Chile es uno de los países donde más horas se trabaja en el mundo. Durante las últimas semanas, la discusión pública ha girado en torno a la reducción de la jornada laboral.

Por un lado, el proyecto de sectores de oposición plantea reducir gradualmente la jornada de 45 a 40 horas semanales, mientras que el gobierno ha propuesto reducirla de 45 a 41 horas promedio, dentro de un nuevo marco de flexibilidad horaria. Sin duda el debate político debe considerar su potencial impacto en términos de productividad, crecimiento económico, costos laborales y desempleo, así como sus consecuencias colaterales sobre las condiciones laborales de grupos más vulnerables, como aquellos que participan del sector informal de la economía. No obstante, la discusión pública se ha concentrado en la disputa entre gobierno y oposición, perdiendo de vista el objetivo final de la reforma: el bienestar de los trabajadores y trabajadoras chilenas.

El Impacto en la Salud Mental

Los autores de esta columna muestran cómo nuestras extensas rutinas laborales y extenuantes tiempos de traslado afectan particularmente la salud mental de mujeres y trabajadores informales, grupos que se caracterizan por tener escaso poder de negociación tanto en sus espacios laborales como en el mundo privado y familiar. Un cansancio anticipado e infinito, no hay mayor tragedia que sentirse esclavo del ritmo de trabajo.

En efecto, el ritmo de la vida laboral contemporánea ha hecho del tiempo un capital valioso. El trabajo es un elemento organizador de la vida, pero los patrones y normas temporales de la sociedad moderna muchas veces entran en contradicción con las condiciones necesarias para el bienestar. La evidencia muestra un desequilibrio entre vida privada y laboral.

Desde el año 2015 los problemas de salud mental se han transformado en el principal motivo de permiso laboral. Según un reciente informe del Ministerio de Salud, las licencias médicas por enfermedades mentales aumentaron un 53% entre 2013 y 2018. El desgaste emocional y el agotamiento físico asociados a la carga laboral (burnout), así como el estrés, la ansiedad y la depresión son algunos de los problemas más frecuentes asociados a este aumento de licencias. Dichos estados parecen ser una realidad compartida en aquella forma de vida que el filósofo Byung-Chul Han denomina “sociedad del rendimiento”. La contrapartida inevitable de este marco normativo organizado en torno a la productividad sería una mezcla de fatiga crónica y depresión, malestares propios de una sociedad que sufre por exceso de trabajo.

A partir de ELSOC realizamos un análisis de la prevalencia de síntomas depresivos en trabajadores y trabajadoras chilenas según su jornada laboral semanal promedio (35-40, 40-45 y 45-50 horas a la semana). En segundo lugar, los resultados muestran diferencias asociadas al género. Mientras un 2,3% de los hombres que trabajan entre 35 y 40 horas tiene síntomas de depresión moderada-severa y severa, un 6,2% de los que trabajan entre 45 y 50 se encuentran en esta categoría.

Algunos estudios sugieren que hombres y mujeres perciben y responden de manera diferente a las demandas del trabajo. En primer lugar, las mujeres suelen tener más responsabilidades familiares y domésticas que los hombres, lo que se traduce en más horas de trabajo fuera de la jornada remunerada. Por lo tanto, las mujeres tienden a tener menos tiempo para descansar. En tercer lugar, las mujeres tienen menos probabilidades de tener control sobre su situación y ritmo de trabajo en comparación a los hombres.

Por cierto, cuando hablamos de síntomas depresivos nos referimos a experiencias como el poco interés para realizar actividades cotidianas, sensación de decaimiento, dificultades para conciliar el sueño o desajustes en el apetito, sensación de falta de energía y dificultades para concentrarse, o experimentar un sentimiento constante de fracaso. Como lo afirma el sociólogo Alain Ehrenberg, la depresión es hoy un malestar en el que predomina un sentimiento de insuficiencia: el individuo deprimido es aquel que no se siente a la altura de los ideales y expectativas sociales.

Considerando estos antecedentes, realizamos un análisis de la distribución de síntomas depresivos según tipo de relación laboral. Los resultados muestran que un 17,6% de las personas que han firmado un contrato laboral presentan sintomatología depresiva moderada a severa, mientras que entre los trabajadores y trabajadoras sin contrato (trabajo informal) esta cifra se eleva a 22,2%.

