Ramón Antonio Esteban Gómez de Valdés y Castillo, conocido mundialmente como Don Ramón, nació el 2 de septiembre de 1923 en Ciudad de México, en el seno de una familia humilde. Tenía todo lo necesario para ser un personaje odiado por los televidentes: era un hombre gruñón, flojo, vividor, irresponsable y de aspecto descuidado.

El éxito de Don Ramón radica en ser el perfecto retrato del pícaro que vive sin empleo, de pequeños trabajos y que intenta salir adelante con pequeñas mentiras. Él y su personaje eran la antítesis de lo que la sociedad de consumo espera de un adulto.

Una de las historias sobre ese elenco dice que el vestuarista tenía muy poco trabajo con Ramón, ya que él llegaba todas las mañanas vestido de la misma forma: unos jeans gastados, la polera oscura ajustada y zapatillas viejas. Valdés llegaba todos los días caminando hasta el estudio de grabación. Solía detenerse a jugar con pequeños que lo admiraban, les firmaba autógrafos e incluso les hacía bromas.

Nogueira agrega que el humorista era quien más compartía con las personas de vestuario y producción antes de salir a grabar. En ese entonces, la mujer era la directora de arte de la producción, situación que no gustaba a Valdés, ya que él prefería relacionarse directamente con la persona que lo había contratado.

El Regreso a la Televisión y el Adiós Final

Desde ese momento, el hombre volvió a tener una vida común y corriente. Fue en 1981 cuando el actor decidió darse una segunda oportunidad con Chespirito y quiso volver a la Vecindad del Chavo del 8.

Se volvió a alejar de la televisión y a realizar sus oficios rutinarios. En 1987 tuvo otra chance de volver a la TV, esta vez fue junto a Carlos Villagrán en el programa ¡Ay que Kiko! Por esos años su salud ya estaba bastante desmejorada a causa de su vicio por el cigarro.

Un reportaje de la cadena Telemundo indica que seis meses antes de morir, el actor fue operado de un cáncer de estómago. Finalmente, Ramón Valdés murió a causa de un cáncer pulmonar el 8 de agosto de 1988 a los 64 años. Al entierro llegaron los actores Carlos Villagrán (Kiko), Edgar Vivar (Señor Barriga), Rubén Aguirre (Profesor Jirafales) y Horacio Gómez (Godinez). Se dice que Angelines Fernández (La bruja del 71) lloró por dos horas junto al ataúd de su compañero. Ni Roberto Gómez Bolaños ni Florinda Meza llegaron hasta el funeral.

Don Ramón y su Pasión por el Fútbol

Cabe señalar que, en la actualidad, Don Ramón es considerado como uno de los iconos máximos de la cultura popular latinoamericana. El equipo más popular de Chile ha sido reconocido en múltiples oportunidades más allá de nuestras fronteras y por diferentes figuras a nivel mundial. Gracias al internet y los avances tecnológicos, es posible rescatar registros que podían darse por perdidos. Un notable momento que salió a la luz. Tiene que ver con una visita que realizó el querido personaje de Don Ramón, de la serie El Chavo del 8, en Chile.

Ramón Valdés, fue el hombre que encarnó a este inolvidable personaje de la famosa serie mexicana. Corría la década de los ochenta en Chile y uno de los programas imperdibles en televisión, era el reconocido “Festival de la una”, el cual se emitía por las pantallas de TVN. En una de sus tantas ediciones, estuvo presente Don Ramón.

“Yo le voy al Necaxa”. Aquella era una de las más famosas frases que el personaje emitía en su participación en la serie. Un hombre que tenía un sinfín de problemas en su vida, pero que su fanatismo por el fútbol no transaba.

Valdés, como buen seguir del balompié, tenía más que claro cuál es el equipo más grande de Chile. El conductor del programa nacional era Enrique Malueanda, un rostro muy famoso y consolidado en la época. Maluenda compartió en el set con Don Ramón y ambos compartieron un sorpresivo dialogó.

