Los jefes arriba del pony ya pasaron de moda.

La importancia de la respuesta y la atención

Hay veces que la Gertrudis que una lleva dentro se inspira y manda un correo maravilloso con el título: “GRAN PROYECTO 2016”. Horas de desvelo, creatividad nivel Virginia Demaría en el diseño del power point y escoliosis crónica por el rato que pasaste frente al computador craneando tamaña iniciativa. Lo envías, la ansiedad te domina y aprietas F5 cada quince segundos para ver su reacción, sin embargo, NO PASA NADA. 20 días después cuando ya pediste hora al siquiatra por problemas de autoestima, te llega la tan ansiada respuesta y es un gélido: “Ok, gracias”. Los buenos jefes, en cambio, responden rápido, aunque sea un preciso “Estoy full ahora, pero veámoslo esta semana”.

El buen jefe se interesa por su equipo

A los buenos jefes les importa si a tus niños los premiaron en el colegio, te da la tarde libre si tienes una pena de amor, se da cuenta cuando te teñiste las canas, te ayuda a buscar el perro que se te perdió y se sabe el nombre de tu compañero de isapre. Todo eso pasa porque es preguntón, interesado, observador y sapo. Ese jefe que parece vivir en Saturno y que se vanagloria de no saber ningún cahuín de la oficina lo está haciendo pésimo.

Involucramiento y disposición

No se asusten. Con esto no quiero decir que les gusten las malas prácticas o sean más chantas que ex ejecutivos de La Polar. Con este punto me voy al origen de la palabra y me refiero que NO TIENEN VERGÜENZA y están dispuestos a hacer el trabajo que sea con tal de sacar adelante el desafío propuesto. El buen jefe lava loza si hay que hacerlo, baja cajas de un camión y es capaz de mudar a una guagua con rotavirus si el objetivo lo amerita. Sabe que frente a la presión, el espíritu de equipo es fundamental y que no hay espacio para divos.

Integración y camaradería

No seamos tan literales. Capaz que usted es jefe y odia bailar el trencito en los matrimonios. De hecho yo también. El tema es que a los buenos jefes los conocemos fuera de la oficina. Va a los happy hours, lleva el hielo en los malones, conoce las tallas internas (no todas obvio, porque varias lo deben aludir a él o ella) y el equipo no se inhibe cuando llega a un carrete. Nadie empieza a hablar en castellano antiguo, ni deja de comentar el último capítulo de Maldita Moda.

Honestidad y transparencia

Una virtud intransable de un buen jefe es que sea un amante de la verdad. Que ese jefe que tanto respetas, te diga que tu presentación fue más fome bailar con el hermano en un matrimonio se debe agradecer infinitamente. El tema es cómo y cuándo te lo dice.

Generosidad y apoyo al crecimiento

El buen jefe no es celópata, ni posesivo con la movilidad laboral. Es tan generoso y bien intencionado, que es capaz de ayudarte a buscar pega cuando sabe que no puedes crecer más en el trabajo actual y se alegra genuinamente cuando te llegó una oferta que a todas luces es mejor. Te organiza la despedida con dedicación y sabe que gran parte de que hoy seas reconocido en el mercado se debe a su capacidad para sacar lo mejor de cada uno de sus subalternos. Por lo tanto, un triunfo tuyo aunque implique abandonarlo, él lo siente como propio y lo celebra de corazón.

Adaptabilidad y comprensión

A veces solo se componen de jóvenes padawanes que deben ser liderados por un jefe más presencial, a veces el equipo se compone de seniors con experiencias, que no les vas a explicar la rueda, donde si les puedes dejar manejarse solos, lo mismo con las competencias, según ello se les puede dejar tomar más decisiones.

Confianza y realismo

- Confía en sus empleados, pero tampoco es tarado y cree todos los cuentos.

- No vende al equipo delante de su jefe...

- Orienta en la vida laboral... ¿Qué? ¿¡No se le muere la abuela 4 veces!? Lamentablemente los jefes en Chile están lejos de ser así.

Puntualidad y justicia

Otra cosa que caracteriza a un buen jefe: que SIEMPRE pague a tiempo o que tenga una muy buena razón para su tardanza. No se imaginan la cantidad de veces que me han exigido pega y no me han pagado ni 1 por ella.

Apertura a ideas y opiniones

No creer que son dueños de la verdad y aceptar ideas y/o comentarios de todos: Muchas veces he visto (y me ha tocado) que se han propuesto ideas o mejorar algún tema y la respuesta es no sin justificación (o derechamente ignorar la idea o mejora).

Trato equitativo y respeto

Por ahí asomó otro tip: NO SEA BARRERO. El jefe debe tratar a todo su equipo como tal. Mostrar favoritismo es la mejor manera de ganarse el odio de todos.

Más allá de todo lo planteado, el buen jefe es aquel que te respeta, y te considera como persona. El que si cometiste algún error primero pregunta como estás y así comprender aquellos aspectos que pueden estar afectando tu desempeño. El que te agradece y te reconoce aquellos pequeños detalles que a desde afuera se toman como "obvios". Que tiene claridad que hay aspectos más importantes que el trabajo como la salud y la familia.

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