No sólo la infancia en pobreza y vulnerabilidad conmovió a Alberto Hurtado, llevándolo a fundar, en 1944, el Hogar de Cristo. Es conocida la historia del hombre enfermo, afiebrado y aterido de frío en el que vio el rostro de Jesús. Ese encuentro epifánico lo movilizó a pedir ayuda para crear un hogar para esos Cristos.
Los Inicios del Hogar de Cristo
En una noche fría y lluviosa de octubre del año 1944, el Padre Hurtado es interceptado por un pobre que le solicita ayuda porque no tiene un lugar en donde dormir. Días después, contó esta experiencia a un grupo de señoras de la congregación del Apostolado Popular que se encontraba en un retiro.
El tema de su predicación era un llamado a la generosidad cristiana… Tanto dolor que remediar: Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, enfermos, desalojados de su mísero conventillo. Cristo acurrucado bajo los puentes en la persona de tantos niños que no tienen a quién llamar padre, que carecen por muchos años del beso de una madre sobre su frente al dormirse. Bajo los mesones de las pérgolas en que se venden flores, en medio de las hojas secas que caen de los árboles, allí tienen que acurrucarse tantos pobres en los cuales vive Jesús.
Al terminar la predicación, dos de sus oyentes se acercan al predicador y le ofrecen, uno, el terreno para iniciar un Hogar para Cristo pobre, y otro, una suma de dinero con qué iniciar los trabajos… No había duda: era Dios mismo quien intervenía y hacía conocer su voluntad bien clara. Luego una alhaja preciosa le es enviada en un modesto sobre, sin indicar el bienhechor la procedencia…
Algunos ofrecimientos se suman, hasta de trabajo personal, para ver ese ideal transformado en realidad. Y así, en diciembre del mismo año, un par de meses después, se colocaba la primera piedra del primer Hogar. El 21 de diciembre de ese año se bendice la primera piedra del Hogar de Chorrillos. En septiembre se abre la primera hospedería en la calle López.
Desde un comienzo se financió con las donaciones voluntarias y fue colocado en manos de una comunidad de laicos dispuesta a trabajar por los más pobres.
En cuatro años, cinco hospederías han funcionado y en ellas han sido proporcionados más de 300.000 alojamientos y un número proporcional de raciones alimenticias; atenciones médicas, de servicio social, de colocaciones, etc.
El Hogar de Cristo dirige sus esfuerzos de preferencia a los más abandonados de nuestros hermanos, a los que ni si quiera tienen un techo bajo el cual cobijarse, a aquellos que no tienen una familia que llamar suya. A todos abre sus puertas el Hogar de Cristo, a todos sin distinción de creencias, de ideologías. Una sola cosa exige a los que piden su ayuda: que realmente la necesiten. Ninguna práctica se les impone.
Quiere el Hogar de Cristo repetir con los pobres de ahora el gesto que Jesús mostró como modelo: el del buen Samaritano que, viendo herido al pobre, sin preguntar nada lo curó, lo cargó sobre su cabalgadura y lo tomó a su cargo.
Al caer la tarde llegan las pobres mujeres, a veces hasta con dos, tres, cuatro niños. Recordamos una cuyo rancho acababa de ser demolido y lloraba desconsolada en la calle con sus mellizos en los brazos y esperando el tercer hijo, que nació apenas llegada al hogar.
Pronto se escribe esta cifra, pero al ver uno, diez, cien muchachos desarrapados, tirillentos, sucios, con su melena desgreñada, que comen lo que encuentran, lo que les dan, o lo que roban… Al verlos suspendidos de los parachoques traseros de las micros, o en las noches iluminarse y calentarse en improvisadas fogatas bajo los puentes del Mapocho, angustia el alma.
Salieron de su casa ¿cuándo? ¡Muchos no lo recuerdan! Les parece que siempre hubieran vivido así, en la calle. Al padre no lo conocieron, la madre murió en el hospital y desde entonces quedaron “huachitos” y ¡a la calle a vagar! O bien el padre borracho les pegaba… y se arrancaron; o aun, un día se quedaron con el vuelto y no se atrevieron a volver, y desde entonces vagan sin faltar los casos en que el propio padre los ha abandonado. ¡Qué horriblemente mal vive nuestro pueblo!
Unos cuantos ladrillos mal unidos, un techo de trozos de lata, por piso el suelo que en el invierno es barro, y, ¡eso es lo que muchos llaman casa! Y más grave que esto es aun el hecho de que miles no encuentren habitación de ninguna especie.
Santiago en cuarenta años ha pasado de una población de 300.000 habitantes a tener más de un millón. El aumento vegetativo de la población este último tiempo ha sido superior a 100.000 habitantes por año, lo que supone un aumento de 20 mil nuevas casas, siendo que el año en que se han construido más apenas han llegado a 6 mil.
Una población que no tiene ni siquiera una mala casa en que vivir necesariamente está amargada, es un fermento de odios, de descomposición social. El Hogar de Cristo ha querido prestar la suya, tanto más que cada día este problema se le presenta como fantasma cuando, al cumplirse los quince días de alojamiento que puede proporcionar a sus hospedados, le preguntan y ¿a dónde vamos?
Evolución y Expansión de la Obra
Cuando el año 1952 fallece el padre Hurtado, lo sucede como Capellán por un corto período el P. Guillermo Balmaceda, S.J. Posteriormente asumen el Padre Alvaro Lavín. S.J., el Padre José Cifuentes G. S.J., en 1979 el Padre Renato Hevia. S.J., en 1982 el Padre Renato Poblete S.J.