“Le cuento una cosa Don Ramón. Le tengo un trabajo bien bueno para usted”. La propuesta tomó por sorpresa al padre de chilindrina, quien atónito respondió de manera sencillamente notable: “Oiga, mire, yo no… yo le voy al Colo Colo. Yo del trabajo, mejor no. Métale un comercial…”, declaró de manera magistral.

El momento parecía perdido, pero fue el ex presidente del Club Social y Deportivo Colo Colo, Edmundo Valladares, fue uno de los tantos hinchas que compartió el momento en las redes sociales y como era de esperarse, el hecho comenzó a ser viral en cosa de horas. De esta manera, el Cacique suma un nuevo hincha y Don Ramón se suma a la larga lista de famosos que han declaro su simpatía por el club más grande de nuestro país.

«Yo le voy al Necaxa» era la frase que usaba Don Ramón siempre que se encontraba en aprietos en «El Chavo del 8». Todos la hemos escuchado y hasta la hemos repetido e incorporado a nuestro bagaje de cultura pop. Recordemos que el Necaxa es un equipo mexicano que se fundó en 1923 y que se hizo muy popular rápidamente, pero en 1943 desapareció repentinamente. A pesar de esto, los hinchas se mantuvieron firmes. En 1950 renace el equipo y la afición siguió creciendo. Pese a ello, los hinchas siguieron identificándose con el viejo Necaxa y lo decían abiertamente en público.

La Ilusión del Trabajo y la Eficiencia

La veces en la vida en que has sentido que hiciste un gran trabajo, completaste una gran obra u obtuviste buenos resultados en lo que sea, ¿cuánto has tardado?, ¿cuán cansado te sentiste al terminar?, ¿cuánto esfuerzo invertiste? Cuando llegas cansado a tu casa después de un agotador día de trabajo, ¿realmente obtuviste buenos resultados, cumpliste metas importantes? De alguna manera, tenemos seteado en nuestros cerebros que entre más horas invertimos en un trabajo o más cansados nos sentimos al terminar el horario laboral, mejores trabajadores somos.

Hoy queremos poner esta premisa en cuestión y preguntarnos si realmente esto es cierto o es sólo una ilusión psicológica. Oliver Burkeman es periodista del periódico The Guardian, experto en temas motivacionales y ha escrito libros como The Antidote: Happiness for People Who Can't Stand Positive Thinking (El Antídoto: felicidad para personas que no pueden soportar el pensamiento positivo). Recientemente publicó en el sitio 99u un artículo en el que analiza este tema, postulando que es necesario que en nuestras sociedades no sigamos asociando largas y extenuantes horas de trabajo con un sistema de recompensas (o, entiéndase, sueldo).

En el artículo, Bukerman analiza cómo cuando estamos más cansados, sentimos que hemos hecho lo correcto. Un entendimiento que, a mi parecer, tiene mucho de culposo. Si disfruto lo que hago, si soy eficiente y hago mi trabajo rápido y con gusto, si me siento radiante luego de terminarlo y tengo tiempo libre por las tardes, muchos me van a juzgar diciendo que trabajo poco, incluso deslizando la idea de que soy algo floja. Pero si los resultados fueron buenos, ¿se podría decir que realmente soy floja?

En el fondo, lo que estamos haciendo es confundir esfuerzos con resultados, lo que son conceptos absolutamente distintos. Estamos de acuerdo en que, en general, para obtener lo que queremos debemos esforzarnos, nadie logra grandes cosas sin salirse de su zona de confort. Pero eso no tiene por qué convertirse en un calvario, al contrario, podemos disfrutar el recorrido y, es más, incluso lograrlo en un tiempo acotado. Un ejemplo perfecto es el que pone el mismo Bukerman: el resultado del trabajo de un artista que trabaja en campos creativos es una obra, poco importa cuán agotado esté al finalizarla, lo que cuenta es sencillamente que esté acabada y que cumpla con sus expectativas.

