La evolución de las sociedades está marcada por las ideas y la dinámica de poder entre diversos intereses. Es relevante identificar criterios de justicia que posibiliten una convivencia equitativa como alternativa al sálvese quien pueda.
Criterios de Justicia y Distribución
Los primeros socialistas del siglo XIX elaboraron criterios de justicia distributiva centrados en el cambio de propiedad de los medios de producción.
Marx, en El Capital (1867), señaló que la producción capitalista mina las fuentes de riqueza: la tierra y el trabajador. En su Crítica al Programa de Gotha (1875), definió el horizonte socialista como el desarrollo de la pobreza y el desamparo del trabajador en contraposición a la riqueza y cultura del que no trabaja.
Superar esta división debía conducir a un sistema donde el productor individual recibe de la sociedad lo que ha dado, medido en horas de trabajo, aunque este criterio distributivo del «a cada cual según su trabajo» reconoce tácitamente las desigualdades individuales.
Este tipo de lógica dio curso en la historia de fines del siglo XIX y en el siglo XX a los derechos sociales y a las redistribuciones según necesidades.
La Evolución del Capitalismo y el Neoliberalismo
La historia dio lugar a luchas sociales que modificaron el capitalismo salvaje en el siglo XIX, con los primeros compromisos de seguridad social en la Alemania de Bismarck hacia 1880, e hicieron emerger en el siglo XX diversos tipos de Estados de bienestar basados en economías mixtas.
Bajo el impulso de Friedrich Hayek, Milton Friedman y Robert Nozick, el neoliberalismo revivió el utilitarismo y el liberalismo económico clásicos, descartando la idea de justicia social en favor del interés individual como motor del bienestar general.
Según Nozick, cualquier impuesto obligatorio para financiar servicios distintos del Estado mínimo es injusto, equivalente a “trabajo forzado”.
Enfoques Contemporáneos sobre la Justicia
John Rawls introdujo debates en defensa de la idea de justicia con la publicación de «Justice as Fairness» en 1955 y “A Theory of Justice” en 1971, identificando bienes primarios sociales como las libertades fundamentales, el acceso a posiciones sociales y las “bases sociales del respeto de sí mismo”.
Según Rawls, una sociedad justa reparte equitativamente estos bienes, considerando las diferencias en bienes primarios naturales, bajo los principios de igual libertad, diferencia e igualdad equitativa de oportunidades.
Ronald Dworkin insistió en que un gobierno legítimo debe tratar a todos los ciudadanos con igual respeto y consideración, apoyándose en la necesidad de que prospere la vida de todo ser humano y la responsabilidad individual de definir y conseguir esa prosperidad.
La verdadera igualdad, según Dworkin, es la igualdad en el valor de los recursos disponibles para cada persona.
Para Amartya Sen, el enfoque de la justicia debe considerar la capacidad desigual de transformar bienes y recursos en funcionamientos, proponiendo actuar sobre las capacidades que hacen posibles dichos funcionamientos.
Jon Elster procuró enunciar una redistribución justa como una concepción de sentido común del bienestar, que se traduce en cuatro proposiciones para el funcionamiento social, cada una de las cuales modifica la anterior.
La noción de igualdad compleja de Michael Walzer contrasta con la búsqueda tradicional de axiomas de justicia sin distinguir sus ámbitos de aplicación, defendiendo una concepción que preserve la separación de las esferas de la vida social.
Otros autores han insistido en que una agenda de igualdad real de oportunidades debe incluir no solo la corrección de las barreras que impiden la igualdad formal, sino también transformar las condiciones estructurales de desigualdad de acceso a diferentes posiciones sociales.
La igualdad de oportunidades debe complementarse con la lógica de la reciprocidad comunitaria, según Gerald Cohen, donde el servicio mutuo se basa en la necesidad y no en el interés personal.
Michael Sandel ha llamado la atención sobre el mal uso del concepto de meritocracia, señalando que, aunque asignar roles sociales a los calificados es positivo, la selección por mérito puede reproducir desigualdades iniciales.
El Trabajo como Participación en la Creación
El trabajo es una característica esencial de la persona, y toda actividad debe ser tratada como un valor. El trabajo es participación en la creación del mundo, una oportunidad de ser y hacernos mejores personas.
Es fundamental mantener una actitud de alegría y servicialidad frente a todo aquel que trabaja, transmitiendo que trabajar es una oportunidad de construir una mejor sociedad.
En la familia se aprende a trabajar y a ser responsable. Compartir las actividades del día al llegar a casa, más allá de quejas y cansancio, fortalece los lazos y el sentido de comunidad.
El Buen Trato y la Dignificación del Trabajo
El buen trato es un condicionante esencial para el trabajo. En una sociedad con falta de amabilidad y cortesía, es crucial saludar, hacer comentarios positivos y visibilizar a quienes trabajan.
Hablar, comentar, sonreír y mirar a los ojos dignifican el trabajo y mejoran el ánimo de quienes prestan un servicio.
Desafíos Actuales: Falta de Trabajo y Teletrabajo
Los problemas de salud y la paralización de actividades afectan directamente al trabajo, requiriendo un espíritu solidario y de comunidad.
El teletrabajo puede ser una posibilidad, pero no resulta para todos, y no todos los servicios pueden prestarse virtualmente. Es importante respetar a quienes sienten que la tecnología los supera e intentar ayudarles.
Conversemos sobre el trabajo, propongámonos una acción positiva para cada día: saludar, realizar un comentario positivo, relatar mi historia laboral a mis hijos. ¡Elige una tarea! Compartamos luego la experiencia.
Algunas preguntas para la reflexión:
- ¿Cómo es mi actitud frente al trabajo, frente a las personas con quienes trabajo?
- ¿Cuáles de estos 5 pasos creo que diariamente realizo?
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