Razones de seguridad, protección, transporte y calidad de la vida familiar son parte de la interpelación que trabajadores(as) del Comercio han realizado a empresarios del sector para comenzar a cerrar locales desde las 19 horas. Sus complejas condiciones laborales han quedado aún más en evidencia durante la pandemia, una realidad que afecta principalmente a las mujeres y que se extrapola también a otros sectores. A eso se suma la escasa locomoción que hay en Santiago y las restricciones por motivos sanitarios, como el toque de queda, considerando además que a muchos(as) trabajadores(as) les toma dos horas promedio el traslado a sus casas.

Impacto en el Empleo y la Recuperación Económica

La precariedad en las condiciones laborales, particularmente en el comercio, y su impacto más específicamente en las mujeres, no es nueva, pero con la Pandemia se ha intensificado. Los últimos estudios (ENADEL; INE) muestran una recuperación paulatina del empleo en el comercio, pero las tasas de recuperación son menores para las mujeres que para los hombres (-2.9 versus 0.9 por ciento, respectivamente) para el primer trimestre de 2021. Lo anterior propició la aparición de un creciente número de personas con esquemas de contratación temporal (12 por ciento) y de subcontratación (9 por ciento). El desempleo o la calidad del empleo y sus efectos en los hogares ha sido gravitante, contemplando que además de la pérdida de empleos, los ingresos percibidos por los(as) trabajadores(as) en ese sector son menores en comparación con otros grupos.

El Debate sobre la Reducción de la Jornada Laboral

En este contexto, la relación entre trabajo y familia se ve mermada, pues el tiempo disponible para las actividades de convivencia y reproducción social disminuye debido a las largas jornadas laborales en el país. Respecto a la petición sobre cerrar el comercio desde las 19 horas o una disminución de horas en la jornada laboral, Claudia Campillo piensa que podría ayudar especialmente a aquellas mujeres con responsabilidades de cuidados en los hogares. Gloria Zavala, académica del Departamento de Psicología de la U. de Chile, comenta que el debate debe considerar que cerrar el comercio a las 19 horas no implica necesariamente que los trabajadores y las trabajadores van a salir de su trabajo en ese horario, ya que muchos(as) de ellos(as) deben realizar labores posteriores al cierre de los negocios, para poder abrir sin problemas al día siguiente.

La propuesta de la diputada Camila Vallejo (PC) de reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas ha causado bastante rechazo entre algunos expertos que participan en el debate público, incluyendo al ministro de Hacienda. El proyecto de disminución de la jornada laboral de 45 a 40 horas propuesto recientemente en el Congreso ha significado una intensa discusión entre economistas. Una de las voces opositoras que sonó con más fuerzas fue la del ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, quién negó su apoyo al proyecto por la carga que recaería en la economía, agregando: “Es bien importante reconocer que trabajamos muchas horas en Chile, pero lo que hay que hacer es ser más productivo para trabajar menos horas”.

Análisis Técnico de la Propuesta

En términos generales, el proyecto propone la reducción de 45 a 40 horas de la jornada laboral. Esto puede resultar en un aumento directo del salario real por hora, dependiendo de los efectos indirectos sobre la demanda por trabajo. Lo anterior afecta fundamentalmente al sector formal de la economía (es imposible regular el sector informal) pero puede afectar indirectamente el sector informal. El efecto sobre el empleo depende de lo que los economistas llamamos “elasticidad de demanda” por trabajo, que mide la tasa en que la demanda por trabajo de las empresas, medida en horas, cambia cuando varía el salario. Según estos valores, una disminución de la jornada de un 10% (de 45 a 40 horas aproximado) y el consecuente aumento del salario por hora, hará que la demanda total en horas de trabajo disminuya entre 5% y 2%. Sin embargo, dado que ahora cada empleado trabaja 10% menos horas por semana, habrá un aumento en el número de trabajadores empleados (notar diferencia con horas de trabajo) entre 5% y 8%.

Las características del mercado del trabajo antes descritas, a la que se le suma una oferta laboral flexible en el sector formal con una elasticidad de oferta de trabajadores al sector formal verosímil (entre 0,5 y 1), derivarían en un aumento significativo del salario por hora luego de la reducción de la jornada laboral. El ingreso semanal puede caer entre un 3% y 4%, esto si es que las horas trabajadas por semana bajan en una proporción mayor que el aumento del salario por hora. Sin embargo, los aumentos de productividad laboral que puede traer esta reforma pueden revertir esta caída.