Los sicólogos utilizan el término “ilusión del trabajo” para definir este problema: tenemos la ilusión de que hemos trabajado correctamente si nos sentimos cansados, si no es así, sentimos que tenemos algo pendiente y nos cuesta tener tiempo de ocio. Incluso hay quienes se aburren si tienen tiempo libre, un mal muy de nuestros tiempos. El consejo es siempre procurar tener tiempo libre, saber de qué cosas disfrutamos aparte de nuestro trabajo y, si no lo sabemos, averiguarlo. Qué música nos gusta, qué películas preferimos, qué lugares de nuestra ciudad son nuestros favoritos o si nos gusta o no cocinar.

Dan Ariely, un economista del comportamiento, ilustra el problema de la “ilusión del trabajo” de una manera muy clara: un cerrajero trabajaba todos los días con horario normal como todos los mortales, sin embargo, un día comienza a ser más eficiente que nunca y siente que hace su trabajo mucho mejor que antes. Paradójicamente, comienza a recibir quejas de sus clientes. Como estaba siendo más rápido, cada trabajo le demandaba menos tiempo y menos esfuerzo, lo que hacía que la gente se sintiera engañada. Si la gente veía que el trabajo salía rápido, juzgaban que no había existido el esfuerzo suficiente de por medio y que, por lo tanto, ese trabajo no valía la pena. En vez de juzgar los resultados, se concentraban en esto.

Otro ejemplo de lo mismo, es que un estudio determinó que la gente prefiere los sitios web de búsqueda de vuelos que tardan más en entregar resultados. Al parecer, cuando los resultados aparecen muy rápido, juzgan que "no buscó suficiente" y desconfían de los resultados.

Este comportamiento enfocado en el esfuerzo más que en los resultados se aprecia también en nuestra educación y, sobretodo, en las oficinas. Además de imponernos horarios de trabajo que son totalmente indiferentes a nuestro nivel de resultados, los jefes suelen hacer notar la "dedicación" de sus empleados cuando estos les piden un aumento o muestran preferencia hacia aquellos que consideran más "trabajadores", basados en la cantidad de horas de que pasan en el trabajo, más que en la consecución de resultados. Incluso muchos sistemas de gestión de tareas, algunos muy buenos, presentan un acercamiento enfocado en "tachar tareas en la lista", sin jamás detenerse a cuestionar si valía la pena hacer esas tareas en primer lugar.

Consejos para Optimizar el Trabajo

Frente a esta realidad, Bukerman nos ofrece ciertos consejos:

  • Si eres jefe y uno de tus empleados viene a pedirte un aumento, no juzgues el esfuerzo (entendido como horas de trabajo extra o el nivel de cansancio que ves en sus ojeras), si no los resultados reales de su trabajo semanal. Puede que te lleves más de una sorpresa.
  • Si eres un trabajador como todos, deja de preocuparte de tus pendientes, ocúpate de tus tareas actuales, ¿tienen sentido?, ¿son realmente importantes? A veces pasamos más tiempo preocupados de lo que nos queda por hacer que concentrados en lo que estamos haciendo.
  • Cuando llegues en la mañana al trabajo, comienza de inmediato a ocuparte de aquello que es más importante o más urgente. Las pequeñas tareas que no son fundamentales déjalas para el último. Verás cómo tu trabajo se hace más eficiente y rápido.
  • Si puedes, limita tu tiempo de trabajo. Por ejemplo, si trabajas ocho horas diarias, limítalas a seis (es posible que la mayoría de los chilenos no podamos hacer algo así, pero el que puede, que lo haga). De esta manera te obligarás a realizar las tareas más importantes con mayor prioridad y verás cómo tu trabajo se optimiza.

En resumen y tal como nos advierte Bukerman, “el camino hacia la realización creativa podría tomar mucho menos tiempo de lo que piensas”.

¿Crees que podrías acortar tu horario laboral optimizando tu trabajo?

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