En julio de 2013, pocos meses después de asumir el papado, el Papa Francisco asistió a la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, Brasil. En su primer viaje internacional a Río de Janeiro, en Brasil, para participar en la 28ª Jornada Mundial de la Juventud, en un país claramente afectado por la plaga de la corrupción, Francisco invitó a los jóvenes a no desanimarse, a no perder la confianza y a no dejar que la esperanza se apague.

Durante su visita, conoció a la presidenta Dilma Rousseff con la que mantuvo una estrecha relación, incluso, en torno al deporte.

“Pocos meses antes del Mundial de Brasil, Dilma Roussef fue a Roma y se reunió con el Papa Francisco y le hizo una broma. ‘En este Mundial, sean neutrales en sus oraciones’, le dijo la mandataria. Luego, Brasil perdió 7-1 con Alemania... Un líder mundial escuchado y respetado en momentos en que el mundo se vio envuelto por la crueldad absurda de la guerra y la imperiosa necesidad de hacer frente al deterioro medioambiental. En estos años sucedieron encuentros, viajes, escritos y gestos cargados de simbolismos. Francisco fue el Papa de la misericordia, el Papa de la sinodalidad, el Papa de la Iglesia en salida. Con él adquirieron especial relevancia temas como la urgente renovación eclesial y la vocación misionera de la Iglesia, el diálogo interreligioso, el rol actual de la mujer en la sociedad y la sustentabilidad.

Anécdotas y Reflexiones del Papa Francisco

Tras su partida, el Papa Francisco dejó una serie de anécdotas ligadas al fútbol, una de sus más grandes pasiones. Fallecido el lunes a los 88 años, el argentino Jorge Bergoglio fue un ferviente seguidor de San Lorenzo de Almagro.

Sin embargo, un antecedente cambió su vida como seguidor del equipo de Bajo Flores, uno que lo obligó a no ver nunca más los partidos por televisión debido a una promesa que hizo a principios de los 90. Así contó el periodista Ariel Palácios, corresponsal de Globo News y Sportv en Buenos Aires.

En entrevista con el portal brasileño Globo Esporte, Palácios detalló cómo era la estrecha relación del Sumo Pontífice con el deporte de balón. Parte del material que también está presente en el libro América Latina lado B, escrito por el propio comunicador.

“El Papa era un fanático del fútbol, hincha del San Lorenzo desde niño, equipo que casualmente fue fundado por sacerdotes y por eso el apodo es Cuervos, porque los sacerdotes vestían sotanas negras. Aunque los colores del club no tienen nada que ver. El Papa se convierte en obispo, en cardenal y continúa yendo al estadio, pero no de civil, sino de sotana”, dijo Palácios.

En la misma conversación agrega cuál fue la razón que alejara al transandino del equipo del Nuevo Gasómetro, el estadio del equipo al que siguió desde pequeño, pero tampoco seguirlo a través de la televisión. Promesa que bien habla de su compromiso con las personas, el que iba mucho más de una simple camiseta.

“A principios de los años 90, había una niña que enfermó gravemente y él hizo una promesa por su salud. La promesa fue la de nunca más volver a ver un partido de fútbol por televisión. Solo faltaba la radio e ir al estadio. Pero en 2013 fue elegido Papa, nunca regresó a Argentina, no tuvo posibilidad ni tiempo de ir al estadio, de tomar el diario y leerlo, de escucharlo en la radio”, explicó el comunicador paulista.

El Fanatismo Persistente

Pero el fanatismo de Bergoglio por el equipo de Boedo no disminuyó, a pesar de la distancia para obtener noticias sobre San Lorenzo. Para eso Francisco I contó con la ayuda de uno de los miembros de la Guardia Suiza, responsable de la seguridad del Papa y del Vaticano, para conocer los pormenores de su equipo favorito.