La Hipótesis de los Salarios de Eficiencia

¿Cuál es la relación entre la disminución de la jornada laboral y la productividad laboral? Los economistas conocemos muy bien la famosa wage efficiency hypothesis (hipótesis de salarios de eficiencia) desarrollada por Carl Shapiro y el Nobel de economía Joseph Stiglitz. Con mejores condiciones laborales, los trabajadores estarán más satisfechos y apreciarán más su puesto de trabajo, por lo que estarán dispuestos a proveer un mayor esfuerzo en su actividad, lo que a su vez redundará en una mayor productividad laboral.

La hipótesis de los salarios de eficiencia permite inferir que el proyecto de reducción de la jornada laboral tendrá efectos más potentes que una mera subida de los salarios. En general se puede demostrar que una reducción de la jornada laboral como la que propone el proyecto en cuestión, reduciría la brecha entre el producto marginal del trabajador y su salario efectivo.

Finalmente, no deja de ser necesario, incluso en un análisis de economistas, plantear el sentido común que resulta tan solo pensar los beneficios (ampliamente definidos) de disminuir la jornada laboral dada las actuales condiciones laborales del país. Según la última edición de Workmonitor, Chile es el quinto peor país (de 33 que son parte del estudio) en cuanto a la satisfacción laboral de los trabajadores, lo que sin duda afecta negativamente la productividad laboral. Una forma efectiva de reducir tal nivel de insatisfacción y por lo tanto de aumentar la productividad es reduciendo la actual larguísima jornada laboral.

Cabe mencionar que en la medida que la jornada se siga cortando a niveles por debajo de 40 horas semanales, los beneficios de reducciones adicionales de la jornada laboral irían bajando y los costos aumentarían. Es útil pensar que la relación entre el largo de la jornada laboral y el bienestar de la población es de una forma de U invertida, lo cual implica que hay un largo de la jornada que es óptima para inducir el máximo beneficio social.

Argumentos a Favor y en Contra

El proyecto de ley, presentado por la diputada Camila Vallejo, aspira a que los trabajadores y trabajadoras dediquen menos tiempo al horario laboral y más tiempo al ocio y otras actividades. Con esa información como base, la diputada Camila Vallejo encendió el debate redactando un proyecto de ley que aspira a rebajar la carga laboral de 45 a 40 horas semanales. Según el economista de Fundación Sol, Gonzalo Durán, la productividad y la disminución de las horas de trabajo han tenido una correlación que se expresa fielmente en el desempeño de economías de Europa central a las que Chile mira con admiración.

Uno de los que puso el grito en el cielo fue Mario Waissbluth, fundador de Educación 2020. En una publicación, el columnista aseveró que las consecuencias inmediatas de la política serían que las empresas tuviesen que contratar un 12,5% más para seguir produciendo lo mismo. Carolina Grünwald, economista de Libertad y Desarrollo, señaló que cortar la jornada laboral no nos va a hacer un país más productivo. Asimismo, le parece complejo que sea el Estado quien rija los términos a los que llegan empleados y empleadores.

El Impacto en la Salud Mental

Los autores de esta columna muestran cómo nuestras extensas rutinas laborales y extenuantes tiempos de traslado afectan particularmente la salud mental de mujeres y trabajadores informales, grupos que se caracterizan por tener escaso poder de negociación tanto en sus espacios laborales como en el mundo privado y familiar. Desde el año 2015 los problemas de salud mental se han transformado en el principal motivo de permiso laboral. Según un reciente informe del Ministerio de Salud, las licencias médicas por enfermedades mentales aumentaron un 53% entre 2013 y 2018. El desgaste emocional y el agotamiento físico asociados a la carga laboral (burnout), así como el estrés, la ansiedad y la depresión son algunos de los problemas más frecuentes asociados a este aumento de licencias.

En su módulo Salud y Bienestar, ELSOC investiga la relación entre la salud mental y las dimensiones del cambio social en el Chile actual, con el propósito de comprender cómo las transformaciones sociales y económicas influyen en el bienestar de la población a lo largo de una década. A partir de ELSOC realizamos un análisis de la prevalencia de síntomas depresivos en trabajadores y trabajadoras chilenas según su jornada laboral semanal promedio (35-40, 40-45 y 45-50 horas a la semana).

