El sistema de distribución de ingresos del siglo XX está roto, y en el mundo ha hecho que millones de personas enfrenten trabajos inestables e inseguros, falta de identidad ocupacional, salarios reales en baja y crecientemente volátiles, pérdida de beneficios y endeudamiento crónico.

En ese entonces, el trabajo era principalmente competencia de los hombres, mientras que las mujeres realizaban el llamado trabajo «invisible»: cuidar a los niños, mantener el hogar y cocinar. La naturaleza del trabajo ha cambiado dramáticamente desde mediados del siglo XX.

El Ingreso Básico Universal (IBU) como alternativa

Una de las propuestas más controversiales de este último tiempo a nivel mundial es el Ingreso Básico Universal (IBU). El autor revisa aquí el Ingreso Mínimo Garantizado propuesto pro el gobierno y lo compara con el Ingreso Básico Universal que se discute en países que buscan hacer frente a la desaparición de empleos como resultado de la automatización.

Este ingreso implicaría que todos los chilenos recibieran un monto, independientemente de si trabajan o no. Un monto por ser parte de esta sociedad.

Características del IBU

  • Es un ingreso pagado en efectivo.
  • Se paga en un medio de intercambio adecuado, permitiendo que quienes lo reciben puedan decidir en qué lo gastan.
  • Es pagado por una comunidad política, pero no requiere, necesariamente, ser pagado por un estado nacional.
  • Se paga a todos sus miembros.
  • Es decir, este ingreso se pagaría a cada uno de sus miembros. Asimismo, sería uniforme para cada miembro del hogar.
  • Es independiente de los ingresos por el trabajo u otros.
  • Se pagaría sin ningún requerimiento laboral, es decir, independientemente del desempeño en el actual trabajo o su disposición a buscar trabajo.
  • Se trata de un derecho social individual que se paga al sujeto titular que materializa los valores de la igualdad material y de solidaridad.

Justificación filosófica y ética del IBU

Un argumento fundamental es que el Ingreso Básico Universal es un instrumento de justicia social que refleja el carácter social o colectivo intrínseco de la riqueza de una sociedad. Ataca la proletarización del trabajo (falta de libertad) postulada por Marx.

Es hora de poner en la palestra reformas estructurales frente al modelo en que vivimos como una respuesta para avanzar hacia una sociedad con personas libres en un sentido real y no solo formal.

Ventajas económicas del IBU

Existe evidencia suficiente para corroborar que aun cuando las justificaciones primarias de un IBU son justicia social, libertad y seguridad, un sistema IBU generaría un número de ventajas económicas.

Según Standing (2017), la evidencia acumulada sugiere que dinero adicional circulando en la economía aumentaría la demanda agregada y propiciaría crecimiento económico siempre que la oferta no esté restringida.

Se habla generalmente del contraargumento de la inflación, diciendo que dinero adicional subiría los precios. Pero esto demuestra limitado raciocinio. Esto es porque la demanda adicional resultante del dinero adicional es probable que genere una oferta adicional de bienes y servicios.

Considerar poner en práctica el Ingreso Básico Universal como un derecho de la sociedad implicaría un nuevo pacto social con un compromiso mínimo de seguridad que ahora no existe.

El contexto de la desigualdad en Chile

La desigualdad en Chile es significativa. Mientras el 1% más rico en Chile acumula el 33% de los ingresos totales según el Banco Mundial, la mitad de los trabajadores gana menos de $400.000.

El estallido del 18/O ocurre en un mundo donde el trabajo se ha vuelto inestable y los salarios reales caen.

Así, su ingreso mensual líquido será de $289.800. La propuesta de ingreso mínimo garantizado (IMG) planteada por el Ejecutivo, cuyo costo involucra alrededor de US$ 396 millones del Fisco y cuyos beneficiarios serían alrededor de medio millón de personas, establece un aporte máximo de $49.000 a quienes obtienen $301.000 de sueldo mínimo bruto.

Esto abre la pregunta ¿para qué debería alcanzar el Salario Mínimo? El sentido común indica que al menos debería permitir que una persona trabajando, pueda sacar a su grupo familiar de la pobreza.

Los datos indican que la brecha entre la línea de la pobreza para un hogar promedio (4 personas) ($436.000) y el salario mínimo ($301.000) es de $135 mil.

Automatización y el futuro del trabajo

En las manufacturas el potencial de automatización es del 61% (600 mil trabajos). Esto plantea una gran gama de preguntas de gran relevancia social, ¿Qué pasará con los trabajadores?

Ahora bien, aunque se aceptase y se quisiera implementar una gran limitación de esta medida es que no se encarga de cómo puede hacerse factible.

Quizás uno de los modos que podría asegurar su universalización efectiva sería apostando simultáneamente a la automatización de la economía.

