En los últimos años, ha surgido un fenómeno preocupante en el ámbito académico: la proliferación de empresas que ofrecen la elaboración de tesis y trabajos de titulación por encargo. Estas "empresas", como Hacemos tu Tesis, prometen la finalización de proyectos universitarios a cambio de una tarifa, lo que ha generado un debate sobre la ética, la legalidad y el valor de la educación superior.
El negocio de las tesis por encargo
Es alarmante la proliferación de verdaderas “empresas” que a vista y paciencia de todo el mundo ofrecen elaborar una tesis o trabajo de titulación por encargo, listas para ser presentadas en tiempo y forma determinada. Por supuesto, con aranceles y cobros incluidos. Basta realizar una búsqueda en el navegador para apreciar la profusa oferta nacional e internacional en este ámbito.
Antonio Ramírez, un ingeniero en informática, creó una empresa llamada Memorias Chile, que luego se convirtió en Hacemos tu Tesis. Ramírez explica que su negocio tiene éxito porque los alumnos sienten que tienen que hacer la tesis solo por cumplir, y la mayoría de los alumnos saben que la tesis no define cómo vas a ser tú de profesional. En realidad se aprende más en la práctica, en el día a día, cuando empiezas a trabajar.
Hoy ya tiene 10 colaboradores en casi todas las áreas del conocimiento que le ayudan a cumplir con los requerimientos. Funcionan así: ellos se quedan con el 50% de los ingresos y el resto va para la empresa. Así cubren los costos y gastos en publicidad. Ese avisaje en redes sociales es lo que les permite, a través de algoritmos, llegar a sus clientes potenciales.
Hacemos tu Tesis ofrece distintos tipos de apoyo en tu tesis de acuerdo a tu presupuesto y necesidades, asesoría y desarrollo de Tesis en una amplia y larga lista de carreras. El equipo de trabajo está compuesto por profesionales en distintas carreras y áreas de estudio totalmente capacitados y calificados para el desarrollo de tesis y asesorías en proyectos de título. Ofrecen un enfoque personalizado de asesoría para cada estudiante, adaptado a sus necesidades individuales.
Según Ramírez, la mitad de sus clientes son alumnos de menos de 30 años que están saliendo de la universidad, y la otra mitad son profesionales que ya trabajan y necesitan que alguien se las haga. El 80% de los casos es netamente por tiempo. La mayoría trabaja, y las tesis que les encargan son demasiado complejas y requieren tiempo. El problema es que ese tiempo no lo tienen.
Implicaciones éticas y legales
Para las instituciones de educación superior esta práctica fraudulenta representa un enorme desafío, del que se habla poco y sin criterios claros de respuesta. Nadie duda que la realización acuciosa de una tesis o un trabajo equivalente en la educación técnico-profesional representa un elemento esencial en el proceso formativo. El cumplimiento del currículo presupone este hito como parte integral de los aprendizajes esperados, que se certifican en el momento de la titulación. De allí la gravedad de este ilícito que vulnera la fe pública y pervierte el proceso académico.
Álvaro Ramis, rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC), considera que comprar una tesis es un delito contra la fe pública, porque a través de la tesis respaldas la obtención de un título frente al Estado. Y de eso vas a sacar beneficios, como poder ejercer una profesión que te dará réditos. Es como falsificar un título profesional, pero no falsificas el título, sino que el instrumento que te permite acceder a él, y así, además de engañar a la universidad, engañas al Ministerio de Educación.
Por otra parte, quien compra una tesis cae en el delito de fraude por falsedad documental, al atribuirse una autoría ajena y, con ello, conseguir un beneficio personal ligado a la titulación académica, sin acreditar los aprendizajes y méritos exigibles. En otro orden, se debe estudiar el problema de la propiedad intelectual y los derechos de autor del texto mismo.
Claudio Ossa, abogado y jefe del departamento de Derechos Intelectuales del Servicio Nacional de Patrimonio Cultural, dice que además del problema ético, los alumnos que compren una tesis lista se exponen a ser procesados judicialmente. Ese alumno estaría cometiendo un delito contemplado en la Ley de Propiedad Intelectual. Esta señala que quien falsifique obra protegida, o la distribuya ostentando, cambiando o editando el nombre del autor, será sancionado con penas de reclusión menor en su grado mínimo, es decir, entre 71 y 540 días de presidio, y la multa puede llegar a los 62 millones de pesos. Eso es más caro que la misma carrera que está cursando.
El desafío para las universidades
La dificultad en este caso es que las “empresas” involucradas se cuidan al garantizar la máxima confidencialidad a sus clientes y, en especial, que el producto sea original, por lo cual no es posible detectar un plagio en su confección, utilizando los programas especializados para compararlos con otras publicaciones. Una tesis que se adquiere en este mercado solo puede identificarse en el proceso de acompañamiento personal al alumno, intuyendo la diferencia entre la calidad del texto y los conocimientos del estudiante, o en el momento de defensa misma de la tesis, lo que tampoco asegura llegar a dudar del tesista.
Claudia Mejías, vicerrectora académica de la PUCV, detalla que las universidades tienen ciertos resguardos, que van de la mano con someter este tipo de trabajo a controles de originalidad. Hay programas, aplicaciones. “Turnitin” es uno de los más conocidos que ocupamos en las universidades, que permite dar cuenta del trabajo que el estudiante ha ido viendo y las distintas versiones con las que ha trabajado.
