En su obra, Marx y su concepto de hombre, Erich Fromm presenta la concepción del hombre desde la corriente marxista, analizando las concepciones erróneas que se han formulado y mostrando la propuesta original de Marx. Fromm fundamenta su análisis en los Manuscritos económico-filosóficos de Karl Marx, con la pretensión de valorar la naturaleza del hombre y su espíritu de independencia dentro de las ideas marxistas.
El Concepto del Hombre en Marx
El punto de partida de Marx para abordar la naturaleza del hombre reside en la idea de que el hombre es un ser reconocible y determinable, que puede definirse no sólo biológica, anatómica y fisiológicamente, sino también psicológicamente. La naturaleza del hombre está relacionada con la historia y determinada por ésta.
Según Marx, el hombre encuentra sentido a su vida cuando es productivamente activo. En este estado, aunque disfruta de la vida, no se aferra a ella condicionalmente, renunciando a la codicia del tener y realizándose en el ser. Fromm analiza la relación natural e inmediata del ser humano con otros seres humanos, que se manifiesta a través de los sentidos y debe conformarse de acuerdo con los objetos exteriores. La relación natural entre los hombres es la de hombre a mujer, y el amor es lo que permite creer verdaderamente en la realidad del mundo objetivo exterior. Marx concibe esta relación como la “vida productiva”, una vida que crea vida.
Independencia y Libertad en el Marxismo
Para Marx, la independencia y la libertad se basan en el acto de autocreación. El fin del socialismo propuesto por Marx era la emancipación del hombre, su autorrealización en el proceso de relación y unidad productiva con el hombre y la naturaleza. La independencia se logra cuando el hombre alcanza esa emancipación, ejercitando su naturaleza productiva y realizándose a sí mismo.
Fromm concibe el trabajo como “la autoexpresión del hombre, expresión de sus facultades físicas y mentales individuales”. Por lo tanto, no es sólo un medio para lograr un fin, sino un fin en sí mismo, la expresión significativa de la energía humana. Marx critica del capitalismo la perversión del trabajo en un trabajo forzado, enajenado y sin sentido.
La Enajenación en el Trabajo
La concepción del socialismo de Marx es la emancipación de la enajenación, la vuelta del hombre a sí mismo, su autorrealización. Para Marx, la enajenación significa “que el hombre no se experimenta a sí mismo como el factor activo en su captación del mundo, sino que el mundo permanece ajeno a él.” Se trata de experimentar al mundo y a uno mismo pasiva y receptivamente, como un sujeto separado del objeto. Implica adorar lo que uno mismo ha creado y, al hacerlo, transformarse en cosa.
La enajenación se realiza en el trabajo, en la relación activa del hombre con la naturaleza, la creación de un mundo nuevo. La preocupación de Marx es la liberación del hombre de un tipo de trabajo que destruye su individualidad, que lo transforma en cosa y que lo convierte en esclavo de las cosas. “En el trabajo no enajenado, el hombre no sólo se realiza como individuo sino también como especie.” El trabajo enajenado arrebata al hombre el objeto de su producción y su propia vida. Cuando el trabajador no participa en la dirección del trabajo, se transforma en una cosa por su dependencia del capital. Cada hombre está enajenado en relación con los otros, y cada uno de los otros está, a su vez, enajenado de la vida humana.
La concepción del socialismo en Marx se desprende del concepto de hombre, no es una sociedad en la que el individuo esté subordinado al Estado, a la máquina, a la burocracia. “El fin del socialismo es el hombre. Es crear una forma de producción y una organización de la sociedad en que el hombre pueda superar la enajenación de su producto, de su trabajo, de sus semejantes, de sí mismo y de la naturaleza.” Significa que el hombre produce de una forma asociada y no competitiva, el individuo participa activamente en la planeación y en la ejecución de los planes. El fin principal del socialismo debe ser, por tanto, el reconocimiento y la realización de las verdaderas necesidades del hombre, que sólo será posible cuando la producción sirva al hombre y el capital deje de crear y explotar las necesidades falsas del hombre. El hombre des-enajenado será aquél que no domina a la naturaleza sino que se identifica con ella, que está vivo y reacciona ante los objetos, de modo que éstos cobran vida para él.