Diferencias de Género

En segundo lugar, los resultados muestran diferencias asociadas al género. Mientras un 2,3% de los hombres que trabajan entre 35 y 40 horas tiene síntomas de depresión moderada-severa y severa, un 6,2% de los que trabajan entre 45 y 50 se encuentran en esta categoría. Algunos estudios sugieren que hombres y mujeres perciben y responden de manera diferente a las demandas del trabajo. En primer lugar, las mujeres suelen tener más responsabilidades familiares y domésticas que los hombres, lo que se traduce en más horas de trabajo fuera de la jornada remunerada. Por lo tanto, las mujeres tienden a tener menos tiempo para descansar. En tercer lugar, las mujeres tienen menos probabilidades de tener control sobre su situación y ritmo de trabajo en comparación a los hombres.

Por cierto, cuando hablamos de síntomas depresivos nos referimos a experiencias como el poco interés para realizar actividades cotidianas, sensación de decaimiento, dificultades para conciliar el sueño o desajustes en el apetito, sensación de falta de energía y dificultades para concentrarse, o experimentar un sentimiento constante de fracaso.

La Informalidad Laboral y la Salud Mental

La experiencia de incertidumbre y desprotección que implica el trabajo informal ha demostrado ser un factor de riesgo importantes para la salud mental, puesto que los trabajadores carecen de seguridad social, además de tener menor control sobre sus salarios y condiciones de trabajo. Una diferencia importante en las condiciones de trabajo entre los trabajadores formales e informales está asociada precisamente a la exposición desregulada a largas jornadas laborales de estos últimos.

Considerando estos antecedentes, realizamos un análisis de la distribución de síntomas depresivos según tipo de relación laboral. Los resultados muestran que un 17,6% de las personas que han firmado un contrato laboral presentan sintomatología depresiva moderada a severa, mientras que entre los trabajadores y trabajadoras sin contrato (trabajo informal) esta cifra se eleva a 22,2%. La informalidad laboral no sólo está asociada a una falta de seguridad social (por ejemplo, menor acceso a la atención en salud), sino también a mayor vulnerabilidad económica, escaso poder de negociación y bajos ingresos.

Productividad y Jornada Laboral

Uno de los principales argumentos para oponerse a la reducción de la jornada laboral está asociado a sus potenciales impactos sobre la productividad. Es importante considerar que jornadas laborales prolongadas pueden tener el efecto paradojal de reducir la productividad e impactar en la economía al afectar la salud mental. Hoy la depresión representa un elevado costo económico para las sociedades, principalmente asociado a las pérdidas en términos de productividad. Por otro lado, jornadas laborales más cortas pueden promover el descanso y permitir el goce de otras actividades personales, lo que no sólo debiera traducirse en menores niveles de estrés y burnout, sino también en empleados más eficientes y en mejores condiciones para producir.

Bajos Salarios y Calidad de Vida

Por cierto, las extensas jornadas y la informalidad son sólo algunas de las dimensiones de la experiencia laboral que afectan la salud mental de los trabajadores y trabajadoras de Chile. Esta discusión no puede invisibilizar uno de los principales problemas de nuestro país: los bajos salarios. En Chile, el 54% de los trabajadores y trabajadoras ganas menos de 350 mil pesos líquidos al mes. Si 6 de cada 10 chilenos que trabajan jornada completa no pueden sacar a una familia promedio de la pobreza, difícilmente podrían contar con las condiciones mínimas para el buen vivir.

Siempre el trabajar más horas, en términos de salir más tarde que otros(as) trabajadores(as), y contar con poco tiempo tanto para compartir con la familia, para realizar actividades de ocio y para llevar a cabo labores de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado dentro del hogar, precariza la vida familiar y personal, principalmente en el caso de las mujeres, “que hemos seguido manteniendo el doble rol en el ámbito público y en el ámbito privado. Enfatiza, además, que debe considerarse la necesidad de realizar actividades para enriquecer la vida personal y familiar, en aras de una mejor salud mental. También velar por la corresponsabilidad social de los cuidados.

El poder contar con tiempo para la vida personal y familiar es “altamente relevante, considerando las dificultades en torno a la salud mental de las y los chilenos que se han acrecentado durante la pandemia, unidas a la mayor necesidad de cuidados, en términos tanto afectivos como relacionados con el Coronavirus hacia los miembros del grupo familiar.

La pandemia, una vez más, ha desnudado y amplificado las profundas desigualdades económicas, sociales y territoriales al interior de la sociedad chilena. En el caso del comercio, se ha vivido gran incertidumbre respecto de la continuidad de los empleos. Adicionalmente, la necesidad de presencialidad se asocia en algunos casos a mayor riesgo de contagio, principalmente en aquellas personas que deben atender público de manera directa.

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