En el caso de las tesis, agrega Francisco Bedecarratz, académico de Derecho de la Universidad Autónoma, los profesores sólo pueden cotejar si hay un correlato entre el trabajo entregado y lo que ha visto en el alumno durante la elaboración de la investigación. Esa es la forma en que uno descubre este tipo de casos. Porque si un estudiante que no se presentó nunca a las reuniones y nunca estudió te entrega una tesis que es maravillosa, uno dice aquí hay algo raro y empieza a examinar. Y claro, también los hemos descubierto en el examen oral, porque el estudiante no tiene idea de lo que escribió.
Opiniones encontradas
Mario Waissbluth, fundador de Educación 2020, considera que escudarse en la falta de tiempo es una disculpa grotesca. Es como decir: yo soy tu cliente y me tienes que regalar un título, porque yo soy una persona ocupada y no tengo tiempo para estudiar ni para perder mi tiempo en minucias.
Eduardo Pino, académico de Psicología de UMAG, argumenta que el estudiante tiene que hacer ese proceso inevitablemente, porque le va a ayudar. Sobre todo a probar cómo esas competencias, a lo largo de los años de carrera, se han ido plasmando para que pueda desarrollar un tema específico de buena manera. Comprarlas prefabricadas es muy cómodo, pero coarta varias de las competencias, como la iniciativa, la proactividad, el hecho de probarse a sí mismo.
Roberto Vidal, director de Posgrados de la Facultad de Educación UAH, rescata el valor de elaborar un texto académico antes de recibirse, porque no se le ha dado la importancia a la reflexión al hacer este trabajo. Porque se le ve como la entrega de un material escrito, como algo instrumental, más que en el proceso de hacerlo.
Emilio Oñate, vicerrector académico de la Universidad Central, plantea que las memorias o tesis pueden ser reemplazadas por análisis de caso, trabajos prácticos o levantamiento de información de campo, por ejemplo. ¿Para qué? Para fortalecer este proceso formativo que permita entregar profesionales que muestren adecuadas competencias disciplinares y profesionales para después desempeñarse en el mundo laboral.
Experiencia personal y apoyo académico
El profesional, egresado de Pedagogía en Biología y Ciencias Naturales de la PUCV, es autor de uno de los mejores trabajos finales de egreso de su generación. En esta entrevista compartió algunas claves para optimizar el tiempo de investigación. Habla de su práctica profesional y del apoyo que le entregó su profesora guía en su proceso de titulación.
Durante mi práctica, conjuntamente, con la retroalimentación que me proporcionaba mi amigo docente, me daba cuenta de que yo hacía cosas muy malas; eran cosas que escribía, y él me decía: “ya genial, pero esto lo hiciste mal o esto lo podrías haber hecho mejor”. Yo empezaba a pensar que tenía razón. Un ejemplo muy claro de esto me pasó en la primera clase que hice: yo tenía que ver “intestino grueso” con los estudiantes y en un momento les dije: “como ustedes han visto sistema digestivo, pasemos a la siguiente actividad”. Ahí mi compañero dijo: “espera, les dijiste han visto, significa que no han prendido, ni reflexionado, ni analizado”. Sentí que por dentro me estaba destruyendo. Sí, porque no siempre tienes una constante retroalimentación, y después, en la vida laboral, me imagino que es casi nula. Entonces hay que analizar cómo hiciste una clase, y decir: “esto lo puedo hacer mejor”. Y que otra persona lo pueda ver, es valioso. Destacaría el aporte de mi amigo y lo importante que fue el hecho de que me haya colaborado. Yo lo había ayudado también en su tesis. Así es que ha habido una colaboración recíproca.
Yo trabajo con la profe Corina desde que estoy en tercer año de universidad, porque cuando tuve un ramo de didáctica con ella me justó como realizaba la docencia. Una vez me acerqué a la profesora y le pregunté si podía hacer una pasantía en su equipo, e inmediatamente me incluyó. En el proceso de tesis fue muy curioso, porque yo había presentado mis resultados en enero de este año, en un congreso en la Universidad de Santiago de Chile (USACh). Eso fue el cinco de enero, no tenía nada escrito, solo resultados. Debido al estallido social, en la universidad habían programado un periodo de vacaciones (entre comillas), entonces la profe Corina me dijo: yo creo que tú logras terminar la tesis el 24 de enero, cosa que me sorprendió, porque ella tenía más fe en mí que la que yo me tengo. Le dije: entonces usted me tendrá que acompañar en todo esto. Del día 10 hasta el día 20 escribí la tesis. Le mandaba correos todos los días y ella siempre me los respondía. Fue entre medio de un contexto difícil por el estallido social y, en lo personal, debo sumar el hecho de que hubo un preocupante incendio en las cercanías de mi casa, ubicada junto a un estero, en Limache. Temíamos que el fuego se nos pasara a las casas. Han sido varios momentos de estrés. Por eso prioricé terminar mi tesis, porque el ambiente para los estudiantes estaba siendo agobiante. Y dije: “ya, tengo que ponerme a escribir la tesis”. Además, “si quería tomar vacaciones en febrero, dejándola postergada, no iba a descansar. Fue fundamental tener una profesora como Corina. También fue importante tener muy claro mi tema. Alguna vez me dijeron algo que es muy cierto: “nadie sabe más que tú sobre tu tesis”. Yo ya tenía claro los aspectos que abarcaban mi trabajo. Así, fue un poco más fácil buscar la bibliografía. Destiné mucho tiempo a leer y ordenar las ideas. Creo que lo más importante es saber cómo quieres que esté estructurado el trabajo. Porque yo sabía que en una parte tenía que hablar de mis historias de clases, en otra parte tenía que hablar de las reflexiones y también del rol de mi Amigo Crítico.
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