Se me ha pedido que exponga ante mis queridos colegas socios del Rotary Club de Santiago, en relación a las festividades del Día del Trabajo y al significado que este concepto adquiere para una Institución como la nuestra que propicia el entendimiento entre los hombres como instrumento precioso para lograr el progreso colectivo. Lo hago con mucho respeto ante ustedes, a la vez que con mucho cariño por el Rotary Club de Santiago y por su Directiva y su Presidente, especialmente, ya que fue el quien gentilmente me solicitó esta ponencia.
En todas las civilizaciones, y siglos de la historia de la humanidad, el trabajo siempre ha sido una actividad que dignifica a las personas. El trabajo es una característica esencial de la persona, pues solo ésta lo ejerce, por eso hay que mirarlo, revisarlo y hablarlo.
Si admitimos que el trabajo es virtud, entenderemos también que no existe un trabajo superior a otro, porque “trabajar es servir (o vender un servicio), siendo parte de una sociedad construida por el aporte de nuestro quehacer diario”.
El trabajo constituye uno de los aspectos que nos cohesionan como sociedad humana, y que permite imponerle rumbos de naturaleza colectiva al desarrollo del conjunto social. Es así como el trabajo da lugar a la organización de los proyectos de desarrollo que estimulan los países, y constituye un reflejo de los propósitos de fondo en materia de expansión y realización de la actividad productiva y de las ambiciones del colectivo social. El trabajo se estructura a través de sectores y empresas -sean estas de servicio o productivas- que conforman la pretensión nacional, por así decirlo, de desarrollo social y económico.
El trabajo expresa una condicionante macroeconómica, que ordena la actividad y le da un contexto o fin determinado, operando lo mismo a través de las señales que proporcionan las políticas económicas o los incentivos específicos asociados a la política. En el pasado reciente, por ejemplo, las sociedades latinoamericanas progresaban en la línea de la sustitución de importaciones, y el trabajo entonces se organizaba en las grandes empresas estatales y el servicio público para dar marco a esa intención de política, además del trabajo existente en otras áreas de desarrollo más en el margen de estas grandes intencionalidades políticas.
Es decir, el trabajo, en cuanto a su estructura, su conformación en el ámbito productivo y de los servicios, expresa un cierto afán nacional, un espíritu que orienta las ambiciones de la sociedad en materia productiva y en cuanto a su organización social, como un derivado inevitable. Incluso en aquellos países en que, por infortunio, no existe la visión nacional sobre el proyecto país que se ambiciona, y la economía funciona desordenadamente, como a saltos entre indicadores que oscilan sin ningún sentido verdadero, es la situación de desempleo o de extrema fluctuación en la composición del empleo, o de nulos cambios en lo mismo, producto de la inercia económica, también es la situación del trabajo una expresión de esa ausencia de proyecto colectivo.
El Empleo como Reflejo del Proyecto Nacional
Por ello, cuando se habla del "empleo" o de la "conformación del empleo", es que nos estamos refiriendo al trabajo en su dimensión social más significativa: como verdadero reflejo del proyecto nación que identifica a una sociedad en sus ambiciones más profundas. Indudablemente de lo anterior fluye una serie de consecuencias en los ámbitos social o político.
Las condiciones de trabajo, en cuanto a sus aspectos formales legales o sustantivos en lo productivo, se entienden como condicionante de la situación imperante. Tales condiciones derivan, en esencia, de la realidad productiva y de sus realidades económicas y financieras. Por cierto, la referencia se aplica por definición al llamado empleo formal de la economía, es decir aquel regulado y sujeto al ámbito de la negociación y de la normativa pública y privada. Por ello, cuando se habla de trabajo y se conmemoran los días en que la protesta logró consolidar un cuerpo legal y administrativo de protección al empleo, no se debe dejar de considerar que en nuestra patria, por ejemplo, aproximadamente un 40% de los trabajadores efectivamente ocupados, pertenecen a esta categoría de trabajo desprotegido, ejerciendo ello serias repercusiones de tipo social y económica.
