales, el 80% posee estudios superiores completos, siendo en su mayoría trabajadores sociales (75%), seguido por educadores y en menor medida psicólogos.
Evaluación de los Programas y el Apoyo Familiar
Las evaluaciones cualitativas del programa Puente fueron desarrolladas por universidades y ONG, respecto de la satisfacción de las familias con el programa (Alcalá Consultores, 2005) y en cuanto a aspectos subjetivos de la intervención (Asesorías para el Desarrollo, 2005; Centro de Medición UC, 2005; Facultad Ciencias Sociales, Universidad de Chile, 2005; Huepe, 2011; Sur Consultores, 2005). Los resultados muestran una elevada aprobación del programa por parte de las familias, siendo el apoyo familiar el componente mejor evaluado. Se rescata la promoción de cambios positivos en las dinámicas familiares, la vinculación con la institucionalidad, el empoderamiento y el manejo de información.
Este estudio se desarrolló por medio de una aproximación cualitativa que destaca como una forma de comprender el proceso investigativo y su relación entre problema y método. El diseño se llevó a cabo a través de un estudio de caso. Para Borges (1995) este tipo de estudio es una herramienta óptima para describir la ocurrencia de un fenómeno dentro de un contexto determinado, complementando la falta de profundidad de estudios cuantitativos al tratar algunas realidades sociales. La producción de datos se llevó a cabo mediante la técnica de recopilación documental. Esta técnica tiene como finalidad recopilar datos e información a partir de fuentes documentales con el fin de ser utilizados para el análisis en profundidad (Hochman y Montero, 2005).
Los datos se trataron por medio de un análisis documental de contenido con el apoyo de ATLAS ti v6, utilizando una lógica inductiva derivada de categorías. Para Atkinson y Coffey (2006), los documentos son actores, es decir objetos que desarrollan cosas, legitiman la autoridad y validan formas de poder. Desde el análisis documental emergieron cuatro categorías, a saber: rol socioeducativo, vínculo de apoyo, conversaciones sistémicas y autoconocimiento. Estas categorías, en su conjunto, destacan la centralidad que ocupa el apoyo familiar en la definición de los programas de acompañamiento como estrategia de intervención.
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