Generalmente, dicha tendencia en el capitalismo es vista como una amenaza a los empleos existentes, ya que aunque se diga que la automatización crea nuevos puestos de trabajo de seguro es mayor la cantidad de empleos que serán destruidos a raíz de dicha tendencia a largo plazo dejando a poblaciones desempleadas, y por tanto, sin ingreso.

Por tales razones, muchos en la izquierda han despotricado contra la tecnología supuestamente “capitalista”, pero incluso marxistas heterodoxos tales como Ruy Mauro Marini o Enrique Dussel no han sido tan tajantes hasta el punto de rechazar todo adelanto tecnológico.

Este ámbito por supuesto debiera incluirse dentro de un proyecto a largo plazo en vez de adoptar una postura “neo-ludita” o “tecnófoba” la cual le da -en bandeja de plata- al capital la iniciativa en la esfera del desarrollo científico y tecnológico.

Está muy bien defender los niveles de empleo como parte de un programa de gobierno porque las necesidades de supervivencia se imponen en el corto plazo, pero un proyecto de izquierda también debe tener el coraje en considerar el horizonte de más largo plazo en el que transformaciones más fundamentales deberán tener lugar.

La automatización en una economía socialista aboliría la “ley del valor” de modo que la producción y distribución de valores de uso sería universal volviendo prácticamente irrelevante la ya mencionada dicotomía entre “redistribución” y “reconocimiento”.

La izquierda radical y el cambio social

Si el largo plazo debe ser tomado seriamente en cuenta pues también lo global -el sistema-mundo, si se quiere- debe considerarse seriamente en un proyecto de izquierda. De nada sirve apelar al “internacionalismo proletario” si solo se limita a ser un eslogan sin contenido político concreto, o circunscribiéndose a acciones políticas particulares de corto plazo motivadas por algún asunto específico.

Se requiere un serio debate intelectual sobre los parámetros de la clase de sistema-mundo que queremos y de la estrategia para la transición. Para ello se necesita la voluntad de oír a aquellos a los que consideramos de buena voluntad, incluso si no comparten nuestras posiciones.

“La” izquierda radical aún está en un naufragio ideológico, político, y estratégico desde la caída del “socialismo realmente existente” hace poco más de 30 años.

Esto ha otorgado la ventaja a los neoliberales quienes, desde entonces, han proclamado que “No hay alternativa” a su modelo de sociedad.

Las alternativas que han surgido desde entonces en varias partes del mundo se han estancado: han perdido su norte o se han limitado a resistir tanto a la oposición interna como a la presión internacional.

En suma, el largo plazo, el universalismo, y el sistema-mundo debieran estar a la orden del día. Es de esperar que estas observaciones no sean interpretadas como un “marxismo neoconservador”.

A lo que se quiere llegar aquí es que los grupos oprimidos/subalternos jamás deben ser esencializados ya sea como “héroes” ni como “víctimas” según un esquema identitario determinado.

Esto indica otro problema que la izquierda radical debe aceptar, y resolver en concordancia, lo cual estriba en reconocer que ella misma es una minoría dentro del universo tanto de la población como del electorado.

Se torna necesario entonces una “conversión de la población” sobre la base de discursos aglutinadores que demuestren que la izquierda radical no lucha por abstracciones incomprensibles sino por una mejora de la calidad de vida de las personas desde todos las puntos de vista.

Ese estigma en vez de fomentar el diálogo lo anula ya que la idea es convencer, no sermonear desde un supuesto lugar de superioridad moral e intelectual que ahuyenta.

Si bien la izquierda en conjunto sacó más que la derecha, pero para la segunda vuelta tendrá que convencer al 12,8% restante que votó por el Partido de la Gente (PDG) para lograr mayoría absoluta y obtener la presidencia.

Propuesta a largo plazo: RBU y automatización

En pocas palabras, podría plantearse la instauración progresiva de una renta básica universal más la automatización de los procesos productivos y extractivos.

La Renta Básica Universal (RBU) implica que cada habitante legal dentro de una entidad jurídica nacional recibe un ingreso permanente, al margen de si está formalmente empleado o no, de modo que esto conlleva a que las condiciones de vida sean plenamente garantizadas o, para ponerlo de otro modo, que no se deba sobrevivir en el mercado laboral para que cada individuo tenga una vida plena.

Bajo el capitalismo, por supuesto, la RBU no podría ser efectiva realmente ya que siempre estaría subordinada a las condiciones de rentabilidad limitándose, entonces, a actuar en escenarios de “fallos del mercado” de modo que tendría una incidencia focalizada, lo contrario de universal.

Obviamente para hacer todo esto posible hay que conseguir la maquinaria estatal por un lado así como nacionalizar los sectores económicos clave por el otro. Estas son condiciones sine qua non para controlar tanto los varios procesos de producción, distribución, y consumo, así como la política económica que compatibilice los múltiples sectores productivos.

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