Por cierto, el mismo proceso de desarrollo económico debe ir brindando mayores oportunidades de empleo formal, es decir ocupaciones que proporcionan protecciones legales en cuanto a aspectos como condiciones de trabajo, remuneraciones, jornada laboral y planes de retiro. La existencia de esas dos realidades del trabajo en nuestra sociedad llaman la atención sobre la necesidad de mecanismos solidarios para preservar la coherencia del cuerpo social. No hay que olvidar que la masa de trabajadores desprotegidos, mal remunerados y en realidad sujetos a su suerte como unidades productivas, puede desatar presiones sociales y políticas que impidan, finalmente, el progreso en lo que he llamado el proyecto nacional.
No hay que dejar de prestar atención a los más desposeídos, ya que si bien muchos de ellos tienen un empleo, el mismo carece de las propiedades que le permitan sustentar adecuadamente a una familia, y desarrollar a los hijos con expectativas de avanzar en el plano económico y social. Por ello creo que la solidaridad, expresada en parte en el gasto social público orientado a las familias en pobreza o en mayor necesidad, es un componente fundamental de la estabilidad social que requiere la inversión y el crecimiento. Por ello se argumenta que la mejoría en la distribución del ingreso, lograda por medio de instrumentos sostenibles en el largo plazo, se constituye en un factor vital para alcanzar el desarrollo pleno.
El Desempleo y su Impacto Social
Resulta indispensable, al hablar del trabajo en su dimensión económica y social, el referirse también al desempleo. No cabe duda, como se expresa comúnmente, que cuando se tiene trabajo hay que agradecerlo, puesto que no existe nada más degradante para una persona que encontrarse en estado de necesidad, impedido de acceder a un ingreso, debido a su estado de búsqueda activa, pero no exitosa, de un trabajo remunerado.
Hoy en día es tan común que, como producto de reestructuraciones de servicios y empresas, o simplemente por haber adquirido entrenamiento en el área equivocada, en la institución inapropiada, o en un ámbito de aplicación no correspondiente, muchos jóvenes se encuentren sin la posibilidad de encontrar su primera ocupación, mientras que otros pierden su contrato y pasan a ocupar un sitial en el desempleo abierto.
Estas realidades sociales, indeseables por cierto, pasaran cada vez más a ser la norma de conducta del mercado laboral. En efecto, se predice que tendremos todos que cambiar de empleo al menos cuatro veces en nuestra vida, mientras que los procesos de tránsito de un empleo a otro pueden estar caracterizados por un prolongado desempleo, producto de las bajas en la actividad económica y los defectos de información que prevalecen en el mercado laboral.
En el lenguaje frío de los economistas, hay que esperar que la tasa de desempleo natural sea mayor en los días de la globalización, producto de esa mayor dinámica productiva caracterizada por giros abundantes en materia de estructura empresarial. Así, por ejemplo, en Chile se piensa que el desempleo estructural crecerá del 5% a cerca de 7%, involucrando aproximadamente 300 mil trabajadores con sus familias -los cuales deben considerarse en proceso de tránsito, de cambio, de reentrenamiento, pero en definitiva viviendo periodos relativamente largos de desocupación.
Como se quiera, esta es una realidad que debe atacarse en sus consecuencias, especialmente cuando el desempleo se asocia a pobreza y cuando el desempleo mismo se convierte en un mal antecedente para buscar exitosamente un empleo satisfactorio. Por ello, los esquemas de seguro de desempleo y los planes de recapacitación y reentrenamiento son adecuados para minimizar los efectos negativos de este mal social.