“Entonces, la Guardia Suiza, la misma que protege al Papa y al Vaticano hace 500 años, por primera vez tuvo una función completamente diferente. Porque uno de los oficiales fue el encargado de hacer un resumen de los partidos que el Papa quería saber. Un resumen muy detallado sobre las posiciones de los jugadores, quién pateó, si alguien se lesionó. No solo era la parte técnica, era todo. Detalles que el Papa quería saber en profundidad. Todo para que el Papa pudiera reconstruir mentalmente todo el partido”, reveló Palácios.

Una promesa que el Papa Francisco respetó a cabalidad que, incluso, le impidió ver a Lionel Messi jugar por televisión. No vio las finales del Mundial que disputó Argentina, en 2014, cuando fue subcampeona en Brasil, y en 2022, cuando fue campeona en Qatar.

“Cuando el Papa hizo esa promesa, Messi tenía cuatro o cinco años. Entonces el Papa nunca vio jugar al astro transandino. Después, recibió a Messi en el Vaticano, lo abrazó a Messi, pero lo cierto es que nunca lo había visto jugar”, afirmó el profesional a Globo Esporte.

La Corrupción: Un Tema Recurrente

En la visita a la comunidad de Varginha (Manguinhos) dice abiertamente: “La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar. en la Cruz, Jesús está junto a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven el egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio.

En su primer viaje internacional a Río de Janeiro, en Brasil, para participar en la 28ª Jornada Mundial de la Juventud, en un país claramente afectado por la plaga de la corrupción, Francisco invita a los jóvenes a no desanimarse, a no perder la confianza y a no dejar que la esperanza se apague.

Hasta ahora, en el tema de la corrupción, el Papa Francisco se ha dirigido a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en dos ocasiones. En ambos casos, el Papa reiteró la importancia de poner en primer lugar “a la persona y la dignidad humana”, haciendo un reproche explícito a “tantos sofismas” y coartadas que acompañan los debates sobre la lucha contra la pobreza y el hambre.

Las intervenciones más frecuentes en términos de corrupción las ha hecho el Papa, como decíamos, durante las meditaciones matutinas en la Capilla de Santa Marta, donde comenta las lecturas propuestas por la liturgia del día. Estas intervenciones tienen por lo tanto un planteamiento puramente pastoral.

Recibiendo en distintos momentos a los obispos de las Conferencias Episcopales de Madagascar, de Sudáfrica y de Ghana en visita “ad limina”, el Papa los estimuló para seguir trabajando a favor de los débiles, los pobres y los marginados, cuya condición “se debe en gran medida a la corrupción y a una falta de atención por el bien común”.

Los obispos de Sudáfrica, en particular, escribieron una declaración pastoral sobre la corrupción -“la corrupción es un robo a los pobres… hiere a quien es más vulnerable… daña a toda la comunidad… destruye nuestra confianza”- y el Papa Francisco manifiesta su apoyo ante esta preocupación: “La comunidad cristiana está llamada a ser coherente con su testimonio de las virtudes de honradez e integridad, para que podamos estar ante el Señor y ante nuestro prójimo con las manos limpias y el corazón puro (cf. Sal 24,4) como levadura del Evangelio en la vida de la sociedad”.

En el momento en que estamos escribiendo, considerando las fuentes oficiales, el Papa Francisco se ha referido al tema de la corrupción por lo menos en 34 ocasiones desde el día de su elección como Pontífice. Las expresiones más fuertes aparecen en las meditaciones matutinas, en la Capilla de la Casa de Santa Marta, constituyendo una prerrogativa con carácter exclusivo de este pontificado.

Asimismo, “no conoce la fraternidad o la amistad, sino la complicidad y la enemistad”. La corrupción “es un mal más grande que el pecado” -dice Francisco- y “más que perdonado, este mal debe ser curado”. La corrupción se ha convertido en algo natural, hasta el punto de llegar a constituir un estado personal y social relacionado con la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en los contratos públicos, en toda negociación que implique agentes del Estado.

El corrupto “no valora a los demás y ataca con el insulto a quien piensa de modo diverso. Si las relaciones de fuerza lo permiten, persigue a quien lo contradiga”. Por otra parte, “la corrupción se expresa en una atmósfera de triunfalismo porque el corrupto se cree un vencedor”.

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