El Trabajo Enajenado en el Contexto Actual
El concepto de trabajo enajenado fue uno de los aportes más importantes de Karl Marx a la teoría social y económica. Marx describió cómo en el sistema capitalista los trabajadores experimentan una pérdida de control y conexión con su labor, lo que genera una sensación de alienación. Según Marx, en un sistema capitalista el trabajador se convierte en una pieza más en la maquinaria económica, realizando tareas repetitivas y desconectadas del resultado final. Esto provoca que el trabajador vea su labor como una simple obligación, en lugar de una expresión de su creatividad o potencial humano.
Aunque el contexto ha cambiado en muchos aspectos, todavía podemos observar varias similitudes con la visión marxista. En muchas industrias, los empleados realizan tareas monótonas que no les permiten desarrollar habilidades o sentir que contribuyen de manera significativa. En resumen, aunque las condiciones laborales han evolucionado desde la época de Marx, el fenómeno de la enajenación sigue presente en muchas formas.
Rol de los Sindicatos
Los sindicatos deben negociar activamente convenios colectivos que aborden directamente las causas de la enajenación. Pueden impulsar mecanismos que permitan a los trabajadores tener mayor voz y voto en la organización del trabajo. Los sindicatos deben ser vigilantes en la defensa de la seguridad y salud en el trabajo, así como en la lucha contra la precarización laboral (contratos temporales abusivos, subcontratación, etc.).
Los sindicatos pueden abogar por una mayor transparencia en los procesos productivos y por iniciativas que permitan a los trabajadores comprender la importancia de su labor dentro del conjunto, así como su contribución al producto o servicio final. Los sindicatos actúan como plataformas para la organización y la solidaridad entre los trabajadores.
Fetichismo de la Mercancía
En la primera sección de El Capital de Karl Marx, se explica que, bajo el régimen capitalista, de manera objetiva, la supremacía del valor de cambio sobre el de uso (la ganancia sobre el bien común), el dinero y el mercado como sitio del intercambio, sólo existen relaciones entre cosas, entre mercancías. Es decir, los productores desaparecen ante el gobierno de la compra y venta de bienes y servicios.
El modo de producción capitalista se vuelve predominante históricamente en virtud de las condiciones que determinan su proceso y desarrollo superior de las fuerzas productivas. Es bajo el capitalismo que se revela el carácter social y abstracto del trabajo. Sin embargo, debido al propio desenvolvimiento de las formaciones capitalistas, la inmensa mayoría de las y los trabajadores, al cosificarse el producto de su trabajo, le parece «extraño», alienado, como si fuera algo que no tiene nada que ver con él. No obstante, el carácter del trabajo es social; esto es, la totalidad de la clase trabajadora participó en la producción del conjunto de bienes y servicios que constituyen la riqueza (valor) realmente existente. Por lo mismo, las mercancías adquieren vida propia, opuesta al trabajo humano que las fabricó. A ello, Marx lo llama «fetichismo de la mercancía», donde el dinero es la cima de este fenómeno.
Lo Común y la Praxis en Marx
En los textos de juventud de Karl Marx se pueden encontrar, al menos, dos formulaciones sobre “lo común”. La primera de ellas se encuentra en la sexta tesis sobre Feuerbach. En ese aforismo Marx sostiene que la esencia humana es el conjunto de las relaciones sociales. Por otro lado, en La ideología alemana el pensador alemán dice que el comunismo no es un ideal según el cual debe ser dirigida la realidad, sino un movimiento real que deja sin vigor el estado de cosas actual.
Esta apuesta de Marx por abordar lo común, como manifestación del movimiento de lo real, ha sido interpretada por Louis Althusser como la elaboración de una postura filosófica en la que hay una primacía de la práctica sobre la teoría. De acuerdo con esto, a juicio del pensador francés, la filosofía de Marx toma como punto de partida no tanto a un ‘sujeto de derecho’ que es propietario de sus bienes, de su propia voluntad y de sus propias idealidades, sino a los sujetos en sus prácticas con los otros y con las cosas. A esa toma de postura de Marx, Althusser le agrega un ingrediente más: esa primacía de la práctica tiene como correlato la elaboración de una filosofía desde el punto de vista del proletariado que se resiste a la lógica de valorización del capital.
Para Marx, el modo capitalista de producción logra reproducir sus condiciones de existencia alrededor de una lucha intestina en contra, precisamente, de la contingencia que funda las relaciones humanas, es decir, en contra de la praxis humana que emerge al contacto conflictivo con los otros. El medio, por excelencia, del que se sirve el capitalismo es el plusvalor. Allí se asegura que la vida de los seres humanos sea capturada por la presunta necesidad histórica de la valorización del capital.
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