El Trabajo como Valor Personal y Social
Todo lo que he dicho hasta aquí corresponde a la dimensión del trabajo como realidad económica y social. He tratado de poner en limpio mis ideas acerca que cuando nos referimos al concepto de trabajo en una sociedad, nos estamos refiriendo a una concepción social en torno a un proyecto país, un proyecto económico-social, o una visión respecto de la estructura productiva que prima como consecuencia de las orientaciones globales de política. Pero también trabajo significa una enorme diversidad de condiciones, que llevan a los conceptos de empleo formal e informal, indicando con ello distintos tipos de condiciones.
En cuanto a la diversidad del concepto debo también mencionar la inaceptable discriminación que prevalece, por ejemplo, contra la mujer, que es remunerada, a igualdad de condiciones, en forma menos significativas que sus contrapartes masculinos; esta es una imperfección, que también vinculo a la existencia de deficiencias en nuestras concepciones y realidades económicas. Finalmente, el desempleo ha sido señalado como una causa de grave daño al individuo, y que refleja un mercado laboral que arroja resultados que no son siempre necesariamente óptimos desde el punto de vista social.
Pero tengo también -cuando se me ha pedido hablar en esta celebración del día del trabajo-que referirme al concepto de trabajo en su sentido más profundo, su significado como valor personal y social. Se ha dicho siempre que el trabajo dignifica, y esto sigue siendo así a pesar que prime tan fuertemente en nuestra sociedad actual el principio del mínimo esfuerzo y el enorme privilegio que se otorga al consumo como fin último de nuestras acciones.
Mal ejemplo damos a las futuras generaciones, cuando el trabajo es visto solamente como un medio para generar un ingreso que puede permitirnos consumir y cumplir con ambiciones menores. Tampoco es justo reclamar que debamos convivir en una sociedad gregoriana, en que el trabajo se ensalza y practica per se, aunque no necesariamente se una a aspectos de mejoramiento en la vida material. Pero tampoco significa esto que el trabajo se reduzca únicamente a los aspectos materiales que le son propios.
El trabajo es un valor que ennoblece, que permite mirar al mundo en una perspectiva distinta puesto que da pie al crecimiento personal. El trabajo es, y debe ser, una fuente de aprendizaje, como también un mecanismo de interrelación con los demás. Quizás por eso son tan exitosas las firmas que promueven el desempeño laboral junto con posibilidades de encuentro social y de aprendizaje permanente. Se ha mostrado que los trabajadores sometidos a un medio que proporciona mayor estímulo en aspectos no necesariamente remunerativos, son también trabajadores más productivos y motivados.
El trabajo como valor, como agente disciplinador en lo social y personal, como instrumento de aprendizaje permanente, como creador de realizaciones individuales y como un proyecto de vida y de ejemplo, es quizás el aspecto que deba destacarse más allá de las implicancias meramente instrumentales. Quizás valga la pena reflexionar sobre el concepto de trabajo que subyace, en general, en el mundo asiático, en donde el esfuerzo se premia per se, y el trabajo es una manera de realizarse y de proyectarse en la vida, considerando que ésta se prolonga efectivamente en las siguientes generaciones.
Mucho se ha dicho que es difícil competir con ello, porque sus exigencias son pocas respecto a la productividad que entregan; pero también es cierto que mucho de lo que obtienen dice relación con una realización como personas y como ejemplo vital intergeneracional.
Vaya, pues, en esta celebración del día del trabajo que auspicia nuestro Rotary Club, un saludo al trabajador que entrega su aporte para la realización del país. Un saludo a las personas, que hacen del trabajo un valor permanente y creador, y que proyecta por esa vía el futuro y el sentido de realización plena. Vaya a la sociedad chilena una expresión de deseo, un llamado, a que el sentido de solidaridad sea el complemento efectivo al resultado puro de las fuerzas de mercado, para proteger la inversión y el crecimiento.