La constante preocupación del sacerdote por los más necesitados quedó registrada en un hecho que sucedió ese año 1944. En 1954, nació la Funeraria Hogar de Cristo y, en 1957, la obra se extendió a regiones. En 1960, se reorganizó la Patrulla de la noche, que buscaba reeditar las rutas que hacía el Padre Hurtado para ir en la búsqueda de los niños abandonados que vivían en la calle.
- 1973: Se inaugura una sección para enfermos terminales rechazados por los hospitales.
- 1981: Son abiertos los centros de alto riesgo que acogen situaciones particularmente difíciles. En este año se procura enfrentar el drama de la drogadicción.
- 1984: Comienzan a celebrarse las Cenas de Pan y Vino.
En este año se inaugura una sección para enfermos terminales rechazados por los hospitales. En 1974, funciona como Sala Padre Hurtado con un equipo diverso integrado por personal sanitario y trabajadores sociales, voluntariado y religiosos.
El Hogar de Cristo comienza la labor con niños de la cárcel de Puente Alto, a través del Centro de Atención al Menor Encarcelado (CAME), que se convierte en obra permanente en 1987. Se comenzó a trabajar con niños y jóvenes encarcelados en ese recinto destinado a adultos.
Pero la noción de capacitar en oficios estuvo siempre en el origen, como lo prueba la Escuela Granja concebida por Alberto Hurtado. La sede inicial estuvo en Estación Central y luego se trasladó a La Granja, donde hoy funciona el colegio Betania.
Rodrigo Zaldívar Larraín, permanente voluntario de las hospederías del Hogar de Cristo, se convence de que las personas adultas con problemas de salud mental en extrema pobreza requieren de una respuesta especializada.
Para acoger a jóvenes y adultos, hombres y mujeres, con consumo problemático de alcohol y otras drogas que viven en pobreza y exclusión social, Hogar de Cristo crea la Fundación Paréntesis. El alza sostenida de consumo de estas sustancias entre la población, golpeaba especialmente a los sectores más vulnerables que no contaban con recursos para acceder a tratamientos. Paréntesis desarrolló 25 programas en ocho regiones del país.
Programas e Iniciativas Actuales
Vivienda Primero busca restituir el derecho a la vivienda a personas que han pasado largo tiempo en situación de calle. Esta es realmente una política revolucionaria, porque es más que una medida paliativa. Este revolucionario programa restituye el derecho a la vivienda a personas que han pasado más de 5 años en situación de calle y tienen más de 50 años de edad.
Financiado por el Ministerio de Desarrollo Social y con la participación del de Vivienda, es operado por organizaciones como Hogar de Cristo. Consiste en entregar una vivienda sin condiciones de “buen comportamiento” y dar acompañamiento sicosocial durante todo el proceso de adaptación a los beneficiados.
El tema de los niños, niñas y jóvenes analfabetos, desescolarizados, rezagados en lo educativo o definitivamente fuera del sistema escolar ha sido una preocupación central del Hogar de Cristo. De ahí que en 2003, los talleres pre vocacionales que existían desde 1989 dieron pie a la Fundación Padre Álvaro Lavín y luego a Súmate.
Actualmente Hogar de Cristo organiza su trabajo en seis líneas de trabajo, a través de las cuales se aborda la pobreza y la exclusión social de forma multidimensional.
Hoy nuestro trabajo con adultos se centra en tres líneas: discapacidad mental, consumo problemático de alcohol y otras drogas, e intermediación laboral para hombres y mujeres excluidos del mercado laboral a través de Fundación Emplea.
Reconocimiento y Legado
En 1994, el Padre Alberto Hurtado fue beatificado en Roma por el Papa Juan Pablo II, tras la acreditación de un milagro.
El 23 de octubre de 2005, el Papa Benedicto XVI en compañía de 31 cardenales declaró al Padre Alberto Hurtado Santo de la Iglesia Católica.
“Nunca un pobre lo encontró ausente”, reza un titular de prensa de la época, aludiendo al jesuita creador del Hogar de Cristo, que muchos años después, en octubre de 2005, se convertiría en el primer santo chileno.
Hogar de Cristo: Un Legado de Amor y Servicio
En sus 80 años de existencia y en su afán de lograr la inclusión social de las personas más vulnerables, ha ido ampliando su radio de acción original y sus énfasis. Ha ido además adecuándose a las distintas realidades que surgen. Sin embargo, aunque las pobrezas han cambiado y se han complejizado, el objetivo es el mismo que inspiró a Alberto Hurtado, nuestro fundador: reducir la desigualdad y la pobreza en Chile, ocupándose de los que menos tienen y están en mayor exclusión social, para que logren el bienestar y la dignidad que todo ser humano merece.
Alberto Hurtado Cruchaga murió a los 51 años, víctima de un cáncer de páncreas a las 5 de la tarde del 18 de agosto de 1952. A la fecha de su fallecimiento, ya existía “la casa madre” de su obra en la calle Chorrillos, hoy llamada Calle Hogar de Cristo, en la comuna de Estación Central.
Siguiendo los principios de Alberto Hurtado, su objetivo es “dar techo a quienes no lo tienen”. A partir de ese momento, las viviendas del Hogar de Cristo tienen un uso muy difundido en las clases populares permiten a numerosas familias optar a un tipo de casa prefabricada conocida como “mediagua”.
En su último saludo de Navidad, en 1951, poco antes de morir, Alberto Hurtado escribió: “Los ancianos tendrán su Hogar. Para ellos quisiéramos que la tarde de sus vidas sea menos dura y triste”. El 5 de junio se inaugura el primer Hogar de Adultos Mayores de Hogar de Cristo en Conchalí. En la chacra Los Aromos, se construyeron tres pabellones que luego se ampliarían a siete.
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