En el contexto actual, es frecuente encontrarse en las salas de clases con estudiantes que presentan algún trastorno del espectro autista (TEA). Para poder avanzar hacia una cultura escolar más inclusiva, que responda efectivamente a la diversidad, es necesario, además de potenciar las condiciones que favorecen los procesos educativos en la escuela común, identificar las barreras que existen en el propio sistema educativo para el aprendizaje y participación de todos y de todas.
Estos se encuadran dentro de los trastornos del neurodesarrollo y se caracterizan por las alteraciones relacionadas con la comunicación y la interacción social, así como por presentar intereses fijos y conductas repetitivas. Hace unos años se diferenciaban distintos tipos de autismo, pero ahora se tiende a considerarlos en su conjunto y distinguirlos en función de su gravedad y de las habilidades a las que afectan.
Partiendo de esa base, lo que se valora es, sobre todo, si hay discapacidad intelectual porque muchas personas con TEA tienen problemas en esta área. También se evalúa si existen problemas del lenguaje y si hay una afección médica asociada. El autismo en un sentido estricto es sólo un conjunto de síntomas que se define por la conducta, por lo tanto no puede ser considerado una “enfermedad”. Puede estar asociado a muy diversos trastornos neurobiológicos y a niveles intelectuales muy variados.
Estrategias prácticas para el aula
A continuación, se presentan algunas estrategias prácticas para trabajar con niños con TEA en el aula:
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Proporcionar una agenda estructurada
Los alumnos con autismo son extremadamente organizados y no son capaces de digerir bien los cambios improvisados en su planificación. Por ello, es recomendable que tengan una agenda perfectamente estructurada, de forma que puedan prepararse y mentalizarse de todo lo que va a ocurrir a continuación.
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Minimizar estímulos sonoros
Es posible que tengan hipersensibilidad sensorial y asocien determinados estímulos sonoros como signos estresantes, por lo que cabe la posibilidad de que, en presencia de ciertos sonidos como los ‘listening’ en Inglés o las canciones en asignaturas como Música, se tapen los oídos. Evitar, en la medida de lo posible, estímulos sonoros es crucial.
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Establecer un momento de saludo estructurado
Según relata Víctor Alcolea, terapeuta ocupacional de un centro especializado en Cáceres, se puede aprovechar este momento para practicar con los alumnos funciones declarativas tales como ofrecer o pedir algo, y también normas de cortesía a la hora de saludar a sus compañeros.
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Estructurar las tareas repetitivas
Es de vital importancia que las tareas que realicen en sus pupitres siempre estén estructuradas de la misma forma. Es decir, si durante el horario de clase el alumno se ha acostumbrado a realizar primero tareas de Matemáticas, después de Lengua Castellana y por último de Inglés, es muy importante que siga siempre este orden, ya que alterarlo le va a conducir a sentirse descolocado.
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Adaptar la enseñanza al alumno
Con los niños con TEA, el clásico método de enseñanza basado en el ensayo-error no funciona. El docente debe tomar los intereses y las curiosidades del propio alumno como punto de partida para su educación. Es recomendable que el docente se limite a proporcionarle todos los materiales y recursos que necesite para la realización de las tareas, y luego ir retirándoselos poco a poco, nunca bruscamente.