La informalidad laboral no sólo está asociada a una falta de seguridad social (por ejemplo, menor acceso a la atención en salud), sino también a mayor vulnerabilidad económica, escaso poder de negociación y bajos ingresos. Una diferencia importante en las condiciones de trabajo entre los trabajadores formales e informales está asociada precisamente a la exposición desregulada a largas jornadas laborales de estos últimos. "A partir del análisis del Estudio Longitudinal Social de Chile (ELSOC) encontramos una mayor prevalencia de sintomatología depresiva severa en aquellas personas con jornadas laborales más extensas".

Productividad y Condiciones Laborales

Uno de los principales argumentos para oponerse a la reducción de la jornada laboral está asociado a sus potenciales impactos sobre la productividad. Es importante considerar que jornadas laborales prolongadas pueden tener el efecto paradojal de reducir la productividad e impactar en la economía al afectar la salud mental. Hoy la depresión representa un elevado costo económico para las sociedades, principalmente asociado a las pérdidas en términos de productividad.

Por otro lado, jornadas laborales más cortas pueden promover el descanso y permitir el goce de otras actividades personales, lo que no sólo debiera traducirse en menores niveles de estrés y burnout, sino también en empleados más eficientes y en mejores condiciones para producir.

Ahora bien, la calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras no sólo depende de disponer de mayor tiempo libre, sino también de las condiciones laborales. Existe una relación interdependiente entre cantidad y calidad del trabajo. Algo importante de tener en consideración al momento de discutir la propuesta del gobierno. Si bien tener jornadas más flexibles puede ser una oportunidad para que el empleado o empleada asigne a su beneficio los tiempos de trabajo, en caso de ser el empleador quien concentre el poder de negociación, el trabajador se verá expuesto a mayor incertidumbre e incompatibilidad con sus actividades fuera del empleo.

Decíamos que es importante considerar los potenciales efectos de la reducción de la jornada laboral sobre el sector informal de la economía. La experiencia de incertidumbre y desprotección que implica el trabajo informal ha demostrado ser un factor de riesgo importantes para la salud mental, puesto que los trabajadores carecen de seguridad social, además de tener menor control sobre sus salarios y condiciones de trabajo.

Por cierto, las extensas jornadas y la informalidad son sólo algunas de las dimensiones de la experiencia laboral que afectan la salud mental de los trabajadores y trabajadoras de Chile. Esta discusión no puede invisibilizar uno de los principales problemas de nuestro país: los bajos salarios. En Chile, el 54% de los trabajadores y trabajadoras ganas menos de 350 mil pesos líquidos al mes. Si 6 de cada 10 chilenos que trabajan jornada completa no pueden sacar a una familia promedio de la pobreza, difícilmente podrían contar con las condiciones mínimas para el buen vivir.

Jornada Laboral en Latinoamérica

En promedio, trabajamos más de 5 semanas adicionales al año que estos países. Además, según los últimos datos del INE, un 21% de los trabajadores y trabajadoras chilenas declaran trabajar por sobre el límite ordinario establecido de 45 horas semanales. Como consecuencia, los trabajadores y trabajadoras chilenas cuentan con escaso tiempo libre para destinar a la recreación o al cuidado de otros.

¿Sabías que 5 países de Latinoamérica están en el top 10 de los países de la OCDE que trabajan más horas? Como se ilustra en los gráficos, la mayoría de los países de Latinoamérica tienen las jornadas de trabajo más extensas, lo que no necesariamente está relacionado al nivel de productividad laboral. Por ejemplo, según un estudio de la OCDE, Irlanda aporta al PIB US$110 por hora trabajada.

Estas iniciativas legislativas son epicentro de múltiples debates en la sociedad latinoamericana. Razones similares fueron discutidas ante al aumento de la remuneración mínima vital (RMV), que se aprobó en la mayoría de países de la región. En Colombia, luego de la pandemia, el incremento de la RMV ha sido el más alto del país en los últimos 40 años.

Otro argumento al respecto es que en los países del primer mundo donde ya se ha implementado una reducción de la jornada laboral, los resultados han sido positivos y apuntan hacia el desarrollo económico. Para generar un efecto dominó, los países en fase de implementación deberán compartir estadísticas y lecciones aprendidas para incluir estrategias de contingencia ante efectos adversos. “Es un proceso inevitable que acompaña el desarrollo de la humanidad”, concluye Stefano Farné, director del Observatorio Laboral de la Universidad Externado de Colombia.