El Trabajo y la Virtud
El trabajo deja de ser virtud cuando el trabajador se siente explotado, abusado. Chile, al igual que casi todos los países del mundo, tiene leyes que protegen a los trabajadores nacionales o migrantes ,pero lamentablemente, estas leyes no son siempre entendidas y aplicadas de la manera correcta, generando inequidades en las relaciones laborales. Frente a eso hemos de oponernos: ante las doctrinas y la filosofía de la catedral del capitalismo en Chile; porque hemos nacido para construir vidas, por eso digo que cualquier persona que se sienta botada, olvidada, o desprovista de su sentido de pertenencia, esa persona es mi hermano.
En esta sociedad donde reina la indiferencia, trato todos los días de ser aquella mirada que golpea la conciencia de las personas que no entienden el valor de la vida y el trabajo. Personas que se aprovechan de las inequidades e injusticia del sistema, ya sea en relación con sus compatriotas o migrantes, sobre todo aquellos que no manejan bien el español.
Cuando a un trabajador extranjero se le contrata por un sueldo inferior al de un compañero chileno, por la misma labor, esto es en desmedro de su dignidad y virtud. Si un empleado haitiano gana menos dinero que sus compañeros latinos, solo por el hecho de ser haitiano, este se sentirá menospreciado, vulnerable y humillado.
Según la OCDE (2017) Chile es uno de los países más caros del mundo. Con un sueldo mínimo inferior a los $300.000 pesos, la vida en Chile para la mayoría de sus habitantes es insostenible. Otra joya extraña que destaca a Chile es la inequidad en la distribución de los recursos, donde para algunos el sueldo mínimo no es más que el gasto de una cena con un par de amigos.
Sigo creyendo que la República de Chile será verdaderamente grande cuando ponga al centro el verdadero significado del trabajo, pero para esto el Gobierno debe, sí o sí, devolverle al trabajo su dignidad y su virtud. Todo tipo de trabajo es digno, pero el sueldo puede no serlo, llevando al trabajador a un estado de desencanto en cuanto a la contribución que hace a la sociedad con su labor. Si se nos dice por medio del sueldo que nuestro trabajo no importa o no es suficiente para vivir dignamente no se puede esperar otra cosa.
Como sociedad y autoridades de Chile, si deseamos o queremos disminuir la desigualdad, tenemos que devolverle al trabajo su virtud para que todos, jóvenes, adultos y personas mayores, puedan valorar el trabajo. Para combatir la delincuencia, habrá que devolverle al trabajo su virtud.
Para evitar que Santiago se convierta en una gran feria, habrá que aumentar el sueldo mínimo, subvencionar el transporte, educación y salud, sobre todo para aquellas personas que no pueden costear una vida digna.
En los ojos de cada vendedor ambulante de Santiago, o de cualquier otra cuidad del país, se refleja una mirada que censura la maldad de aquel sistema malvado que los quisiera esclavizar al someterlos a trabajos pesados, con jornadas extensas y sueldos que, a pesar de su gran esfuerzo, no le permiten vivir como merece.
En todo mercado laboral el trabajo nos debiera permitir crecer emocional y económicamente. Se debe conceder a aquellos que quieren surgir la posibilidad de ahorrar para cumplir sus metas y desarrollar sus virtudes y no pasar toda su vida al borde de la supervivencia.
Devolvamos por fin al trabajo su dignidad. Que permita desarrollar las virtudes tanto de las personas como de la sociedad en su conjunto.
La Importancia del Buen Trato
Tenemos que proponernos una actitud de alegría y servicialidad frente a todo aquel que trabaja. ¡Alegría debemos sentir de poder trabajar! Trasmitamos a quienes nos rodean que trabajar es una oportunidad de compartir y construir una mejor sociedad. Trabajando nos volvemos más personas. Nuestra humanidad florece. El trabajo es fuente de dignidad.
En la familia se aprende a trabajar, a ser responsable de nuestras tareas y responder por nuestros actos. Cada uno debe tener responsabilidad en su casa y saber la importancia del trabajo bien hecho. Siempre es bueno cooperar y ayudarse entre hermanos, papás y abuelos. Darle una mano a quien está en dificultad o cansado.
Compartamos de nuestro trabajo al llegar a casa, acerca de las actividades del día, no sólo quejas y cansancio. El buen trato es un condicionante para el trabajo.
Hagamos una cadena de Buen Trato. Nuestra sociedad vive una crisis de falta de amabilidad, de cortesía y por ende de confianza. Empecemos por un cambio, intentemos saludar siempre, hacer algún comentario simpático a quien nos atiende o a quienes vemos trabajando, en la calle o el bus, cuando entramos a un baño público o al ascensor.
Visibilicemos y demos unos buenos días a la vendedora del mall, al guardia de la farmacia y al portero del colegio. Y así, a tantos rostros que durante el día pasamos sin ver. Invitemos un café o un vaso de jugo a todo el que entre a nuestra casa a realizar un trabajo. Hablar, comentar, conversar, sonreír y mirar a los ojos, harán un cambio al ánimo de todo el que trabaja o presta un servicio. Tratar bien dignifica el trabajo.
Los problemas de salud afectan directamente al trabajo, la paralización de actividades aún más, necesitamos un espíritu solidario y de comunidad. Tratar bien dignifica el trabajo.
Trabajar desde la casa, el teletrabajo, puede ser una posibilidad, pero no resulta para todos. Tampoco todos los servicios se pueden prestar virtual. Respetemos a aquellos que sienten que la tecnología los supera e intentemos ayudarles.
Conversemos sobre el trabajo, propongámonos una acción positiva para cada día. Puede ser: saludar, realizar un comentario positivo; relatarles mi historia laboral a mis hijos ¡Elige una tarea! Compartamos luego la experiencia. Les aseguro que se sentirán alegres.
Desigualdad de Género y Trabajo
La mujer que trabaja en forma remunerada ha enfrentado históricamente inequidades de género en el acceso al trabajo y en el goce de sus derechos como trabajadora. Entonces cabe preguntarse, ¿ha cambiado el panorama en la actualidad? Lo anterior tiene directa relación con la división sexual del trabajo, ¿de qué manera influye esta en nuestra sociedad? Bajo este prisma, aún teniendo presente la carga que conlleva el trabajo doméstico no remunerado para todas las mujeres, la situación será completamente diferente si se trata de una trabajadora afrodescendiente o indígena, versus una que no lo es, considerando las cadenas globales de cuidado por ejemplo o.
El Trabajo como Contribución al Bien Común
El trabajo digno no sólo significa percibir una remuneración. De hecho, hay labores que siguen teniendo el carácter de trabajo, aun cuando no se perciba sueldo por su realización, como las funciones desarrolladas en el hogar o por cuidadores de personas no autovalentes. El trabajo es mucho más que eso, ya que constituye un espacio de reconocimiento.
Esta es una ficción que se nos ha impuesto como inmodificable por quienes se encuentran ubicados en posiciones de privilegio y, peor aún, se desenvuelven formando profesionales de la economía, dando por sentado este dogma como una verdad absoluta. No podemos conformarnos y dejar que nos quiten la esperanza, motor fundamental de toda profunda transformación.
Una concepción que atienda sólo al consumismo como meta del trabajo, intentando, aunque sea de buena fe, solucionar las desigualdades apelando a la justicia distributiva, desatiende otro concepto esencialmente vinculado con la dignidad del trabajo, que es la contribución de esta labor para alcanzar el bien común de la sociedad, lo que se ha denominado justicia contributiva. De este modo, fácilmente podríamos llegar a concluir que el profesor contribuye al bien común muchísimo más que los especuladores financieros.
Una Constitución debe promover políticas públicas dirigidas a que los empleos sean remunerados de tal modo que las familias puedan sostenerse en el contexto de comunidades fuertes. Esto permitiría una reestructuración económica que impulse un cambio en la cultura del éxito, pasando del mercantilismo a la valoración del empleo como contribución al bien común, como fuente de ingresos, pero también de reconocimiento dentro de la comunidad.
TAG: #Trabajo