Un punto bisagra en este análisis es que la reducción de la jornada laboral debe ser proporcional a la mejora de nuestro sistema productivo. Dado que la implementación de esta reducción obligatoria será gradual, ¿cómo hacer para que en unos años se pueda realizar el mismo trabajo en menos tiempo? Esta será una tarea pendiente del Gobierno, las empresas y de los mismos trabajadores. ¿La reducción de la jornada sería la hoja de ruta para que los países de Latam sean más productivos? ¿Este cambio social es complejo pero necesario también para cambiar los patrones de productividad y alcanzar niveles de países de Europa?

Flexibilidad Laboral y el Trabajo Part-Time

Flexibilidad laboral: ¿contratos de jornadas full-time o part-time? Nivel de servicio: ¿cuál es el estándar de productividad que debería guiar la operación? La clave para mitigar el aumento de costos laborales ante la implementación de una jornada laboral con menos horas semanales de trabajo está en la toma de decisiones correctas en la administración del staff desde ahora.

«Part time» significa trabajar a tiempo parcial, generalmente menos de 30 horas semanales. Part time se refiere a un tipo de empleo donde el trabajador realiza menos horas a la semana en comparación con un trabajo de jornada completa. En general, un trabajo part time implica un horario flexible y puede adaptarse a las necesidades del empleado y del empleador. Este tipo de empleo es muy popular entre quienes buscan compatibilizar su vida personal con el trabajo, como estudiantes, padres y personas que desean dedicar tiempo a otros proyectos.

Además, el trabajo part time puede ofrecer ventajas como mayor flexibilidad en los horarios y la posibilidad de adquirir experiencia laboral sin comprometerse a un horario completo. Según la legislación laboral en Chile, un trabajador part time no debe sobrepasar las 30 horas semanales si se trata de un contrato a tiempo parcial. Esto se establece en la Ley 20.823, que regula la jornada de trabajo.

Cuando se trata de entender el mundo laboral, es importante diferenciar entre trabajo part time y full time. El trabajo part time se refiere a aquellos empleos donde el horario laboral es menor al de un trabajo full time. Un ejemplo típico de trabajo part time podría ser un estudiante que trabaja en un café durante las tardes, permitiéndole así conciliar sus estudios y trabajo. Entender estas diferencias es crucial para tomar decisiones informadas sobre el camino profesional que uno desea seguir.

Jornada ordinaria: hace referencia a la jornada acordada entre empleador y trabajador, según contrato. En caso no lo hubiese, se respeta la jornada laboral máxima legal. Jornada full-time: se trata de la jornada máxima de horas semanales de trabajo que establece la legislación laboral de cada país, distribuidas en 5 o 6 días en la semana. Jornada part-time: también conocido como trabajo de “medio tiempo”.

Tipos de Jornada Laboral

  • Jornada ordinaria: Jornada acordada entre empleador y trabajador, según contrato.
  • Jornada full-time: Jornada máxima de horas semanales según la legislación laboral.
  • Jornada part-time: Trabajo de “medio tiempo”.
  • Jornada extraordinaria: Horas de trabajo fuera de la jornada ordinaria.

Distribución de Jornadas Laborales

Jornada continua vs. Diurna vs. nocturna: existe un límite horario que diferencia la primera de la segunda. Regularmente en Latam, la jornada diurna ocurre entre las 06:00 horas a 18:00 horas. Por su lado, la jornada nocturna transcurre entre las 18:00 horas hasta las 06:00 horas del día posterior. Sin embargo, hay excepciones: en Colombia, la jornada diurna inicia a las 06:00 horas.

Jornada de trabajo por turnos rotativos vs. La principal característica es que los trabajadores sujetos a este esquema presentan una distribución irregular de los días de la semana en los que laboran o del horario de trabajo, los cuales varían por periodos de tiempo, siempre previo acuerdo con el trabajador.

Salario Mínimo en Algunos Países
País Información Adicional
Panamá Tiene dos regiones principales para el salario mínimo, así como varios segmentos.
El Salvador La RMV se actualiza cada 3 años.
Guatemala La RMV varía para actividades agrícolas ($403) y actividades no agrícolas ($414).
Chile Aún no se decreta la ley de 40 horas, pero se ha entregado el “Sello 40 horas” a empresas que ya han implementado esta reducción.

TAG:

Lea también: